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DE GALLINAS, MONSTRUOS, BUITRES Y MUCHACHAS

Nuevo Poema de Gocho Versolari.

"En el rincón del lago
donde se tienden las silentes cabañas,
ejerzo en soledad
el antiguo rito de evocarte:
me tiendo
para que camines en mi pecho;
que tus pies blancos y desnudos
atraviesen mi corazón de sur a norte
mientras el sol raya las nubes
con la punta cobriza de su entraña..."


https://www.youtube.com/watch?v=AUdlXUOMPLk
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Hola de nuevo queridos amigos. Les agradezco lo que siempre comparten. Este filósofo hace una crítica muy fuerte sobre la educación. Les deseo un excelente día.

http://www.sabiduria.com/liderazgo/tv-basura/

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Esculpida en piedra. (Un nuevo comienzo) Cap. 53. "Héroes y mártires." Parte 3

Pasadas tres semanas ya habían agotado todas las provisiones con las que partieron de la Ciudad Roja, viéndose obligado Víctor, a requisar enseres y alimentos allí por donde pasaban, cuidándose de dejar lo suficiente para no condenar al hambre a los que dejaban atrás. Por desgracia, las noticias avanzaban más deprisa que su famélico ejército de harapientos. Cuando llegaban a las granjas, los campesinos ya habían escondido grano y ganado, las ciudades que disponían de murallas les cerraban sus puertas a cal y canto y ningún noble quiso unir sus tropas a los escorias. La situación era insostenible, muchos decidieron que una mala comida al día no compensaba las agotadoras marchas de 14 horas y escapaban a la menor ocasión. Las deserciones eran un goteo incesante y sus oficiales no hacían nada por remediarlo. Víctor estaba solo, sabía que no tardaría en perder el control y temía, con sobradas razones, ser asesinado en cualquier momento. No había tenido tiempo de elegir a quienes le servirían de apoyo y la suerte le fue adversa. Los cien hombres seleccionados para tal fin carecían de honor y se dejaron seducir fácilmente por la lengua envenenada de "Mosquito". Conspiraban sin ningún pudor, podía ver en sus ojos la traición cuando al cruzarse con cualquiera de ellos le negaban el saludo y, a cambio, lo obsequiaban con una sonrisa burlona.

Esa noche acamparon en las inmediaciones de una pequeña ciudad sin amurallar. Aun retumbaban en su cabeza las quejas y amenazas del señor de aquellas tierras. Le fué muy difícil evitar el derramamiento de sangre cuando el "requisamiento" degeneró en un saqueo en toda regla. Aquel estúpido interpuso a sus hombres entre él y los graneros, repletos del trigo recogido por sus vasallos del que estos no verían un grano. No tardó "Mosquito" en tomar las riendas, haciendo caso omiso de sus órdenes, dispuso a todo un regimiento para el ataque. Amedrentado por la inmensa superioridad numérica de los escorias, el noble se replegó a su castillo. No se contentó "Mosquito" con la retirada de sus oponentes y organizó a sus huestes para tomar la fortaleza. Víctor tuvo que intervenir, tomó el mando de algunos hombres colocándose entre su propio ejército y las murallas del castillo. Aún estaban cerca de la Ciudad Roja y por tanto, al alcance de las represalias del ejército imperial. "Mosquito" cedió en sus belicosas intenciones, lo que no evitó que la ciudad fuese desvalijada. Para evitar males mayores, decidió acampar en una dehesa lo suficientemente apartada del asentamiento.

Víctor se había instalado sobre un monticulo desde el que disponía de una buena panorámica del campamento, pero al caer la noche un manto de oscuridad lo cubrió todo. Encendió un fuego, recién comenzado el otoño, las temperaturas nocturnas eran agradables, así que la intención de la hoguera era más la de iluminar las inmediaciones, que contra restar un frío que solo existía en su ánimo. Todos dormían a la intemperie, agotados por la larga jornada, nadie tenía ganas de improvisar una tienda de campaña y roncaban plácidamente sobre la yerba. Ya solo disponía de poco más de 11.000 hombres, casi 4000 habían escapado en tan solo tres semanas, de seguir así y vivir para contarlo, sería el único en llegar a las cañadas de Viento Helado. Una gran parte de ellos no eran otra cosa que delincuentes y prófugos, a los que había abierto las puertas de la capital brindándoles una cómoda huida. Que estúpido se sentía.
"Mosquito" se le acercó de frente. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal, como avisandole de que no por ello dejase de vigilar su espalda. De pie ante él, el soldado parecía un auténtico gigante. No hubo el saludo que su rango exige, tampoco lo esperaba, "Mosquito" se limitó a sentarse a su lado.
- He dispuesto las guardias y acabado el recuento. Hoy solo se han "esfumado" 40 hombres, será al alba cuando echemos en falta un número mayor. - Adivinando lo que pasaba por la cabeza de su superior, "Mosquito se anticipó al esgrimir una excusa. - Lo más probable es que sean los propios centinelas los que desaparezcan, es imposible controlar a esta chusma.
¿Sabe que es lo peor de todo? - Continuó en su monólogo. - Que no son los más cobardes los que escapan, si no los más listos. Son los cobardes los que se quedan, son aquellos a los que les faltan agallas (o "luces"), los que se niegan a ver la realidad, los que continúan en este viaje sin retorno.
Victor mantenía la mirada fija en la hoguera, como hipnotizado por las espurnas que se desprendían de la leña encendida. "Mosquito" no se dejó engañar por aquel aire ausente, escudriñaba el rostro de Víctor intentando discernir su ánimo de sus flaquezas, empeñado en descubrir el momento en que su moral se vendría abajo. - ¿Sabe por qué me hice soldado? Desde luego que no fue por buscar aventuras, ni movido por un sentimiento de lealtad al imperio. ¡Por Dios, no soy tan estúpido! Fué la indignación, la indignación de ver como mis padres se dejaban la espalda trabajando las tierras de otro. Los detestaba, tan serviles, tan ingenuos. Siempre hablaban de cómo serían las cosas cuando consiguieran comprar la ciudadanía. Trabajaríamos nuestros propios campos, recolectaríamos nuestra propia cosecha y tendríamos una "choza" propia. Seguir trabajando como burros de sol a sol. - Resentimiento en su tono. - Esos eran sus sueños, tan pequeños y aun así inalcanzables. Comprar la ciudadanía. - Cínica sonrisa. - Nos privamos de comer muchas noches por escatimar unas monedas y nunca estuvimos siquiera cerca que conseguirlo. No, yo no sería como ellos, yo merecía algo mejor y me sobraban cojones para conseguirlo. El campo me había endurecido y mi envergadura me abriría las puertas del ejército. El imperio estaba en paz, solo habría de preocuparme de poner en vereda de vez en cuando o otros infelices como mis progenitores. Perseguir a furtivos y a muertos de hambre es un trabajo cómodo que no requiere de gran esfuerzo. ¿Cómo podía imaginar que la guerra regresaría más cruenta que nunca antes? Eso no estaba en mis planes.
- Víctor comenzaba a preguntarse a dónde pretendía llegar "Mosquito" con sus divagaciones. - Algunos, después de servir muchos años, me aseguraban que el ejército era su única familia. Yo me reía de ellos, los creía idiotas, pero lo cierto es que con el tiempo he comprendido a lo que se referían. Mis compañeros son mis verdaderos hermanos, con ellos comparto el rancho y en sus manos pongo mi vida cuando salgo a perseguir criminales. Somos una gran familia de la que los oficiales no forman parte. Esos nobles engreídos, siempre dando ordenes desde la segura retaguardia. Con sus aires de superioridad y sus relucientes armaduras, dentro de las cuales apenas pueden moverse. - "Mosquito" pensó que ya era el momento de poner sus cartas al descubierto. - Tú no eres como ellos, pude verlo enseguida cuando nos arengabas en el patio de armas. Pero tampoco eres de los nuestros, no puedes serlo porque no confias en nosotros. ¿Como podemos fiar en vos, si vos no nos dispensáis el mismo trato? - Las arrugas que se dibujaban en la frente de Víctor eran un claro texto en el que se escribía la palabra indignación, lo que no pasó inadvertido para "Mosquito". Con las cartas boca arriba no podía echarse atrás, continuó.
- A esos los conducimos como al ganado porque no tienen mas cerebro que una oveja. - Señaló con el índice hacia el campamento. - No me importa lo que pueda sucederles, ni lo que haya planeado Mendieta para ellos. Pero mis hermanos de armas si me preocupan y ellos me han elegido como su porta voz. - Víctor tuvo que ahogar la risa. ¿Su "porta voz"? Mosquito los manejaba como a marionetas. - Nuestras órdenes son llegar a Vancuvert para reforzar su guarnición. Mendieta puso mucho empeño en remarcar que los invasores no son una amenaza seria, que es allí donde les pararemos los pies y pondremos fin a su aventura. Sin embargo no son las guarniciones de la Ciudad Roja las que avanzan al encuentro del enemigo. El destino del imperio está en manos de un ejército de escorias. - No pudo disimular el tono amenazador. - Soy hijo de escorias, como todos los demás, pero no por ello soy tambien idiota. El emperador jamás los habría armado si la situación no fuese desesperada, como tampoco les confiaría la victoria. ¿Que somos entonces? ¿Un cebo? - Por más que intentó mantener su semblante inexpresivo, lo perspicacia de "Mosquito" hizo mella en su pretendida indiferencia. Ciertamente "Mosquito" era un canalla, uno del tipo más peligroso, un canalla inteligente. - Puede verlo todos los días, marchamos a la guerra para salvarles el culo y esos desagradecidos nos niegan el pan. Seremos nosotros los que mueran para que ellos sigan engordando. No me juzgueis a la ligera, sé lo que estáis pensando. Me he informado sobre vos y estoy admirado, me asombra que continueis con vida. Vuestra lealtad al imperio os honra, cómo me indigna el "reconocimiento" con el que el emperador premia tantos años de servicio. Pronto seréis un general sin ejército, si es que alguna vez se ha podido llamar ejército a esa colla de sarnosos. Tras vuestro fracaso, poco han de importarle al rey vuestros éxitos anteriores. Estáis condenado y lo sabéis. ¿Qué pretendéis demostrar entonces? - "Mosquito" dejó de observar a Víctor, no es que lo temiese, pero si le preocupaba que si sus miradas se encontraban, pudiera ceder a la cólera antes de meditar lo que estaba a punto de proponerle. - Es justo tomar lo que por derecho os pertenece, aun empleando la violencia si es necesario, tus tropas no pueden enfrentarse al enemigo famélicas y sin fuerzas. Nobles avariciosos como con el que hoy lidiemos, serán los verdaderos responsables de la caída del imperio, no vos. - Volvió a señalar a los acampados. - Mire como roncan, parecen tranquilos pero cuando despierten serán sus tripas las que protesten y esta paz habrá sido un espejismo. Un rebaño con el estómago lleno no ha de buscar el bocado en otros campos. Si queréis que os sigan y os reconozcan como su pastor no ha de faltarles el pasto. Los borregos se conforman con poco, serán dóciles y mansos en su trayecto al matadero. La pregunta es... ¿También vos tiene suficiente con una caricia en el lomo? ¿Sois el pastor o solo el perro que guía a las ovejas? A río revuelto ganancia de pescadores. ¿Que hay más tumultuoso que la guerra? A esos nobles y mercaderes les sobran riquezas y el oro puede ser tanto o más útil que las armas para resolver conflictos y ganar lealtades. Solo hay que extender la mano y cogerlo. Cuando lleguemos a Vancuvert el emperador tendrá su batalla, pero no es necesario que nosotros sigamos allí para ver la masacre. Al fin y al cabo ya cuentan con nuestra derrota. ¿No es cierto? Desaparecer será muy sencillo, entre tanto cadáver nadie podrá asegurar que no caímos en combate, Vuestro honor estará a salvo y vuestra bolsa llena. - Mosquito se puso en pie y ahora si le clavó los ojos en el rostro. Victor llevaba rato arrimando una pequeña rama al fuego, pasándola de una mano a otra en nerviosos malabares. El frágil palito se tronchó en su diestra, no necesitó más el conspirador para saber cual habría de ser la respuesta del general. - Meditadlo bien. - Mosquito le dió la espalda y se alejó hasta perderse en la oscuridad de la noche.

Ya no le cabía la menor duda, estaba perdido. Mosquito lo quitaría de en medio y convertiría a la tropa en una horda de saqueadores. Por unos instantes pensó en escapar, en regresar a la Capital y poner en sobre aviso a Mendieta. Lo descartó enseguida. ¿Cómo podría presentarse ante él? Era preferible la muerte a semejante vergüenza. Meditó durante toda la noche, todos sus sentidos alerta, sobre saltándose al menor ruido y creyendo ver sombras agazapadas por todas partes Buscó en su mente a aquellos en quien podía confiar, cavilando con qué apoyos contaba. Nada, estaba solo, rodeado de enemigos entre su propia gente.


El naufrago estaba inmerso en el relato del ama de llaves, no quería olvidar ningún detalle por nimio que fuese. Tenía la firme intención de atribuirse aquella fascinante historia como propia cuando regresara a casa. Aunque comulgaba en todo con el proceder de "Mosquito", sabía que sería Víctor quien gozaría de todas las simpatías de la que ya imaginaba embobada audiencia. La trágica y épica imagen del el héroe solo ante la adversidad, muy a su pesar, también a él le fascinaba. Había perdido todo el interés por Andrade, las gestas de este último se le antojaban poca cosa con lo que había de vivir aun el desahuciado general. Nuevamente la punzada de sus costillas rotas lo trajo de regreso a la realidad. El gemido apenas fue un susurro, pero bastó para que Ayla se apresurara en atenderlo.
- He de cambiar sus vendas, esas ya estan flojas y sucias. Si no fajamos con fuerza su cintura los huesos no sanarán como es debido.
- Mis huesos están bien. - Protestó el pícaro. - Cómo también las vendas. Sobre esta piel he portado prendas que, pasando por nuevas, apestaban como el sudor de mil demonios cagando azufre. Proseguid con la historia y no os preocupeis tanto de mí. en peor estado me he visto muchas otras veces y sin embargo aquí sigo. ¿Aceptó Víctor lo que "Mosquito" le propuso?
- Vos qué habríais hecho.
- ¡Cuidar de mi pellejo, mal rayo me parta! No tengo otra cosa que realmente me pertenezca.
- ¿Vos comerciaria entonces con la vida de otros?
- En todo caso. - Renegó el enfermo evitando responder a la incómoda pregunta. - Lo que yo hubiera hecho, o dejado de hacer, es irrelevante.
- Os equivocais y no imagináis hasta que punto.
Algo en aquella última frase del ama de llaves lo puso en guardia, ella giró el rostro al darse cuenta de cómo la miraba el pícaro. A la luz del candelabro, los cabellos de la joven resplandecían como el oro. Extendió el brazo con la intención de tocarlos, pero una nueva punzada en el costado se lo impidió. El suave tacto de la mano de la sirvienta agarrando la suya lo alivió como por arte de magia. La presionó con demasiada fuerza y fue Ayla la que emitió un leve quejido. Con un delicado gesto de su otra mano se liberó, sus ojos se encontraron con los del naufrago. No había sido otra la intención de este, que la de obligarla a mirarlo de nuevo. Aquellos ojos cristalinos, de un azul limpio como el cielo despejado en verano, no podían pasar inadvertidos para nadie. Estaba seguro de haber visto al ama de llaves en algún otro lugar. Por más que lo intentó fue incapaz de recordar dónde, era como si bloquearan sus pensamientos. A Ayla (o Lila en su verdadero aspecto de ninfa) le estaba costando un gran esfuerzo evitar que su paciente descubriera la verdad.
- Estais cansado, deberiaís volver a dormir.
- Yo decidiré cuando estar cansado. - "¿Qué me estás ocultando? ¿Por qué me eres tan sumamente familiar?" Tanto se concentró que a punto estuvo de conseguir romper la barrera mental de la muchacha a cambio de un intenso dolor de cabeza.
- Necesitaís descansar, puedo ver el agotamiento en vuestro rostro.
- ¡Dejad de decirme lo que debo o no debo! - Se sintió mal por haber sido tan brusco y suavizó el tono. - Perdonad mi mal carácter, es que a veces me exacerbáis con vuestra insistencia. - Un "deja vu" atravesó su cerebro como una descarga eléctrica. Fue como si aquella situación fuese el calco de una anterior. Quizás el ama de llaves estaba en lo cierto y era el cansancio el que lo turbaba. A más pensaba en ello, más intenso era su dolor de cabeza. Desistió al fin de su empeño y Ayla respiró aliviada. - Quiero saber como acaba la historia.
- ¿Estais seguro? El relato se alarga en la noche y ya es muy tarde. - La mirada del pícaro brilló tan amenazante como el hacha del verdugo elevándose antes de decapitar al reo. - Entiendo. - Capituló la doncella. - No insistiré más.

Una docena de oficiales lo esperaban al rededor de una hoguera, el rostro de ninguno de ellos podía esconder su impaciencia. - ¿Cómo ha ido? Se apresuró a preguntar el más nervioso.
- Es un estúpido de esos que piensan que el honor no es moneda de cambio, va a ser difícil hacer que entre en razón.
- No necesitamos convencerlo. Si no accede le rebanamos el cuello y asunto zanjado. - Todos dieron su beneplácito a lo dicho por su compañero con murmullos y movimientos de cabeza.
- Él es un estúpido por creer en unos valores absurdos, más tú eres idiota por no tener nada dentro de la cabeza. - Mosquito golpeó con los nudillos en la frente del exaltado. - Veis. - Se giró hacia el resto. - Suena a hueco. - Todos rieron la gracia aun sin entender el porqué su líder no estaba de acuerdo con lo propuesto. - Veo en vuestras expresiones que tampoco vosotros sois capaces de ver más allá de vuestras narices. ¿Es que no lo entendéis? Un soldado que cumple órdenes está exento de toda responsabilidad por sus actos. Si algo sale mal nos ha de ser muy útil su cuello para lucir la soga en vez del nuestro.
- ¿Y si no accede? ¿Que evitará que él mismo sea quien anude la cuerda al rededor de nuestras gargantas?
- Porque nos necesita para cumplir la misión que le han encomendado y para él nada es más importante. Solo hemos de presionarlo un poco más, fomentar algunos disturbios y dejar que deserte todo aquel que así lo quiera. Demos a nuestro general un poco de tiempo para pensarlo antes de ser más drásticos.

- Ese "Mosquito" en su mezquindad es digno de elogio. Estoy impaciente por saber si Víctor estuvo a la altura de tan peligroso adversario.
- Siento tener que defraudar sus expectativas mi señor. Víctor tendría muchas oportunidades de demostrar su valía, pero en aquel entonces, fue la providencia la que dejo una ventana abierta por la que la luz de la esperanza pudiera entrar en la oscura habitación de su ánimo. La providencia de manos de quien menos había podido imaginar.
- Explicaos.
- Si no dejáis de interrumpirme se hará el día antes de concluir la historia.
- Prometo estar callado.
Ayla le obsequió con una radiante sonrisa.


Mas en: http://negroe1.blogspot.com.es/2015/03/esculpida-en-piedra-un-nuevo-comienzo.html
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¿Son fiables todas las opiniones de los lectores en Amazon?

Aquí va mi opinión sobre el asunto. Tengo un lugar reservado para la tuya, ven y comenta.

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Hola todos. Busco consejo de padres roleros.

Tengo una pequeña de 3 años. Evidentemente aún no sabe leer. Pero se entretiene muchísimo con los libros (de ilustraciones, pegatinas, con poco texto... ya sabéis).

¿Me podéis recomendar libros que yo le pueda ir leyendo y que visualmente sean atractivos para meterle en el cuerpo el veneno rolero mazmorrero?

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Buenos días para todos! Queridos amigos del grupo, me gustaría compartir con ustedes este hallazgo que me pareció interesante. Espero que les guste!

http://liderazgo.uno/blog/lider-enfocado-o-multifuncion/
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