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... y como además me gustaría saber qué habéis leído, hago otra encuesta aparte...
Como únicamente da 5 opciones, no puedo incluir las opciones de dos relatos leídos. Si ha sido así, por favor, indicádmelo por comentarios y dejad en la encuesta la opción de las tres partes.

GRACIAS POR CONTESTAR!!!
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75%
No he leído ninguna parte
19%
He leído sólo la primera
0%
He leído sólo la segunda
6%
He leído sólo la tercera
0%
He leído las tres

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A quienes habéis leído este relato, dividido en tres partes, me gustaría conocer vuestra opinión...
Es un minutito nada más...
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46%
Me ha excitado
21%
Me ha gustado, pero no excita
13%
Me ha gustado
21%
No me ha gustado

RE01 LA CITA (PARTE 1 DE 3)

Me encantaría que me llevases a tomar ese café.
Me sumergiría en esa conversación e intentaría no desviar la mirada para otro sitio, pues suelo hacerlo si la conversación es superficial y carente de interés.
Te miraría a los ojos con tanta fijación que te resultaría incómoda mi mirada. Desearías que me fijase en tu pelo, en tu boca, en tus manos, o como cualquier otro tosco y brutal hombre, en tu escote.
Intentarías que desviase mi atención con roces expontáneos de tu pie en mis espinillas. Incluso convertirlas en sutiles caricias en los gemelos para conseguir descentrarme, pero sería en vano. Tus ojos son tan deliciosos, que dejar de mirarlos está condenado con la pena capital.
Desearás que esa angustiosa fijación termine y lo intentarás de muchas formas: desabrochando otro botón de tu blusa provocando que tu escote sea más pronunciado aún, intentando dialogar conmigo aunque yo esté en un universo paralelo donde disfruto de una sordera beethoveniana...
Sólo el hecho de levantarte de la mesa, de romper la conexión visual conmigo, hace que despierte de ese trance, de esa hipnosis indescriptible e irracional y vuelva a la normalidad del estado natural de mi conciencia.

Acompañarte a tu casa, dejar que tu mano roce la mía furtivamente y dejar que me acaricies a pesar de la distancia, que por decencia, nos hemos autodefinido, hacen que el camino sea largo, tedioso y angustiosamente lento para ambos.
Sólo deseas que termine pronto para llegar y abalanzarte sobre mí como una gata en celo, pero a la vez quieres ser recatada, no dejar que se note tu deseo de ser poseída y deseada. Piensas en mostrarte distante y prudente, pero tus hormonas vuelven a jugarte otra mala pasada cuando sientes un escalofrío de deseo al sentir cómo he posado mi mano en tu cintura para guiarte a que seas tú la primera en entrar en casa. Te da un vuelco el corazón, no sabes cómo reaccionar, así que no lo piensas: te das la vuelta y me besas.
No te has parado en pensar en las consecuencias... Yo me aparto y te señalo la cerradura invitandote a que abras la puerta.
Te das cuenta de que no has empezado con buen pie y te muerdes el labio inferior a mis espaldas... Crees que la has fastidiado y ahora toca volver a empezar.
Abres la puerta y entras en silencio. Yo entro y la cierro suavemente. No sabes hacia dónde dirigirte. Tienes tantas ideas en la cabeza y estás tan nerviosa, que no sabes priorizar tus órdenes... Cocina, baño, salón, habitación... No te decides.
De repente, el escalofrío vuelve a ahogarte de nuevo. Sientes, no una, sino dos manos rodeandote por la cintura. Te invitan a girarte y tú sólo puedes ser esclava de esa fuerza... Deseas dejarte llevar, pero algo te lo impide. Me miras a los ojos y te quedas paralizada...
- "Gracias por todo, Marina"
suena como un trueno potente cargado de dulzura en tu cabeza. No sabes reaccionar. Quieres mantener la compostura, pero tu cuerpo es travieso e impredecible... Te acercas más y posas tus labios en los míos...
Sientes cómo tu cuerpo reacciona a pasos agigantados. El tiempo se ralentiza y tus ideas superan la velocidad de la luz... Chaqueta, blusa, pantalón, sujetador, bragas, sofá, deseo, penetración, orgasmo...

Acabas de mojar tus bragas y aún nos estamos besando... Te ruborizas y concluyes el contacto físico.
Ya has priorizado la primera escala: el baño.
Te diriges hacia él y te encierras herméticamente. Quieres saber qué ha pasado, pero no atinas a dejar nada en claro, salvo que sientes una humedad incómoda entre tus piernas... Hasta crees sentir cómo una gota baja por una de tus piernas... Te bajas el pantalón y descubres que realmente hay un rastro húmedo por tu muslo. Coges papel y aflojando las bragas, te lo pasas por los labios. La humedad es mayor de lo que imaginabas... Terminas de limpiarte rápidamente y vuelves a subirte el pantalón. Te miras al espejo e intentas arreglarte un poco, tiras de la cadena y abres la puerta. Yo sigo ahí, en el mismo lugar en el que me dejaste. Esperándote.
Me invitas a pasar, y te diriges a la cocina. El café de la cafetería te supo a poco. Necesitas más, y pronto. La cafetera es muy lenta. Preparas algo para picar, las tazas, el azúcar, las cucharillas... Y el café que no subió aún...
Por fín se termina de hacer el café. Lo sirves y lo llevas todo al salón. Nos sentamos y hablamos.
Quieres disculparte por lo que ocurrió antes, pero no sabes qué decir. Un escueto "lo siento" sale de tus labios.
Empiezas a servir el café temerosa por mi respuesta, evitas mirarme y esperas una respuesta sonora.
Mi mano se posa en tu mejilla y te invita a mirarme.
- "¿Por qué lo sientes?. No me has hecho ningún daño", es mi respuesta.
Sonríes levemente y bajas la mirada. Esta vez, te beso yo.

Sueltas la cafetera y se derrama el café, pero no importa. Deseabas ese momento fervientemente y no lo quieres estropear.
De tu boca salen suspiros, jadeos y palabras sin orden ni sentido. Quieres transmitir todos tus deseos de golpe, pero nada tiene sentido ya. Los botones de tu blusa hace tiempo que dejaron de estar alojados en su ojal. El sujetador te oprime los pechos con desgarradora violencia y quieres liberarlos... Mis manos y mi boca ya están masajeándolos... Sientes un placer que hace años que no sentías. Tus bragas vuelven a estar húmedas, pero no puedes quitártelas aún. No quieres pausar esa sensación tan agradable y anhelada.
Mi lengua recorre con suavidad todo el pecho, humedeciéndolo por completo. Por un lado, por el otro, por el pezón y por la aureola... Todo ensalivado con pasión. Me invitas a que haga lo propio con el otro pecho...
Es tal el placer que sientes, que empiezas a preocuparte de que no me haya quitado nada aún. Me apartas y vas directamente hacia mi pantalón. El cinturón aprieta demasiado tus deseos y notas cómo algo que habita bajo la cremallera, te pide auxilio. No dudas en socorrerle... Deslizas la cremallera y algo emerge bajo mi ropa interior. Te deshaces del pantalón y es hora de que lo demás también se vaya a hacer puñetas... Descubres lo que a partir de ahora va a ser tu mejor amigo de debajo de mi boxer y antes de que me lo quites, ya has empezado el juego...
Tu lengua lo recorre lentamente de arriba a abajo, pero tu boca quiere más y lentamente lo va absorbiendo dentro de ella. Usas tu boca para acariciarmelo despacio. Sientes un pequeño dulzor en tu lengua... Sabes lo que ha pasado y sabes que lo estás haciendo bien. Una pequeña gota de lubricante natural ha hecho acto de presencia. Gracias a ella sabes que estoy listo para el siguiente paso... Tus bragas son mi próximo destino.
Coges mi mano y, levantándote, la guías hacia la intersección de tus piernas. Todo es humedad. Aparto un poco las bragas mientras elevas una de tus piernas al respaldo del sofá. Te acercas un poco más y la otra mano va a posarse en tus nalgas. Mi lengua juguetea por debajo de tus bragas... No hay razón para que estén más tiempo así. Están mojadas y es hora de quitarselas...
No puedes describir el placer que sientes cuando mi lengua se pasea una y otra vez entre tus piernas. Sólo puedes esperar a que me pare y te pida otra cosa. Pero el tiempo parece pasar muy despacio y crees que vas a soltarlo todo en breves. Es hora de dejarse de juegos y ponerse serios... Bajas la pierna y te sientas encima de mí... Te penetras fácilmente debido a nuestras propias humedades. El pene se desliza con suavidad y la penetración se vuelve profunda y sensible.
Mi boca retoma la actividad maternal y tus movimientos contribuyen a que sea mucha más placentera la penetración. El orgasmo es irrefrenable. Tu ritmo cardíaco aumenta, así como tu deseo de tener penetraciones más profundas y más vigorosas...
No puedes parar ya.
Por el camino han quedado tus ganas de sentir tu ano violado con pasión, tus pechos pintados de color de vida, o tu boca endulzada con lujuria blanca. 
No quieres parar ahora. De tu cuerpo emana una sensación de intranquilidad, de incomodidad lujuriosa que va subiendo por tu cuerpo hasta tu cabeza. Como si te llenasen por dentro con agua, como si fueras una botella, hasta el momento en el que todo estalla y descubres que tu cuerpo es tan sólo el mensajero de tus deseos convertidos en realidad.
Quieres continuar, pero las piernas te fallan. Tiemblan al estirarse cuando te pones de pie y crees que vas a caer al suelo como una marioneta. En ese momento te das cuenta de que una gran cantidad de líquido cuelga de tu entrepierna y se estrella contra el suelo.
Lo has conseguido. Te vuelves hacia mí con una sonrisa perversa y me imploras una pronta recuperación a mis aptitudes sexuales... Sabes dónde va a celebrarse la próxima batalla. Ya tienes el lugar establecido. Es tu lugar favorito y desde hace mucho tiempo has deseado ganar tu batalla en el camposanto de tus sueños...
Con las piernas temblorosas aún, te diriges a la habitación... Has de prepararte psicológicamente para la nueva batalla.

Piensas para tus adentros que en este nuevo campo, yo caeré rendido a tus pies... Una nueva estrategia vaguea por tu mente... Tengo la guerra perdida si tu arma es efectiva...

Vas preparando lo necesario mientras me invitas a seguirte...

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Si os interesa el tema de los relatos eróticos y las fantasías, os invito a visitar mi blog “Los relatos de Rebecca”, ¡recién estrenado! En él publicaré mis relatos, y prometo que no os dejarán indiferentes… 
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