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** lipstick.

*Del Poemario: * La Belleza Natural.

"¿Et iterum temptas? nihil;

Etiam cum puer eram accusatus exasperantem contumeliis, insectantem collegium.

(Et quamvis hoc non esset verus)
Considerabat speculi faciem fractos mare rubrum lucem.

In quadam aetatem,
nequit capere,

inspire pulchritudinem non solum monstrum,
Est Timor ... "

...<3...Átropos... :(
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Nivia. *

Du poème: * Théâtre de penumbras.


*¡Oh, espíritu de las nieves!”

"Ego cognovi, semper venit dies esset:
Ille pavore expectantes.

Cumque appropinquasset indutus sex septemve hyemes
recidisset in oculis fluit frigus herba, cum clamor virginem.

Fui in via fatorum,
curram post fragilis sit, numquam stabilis et volatile leporem.

Ego memini primo plano et in ventrem,
inops animi inani;

ultimum resonare cantandi, ut Satyrum.
Ne egrediantur

Et subitam a Deo in iugo posita,
scelus, contra sitim lapides personant ... "


...♥ ...Átropos... :(
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*...Qui estis vos. ¡Iam parce mihi!
Ego nunquam interrogavit osculum Magia ... "

*...<3...Átropos... :(
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*El Caldero negro. **

*Vestíos de toda armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
(Efesios 6:11


"Los huesos de alas, cráneos coronados con cuernos y esternones se confundían en el interior del caldero negro que parecía bailotear sobre el fuego. Sopa de ángeles caídos, potaje de estrellas oscuras. Samahel tomó una pala para revolver el líquido nauseabundo.
Lo probó y en su rostro, surcado por profundas cicatrices, se dibujó una expresión de júbilo.
__¡Exquisito! Nada como una buena cena para compensar la dura jornada.
El cazador se sirvió una abundante ración que devoró con premura. Satisfecho, arrojó a un lado el cacharro. Sobre la mesa se encontraba su espada, maltrecha por el tiempo y los combates, maquinalmente se puso a darle filo. Mientras realizaba su tarea, los fantasmas de la depresión y la culpa rondaban su mente. Trató de apartarlos, pero ya habían causado el daño. Samahel rememoró los acontecimientos; sus recuerdos volaron hacia aquel día fatídico en que el poderoso señor Luzbel inició la revuelta…
Era una mañana hermosa aquélla. Congregada ene l valle de la montaña santa, una facción de los ejércitos celestes escuchaba, electrizada, la arenga del príncipe áureo: “Despertad hermanos, daos cuenta que aquel que se sienta en el trono no es Dios, sino un usurpador del nombre sagrado, es como nosotros, más fuerte, es verdad, pero no mejor. Uníos a mí para derrocarle, para destruir la blasfemia que nos afrenta.”
Miles de escudos y lanzas se elevaron hacia el sol, la multitud rugió presta para la guerra. En las faldas de la Montaña las tropas fieles al Dios se prepararon para enfrentar el asalto…
Samahel enfundó el arma, deseaba descansar, olvidarse del pasado y el futuro, pero las imágenes parecían vivas, los gritos retumbaban en el interior de su cabeza…
Cuerpos destrozados, expresiones de agonía, llanto lastimero. En el campo de batalla se contaban por cientos las bajas, pero el combate no amainaba. Sin cesar las hachas caían sobre los cuerpos, las flechas, con su mortal silbido, volaban por el aire, las espadas ennegrecidas por la sangre no cesaban de cortar. Al finalizar la guerra, los rebeldes fueron juzgados por Dios, se les condenó a descender a la tierra transformados en bestias horribles.
Pero no acabó ahí el castigo. En secreto, Dios convocó a los generales y ordenó: “Ni perdón ni olvido. Ninguno de los rebeldes debe quedar con vida. Seguidlos, no importa el tiempo; seguidlos y acabad con ellos.” Los generales se aterraron, pero eran soldados y debían cumplir el mandato. Organizaron partidas para rastrear a los expulsados. Los elegidos fueron llamados cazadores, bajarían a la tierra a cumplir con su misión; volverían cuando el último de los condenados hubiera sido destruido.
Por todo el orbe, los cazadores cumplían la encomienda. Pronto se dieron cuenta de que como seres materiales debían alimentarse, pero la comida del mundo les resultaba dañina. Terminaron por consumir los cadáveres de sus víctimas que aún mantenían parte de la esencia divina. Los cazadores debieron aumentar la persecución acicateados por el hambre.
Samahel se preguntó si Luzbel no tendría razón al denunciar la supuesta impostura. Pero ya no importaba; él sabía perfectamente que cuando muriera el último de los rebeldes los cazadores no podrían regresar. ¿Cómo explicar ante sus camaradas que comieron la carne de sus hermanos? ¿Cómo justificar la obediencia a un dios sanguinario y vengativo?
Samahel cerró los ojos, espera la luz del sol para iniciar otro día de combate…”


*…<3…Átropos… :(

*La Balada del señor oscuro. **

*Visiones de la oscuridad, preparada para el último golpe.
Su sed de sangre, sus armas, la locura que ves en sus ojos.
Corre hacia la noche.


“La profecía mencionaba que un demonio estaba llamado a convertirse en el azote del género humano.
Cumpliría su destino metódicamente hasta que una espada negra, forjada con cenizas y lágrimas, le partiera el corazón para regresarlo al fondo del abismo.
Según las antiguas crónicas, el señor oscuro surgió a la vida la primera noche del año de las tormentas, tras un parto de tinieblas y miedo.
El señor oscuro extendió sus alas membranas, levantó la cabeza poderosa para olfatear el viento, mientras la luna llena se reflejaba en el fondo de sus ojos de obsidiana, negros, brillantes y lisos como los valles de Etebrán. La baba espesa de sus fauces entreabiertas caía transformándose en hilos de plata que marchitaban a las flores nocturnas.
En el interior de la cueva cercana, el cuerpo de su madre, sacerdotisa del culto a Baal, iba perdiendo calor, yacía en el suelo como una muñeca de paja rota.
Tenía el vientre destrozado por la acción de las garras infames, de los colmillos inmisericordes. Había cumplido con su pequeño, pero terrible papel en el drama universal de los dioses.
Posado sobre una enorme roca, el señor oscuro tendió sobre la montaña un manto de nubes negras, con ellas vinieron las lluvias incesantes, los relámpagos despiadados. El engendro se nutrió con el caldo espeso de las sombras, aumentando de tamaño cada luna.
Conforme se fortaleció fue explorando, con manos invisibles, los sentimientos y pensamientos de todos los seres vivientes. A través de los siglos el amor, la amistad y la ternura, fueron a parar al torbellino destructor de su mente, mientras que los celos, la ira y el odio lo alimentaban a cada instante, como el seno benefactor de una nodriza.
Ninguna conciencia escapó al escrutinio del ser blasfemo. Los que se resistieron: magos de inmenso poder, fueron aplastados como animalillos despreciables. Los pecados secretos de los reyes fueron acumulados, cuidadosamente, hasta formar un arsenal de vergüenza y miedo. Los temores más soterrados de los héroes y paladines fueron guardados en la aljaba de la memoria y se los dispararía en medio de la frente, en el centro del corazón.
Mientras que los sueños de las doncellas eran mancillados.
Prácticamente la conquista estaba concluida. La destrucción por venir, el exterminio, el dolor y la muerte serían por puro placer, por el gozo de escuchar los lamentos elevándose al cielo como una pira sónica.
El monstruo movió los músculos cubiertos de musgo. Sacudió el cuerpo aletargado. Las enormes alas batieron los aires despejándolas de su mortaja nubosa y en el mundo entero un presentimiento doloroso recorrió el sueño de los niños. El monstruo se forjó una corona de sombras, fue proclamado rey de la tierra por las asquerosas criaturas que se fueron uniendo a él para formar su corte de espanto y se lanzó a tomar posesión de su reino de miseria y dolor…”


*…<3…Átropos… :(

*Tumba de cielo y tinieblas. *

*Para esto apareció el hijo de Dios,
Para deshacer las obras del diablo.
(Juan: 38)

“El sonido del aire penetrando en tus pulmones se te vuelve cada vez más familiar, tu respiración de bronce se normaliza. Yaces en el suelo, mueves los músculos de los antebrazos y sientes a tu armadura de tierra y sombras responder a cada tensión. En tu memoria se desarrollan escenas de la batalla; las espadas de fuego hendiendo el viento y la carne, flechas de plata que llueven sin cesar hasta volver oscuro el cielo, lanzas de oro abriendo agujeros oscuros e infinitos como la noche.
Guerreros fieros los de ambos bandos, acostumbrados a la disciplina y el silencio, acometen su empresa metódicamente. Destruir se ha vuelto tan sencillo como rezar.
Te incorporas, con un pensamiento rápido ordenas que el metal cambie; ahora una capa negra te cubre, sin vacilar arrancas la saeta que anidó en tu pecho.
Contemplas el resultado final de esta guerra de un millón de años, el ambiente huele a podrido, sangre coagulada y metal quemado. No importa a dónde diriges la vista; el panorama es el mismo: miles de cadáveres apilados, atravesados por estacas, pendientes de árboles secos en racimos malolientes.
Mientras avanzas miras los rostros. Aliado o enemigo conoces cada nombre. Ahí están Uriel y Sealtiel, caídos; el primero con una flecha que le penetró la nuca, seguramente cuando huía. El otro, atravesado por una lanza que le destrozó la columna; muerto a traición. Así es la guerra, no hay gloria ni deshonra, sólo silencio y olvido.
Encuentras la espada de Miguel, la tomas y su tamaño te sorprende, aunque no demasiado, tan sólo en tu escudo caben mil mundos.
Diriges tus pasos hacia la montaña, conforme avanzas, de cada pisada, se desprende un destello de luz.
Una brisa cósmica viene a tu encuentro, una tormenta de universo te baña, constelaciones pasan a tu lado, rápidas como suspiros. Llegas a la cima y te pones de rodilla, colocas el puño cubierto por el guantelete en suelo y de reojo percibes la presencia de Dios. No existen reproches. Eres un soldado y combatiste, abrazaste la causa de Luzbel y te tocó perder, más bien todos han perdido. No existen ya más los caudillos valerosos ni los ejércitos enardecidos, ni las banderas multicolores recortadas contra el cielo, sólo Dios es el gran triunfador. Recitas tu nombre y títulos, relatas tus acciones de guerra y esperas el juicio. Sientes el pensamiento de Dios escrutando tu interior, inmisericorde, apabullante. El veredicto está listo: Por tu mente pasan escenas raudas: un pesebre, una traición, un monte con forma de calavera…y después oscuridad.
Ante ti aparece una llama sangrienta, de ella brota una cruz de energía que se proyecta a tu manto y queda grabada en él. ¡Una cruz en la cual, dentro de algunas horas, habrás de morir para demostrar tu lealtad!...”

*…♥…Átropos… :(
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