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RETO NÚMERO UNO

¡Bienvenidos!

Para estrenarnos os damos a elegir entre cinco refranes populares que servirán como temática a partir de la cual elaborar un poema o un relato de no más de 400 palabras.

Tenéis de plazo para presentar los trabajos hasta el 30 de abril a las doce de la noche hora española (dos semanas a partir de hoy).

Los textos, que incluirán en el título el refrán elegido, se copiarán en la sección "Los refranes de tu vida" de esta Comunidad. Por supuesto sois libres de publicarlos también en vuestros respectivos blogs si lo deseáis.

Allá van las propuestas:

- Una buena capa todo lo tapa
- Casorio y mortaja del cielo bajan
- La maestra ciruela, que no sabía leer y puso una escuela
- A enemigo que huye, puente de plata
- Mujer alunarada, mujer afortunada

¡Que las musas os acompañen!



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Muchísimas gracias por la invitación es todo un honor y un placer. Ahora mi tiempo es muy limitado pero en cuanto pueda será un gustazo participar en cuantos retos me sea posible. Besos enormes.

Aunque mi relato no entrará a concurso por motivos obvios, no podía dejar de participar en este reto inaugural que gira en torno a mis amados refranes. Sea pues solo una contribución a modo de homenaje :))

UNA BUENA CAPA TODO LO TAPA

Rondaba por la ciudad como otros muchos pillastres en busca de su oportunidad, tomando “prestados” alimentos, objetos y monedas si se le ponían a tiro, aunque ya tuvieran otros dueños. Lo cierto es que era habilidoso y se le daba bien distraer con sus zalamerías a los pobres incautos que se cruzaban en su camino.

No siempre había sido así. En otro tiempo Rodrigo tuvo unos padres que cuidaban de él y le proporcionaban todo el cariño que pudiera necesitar, pero la mala fortuna quiso que unas fiebres se los llevaran hacía ya cinco inviernos. Desde entonces había vivido con su abuela, una anciana menuda que compartía con él cariño, ingenio y la lamentable falta de sustento. Su situación económica era cualquier cosa menos bollante. A pesar de las penosas circunstancias, el muchacho nunca se dejó ganar por el desánimo y encaraba cada nuevo día con la seguridad de que su suerte cambiaría de un momento a otro. Era una convicción sin fisuras.

Cierto día, al volver la esquina de la calle apresuradamente y con la cara vuelta para ver si el dueño del reloj que sostenía en su mano le perseguía, chocó bruscamente contra el cuerpo contundente y carnoso de Elvira, la pitonisa. La mujerona salió despedida hacia atrás y casi cae al suelo. Rodrigo, que aunque ladronzuelo por necesidad tenía buenos modales aprendidos, detuvo en seco su carrera y la socorrió, disculpándose de corazón. Ella, divertida por trato tan poco usual y gentil, decidió agradecerle la merced con lo único que poseía: una profecía halagüeña. “Vuelve a casa, tu suerte ha cambiado”.

El joven, presa de euforia y creyendo sin reservas el buen augurio de la adivina, corrió como alma que lleva el diablo hasta la casa de su abuela. No podía creer en su buena fortuna al haber chocado justo con Elvira; tenía que ser una señal.

Empujó bruscamente la puerta buscando con ojos ávidos la prueba de su nuevo sino y enseguida la vio: una hermosa capa de paño gris recién cosida descansaba con primor sobre el respaldo de una silla.

─Mira, Rodrigo ─le dijo su nana emocionada─ he estado ahorrando para hacerte esta capa. Bajo sus pliegues nadie verá lo que escondes, si mucho o si poco.

No era exactamente lo que el muchacho esperaba, pero fue una agradable sorpresa de todos modos. Quizás la suerte les fuera a cambiar definitivamente mañana…

Julia C.


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Feliz día del libro a todos los miembros, con este cuadro de ALLAN R, BANKS, “Leyendo en una tarde soleada”
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Hola a tod@s, llego a esta comunidad de la mano y de la invitación de Kirke.
Ando en la idea de coleccionar refranes, pero Kirke me ha echado un reto en otros que difícilmente atañen a lo que estoy buscando, pero un reto es un reto.
"Es muy frecuente que los afortunados tengan muy favorables comienzos y muy frágiles finales" (Gracián)

MUJER ALUNARADA, MUJER AFORTUNADA

Una Luna gigantesca arrancó reflejos multicolores al horizonte. Iba cargada hasta las cejas, cuando al doblar una esquina tropezaron, desparramándose por el suelo el contenido de dos bolsas llenas de comida y rajándose un paquete lleno de libros que cayeron con estrépito. Angustiada empezó a meter la comida en la bolsa rota, hasta que desesperada lo dejó por imposible. Mientras, él, sin dejar de excusarse, empezó a apilar los libros haciendo un paquete con ellos.
Se miraron y algo conocido despertó en sus mentes. Aquellos ojos, aquella forma de mirar no eran extrañas. De golpe, recordaron años atrás en el Instituto, cuando eran novios. Había transcurrido mucho tiempo, volvieron a mirarse y cogidos del brazo se alejaron de aquella esquina primero maldita, luego bendita. En la otra acera se besaron. Ambos pasaban por momentos difíciles y una luz de esperanza se abría en sus caminos.
Había quedado con él dos días después de un encuentro desgraciado y fortuito que se volvió afortunado. Se dirigía al lugar de encuentro, nerviosa, mirando al móvil por si él la llamaba, por si había cambio de planes. Cruzó la calle, un camión se cruzó en su camino y con un golpe gigantesco la lanzó sobre sus brazos. Había tenido la fortuna de morir junto a él mientras una Luna blanquecina, ya en cuarto menguante, volvía a arrancar reflejos multicolores al horizonte.




UNA BUENA CAPA TODO LO TAPA

—¡Todo lo tapa, todo lo tapa! ¿Se habrá visto mentira más grande? ¡Esta capa no tapa ná!
—¡Pero si estás muy bien! Además no veo nada que haya que tapar.
—Fíjate bien, ¿no te das cuenta de lo que ha crecido el lunar de mi cara?
—Pero hija, mujer alunarada, mujer afortunada…
—Pues como mi fortuna se parezca a la capa que llevo más me vale poner una escuela como la maestra ciruela.




CASORIO Y MORTAJA, DEL CIELO BAJAN.

Me enseñaron desde pequeña el respeto que les debo a mis padres y qué conlleva ser la única heredera del reino. Desde que tengo uso de razón sé que no puedo comportarme como el común de los mortales. Mis obligaciones dinásticas están por encima de mis deseos y ante todo he de obedecer a mi señor padre, el rey.
Siempre soñé con unirme a algún príncipe azul, algún heredero de otro feudo con el que compartir trono y lecho. La fortuna trajo hasta este reino un rico conde, ganador de mil batallas y poseedor de un vasto ejército; sus huestes serán un poderoso regalo de boda para las defensas de nuestro acosado territorio. Su valentía le precede, y su violencia también.
Siempre soñé con el día de mi boda y siempre pensé que sería el más feliz de mi existencia. Pero hoy me siento la mujer más desdichada sobre la faz de la Tierra. Temo por mi vida. De mi futuro esposo se cuentan cosas terribles; su cólera y su despotismo son legendarios. Ya lleva desposadas tres mujeres y las tres murieron tempranamente. Las malas lenguas dicen que de palizas recibidas cuando, el que hoy será mi esposo, estaba bajo los efectos de alguna de sus habituales borracheras.
Mi aya, entre lamentos, me dice “Casorio y mortaja del cielo bajan”. La pobre mujer no para de rezar a todos sus santos milagreros para que el refrán no se cumpla conmigo. Pero esta noche yo lo haré realidad.
Sin embargo, no será mi mortaja la que del cielo baje si consigo que, en el brindis nupcial, unas gotas de la estricnina que guardo en mi anillo lleguen a la copa de mi flamante marido.


A ENEMIGO QUE HUYE, PUENTE DE PLATA
«No es gente como uno», «Son vulgares e indecentes» «Te sacan los ojos si los atiendes»
Frase más o menos, así le enseñaron a malvivir “como una señorita”, en la casa solariega rodeada de peones y fregonas.
En el fondo sentía los pisotones del orgullo sobre sus ganas de jugar, cantar, pasear, con otra gente que no fueran sus abuelos. Eran dos fuerzas bravas: una que le prendía sonrisas y la otra, altanero desprecio.
Pasaron los años. Tras la muerte de los viejos, y los cambios sociales, creció el pueblo alrededor de la finca. Ahora tenía vecinos, no sirvientes. Pero su enemigo interior la ataba al encierro solitario, amargo… y coqueto.
Como tantas otras del pequeño paraíso serrano, un día se anegó su casa; el agua le arrebató la seguridad, el confort y mil preciosos recuerdos. Con el agua a los tobillos se sentó en un sillón empapado. De a ratos, ignoraba el estruendo de la calle; por momentos, la conmovían los gritos de angustia.
Entonces escuchó golpes en su puerta y el altavoz desde un bote: -¡Venga, aquí hay lugar… Venga, señora!…
«¡Este tipo; el borracho boca sucia!»… «No dejés la casa» «Ya viste quiénes son»
«¡Y estás llorando, tonta!»«¡Qué frío!»
—Vamos, doña; no se quede ahí que se va a ahogar».
—Hola, Doña; sientesé acá.
—Dios te Salve, María.
—¡La puta! ¡Todo perdido!
—Sí, sí, vamos a salir de esto.
«¡Es un buen tipo que podría irse por su cuenta!» «Son gente que te da una mano»
Respiró hondo; la confianza se asomó desde muy adentro; alargó las manos hacia el botero.
¿Y el enemigo interior? Ahí se fue, hecho un bollo, en el puente de plata del río crecido.


A ENEMIGO QUE HUYE, PUENTE DE PLATA

Soy de los que digo en cada momento lo que pienso, sobre todo, cuando estoy entre amigos. Algunas veces hasta se acepta bien. Lo defiendo con fuerza, vehemencia y corriendo el riesgo de estar equivocado, pero siempre con fundamento.
Ahora bien, también confieso que discutir es un arte que no tengo y que la asertividad no es mi fuerte. Y es por esto que me enemisté con Alfonso, con el que no he vuelto a hablar desde aquel día en que, comentando sobre nuestros muchachos, le dije que su Paquito era un zoquete, que todos sus otros hijos serían eminencias pero Paquito, era eso, un zoquete.
Alfonso me empezó a recriminar que quién era yo para juzgarle, gritando y casi fuera de sí. Fue entonces cuando le dije que, además, él era un bravucón.
Me soltó tal clase de improperios que nos fuimos cada uno para su casa sin arreglarlo.

Como para mi las discusiones son: exponer puntos de vista, contrastar, debatir sin separar y, menos aún, sin poner puntos finales en las relaciones, al cabo de un tiempo creí que habíamos llegado a tal punto de no entendimiento que pensé que le debía disculpas por si en algo me hubiera excedido, así que le escribí una carta que personalmente le eché en el buzón de su casa una mañana cuando salí a comprar pan.

Su respuesta fue el silencio. No solo no contestó mi misiva sino que cuando nos encontrábamos en el bar a la hora de la partida hacía la vista gorda. Yo le pagaba algún día el café pero él jamás me lo agradecía. Su silencio me dolía y pensaba que de nada habían servido mil conversaciones anteriores, ni siquiera ese gesto amable del café que estaba teniendo con él.

Como decía mi primo Anselmo, el del pueblo, "no habiendo muertos de por medio" nada es tan grave como para no aceptar disculpas de alguien que tiene el generoso gesto de solicitarlas. No le estaba pidiendo la hora ni que me prestara un libro, le pedía disculpas por decir lo que pensaba de su hijo y, con ello, le mostraba mi voluntad de solucionar nuestro "encontronazo".
Me humillaba tanto su actitud que, finalmente, le tendí un puente de plata hacia el olvido en mi memoria.

Si es que ya me pasó antes con Andrés, al que le dije que su chico era más torpe que un borrico...

Buenas tardes amigos y compañeros de letras, agradezco vuestra invitación y como ya sabéis sigo retirada de estos "ruedos" desde primeros de año por motivos de salud, aunque ya me encuentro mucho más recuperada. Las musas mientras tanto se fueron de vacaciones, por lo que siento no poder participar activamente como lo hacía antes, pero me encanta acompañaros en esta interesante iniciativa y os deseo a todos, en general, muchos éxitos y participación.
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