Los tres quejosos
Què mal gritò la mona que estoy sin rabo!
Què mal estoy sin astas! -repuso el asno.
y, a continuaciòn,dijo el topo:
Màs debo yo quejarme, que estoy sin ojos.
No reniegues, camilo, de tu fortuna
que otros podràn dolerse màsde la suya.


Si se repara, nadie en el mundo tiene dicha completa...
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