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El discípulo amado, 5 de noviembre
Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. 1 Juan 4:19. CV 315.1
Juan se distingue de los otros apóstoles como el “discípulo al cual amaba Jesús”. Juan 21:20... Recibió muchas pruebas de la confianza y el amor del Salvador. Juan era uno de los tres a los cuales les fue permitido presenciar la gloria de Cristo sobre el monte de la transfiguración, así como su agonía en el Getsemaní, y fue a él a quien nuestro Señor confió la custodia de su madre en aquellas últimas horas de angustia sobre la cruz.—Los Hechos de los Apóstoles, 430. CV 315.2
La naturaleza de Juan anhelaba el amor, la simpatía, el compañerismo. Se acercaba a Jesús, se sentaba a su lado, se apoyaba en su pecho. Así como una flor bebe del sol y del rocío, él se embebía de la luz y la vida divinas.—La Educación, 83. CV 315.3
La profundidad y fervor del afecto de Juan hacia su Maestro no era la causa del amor de Cristo hacia él, sino el efecto de ese amor. Juan deseaba llegar a ser semejante a Jesús, y bajo la influencia transformadora del amor de Cristo, llegó a ser manso y humilde. Su yo estaba escondido en Jesús. Sobre todos sus compañeros, Juan se entregó al poder de esa maravillosa vida... Juan conoció al Salvador por experiencia propia. Las lecciones de su Maestro se grabaron sobre su alma. Cuando él testificaba de la gracia del Salvador, su lenguaje sencillo era elocuente por el amor que llenaba todo su ser. CV 315.4
A causa de su profundo amor hacia Cristo, Juan deseaba siempre estar cerca de él. El Salvador amaba a los doce, pero el espíritu de Juan era el más receptivo. Era más joven que los demás y con mayor confianza infantil, abrió su corazón a Jesús. Así llegó a simpatizar más con Cristo, y mediante él, las más profundas lecciones espirituales de Cristo fueron comunicadas al pueblo... CV 315.5
Juan pudo hablar del amor del Padre como no lo pudo hacer ningún otro de los discípulos. Reveló a sus semejantes lo que sentía en su propia alma, representando en su carácter los atributos de Dios... La belleza de la santidad que le había transformado brillaba en su rostro con resplandor semejante al de Cristo. En su adoración y amor contemplaba al Salvador hasta que la semejanza a Cristo y el compañerismo con él llegaron a ser su único deseo, y en su carácter se reflejó el carácter de su Maestro. Los Hechos de los Apóstoles, 434, 435.* CV 315.6
 
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La gratitud de los redimidos, 5 de noviembre
El Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Mateo 25:40. MSV76 315.1
Toda acción que hagamos para favorecer al pueblo de Dios será considerada como hecha a él.9 MSV76 315.2
Los redimidos se encontrarán y reconocerán a las personas por ellos conducidas al Salvador. ¡Qué bienaventurada plática sostendrán con esos seres! “Yo era un pecador—dirá uno—, sin Dios y sin esperanza en el mundo; tú te acercaste a mí y me diste a conocer el precioso Salvador como mi única esperanza”... Otros dirán: “Yo era un pagano que vivía en un país pagano también. Y tú dejaste tus amigos y tu cómodo hogar para ir a enseñarme cómo descubrir a Jesús y creer en él como el único Dios verdadero. Yo derribé todos mis ídolos y adoré a Dios, y ahora lo veo cara a cara. Estoy salvado para siempre, y podré contemplar eternamente al que amo”... MSV76 315.3
Algunos expresarán su gratitud hacia los que alimentaron a los hambrientos y cubrieron al desnudo. “Cuando la desesperación cegó mi alma con incredulidad, el Señor te envió a mí—dirán—, para que hablaras palabras de consuelo. Me trajiste alimento para suplir mis necesidades físicas, y me abriste la Palabra de Dios, haciéndome comprender mis necesidades espirituales. Me trataste como a un hermano. Simpatizaste conmigo en mis pesares y restauraste mi alma magullada y herida, para que pudiera asirme de la mano de Cristo que hacia mí se extendía para salvarme. En medio de mi ignorancia me enseñaste pacientemente que tenía un Padre celestial que velaba por mí. Me leíste las preciosas promesas de la Palabra de Dios. Me inspiraste confianza en el hecho de que Cristo me salvaría. Mi corazón se suavizó y ablandó hasta quebrantarse, al contemplar el sacrificio que Jesús había hecho por mí... Y aquí me tienes, salvado eternamente para vivir siempre en su presencia y alabar al que entregó su vida por mí”. MSV76 315.4
¡Qué regocijo sentirán esos redimidos al encontrarse y saludar a los que se preocuparon por su salvación! Y los que vivieron no para complacer sus deseos, sino para beneficiar a los infortunados que gozaban de tan pocas bendiciones. ¡Cuánto gozo y satisfacción sentirán palpitar en su corazón!10 MSV76 315.5
 
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Hola hermanos busco compartir mi fe conbosotros

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Que El Señor nos conceda un día maravilloso!. Donde su Santo Espíritu nos pueda guiar. Bendiciones!!
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