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Por Alejandro Batista

La actividad docente es, ante todo, un proceso de comunicación y a diferencia de lo que era la concepción tradicional de la enseñanza, no se limita ya a una sola vía, sino que para conformar un verdadero contexto de enseñanza y aprendizaje, debemos lograr que sea interactivo y también multidireccional.

Por otra parte, esa comunicación tampoco se agota o se limita únicamente al espacio del aula. Si bien esto requiere una cierta disciplina y algunos acuerdos previos con los estudiantes, actualmente tenemos la posibilidad de extender el diálogo, las consultas, el debate, etc., más allá de las paredes de la institución educativa y de los horarios de los encuentros presenciales.

Para ello, las TIC nos presentan una gama muy amplia de posibilidades, y como sucede en muchos campos, la convergencia tecnológica hace que muchas herramientas sirvan para muchas funciones, pero con detalles u opciones que hacen que unas se destaquen más que otras. De allí que si bien los sistemas LMS como Moodle, las aplicaciones como Edmodo, o directamente Facebook pueden, sin dudas, colaborar en este aspecto, en esta oportunidad pondremos el foco en la mensajería instantánea. Hablar de mensajería instantánea es para muchos (fundamentalmente en Latinoamérica, pues no es así en EEUU o Europa) prácticamente sinónimo de WhatsApp. Sin embargo, la elección que aquí presentamos es otra. Se trata justamente de uno de sus principales rivales:
Telegram (1); que nos ofrece las mismas posibilidades de comunicación, pero con algunas características distintivas que, a nuestro juicio, son mu relevantes y que justificarían que profesores y estudiantes nos inclinemos por ella.

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