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La idea de que los seres queridos no nos abandonan después de su muerte, sirve de consuelo para muchas personas y les ayuda a sobrellevar las penas que genera tan trágica situación. Y si bien estas creencias quedan muchas veces en nuestra mente, hay personas que afirman haber capturado a sus seres queridos en una fotografía, confirmando así su gran anhelo.
La primera imagen es de una mujer mayor, que se encontraba festejando un tranquilo fin de semana con su familia. Cuando se reveló la fotografía, los miembros de la familia afirmaron que la persona que se encontraba detrás de la mujer era su esposo, quien había fallecido hacía más de trece años.
La segunda imagen fue tomada por Mable Chinnery, quien ese día había visitado la tumba de su difunta madre. Su esposo, quien aparece en la foto, le esperaba en el asiento delantero de carro. Antes de irse, Mable decidió tomar una rápida imagen de su esposo pero lo que capturó, según ella, fue mucho más. Pues en asiento trasero, afirma ella, se puede ver claramente la imagen de su madre quien también le esperaba en carro aquel día.
¿Tú qué opinas? ¿Crees que las personas nunca nos abandonan realmente y, de ser así, se podría obtener algún tipo de evidencia de ello?

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20/2/16
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¿Sabías que..
Algunas personas afirman que la tabla Ouija (o Güija) obtuvo su nombre después de que, en una sesión espiritista, se le preguntó cómo deberían llamar al instrumento que utilizaban? Cuando se le pregunto el significado del nombre, la tabla simplemente respondió “Buena Suerte”.
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Las Banshees son espíritus femeninos que anuncian desgracias y tragedias venideras a las personas. Sus gritos desgarradores se pueden escuchar a gran distancia y, en muchos casos, terminan anunciando la muerte.
Si bien no hay remedio para evitar las "predicciones" de las Banshees, hay una forma de evitar que sigan apareciendo regularmente.
La persona o en su caso, las personas que hayan presenciado la aparición del espectro deberán colocar un trébol de cuatro hojas, previamente bañado en aguas de un río, debajo de su almohada por cinco noches. Esto alejará al espíritu al menos hasta el momento en que su tragedia anunciada se cumpla.

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¿Sabías que…
En el folclor japonés existe un espíritu cuya única finalidad es mostrar su trasero desnudo a los viajeros y así enseñarles que, en lugar de ano, tiene un enorme y tétrico ojo?
El popular espíritu tiene su primera aparición en una leyenda, donde un samurái caminaba por las calles de noche y, cuando se acercó a un puente, escuchó a un hombre llamarle para que se detuviera. Cuando el samurái se detuvo y pregunto quién le llamaba, se encontró con un hombre desnudo que levantaba su trasero al cielo, cuando el samurái lo vio con cuidado, notó que justo en medio de sus posaderas había un ojo que le miraba fijamente. Después el espíritu desapareció.
Desde entonces el ente ha sido reportado por varias personas alrededor de Japón. Algo en verdad curioso.

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15/2/16
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Esta trágica leyenda toma forma en una de las colonias del centro del país. La zona era conocida principalmente por la extravagancia de algunos de los habitantes y es que, al ser una zona en pleno desarrollo, atraía la atención de poderos empresarios y grandes inversionistas. Es aquí donde se podía encontrar la mansión principal de los Montesino.
Tiempo atrás la familia Montesino había sido una de las ricas e influyentes de la zona. Lamentablemente, la tragedia los golpeó cuando una de las herederas, Leonora Montesino, fue diagnosticada con esquizofrenia. La joven tuvo los mejores y más costosos tratamientos, pero nada parecía funcionar hasta que, después de un par de años de sufrimiento y angustia, Leonora se recuperó drásticamente y pudo ser presentada de nuevo ante la sociedad.
Sin embargo esta alegría no duro mucho pues, en una de las fiestas realizadas en honor a la joven, Leonora atacó a uno de los invitados brutalmente, la víctima tuvo que ser hospitalizada y, entre las graves heridas, perdió el ojo derecho debido al ataque. Después del incidente los padres de la chica cortaron todos sus lazos con el mundo exterior, despidieron a todos sus empleados y no permitieron la entrada persona alguna a la mansión.
Con el paso de los años, las leyendas alrededor de la familia no hicieron más que incrementarse. Varias personas aseguraban que, al pasar junto a la mansión podían escuchar los gritos agónicos y delirantes de la pobre Leonora; otros afirmaban que, junto al llanto de la joven, podían escuchar a su madre cantarle para intentar tranquilizarla, entonando una canción que parecía provenir de una cajita musical.
Finalmente, después de algunos años, los gritos cesaron. Los vecinos intentaron comunicarse con alguien en la mansión pero no obtuvieron respuesta, por lo que decidieron que lo mejor era no insistir. No fue sino hasta la siguiente semana de que los gritos terminaron que un vecino anónimo llamó a la policía y les comunicó sus preocupaciones con respecto a la familia. Los oficiales que asistieron encontraron a los miembros de la familia Montesino, muertos.
El padre se encontraba en el dormitorio principal, su cuerpo ya estaba en un alto grado de descomposición por lo que se supuso que llevaba, al menos, tres meses allí. La madre se encontraba en el sofá de la sala, al parecer había muerto debido a un ataque al corazón mientras descansaba y, a la joven Leonora la encontraron al final de las escaleras principales. Los oficiales pensaron que, al morir su madre, Leonora deambuló por la mansión sin ninguna supervisión hasta que, debido a la desnutrición, deshidratación y tal vez su mental, cayó por las escaleras y finalmente se rompió el cuello.
Las leyendas continuaron y esta vez se le sumaron las historias que aseguraba el escuchar aun los gritos de Leonora por las noches junto a la música que provenía de su caja musical. Después de la muerte de la familia, nadie reclamó los bienes y, tanto la mansión como las pertenencias, permanecieron dentro de la casa. Muy pronto, tanto investigadores como jóvenes valientes se adentraron a la casa en busca del fantasma de Leonora, encontrando una que otra “evidencia”.
Dentro de los jóvenes de la comunidad se volvió una tradición el retar a sus amigos a entrar a la mansión y buscar o bien al fantasma de Leonora o la cajita musical, siendo más popular ésta última. Si bien algunos jóvenes eran atrapados y castigados por entrar a propiedad privada, no había mayores consecuencias. Y todo continuó así, al menos hasta que Alberto intentó el desafío.
Alberto era un joven de 17 años, de carácter tranquilo y con un gran número de amigos. Todo comenzó en el cumpleaños de uno de sus amigos, mientras comían pizzas y bebían refrescos, los chicos comenzaron a hablar de los misterios que rodeaban la mansión Montesino y de las personas que habían aceptado entrar en ella. Entre risas y bromas, Alberto aseguró que él podía entrar en la mansión y tomar la caja musical, pues era lo que realmente encontraría ya que él no creía en fantasmas.
Sin mucha discusión los jóvenes se pusieron de acuerdo y, una vez que el sol se había ocultado, se dirigieron a la mansión. El edificio se levantaba imponente sobre ellos, pero Alberto ya había tomado su decisión, se acercó a la puerta principal pero la encontró cerrada, por lo que se dirigió a una ventana y la reventó con una piedra que había encontrado.
El joven se adentró en la sala y comenzó su búsqueda, sus amigos le esperaban a las afueras del patio principal y sólo podían ver el reflejo que emitía la linterna de Alberto a través de las ventanas. Lograban ver que su amigo se apresuraba de habitación en habitación, buscando alguna evidencia de la caja de Leonora.
En la mansión, Alberto caminaba decidido por los corredores del piso inferior y, al no encontrar nada, subió al segundo piso. Las escaleras eran viejas y rechinaban con cada paso, pero no le importó, cuando llegó al piso superior encontró casi todos los cuarto cerrados con excepción de uno.
Los amigos de Alberto seguían esperando a las afueras de la mansión, vieron como su amigo se dirigía al piso superior y cómo entraba a una habitación muy alejada, en el ala este. La linterna iluminó dentro de la habitación y después, se apagó. Loa chicos intentaron gritarle a Alberto pero no recibieron respuesta.
Los jóvenes se acercaron pero no llegaron hasta la puerta pues el horrible grito de su Alberto los detuvo en seco. Los chicos gritaron desesperados a su amigo para que les explicara que sucedía, pero Alberto no respondió, cuando uno de ellos intentó entrar a la mansión escucharon una fuerte y tenebrosa melodía que provenía de la habitación donde estaba su amigo. Después de eso otro grito agónico de Alberto les hizo huir de ahí.
Los chicos alertaron a sus padres y finalmente llamaron a la policía, sin embargo el patrullero tardó veinte minutos en llegar a la zona pues consideraron que la llamada bien podría tratarse de una broma. Pero, cuando los chicos los llevaron hasta la mansión, los oficiales también escucharon la extraña melodía proveniente de la mansión.
Los oficiales entraron al lugar y, junto a la melodía, se podía escuchar un extraño sonido muy parecido a pequeños tambores. Los agentes entonces se dirigieron al piso superior y con bastante precaución entraron a la habitación, lo que encontraron ahí fue algo que marcaría la ya extraña historia de la zona.
Alberto se encontraba en centro de la habitación, estaba descalzo y también estaba bailando. El joven bailaba al compás de una melodía que provenía de una cajita musical, colocada arriba de una cama. Los oficiales se acercaron pero, al hacerlo, la melodía de la caja cambió y comenzó a acelerarse, al igual que Alberto.
El joven daba vueltas al frenético compás de la melodía y, con cada paso, se lastimaba más más sus pies, debido a la madera podrida y rota del piso. Los agentes intentaron detenerlo pero el chico era demasiado fuerte. En ese instante, los agentes aseguran que, además de la música, podían escuchar las risas y voces de varias personas en la habitación. Finalmente, uno de los agentes disparó contra la cajita musical, en un intento desesperado de detener todo, y funcionó, sacaron a Alberto del lugar e inmediatamente lo llevaron a un hospital.
Los oficiales pedirían su traslado a otra zona después del encuentro en la mansión y abandonaron la ciudad sin mirar atrás. Alberto, por otro lado, jamás se recuperó, sus pies lograron sanar a pesar del enorme número de astillas y cortes que se había producido al bailar descalzo, pero su mente no lo hizo. El chico balbuceaba sin parar y mantenía la mirada fija en el vacío pero, lo que más aterraba a sus padres es que, cada noche, el chico se paraba frente a una ventana y tarareaba una tenebrosa melodía, siempre con una sonrisa en sus labios.
Fue así como los padres de la zona comenzaron a advertir a sus hijos de los peligros que se podían encontrar hasta en los objetos más inocentes, pues uno nunca sabe en realidad, que historia guarda aquel objeto. En cuanto a la cajita de Leonora, no fue localizada a pesar de una ardua búsqueda. Así que, la próxima vez que escuches una extraña melodía, cuídate, pues podrías encontrarte bailando hasta tu muerte.

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Ola. Amigos. De. Fantasmas. Y. Leyendas
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