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Si alguien reconoce que Jesucristo es el Hijo de Dios, queda íntimamente unido a Dios, como si fuera una sola persona con él.
1 J 4:15 TLA
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¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.
1 Corintios 6 NVI
http://bible.com/128/1co.6.19-20.NVI
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DEVOCIONALES
Alabando A Dios
BY MAESTRAS DEL BIEN 15 SEPTIEMBRE, 2016
alabando

“Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará” (Isaías 43:21).

Cada uno de nosotros tenemos un interés que muchas veces se hace prioritario en las vidas y es satisfacer nuestras necesidades. Esto no es malo en sí mismo, necesitamos alimentarnos, vestirnos, aliviar nuestros dolores, buscar remedio a nuestras enfermedades, etc. Sin embargo, aunque eso es lícito, Dios nos ha creado como pueblo suyo, con un propósito principal: que proclamemos Sus alabanzas. De otro modo, mientras el mundo se olvida de Él, nosotros somos llamados a proclamar ante todos lo que Dios es para nosotros. Su grandeza no puede pasar desapercibida, la gloria de Su majestad debiera impactarnos continuamente sobre todo cuanto nos rodea. Nuestra vista orientada a las pequeñeces de esta vida, impide percibir la grandeza del Señor.

Alabar a Dios es reconocerlo por lo que es y proclamar lo que Él hace cada día. Sólo Él es digno de estar sentado en el trono de gloria (Ap 4:2). Tiene el esplendor propio de la deidad expresada en la gloriosa dimensión de todo lo que ha creado. Nada más impresionante que levantar nuestros ojos a un cielo estrellado y saber que todas esas millones de estrellas, las miles de galaxias, nuestro mundo y nosotros, somos hechura de Su mano. Nada de cuanto existe fue resultado de la casualidad, sino de la determinación poderosa del Creador que dijo sea y fue hecho. Al mirar esa grandeza no nos queda otro camino que decir como el salmista: “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Sal. 8:4).

Ciertamente si somos tan pequeños, nuestros problemas no pueden ser tan grandes como se nos antoja. Al ver al Creador, Él se engrandece y nosotros venimos a ocupar nuestra verdadera dimensión. Por esa razón debe recibir “toda la gloria” (Ap 4:11). No le damos nada, la gloria es el esplendor que corresponde a la esencia divina de Dios. Pero también debe recibir “el honor” o “la honra”, como expresión de reconocimiento que deben a Él todas las criaturas. Es necesario recordar que todas las cosas creadas vinieron a la existencia, no sólo por Su omnipotencia, sino también porque “por tu voluntad existen y fueron creadas” (Ap 4:11). La totalidad de la creación y las individualidades que la forman, desde las gigantescas estrellas hasta los microorganismos más pequeños, vinieron por Su sola voluntad. Tú y yo también, Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos. Por eso debe ser glorificado, porque la creación hace visible a los ojos de la criatura la dimensión todopoderosa de nuestro Dios.

Debo notar el versículo y preguntarme ¿por qué estoy aquí? Dios me dice que formo parte de un pueblo que Él creó para publicar Su alabanza en medio de un mundo que le niega todo reconocimiento y adoración. No me ha puesto aquí para que esté pidiéndole continuamente remedio a mis males, sino para que levante mis ojos al cielo y viendo Su grandeza, dedique cada momento a darle gracias y tributarle gloria.

Oración: Padre, gracias por hacerme comprender que yo debo ser una expresión visible de adoración. Que mis quejas se detengan y mis lamentos cesen. Que recobre la razón por la que Tú me has puesto aquí. La adoración y la alabanza no son una actividad, sino una actitud. Por eso hoy digo yo: “Señor, digno eres de recibir la gloria, y la honra, y el poder”.

Alabanza: Recibe Toda la Gloria, JMelgar – https://www.youtube.com/watch?v=OYw3b0PtnE4

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La Chequera del Banco de la Fe (2 de Agosto).

"Ahora pues, vé, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar." Éxodo 4:12.

Muchos verdaderos siervos del Señor son tardos en el habla, y cuando son llamados para predicar a su Señor, se encuentran en grande confusión por miedo de arruinar una buena causa gracias a su intermediación. En tales casos es bueno recordar que el Señor hizo la lengua que es muy tarda, y tenemos que tener cuidado de no culpar a nuestro Hacedor. Podría ser que una lengua tarda no sea un mal tan grande como lo podría ser una lengua rápida, y la escasez de palabras puede ser una mayor bendición que los torrentes de verbosidad. Es también muy cierto que el verdadero poder salvador no radica en la retórica humana, ni en sus tropos, y sus hermosas frases, y grandes despliegues. La falta de fluidez no es una gran falla como pudiera parecer.

Si Dios está con nuestra boca, y con nuestra mente, tendremos algo mejor que el metal que resuena de la elocuencia, o el címbalo que retiñe de la persuasión. La enseñanza de Dios es sabiduría; Su presencia es poder. Faraón tenía más razón de temer al tartamudeante Moisés que al más habilidoso orador de Egipto; pues lo que Moisés decía contenía poder; Moisés habló plagas y muertes. Si el Señor está con nosotros en nuestra debilidad natural, entonces estaremos ceñidos de poder sobrenatural. Por tanto, hablemos por Jesús con denuedo, tal como debemos hacerlo.

"Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo." 1 Pedro 5: 2.

Esto es equivalente a una promesa: si nos inclinamos, el Señor nos alzará. La humildad conduce al honor: la sumisión es el camino a la exaltación. La misma mano de Dios que nos empuja hacia abajo, está esperando para levantarnos cuando estemos preparados para recibir la bendición. Nos agachamos para vencer. Muchos se rebajan delante de los hombres, y, sin embargo, no reciben la protección que ambicionan; pero aquel que se humilla bajo la mano de Dios no dejará de ser enriquecido, exaltado, sostenido y consolado por el Dios siempre lleno de gracia. Es un hábito de Jehová derribar al altivo y exaltar al humillado.
Sin embargo, hay un tiempo para la obra del Señor. Hemos de humillarnos ahora, incluso en este preciso instante; y estamos obligados a continuar haciéndolo, ya sea que el Señor ponga sobre nosotros Su mano que causa aflicción o no. Cuando el Señor hiere, es nuestro especial deber aceptar el castigo con profunda sumisión. Pero en cuanto a nuestra exaltación proveniente del Señor, esa sólo puede venir "cuando fuere tiempo", y Dios es el mejor juez de ese día y hora. ¿Clamamos impacientemente pidiendo la bendición? ¿Desearíamos un honor inoportuno? ¿Qué pretendemos? Seguramente no nos hemos humillado verdaderamente, pues, de lo contrario, esperaríamos con tranquila sumisión. Entonces, hagámoslo.

La Chequera del Banco de la Fe.
Traducción de Allan Román

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Pero, como se dice en la Escritura: «Dios ha preparado para los que lo aman cosas que nadie ha visto ni oído, y ni siquiera pensado.»
1 Corintios 2 DHH
http://bible.com/411/1co.2.9.DHH
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La Chequera del Banco de la Fe (18 de Junio).
"Ahora me levantaré, dice Jehová; ahora seré exaltado, ahora seré engrandecido." Isaías 33:10.
Cuando los merodeadores habían vuelto a la tierra tan baldía como si hubiese sido devorada por langostas, y los guerreros que habían defendido la tierra se sentaron y lloraron como mujeres, entonces el Señor vino a su rescate. Cuando los viajeros desaparecieron de los caminos que conducían a Sion, y Basán y el Carmelo eran como viñas que no daban fruto, entonces el Señor se levantó. Dios es exaltado en medio de un pueblo afligido, cuando busca Su rostro y confía en Él. Él es todavía más exaltado cuando, en respuesta a sus clamores, se engrandece para liberarlos y derrotar a sus enemigos.
¿Es un día de aflicción para nosotros? Hemos de esperar ver ahora al Señor glorificado en nuestra liberación. ¿Nos hemos entregado a una ferviente oración? ¿Clamamos al Señor de día y de noche? Entonces el tiempo señalado para Su gracia está cerca. Dios será engrandecido en la ocasión precisa. Él se levantará cuando sea más propicio para que Su gloria sea manifestada. Deseamos Su gloria más de lo que anhelamos nuestra propia liberación. Cuando el Señor es exaltado entonces alcanzamos nuestro principal objetivo.
Señor, ayúdanos de tal manera que podamos ver que Tú mismo estás obrando. Que podamos exaltarte en lo más íntimo de nuestras almas. Haz que todos los que nos rodean puedan ver cuán grande y bueno eres Tú.
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