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Ya tenemos ganador, ganadora en este caso, para el reto de inauguración de la Comunidad. ¡¡Felicidades, +María Pilar !! Tu "mujer alunarada" se hace en esta ocasión con el diploma y, si lo deseas, podrás formar parte del jurado en la siguiente propuesta.

De paso y porque es lo justo, también queremos dar la enhorabuena al resto de participantes. Con vuestro ingenio, sentido del humor, creatividad, imaginación y buen hacer se lo habéis puesto muuuuuuy difícil al jurado. Ha sido verdaderamente complicado elegir, pero estamos felices por la gran calidad de vuestros textos. Sin vosotros, amantes de la literatura, "Escribiendo que es gerundio" no podría existir, así que gracias de todo corazón.

Y ahora no os relajéis en exceso que muy pronto habrá una nueva propuesta...

¡Buen día y que las musas os acompañen!
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Un poco jugando salió esto.

La maestra ciruela, que no sabía escribir y puso una escuela

Redonda redonda la ciruela
cara de ciruela color ciruela.
Vivía en el árbol de una casa
habitante de una rama rasa.
No todo era ser ciruela,
sentía la savia recorrer las venas,
otra vida ella intuía
desde el carozo que le latía.
Como toda redonda ciruela
su futuro no era candela.
Sabría a mermelada
o descansaría en frutera.
A nuestra redonda amiga
ninguna gracia le hacía.
Un ave pasó volando
y ella la llamó chistando
─ven aquí, ser volador,
dame noticias del exterior.
El ave, gorrión que era,
le relató sus carreras.
Así todo la ciruela
no se sentía contenta.
Un día apareció un jilguero
con noticias de otros suelos
que en algunos rincones
también se hacían licores.
La ciruela entristecida
suspiraba y se decía:
en algún rincón del mundo
debe haber pa’ mí un rumbo.
Las aves iban, venían
y al ciruelo le traían
noticias cercanas lejanas
historias, cuentos y nanas.
Un buen día, un ventarrón
al ciruelo dio un tirón.
Nuestra ciruela encantada
vio caer a sus hermanas.
Yo no quiero ese destino
se decía en tono ovino.
Y seguía mirando el cielo
mascullando sus anhelos.
Cuando apareció un canario
amarillo, con un diario
el ave traía noticias
de otras tierras primicias.
Y dijo, señora ciruela
en el campo falta escuela.
Con placer y simpatía
sintió que eso quería.
Se veía de maestra
con orgullo en roja testa.
Así fue que nuestra amiga
inició su despedida.
El canario la llevaba
con sus patas sujetada.
Una vez que se instaló
en un árbol de bordó
puso un cartel avisando
que la escuela iba marchando.
La primera clase fue
emotiva y memorable.
Vinieron de todos lados
a ver de qué se había hablado.
La maestra no escribía
pero las clases se oían
y como siempre se daba
alguno la criticaba.
Ni maestra ni ciruela…
¡Cómo va a poner escuela!
Esta fruta nos engaña
con sus miles de artimañas.
Nuestra redonda amiguita
no se dio por aludida
compartió lo que sabía
maestra, ciruela y guía.

MATRIMONIO Y MORTAJA DEL CIELO BAJAN

En aquel viejo convento yace muerta, yace fría
Una joven prometida de albos tules ya vestida
No se mueve, no respira, ya no ronda por la vida.

La belleza de la niña aun luce inalterada
Aunque pálida e incólume su piel sin mancha quedaba
Los cirios alrededor brillan en un baile santo
Formando sombras eternas al ataúd rodeando.

De repente de algún lado el joven novio salió
Se acercó a su prometida, sus blancas manos besó
Toda la tristeza y pena en su rostro se mostraban
Como gime, como llora, al ver a la desdichada.

Se arrodilla al lado del cuerpo de la virgen fallecida
Tiemblan sus manos y labios al mirarla allí tendida
Y pronuncia balbuceando con la mirada perdida
"¿Por qué Dios, por que llevarla, por qué no acabas mi vida?"

Y como un blanco fantasma, como un orate sin mente
Besa a la muerta en los labios, en el rostro y en la frente
Abraza a la yerta dama rodeándola con dulzura
"No te mueras, no me dejes, no me des la desventura"

"Abre los ojos mi vida, lléname de tiernos besos
No dejemos que tus padres nos separen como antes
Que porque no nos amemos, nos obligaron a huir
Y el día de nuestra boda, tuve que verte morir"

"Llévame por favor Dios, te ofrezco mi alma inmortal
Pero deja que ella viva, que ella goce de la vida
Que sea feliz con alguien que la ame como yo"
Y con un beso en la boca su ofrecimiento selló.

Al día siguiente el sol brilló sobre el campanario
El cuerpo del joven novio yacía desfallecido
Al costado de su amada lo encontraron ya tendido

Murió de tristeza y llanto, de pena y desolación
Se fue con su bien amada, juntos con adoración
Muertos en el mismo lecho, siempre unidos dormirán,
El novio y la joven dama para siempre yacerán.

CASORIO Y MORTAJA DEL CIELO BAJAN

Salían de la iglesia cogidos de la mano. Sus trajes de novios un poco desfasados y sus peinados antiguos me produjeron ternura y una tremenda sensación de déjà vu. Inexplicablemente, sus caras me sonaban de una manera inquietante. De repente una sensación de frío glacial me recorrió la espalda y, a pesar de no tener espejo, sé que la sangre huyó de mi piel dejándome la cara blanca como la de una estatua de mármol de Carrara.

Volví a casa deseando estar equivocada, pero temiendo e intuyendo que no lo estaba. Saqué del altillo del armario la caja de lata donde, desde mi más tierna infancia, se guardaban fotos antiguas de familiares y amigos. Hacía más de quince años que no le echaba un vistazo. Saqué el contenido, lo volqué sobre la cama y revolví, levanté y tiré al suelo, hasta dar con lo que buscaba y temía. Allí estaba aquella foto de los novios saliendo de la iglesia, la iglesia por la que había pasado apenas media hora antes, los novios que había visto salir de la mano con sus trajes y peinados anticuados. Di la vuelta a la instantánea y leí la letra cuidada de mi madre: “Tío Carlos y Amparo. 29 de junio de 1959”. Busqué la otra foto, la que creía relacionada con la anterior, la que deseaba que nada tuviera que ver con la anterior. Una foto familiar, todos de luto y llorosos a las puertas del cementerio de la ciudad. Le di también la vuelta sabiendo que no se iban a cumplir mis deseos. “Entierro del tío Carlos y Amparo, muertos en accidente al día siguiente de su boda. 2 de julio de 1959”

Empecé a sentirme mal. Me silbaban los oídos con un pitido rítmico, notaba destellos de luz en los ojos interrumpidos por sombras que se movían a mi alrededor. Tenía la boca seca y aunque intenté moverme, no lo conseguí. Como en un susurro me llegaba una voz conocida. ¿Qué hacía aquí mi hermana?

"¿Doctor cree que saldrá del coma? Casi es preferible que no. ¿Cómo va a soportar saber que su marido ha muerto el mismo día de la boda en un accidente de coche cuando iniciaban su viaje de novios?"

ESCRIBIENDO QUE ES GERUNDIO

REFRANES:
MUJER ALUNARADA, MUJER AFORTUNADA
A ENEMIGO QUE HUYE, PUENTE DE PLATA
CASORIO Y MORTAJA DEL CIELO BAJAN
MAESTRA CIRUELA QUE SIN SABER LEER PUSO UNA ESCUELA
UNA BUENA CAPA TODO LO TAPA

Eran los años cincuenta del siglo XX.
En una remota aldea rodeada de montañas y aislada del mundanal ruido vivía Antonina, una joven poco agraciada físicamente a quien apodaban Nina. Era paticorta y regordeta con cara de luna llena y cuajada de pecas, así que, de niña, se reían de ella diciéndole “Mujer alunarada, mujer afortunada”. Su rival más incisiva se llamaba Adoración.
Acudían juntas a la catequesis impartida por Doña Pura a quien se le podía aplicar aquello de “Maestra ciruela que no sabía leer y puso una escuela”, pero como era muy devota y pía le habían encomendado esa misión porque explicaba con fervor y convicción los Mandamientos de la ley de Dios y el camino a seguir para llegar al cielo y esto la acreditaba como catequista en el pueblo.
Aunque se dice que “Casorio y mortaja del cielo bajan”, no ocurrió así en el caso de Nina pues, cuando cumplió veinte años, sus padres concertaron su matrimonio con un labriego adinerado, bastante mayor que vivía en una aldea cercana. De nada sirvieron las protestas de Nina cuya madre siempre le espetaba: “Calla hija que una buena capa todo lo tapa” y esta familia tenía mucho que esconder.
Adoración seguía mortificando a Nina siempre que tenía ocasión y es que, en el fondo, se moría de envidia al ver la vida regalada de que disfrutaba Nina a partir de su casamiento. Estaba harta del pueblo y quería marcharse. Nina, consciente del deseo de Dori ideó un plan para quitársela de en medio y le presentó a un primo de su marido con la maliciosa idea de que pidiera su mano. Dada la ausencia de pretendientes existente en la zona, Dori no dejó pasar la oportunidad, se casó con él y se fue a vivir a cien kilómetros de distancia. De esta manera, Nina se libró de Dori para siempre aplicando aquello de “A enemigo que huye, puente de plata”, refrán que tantas veces había escuchado en boca de sus vecinos.

© Kontxi Martínez de Madina

Mujer alunarada, mujer afortunada


La nave terrícola llegó al tercer satélite del lejano planeta pasados ciento cuarenta años de haberse captado la solicitud de socorro por las antenas en la Tierra.
Era la luna más distante del cuerpo celeste y estaba ubicada en el punto exacto que se recibió en el SOS.
Cuando el equipo de rescate salió de la nave se encontró un ambiente muy hostil; que indicaba la imposibilidad de existencia de vida. Se verificaron en dos ocasiones las coordenadas y era ese el lugar.
El capitán de la nave decidió ampliar el radio de búsqueda.
—Alguien tuvo que enviar el mensaje —decía a sus compañeros de equipo.
—Pero,¿quién? —era la pregunta de todos mientras se desarrollaba la búsqueda, que ya duraba varios días.
—¡Acceso por la puerta seis! ¡Acceso por la puerta seis!
Uno de los miembros del equipo se acercaba con una mujer en sus brazos, desmayada. Durante el viaje de regreso realizaron decenas de pruebas a la mujer encontrada en el satélite, no lograban explicar cómo había logrado resistir tanto tiempo allí.

Hola a todos. He tardado un poco en poder escribir el relato, pero por fin lo tengo. La primera versión me había quedado demasiado larga, así que he tenido que realizar algunas amputaciones para no exceder las 400 palabras :)
Espero que os guste.

LA MAESTRA CIRUELA, QUE NO SABÍA LEER Y PUSO UNA ESCUELA.

Bajó el escalón, despacio. Primero un pie, después el otro, con cuidado, y salió al patio de vecinos con su andar torpe de mujer gruesa. El sol de media mañana golpeaba el suelo de losetas, y el blanco de las casas brillaba. Regó las rosas, comprobó que no tuvieran bichos, y las roció con un spray para que lucieran lustrosas. Sugus, evitando el calor, la observaba desde la puerta con las orejas levantadas.

-¿Qué haces, Guillermina?

A elevar la mirada, encontró a Carmen, la viuda que vivía enfrente, asomada al balcón.

-Esta tarde viene mi hermana, y quiero que se sienta cómoda-respondió.

-¿Tu hermana Ciruela?

Guillermina asintió. No sabía por qué Carmen la llamaba Ciruela, pero se había cansado de preguntar.

Eran las cinco cuando el Mercedes verde aparcó bajo los pinos. Cuando el matrimonio de jubilados llegó a la entrada del patio, Guillermina ya los esperaba impaciente. Se abrazaron, se besaron, compartieron palabras fútiles, y justo cuando accedían al interior, Rita dijo:

-¿Y el caniche? ¿Lo habrás escondido, no?

-Sí, y no es un caniche, sino un chiguagua.

-Es un bicho de la calle y tienen enfermedades, ¿no lo sabes?

Accedieron al interior. Antes de cerrar la puerta de casa, Guillermina alzó la vista, presintiendo que Carmen todavía la observaba desde el balcón. No se equivocó, pero no tuvo más remedio que evitarla.
Se sentaron a la mesa. Guillermina se sentía orgullosa del mantel blanco, las tacitas con sus platitos y los terrones de azúcar bien colocados. Pero lo único que dijo Rita fue:

-Ay Guillermina, quítate ese delantal. Tiene manchas de lejía.

Guillermina obedeció.

-Si llevas ropa sucia puedes coger enfermedades. ¿No lo sabes?

-¿Quieres té? -dijo Guillermina.

-¿Dónde has comprado estas pastas? Las pastas de mantequilla pueden disparar el colesterol ¿no lo sabes? Además tú tienes sobrepeso. Cualquier día nos das un susto. Yo te daré consejos sobre cómo llevar una vida sana. Lo que deberías hacer es salir más de esta casucha, ir de compras, tomar café en una cafetería, donde puedas tener amigas.

Se marcharon a las siete. Sugus rascaba la puerta de la habitación donde la habían encerrado. Cuando Guillermina cerró la puerta del patio, Carmen la esperaba sentada en el poyete.

-¿Se ha marchado Ciruela?

-Sí. ¿Y por qué la llamas así?

-Ya sabes, la maestra ciruela...que no sabía leer y puso una escuela.

Y Guillermina soltó una carcajada.

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Hola de nuevo, como coloqué esta publicación en la sección de "Bienvenida y presentaciones" al compartir en ella el reto que proponen, también la colocaré en la sección de "Los refranes de tu vida" como pidieron hacer para no incumplir las reglas.

Feliz tarde para todos.
Gracias Julia por la invitación, mis deseos de que esta recién nacida comunidad tenga un crecimiento feliz y saludable, lo que traerá alegría a los padres, Julia y Francisco y a todos los tíos también, que son los participantes en ella.

Aunque mis letras, que mas que literarias, resultan ser medalaganarias y algo necias, he decidido aceptar la invitación de Julia, espero poder aportar en alguno que otro reto, eso sí, sin fines de participación a contabilizar (más bien como colaboración honorífica, o sea, sin remuneración, ja, ja) y colaborar con mis +1, y de sentirme calificada, alguno que otro comentario.

Celebro la creatividad de esta comunidad y su logística, me ha gustado mucho por el hecho de que no sabemos lo que vamos a encontrar, pues no lo habremos visto por todas partes ya, como es lo usual.

¡Éxitos sobrados amigos!

Aunque le expresé a Julia que había escrito algo sobre uno de los refranes y que lo publicaría más adelante en el blog, cuando finalizara este primer reto, lo dejaré aquí como parte del estreno ya que ella le dio el visto bueno, ja, ja.

Este reflexión surgió a raíz de un reto al que convidaron Julia Cambil y Francisco Moroz en su nuevo proyecto literario, la comunidad “Escribiendo que es gerundio” .
Sin saber el por qué, uno de los refranes me llamó mucho la atención y aquí me tienen, aunque sin fines de concursar, escribiendo (que es gerundio), la siguiente reflexión.

UNA BUENA CAPA TODO LO TAPA

¿Alguna vez se han puesto a pensar lo fácil que resulta esconder o disimular la realidad? Me dirán que no todas las realidades son tan fáciles, quizás las físicas, salvo algunas excepciones sí, pero las que involucran emociones y sentimientos no, estas son bastante difíciles de disfrazar aunque parezca fácil.

Bueno tal vez sea así, pero en ocasiones no es tan difícil, sobre todo si se acostumbra a hacerlo para no mostrar nuestras debilidades, eso nos convierte en maestros de ese arte ancestral que es “El teatro de la vida”, ese que bien podría llevar como lema o slogan este refrán “Una buena capa, todo lo tapa”.

Bien podría ser un capote para la lluvia o para el frío, para darle elegancia al vestir o para esconder quién sabe qué tipo de armas y con qué malvadas intenciones. Nada queda al descubierto con una buena capa.

¿Problemas en el cuerpo y la piel?, para eso están la ropa, el calzado y el maquillaje. ¿Inconvenientes con las imperfecciones?, se resuelven con una capa de barniz, pintura o precaución. Y ¿Por qué no?, con una buena capa de tierra se disimula bien cualquier equivocación, crimen pasional o cualquier testigo ocular.

Con una buena capa se hicieron famosos Batman y Superman, el Conde Drácula y Caperucita Roja… En fin de capas están hechas casi todas las cosas, capas por aquí y capas por allá, capa sobre capa, y entre capa y capa, todo se tapa. Cuando las cosas al desnudo no resulten halagadoras, una buena capa las vuelve encantadoras.

Una buena capa de lo que sea, de mentira, de humor, de sarcasmo, de alegría, incluso hasta de dolor, de brillo o de sombra, de misterio y de olvido, de esperanza y de ilusión, de inocencia y de locura, de paciencia y de amor…, de lo que te dicte el corazón, todo lo hace más llevadero a los ojos de la razón.



MUJER ALUNARADA, MUJER AFORTUNADA

Paré el coche para comprar unas jugosas cerezas que a un lado de la carretera vendía una señora ataviada con faltriquera. Por delante de mí un joven le pidió medio Kilo. La vendedora puso un puñado en la romana oxidada con una mano regordeta de uñas negras. Después de ver trastabillar el brazo en forma de regleta, con la parsimonia que le caracterizaba, dijo: Cereza más, cereza menos… Usted también quiere medio, ¿no?
Ante mi asentimiento siguió añadiendo y comentó: Les pongo un kilo y ya luego entre ustedes se lo reparten.
¡No me lo podía creer! Estaba a punto de protestar cuando una mirada cautivadora me descolocó.
—Podemos quedar en el bar de al lado para hacer el reparto.
—Vale —le contesté con mi mejor sonrisa que ya bailaba al ritmo de la suya.

Hoy me ha llamado porque necesita verme y mi corazón se ha disparado en cuanto he oído su voz. Este tiempo de espera mirando el reloj aumenta mi nerviosismo. Me entusiasma la idea de que pueda haberse fijado en mí. Repaso mentalmente la conversación que hemos tenido para recordar cada una de sus palabras: No, no quiero adelantarte nada, prefiero decírtelo cuando nos veamos. ¿Y si me pide que salgamos? ¡Me encantaría! Solo pensarlo hace que mi corazón reviva, que mi sangre circule más deprisa, que sienta que la vida merece la pena ser vivida. He prestado tanta atención a mi profesión los últimos años que no he sido consciente de lo arrinconado que he tenido el mundo de los afectos. ¡Cielo santo, qué me pongo! ¿El vestido vaporoso negro con lunares blancos que tengo sin estrenar? Ahora se llaman dots y esta primavera están de moda. Ya se sabe que mujer alunarada, mujer afortunada. Como un ritual me miro por última vez al espejo. Sí, estoy estupenda. El taconeo de mis zapatos rojos se escucha ya saliendo.

—Quería pedirte algo —me dice con cierta timidez.
—Ya ves que he venido en cuanto me has llamado —le contesto entusiasmada con el corazón saltándome en el pecho.
—Alguien nos vio en el bar aquel día... Se lo ha dicho a mi chica y me gustaría que me ayudaras porque no se cree la historia de las cerezas.

©María Pilar

A ENEMIGO QUE HUYE, PUENTE DE PLATA

Lo supe desde la primera mañana de nuestro viaje de bodas. Suelo levantarme con la vejiga llena hasta el dolor y ese día no fue distinto, pero ella ya estaba en el lavabo. Cuando intenté abrir la puerta escuché un rotundo escape de gases, de esos que acompañan a las heces. No me malinterpreten. No soy remilgado. Pero en ese instante, como si se tratara de una verdad revelada, fui consciente de cuánto la podría llegar a detestar.

El tiempo no hizo sino confirmarlo. Pero no crean que eso fue lo que puso fin a nuestro matrimonio. Aunque la detestara, el dinero de su familia me permitía una vida a la que era difícil renunciar y, con los años, ella aprendió a ser una callada y soportable compañera de sofá.

El problema fueron las mujeres.

No es que yo las buscara. Aunque sé apreciar un bellezón como cualquiera, reconozco que no soy el tipo de hombre por el que esa clase de mujeres pierdan la falda. Me bastaba con el esporádico, y rutinario, sexo conyugal. Sin embargo, desde que a ella se le metió en la cabeza la idea del divorcio, el destino pareció empeñado en ofrecerme hermosas desconocidas en las circunstancias más propicias para el sexo.

La primera vez fue cuando ella se marchó unos días con su madre, después de que le negara el divorcio por quinta vez. Una morena de curvas imposibles se presentó en casa diciendo ser una vendedora de lencería. Era una profesional tan esmerada que no se conformó con mostrarme el género a través del catálogo. La naturaleza se encargó del resto.
A esa aventura le siguieron otras que, con precisión suiza, siempre coincidían con los días y las horas en las que mi mujer se marchaba de casa. Una rubia despistada en un ascensor; una asiática en el parking; una rusa que había visto mi excitante perfil de Facebook…

Hasta que, finalmente, un día se unieron una mulata y un inesperado regreso. Pillado en esas circunstancias, le acepté el divorcio. No por remordimiento ni por la pensión compensatoria prometida, sino porque la nueva vida de soltero se presentaba como un esplendoroso camino de sexo y placer para mi recién descubierto don.

Lamentablemente, el destino parece ser caprichoso y desde que firmé los papeles del divorcio han desaparecido las vendedoras de lencería, las rubias despistadas, las mulatas…
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