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Se vestía para amar. Cuidaba hasta el más mínimo detalle.

Mientras se duchaba y sentía el agua cayendo sobre su cara observaba las gotas que rebotaban en su hombro, varias a la vez, como si fueran a saltar al vacío, pero en lugar de perderse se deslizaban por el pecho, las miraba hasta que llegaban a sus pezones y después desaparecían por el vientre y morían en el fondo de la ducha.

Era excitante sentir el agua recorriendo el cuerpo que unos horas después iba a ser amado.

A continuación abría la ventana del baño, cogía el albornoz y antes de ponérselo cerraba los ojos y dejaba que el aire fresco secara parte del cuerpo. Un exhibicionismo que no ocultaba el deseo de que alguien estuviera viéndola en ese momento, todo contribuía al morbo previo a su cita.

Ya en el vestidor, desnuda frente al espejo, acariciaba sus brazos extendiendo la crema corporal por cada uno de los poros. Se introducía con impaciencia. Miraba el reloj y encendía un cigarro, quedaban sólo un par de horas para el encuentro, horas que quería consumir a golpe de calada.

Aquel día, como casi todos, eligió  lencería negra transparente. Un sujetador que realzaba su pecho y un tanga que dejaba al descubierto sus maravillosas y voluptuosas nalgas. Medias con liga incorporada también de color negro. 
Sacó varias prendas de vestir hasta que se decantó por un vestido ajustado de color gris, con generoso escote y que marcaba perfectamente sus curvas.
La última mirada al espejo confirmó que estaba realmente sexy.

Mientras caminaba por el garaje, el ruido de sus tacones sobre el cemento y el roce de sus piernas en cada pisada aumentaba el deseo de sentirse amada.

Él la esperaba ansioso. Cuando la vio llegar de manera instintiva mordió su labio inferior al mirarla. Estaba tan hermosa y apetecible que se excitó al instante.

Se besaron con ternura y mucha complicidad. Él olía tan bien que ella cerró los ojos y se llenó de su esencia. Entraron en el restaurante.

Durante la comida no dejaron de reír e intercambiar miradas e insinuaciones. En los postres, él se sentó a su lado y volvió a besarla con suavidad, un beso corto, al mismo tiempo que colocó su mano en la pierna y comenzó a subir su vestido muy despacio. Jugó con su ropa interior sin timidez y al comprobar que ella se dejaba hacer acarició su sexo, sin importarle la gente que había en otras mesas, la deseaba tanto que no podía pensar en otra cosa.
...

Pidieron la cuenta, agarrados por la cintura salieron a la calle. Un viento cálido movió ligeramente su pelo y él volvió a besarla. Un beso intenso y húmedo.

Avanzaban lentamente, con risas, bromas y miradas que sabían lo que querían, lo que esperaban.

Montaron en el coche, él vivía a tan sólo diez minutos de allí. Antes de ponerse en marcha se buscaron con la impaciencia de dos adolescentes y la seguridad que brinda la madurez.

Se conocían hacía tan sólo unos meses, desde el principio la química había sido su gran aliada. No hablaban de sentimientos, era pronto, pero él no había conocido jamás a una mujer tan sensual e interesante.

La fogosidad de esos besos y roces hacía que el deseo fuera en aumento, necesitaban estar a solas.

En el ascensor se puso de rodillas frente a ella y colocó su boca a la altura de la pelvis. Empezó a morder muy despacio, mientras con la mano derecha separaba sus muslos. Ella agarró su cabeza con fuerza y en un instante el tiempo se detuvo, sintió  un calor intenso, el calor previo al orgasmo, pero él quería prolongar esos preliminares y paró en el momento adecuado, mirándola con cara traviesa y ojos penetrantes. Ella se agachó y mordió su boca con rabia y pasión.

El viaje parecía interminable, quería llegar cuanto antes a su apartamento y entregarse de lleno al juego del amor.

Recompuso su ropa, colocó su pelo y apretó su mano con fuerza. El ascensor se detuvo, tan sólo unos escasos metros de recorrido por el vestíbulo y sería suyo...

...

Entraron a oscuras directos al salón. Dio una palmada en su trasero y ella se giró con el ceño fruncido y una enorme sonrisa.

Encendió la luz de la lamparita del  rincón y sirvió una copa. Agarró su cintura y la sentó a horcajadas sobre él. Esta vez sus besos fueron más prolongados. Ella desabrochó su camisa y empezó a acariciarle el cuello, dibujando con sus dedos un recorrido suave hasta el pecho. Las respiraciones y gemidos se ahogaban entre sus lenguas. 
Intentó quitarla el vestido pero se lo impidió. Aún no. Todavía no. Tenían toda la tarde por delante.

Bebieron para calmar la sed y aliviar el calor que sentían. Brindaron por esa unión, por su amistad, por la vida. Pusieron pausa al desenfreno. Él con la camisa abierta y ella con el pelo alborotado y el corazón a punto de estallar. Había tanta admiración y respeto en su mirada que sintió terror de que aquello pudiera desaparecer.

Acabaron la copa y se abrazaron con ternura. Sonaba "Justify My Love" de Madonna. Sus bocas seguían  hambrientas. Se puso en pie y comenzó un baile lento y erótico mientras se desnudaba sin que él dejara de mirarla. Era tan atractiva!!

Moviendo sus caderas al ritmo de la música bajó muy despacio la cremallera dejando al descubierto su provocativa espalda. Sus movimientos y su rostro estaban tan cargados de sensualidad que él sentía que iba a estallar.

Recogió su pelo hacia un lado, bajó la tira del sujetador, sin prisas, primero una y después la otra. Dejó que el vestido cayera sobre sus pies y con la punta del zapato lo desplazó hacia un lado, con gracia y seguridad.

La imagen de ella le hacía perder la cabeza, estaba disfrutando tanto de ese momento que parecía irreal.

Con agilidad desabrochó el sujetador que resbaló por su brazo como si fuera un tobogán hasta que cayó al suelo. Se puso de perfil. La luz de la lámpara iluminaba parte de su pelo, sus mechones castaños reposaban sobre su pecho y en medio se perfilaba un pezón apetecible y hermoso.

No podía dejar de contemplar sus curvas y el movimiento de su cuerpo. Quería amarla. Vio como ella terminaba de quitarse la ropa interior. Avanzó hacia él con sus medias de liga y sus tacones. Se paró a escasos centímetros de su cara. Cerró un instante los ojos y cuando volvió a abrirlos ella no estaba.

Quien sabe si fue un sueño, una bonita historia de amor, sólo sexo o una preciosa locura.

https://youtu.be/Np_Y740aReI




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19/3/17
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