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La Mujer Encorvada
Dios te bendiga amada hermana y amiga que me lees, aquí te comparto un poco de otra mujer de la biblia que recibió un milagro extraordinario y de la cual podemos extraer algunas enseñanzas espirituales. ( Esta palabra es parte de una predica que el Señor en...

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La Mujer Pecadora
Dios te bendiga amada hermana que me lees, hoy quiero compartir una de las mujeres de la biblia que su historia a sido usada en muchas ocaciones como base para predicas, reflexiones, etc. y me refiero a la mujer que rompió el envase de alabastro y derramá e...

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Me Deleito en el Señor
Buen día amadas, doy gracias a Dios que despúes de algunas semanas sin compartir un devocional hoy puedo estar de vuelta con ustedes. Les comparto un pequeño resumen de una predica, esperando el Señor use esta palabra para hablar a sus vidas. Deléitate asim...

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APRENDIENDO A CONFIAR

"Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno"
(Sal. 23:4).

Un viernes decidí visitar a mi padre enfermo. Dos de mis hermanos y dos amigos viajarían conmigo. Mi madre había venido a visitarme a principios de semana, porque me estaba sintiendo indispuesta. Ahora me sentía mal porque mamá había dejado a papá por venir a verme, así que, no fue difícil para mí tomar la decisión de regresar con ella el viernes a visitarlo, ya que me sentía mejor.
Nos preparamos para un viaje de cinco horas, los seis en un auto.
Después de viajar bajo una fuerte lluvia durante un tiempo, nos deslizamos en una zanja que había sido cavada en el camino, dañando una de las llantas de atrás.
Era obvio que la zanja había sido cavada por bandidos, que se aprovechaban de las víctimas desafortunadas para robar. Mi hermano, que estaba conduciendo, detuvo el auto, y todos salimos. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que no teníamos llanta de repuesto.
Continuamos muy lentamente, orando para que pudiéramos encontrar un mecánico o un lugar seguro donde quedarnos. Después de algún tiempo con un neumático en muy malas condiciones, vimos dos vigiladores nocturnos que cuidaban una estación de gasolina. Nos dirigimos a la estación. Los dos hombres nos explicaron que el único mecánico que había en esa zona no podía venir a esa hora de la noche; había un toque de queda en la ciudad donde él vivía, y ya eran pasadas las diez de la noche.
Mi peor temor se confirmó: tendríamos que dormir en la calle, al lado de unos vigiladores que no conocíamos. Entonces exclamé: "¡Mami, estos hombres son unos extraños!" Mamá respondió: "Oremos". Así que, oramos. Luego, uno a uno se fueron quedando dormidos. En cuanto a mí, vigilaba de vez en cuando. Justo en esos momentos, Dios me habló: "Hija, ¿realmente puedes protegerte a ti misma? ¿Por qué no confías tu vida en mis manos? Yo estoy aquí". Y eso lo arregló todo. Finalmente logré dormirme.
Por la mañana, mi hermano, en compañía de uno de los vigiladores, fue a arreglar el neumático, y poco después continuamos viaje. Desde entonces, he aprendido a confiar más en Dios. Él es el único que puede mantenerme a salvo en medio de cualquier temor, incluso a través del valle de sombra de muerte.

Mofoluke I. Akoja
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COMO LEÓN RUGIENTE

Mientras que Satanás trata continuamente de cegar sus mentes para que no lo conozcan, los cristianos no deben olvidar nunca que no tienen que luchar "contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires" (Efesios 6:12).
Está inspirada advertencia resuena a través de los siglos hasta nuestros tiempos: "Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore". "Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo" (1 Pedro 5:8; Efesios 6:11).
Desde los días de Adán hasta los nuestros, el gran enemigo ha ejercitado su poder para oprimir y destruir. Se está preparando actualmente para su última campaña contra la iglesia. Todos los que se esfuerzan en seguir a Jesús tendrán que entrar en lucha con este enemigo implacable.
Cuanto más fielmente imite el cristiano al divino Modelo, tanto más seguramente será blanco de los ataques de Satanás. Todos los que están activamente empeñados en la obra de Dios, tratando de desenmascarar los engaños del enemigo y de presentar a Cristo ante el mundo, podrán unir su testimonio al que da San Pablo cuando habla de servir al Señor con toda humildad y con lágrimas y tentaciones (El conflicto de los siglos, p. 564).
El propósito de Dios es que su pueblo fije sus ojos en el cielo, para aguardar la gloriosa aparición de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Mientras la atención de los mundanos se concentra en diversas empresas, la nuestra debería fijarse en el cielo; nuestra fe debería penetrar más y más en los gloriosos misterios del tesoro celestial, para que los preciosos y divinos rayos del santuario celestial resplandezcan en nuestros corazones, como resplandecen en el rostro de Jesús. Los burladores se mofan de los que esperan y velan, y preguntan: "¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Os habéis chasqueado. Uníos a nosotros y prosperareis en las cosas terrenales. Ganad dinero, y seréis honrados por el mundo". Los que aguardan miran hacia lo alto y responden:
"Estamos velando". Y al apartarse de los placeres terrenales y la fama mundanal, y del engaño de las riquezas, demuestran que han asumido esa actitud. Al velar, se fortalecen; vencen la negligencia, el egoísmo y el amor a la comodidad. Los fuegos de la aflicción arden sobre ellos, y el tiempo de espera parece largo. A veces se entristecen y la fe flaquea; pero se unen de nuevo, vencen sus temores y dudas, y mientras sus ojos están dirigidos al cielo, le dicen a sus adversarios: "Estamos velando, estamos esperando el regreso de nuestro Señor. Nos gloriaremos en la tribulación, en la aflicción, en las necesidades" (Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 176).
El tiempo de la demora casi ha terminado. Los peregrinos y extranjeros que durante tanto tiempo han buscado un país mejor, ya casi han llegado. ... "Por lo cual, oh amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con diligencia que seáis hallados de el sin macula, y sin reprensión, en paz" 2 Pedro 3:14 (Nuestra elevada vocación, p. 369).
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