Hola Dios los bendiga! Mi nombre es ezequiel (por si no lo habían notado, jaja) quería pedirles su colaboración con un proyecto que estamos realizando los jóvenes de mi iglesia, queremos crear un canal de youtube el cual funcione para edificar vidas pero queremos que sea accesible a creyentes y no. Siempre con bases cristiana. Estamos recolectando ideas. Así que si alguien tiene algo que aportar bienvenido sea. Desde ya muchas gracias :)

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"Como las aves que vuelan, así amparará Jehová de los ejércitos a Jerusalén." Isaías 31:5.

Con ala presurosa la madre de los pajaritos vuela veloz para proteger a sus polluelos. No pierde ni un momento en su camino cuando se acerca para proporcionarles comida, o guardarlos del peligro. Así vendrá el Señor como sobre alas de águila, para la defensa de Sus escogidos; sí, cabalgará sobre las alas del viento. Con alas desplegadas la madre cubre a sus pequeñuelos en el nido. Los oculta interponiendo su propio cuerpo. La madre transmite su propio calor a sus polluelos, y hace de sus alas una casa en la que habitan como en su hogar. De la misma manera el propio Jehová se convierte en la protección de Sus elegidos. Él mismo es su refugio, su morada, su todo. Como pájaro volando, y pájaro protegiendo (pues la palabra significa ambas cosas), así será el Señor para nosotros: y lo será repetida y exitosamente. Hemos de ser defendidos y preservados de todo mal: el Señor, que se compara a los pájaros, no será como ellos en su debilidad, pues Él es Jehová de los ejércitos. Que este sea nuestro consuelo: que el amor todopoderoso sea veloz para socorrernos, y seguro para cubrirnos. El ala de Dios es más rápida y más tierna que el ala de un pájaro, y nosotros pondremos nuestra confianza bajo Su sombra a partir de este momento y para siempre.

"Porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte." Josué 17: 18.

Tener la certeza de la victoria es un gran estímulo que nos da valor, pues entonces el hombre sale confiado a la guerra, y se aventura en lugares a los que de otra manera habría estado temeroso de ir. Nuestra guerra es contra el mal que está dentro de nosotros y a nuestro alrededor, y hemos de estar persuadidos de que somos capaces de obtener la victoria, y de que lo haremos en el nombre del Señor Jesús. No estamos cabalgando para caernos, sino para triunfar; y triunfaremos. Dios, en Su omnipotencia, ejerce Su gracia para el derrocamiento del mal en toda forma: de aquí la certeza del triunfo. Ciertos de nuestros pecados encuentran carros herrados en nuestra constitución, en nuestros hábitos anteriores, en nuestras compañías, y en nuestras ocupaciones. Sin embargo, hemos de vencerlos. Son muy fuertes, y en referencia a ellos nosotros somos muy débiles; no obstante, en el nombre de Dios hemos de vencerlos, y lo haremos. Si un pecado tiene dominio sobre nosotros, entonces no somos los hombres libres del Señor. El hombre que está sujeto por una sola cadena es todavía un cautivo. No hay tal cosa como ir al cielo si un pecado gobierna en nuestro interior, pues de los santos se dice:"el pecado no se enseñoreará de vosotros. ¡Arriba, entonces, maten a todo cananeo, hagan añicos todo carro herrado! El Dios de los ejércitos está con nosotros, ¿y quién resistirá Su poder que destruye al pecado?

"Pero sucederá que al caer la tarde habrá luz". Zacarías 14: 7.

Es una sorpresa que esto sea así, pues la amenaza de todas las cosas es que al caer la tarde oscurecerá. Dios suele obrar de una manera tan por encima de nuestros miedos y más allá de nuestras esperanzas que nos quedamos grandemente sorprendidos, y somos conducidos a alabar Su gracia soberana. No, no sucederá con nosotros como nuestros corazones están profetizando: la oscuridad no se profundizará en medianoche, sino que súbitamente se esclarecerá como el día. No debemos desesperar nunca. En los peores momentos confiemos en el Señor que torna la oscuridad de la sombra de muerte en mañana. Cuando la tarea de ladrillo es aumentada, Moisés aparece, y cuando abunda la tribulación, está más cerca de su fin. Esta promesa debía ayudar a nuestra paciencia. La luz no puede venir plenamente mientras nuestras esperanzas estén bastante disminuidas por esperar todo el día sin propósito alguno. Para el malvado el sol se pone cuando todavía es de día: para el justo el sol se levanta cuando todavía es de noche. ¿No podemos esperar con paciencia esa luz celestial, que podría tardar en llegar, pero que con seguridad demostrará ser muy digna de la espera? Vamos, alma mía, toma tu parábola y cántale a Él, que te bendecirá en la vida y en la muerte de una manera que sobrepasa todo lo que la naturaleza pudiere ver jamás en su punto culminante.

"Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad." Salmo 37:3

Confía y haz son palabras que se concatenan muy bien, en el orden en que el Espíritu Santo las ha colocado. Hemos de tener fe, y esa fe debe obrar. La confianza en Dios nos pone en la obra santa: confiamos en Dios para el bien, y luego hacemos el bien. No nos quedamos quietos porque confiamos, sino que nos levantamos y esperamos que el Señor obre a través nuestro y por nosotros. No nos corresponde preocuparnos y hacer el mal, sino confiar y hacer el bien. No confiamos sin hacer, ni hacemos sin confiar. Los adversarios quieren erradicarnos, si pudieran; pero confiando y haciendo, habitamos en la tierra. No entraremos en Egipto, sino que permaneceremos en la tierra de Emanuel: la providencia de Dios, la tierra de Canaán del amor del pacto. No se pueden deshacer de nosotros tan fácilmente como suponen los enemigos del Señor. No pueden echarnos fuera, ni destruirnos: allí donde Dios nos ha dado un nombre y un lugar, allí moraremos. Pero, ¿qué pasa con la provisión de nuestras necesidades? El Señor ha puesto un ' en verdad' a esta promesa. Tan cierto como que Dios es fiel, Su pueblo será alimentado. A ellos les corresponde confiar y hacer, y el Señor actuará de conformidad a su confianza. Si no son alimentados por los cuervos, o alimentados por Abdías, o alimentados por una viuda, de alguna manera ellos serán alimentados. ¡Fuera los temores!

1 Corintios 1:18-31  

La primera batalla entre la fe y la razón humana tuvo lugar en el huerto del Edén. Incitada por las mentiras de la serpiente, Eva comenzó a mirar su situación desde una perspectiva puramente lógica, y juzgó que Dios le estaba impidiendo disfrutar de algo bueno. Su fe vaciló cuando ideas aparentemente lógicas llenaron su mente.

No estoy diciendo que el camino de la fe nunca sea lógico, pero al funcionar solamente sobre la base de la razón, el conflicto con el Señor es inevitable. La razón es que sus instrucciones y sus acciones no siempre parecen razonables desde la perspectiva humana. Aunque Isaías 55.8, 9 dice que los pensamientos y los caminos de Dios son más altos que los del hombre, muchas personas juzgan a las ideas divinas como inferiores a la inteligencia humana.

El apóstol Pablo enfatiza esto cuando señala que las decisiones de Dios son ilógicas según las normas del mundo. Su mensaje de salvación parece una tontería, y sus mensajeros parecen insignificantes. En una época en que se valora el reconocimiento y la admiración, la persona que cree en la Biblia es considerada débil y necesitada de una muleta religiosa para hacerle frente a la vida. Aunque esta descripción parezca burla, es en realidad bastante acertada. Al reconocer su impotencia, los creyentes se apoyan en Cristo para que Él pueda levantarlos y les ayude a mantenerse firmes.

Aquel día en el Edén, el pecado y la presunción entraron en el corazón humano. Pero toda la sabiduría mundana que alimenta nuestro orgullo es anulada por Dios. Él no está buscando personas grandes e impresionantes, sino servidores débiles y humildes que puede jactarse solamente en Cristo. Solo el Salvador es su fortaleza y su sabiduría. Dios no está buscando personas grandes e impresionantes, sino servidores débiles y humildes.

"Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible." Marcos 9: 23.

Nuestra incredulidad es el mayor obstáculo en nuestro camino; de hecho, no hay otra dificultad real en lo relativo a nuestro progreso y a nuestra prosperidad espiritual. El Señor puede hacerlo todo; pero cuando Él establece como regla que de acuerdo a nuestra fe así nos será hecho, nuestra incredulidad ata las manos de Su omnipotencia. Sí, las confederaciones del mal serán dispersadas si tenemos fe. La verdad despreciada alzará su cabeza si confiamos en el Dios de la verdad. Podríamos aguantar el peso de la tribulación, o atravesar ilesos en medio de las olas de la calamidad, si pudiéramos ceñir nuestros lomos con el cinturón de la paz, ese cinturón que es abrochado por las manos de la confianza. ¿En qué no podemos creer? ¿Es posible que creamos en todo excepto que creamos en Dios? Sin embargo, Él es siempre sincero; ¿por qué no creemos en Él? Él es siempre fiel a Su palabra; ¿por qué no podemos confiar en Él? Cuando nos encontramos en una condición de recto corazón, la fe no cuesta mayor esfuerzo: entonces confiar en Dios es tan natural para nosotros como es para un niño confiar en su padre. Lo peor es que podemos creer a Dios acerca de todo con excepción de la presente tribulación abrumadora. Esto es necedad. Vamos, alma mía, sacude esa pecaminosidad, y confía al Señor tu carga, tu labor, la ansiedad de este presente. Cumplido esto, todo ha sido cumplido.

Lo que más importa

Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.
Filipenses 1:18

La palabra "anunciado" en el versículo de hoy significa "proclamar con autoridad". Sin que importara el costo personal, Pablo estaba decidido a que Cristo se proclamara con autoridad.

Aun cuando los detractores de Pablo predicaran el evangelio verdadero, eso tenía un efecto. Un predicador con motivos egoístas puede ser usado por Dios porque la verdad es más poderosa que el paquete en el que viene.

Pablo vivía para ver que se proclamara el evangelio; no le importaba quién se atribuía el mérito. Esa debe ser la actitud de todo pastor, maestro, anciano, diácono, líder y laico en la iglesia. En todo lo que sufrió, Pablo no dejó de predicar, ni criticó, ni se deprimió ni perdió el gozo. Es porque la causa de Cristo seguía adelante y se proclamaba su nombre. Eso era todo lo que Pablo quería. Esa es una actitud que la gracia de Cristo infunde en todos los santos.
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