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 Los creyentes no solo deben oir la verdad, sino que también  ponerla en práctica. Hace una comparación entre la fe vacía (afirmaciones sin conducta) y la fe que da resultados. La dedicación a amar y a servir a los demás es prueba de verdadera fe.
 Es muy importante la fe viva. Asegúrese de que su fe sea más que una simple declaración; también debe traducirse en acción. Esté atento a las posibilidades de poner su fe en acción. La verdadera Fe Tiene obra!!! (esa obra responde a ver la Gloria de Dios).
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FE

Aprobación que se da a alguna verdad, o confianza que una persona deposita en otra. Fe salvífica, por ejemplo, es la total confianza del hombre en Cristo. En la teología bíblica no hay palabra más importante. Es tema predilecto de los autores del Nuevo Testamento, especialmente Pablo y Juan, pero encuentra sus antecedentes también en el Antiguo Testamento. Las tres palabras (fe, fiel y creer) se hallan en el Antiguo Testamento aproximadamente setenta y cinco veces, y en el Nuevo Testamento más de seiscientas veces. En el Antiguo Testamento la palabra fe suele usarse con referencia a Dios: su fidelidad (Dt 7.9; Is 49.7), sobre todo en guardar el pacto. La fe de los hombres tiene el sentido de una llana y entera confianza en Dios, como lo demostró Job (16.19s; 19.25–27; cf. Sal 37.3ss). El ejemplo predilecto de la fe es • Abraham (Gn 15.6). Salió de • Ur sin saber adónde Dios lo llevaba (Heb 11.8); creyó que iba a tener un hijo pese a su avanzada edad (Gn 15.4–6); y cuando Dios le pidió sacrificar a ese hijo, no se opuso (Ro 4.16–18; Heb 11.17–19).
Los fieles del Antiguo Testamento, enumerados en Heb 11, anhelaban lo prometido, pero murieron sin conocerlo de cerca (vv. 13, 14, 39s). Esta esperanza y confianza se aclara y concreta en el Nuevo Testamento, cuando se declara que la única fe verdadera está siempre, aunque en distintas maneras, vinculada con Cristo (Hch 4.13s; 1 Co 3.11). El supuesto conflicto entre Santiago y Pablo con referencia a la fe versus las buenas obras es un concepto popular errado. Pablo no rechaza las buenas obras, ni Santiago la fe paulina. Ambos hablan de la fe de Abraham (Gl 3.6–12; Stg 2.21–24). Compárese Stg 2.14ss con Tit 1.16; 3.7s; 2 Co 9.8; Ef 2.8–10; etc. La fe encierra toda la vida nueva de los creyentes (Ro 3.27; 11.20; Col 1.23; Tit 2.2; 1 P 1.7). Significa también la virtud específica de mantener contacto con Cristo (1 Co 13.13; 2 Ti 1.13). Es la fe (acerca) de Cristo (Ro 3.22; Ef 3.12). Es la fe en Cristo (Gl 3.26; Col 1.4). Se usa con la preposición griega eis con sentido de compenetración (Jn 14.12; Ef 1.15). La fe se basa sobre Jesús (Lc 24.25; Hch 9.42) y se relaciona directamente con la persona de Cristo (Jn 14.3; 2 Ti 1.12). En los • Sinópticos la fe se dirige generalmente hacia la persona de Jesucristo, allí presente en la carne, y particularmente se refiere a la fe para salud (Mt 9.22). Al pasar la Iglesia a la edad postapostólica, cada vez más la fe significa el cuerpo oficial de doctrina (Jud 3, 20). Entre estos extremos hallamos la enseñanza apostólica que puede apreciarse en los siguientes temas:
1. La fe se basa en el significado de un hecho histórico (Hch 17.3).
2. Es más que el acto de creer. (Los demonios también creen y tiemblan, según Stg 2.19). Es la participación en la vida de Jesús (1 Jn 2.6).
3. Es el resultado del impacto de la gracia de Dios en nuestras vidas. «Dios nos amó» este es el punto de partida para el desarrollo de una nueva experiencia de vida (Jn 3.16).
4. Pero más que una decisión momentánea, la fe es un clima espiritual, un modo nuevo de vivir (2 Co 7.7; Ro 11.20).
5. La fe es indispensable para la • Justificación. Cristo inmolado en la cruz efectuó la salvación de la humanidad. Sin embargo, el hombre debe ser receptivo al significado de aquel acontecimiento. El acto fundamental del amor de Dios espera una respuesta de los hombres. La fe es esa respuesta. Por nuestra fe somos justificados (Ro 1.17; 5.1ss; Gl 2.16).
6. La fe se vincula siempre con la • Gracia. El mensaje de la cruz (la capacidad de responder a él) no tiene requisitos de santidad, conocimiento, buenas obras, etc. No son los poderosos ni los sabios los que se salvan (Mt 11.25; 1 Co 1.18–31; 2.14). Puesto que el espíritu del incrédulo está muerto, no puede responder si no es por la gracia (Ro 4.16; Ef 2.8s).
7. Cristo es el autor y consumador de la fe (Heb 12.2) y obra fe en nosotros por su Espíritu Santo. El Espíritu vivifica a la persona que es justificada por la fe. Ya no anda conforme a la carne sino conforme al Espíritu, en novedad de vida (Jn 6.63; Ro 7.6).
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La Palabra de Dios aumenta Tu Fe...
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