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Aspectos generales de la filosofía escolástica
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Entrada nueva.

Heráclito de Éfeso.

"Nace en el año 544 a.C. Muere en el año 483 a.C. Para algunos historiadores de la filosofía, Heráclito es el punto de madurez de la filosofía presocrática, pues su pensamiento representa un salto del ser al no ser de las cosas, a la vez que su contrario, del no ser al ser de las cosas. Ahora el estudio del principio que da origen a las cosas se convierte en un indagar sobre el cambio de las mismas; así, la filosofía de Heráclito se entiende en términos de estudiar el movimiento y la transformación de las cosas, su evolución, su paso de ser a no ser."

https://escombrosdelpensamiento.blogspot.com/2018/07/heraclito-de-efeso.html
Heráclito de Éfeso
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¿Sabes tú de la profundidad de la palabra desprecio? ¿Y del tormento de ser justo con quienes te desprecian? ¿De qué vas? Pues que a los expertos no les trago. ¿Y eso? Es que soy uno de ellos. Eso de andar fingiendo seguridad en lo que sé, es decir en lo que creo saber, para curar mejor, para mejor ayudar, no deja de ser una lata. Entre otras cosas porque tengo que estar siempre poniéndome al día para seguir lidiando con mi escepticismo con mínimos de autoestima.
Siempre había pensado que la inteligencia era una exigencia. Ahora además la entiendo como la capacidad de fijarse objetivos complejos, algo así como buscar la simplicidad, y no fiarse de ella. Nos comportamos como si lo simple fuera falso y lo complejo inutilizable. Freud estaba bastante en lo cierto cuando destacaba que una de las mayores pasiones de los hombres es la pasión de no saber- reprimir, mistificar - lo obvio. Así, hay una especie de conspiración entre personas que no desean saber y que quieren permanecer estúpidas, y entre expertos que les mentirán y harán profesión idiotizarlos. Los sacerdotes solían hacerlo mucho. Hoy lo hacen los médicos. Y, sobre todo, los políticos están ahí preparados para asegurarse de que las gentes oyen todas las mentiras que quieren oír. La política como el sistema de convertirnos en expertos en toma de decisiones. Con la elección del experto nos convertimos nosotros en expertos. Despreciables expertos.
Además los expertos hacen la ley, nos cuentan como son las cosas. Lo político de las cosas. Aunque el rol del político debiera ser el organizar la pericia, no el subordinarse a ella. Si no podemos pasar de los expertos tenemos un motivo más para desconfiar de ellos. Una cultura dominada por las preocupaciones de organización funcional, de evaluación y control de la información podría encontrar en la pericia una tutela que prive a los hombres de su inteligencia, de su capacidad de sopesar razones en una situación compleja. La ideología de la pericia es sospechosa en la medida en la que pretende canalizar y confiscar las capacidades de iniciativa e inventiva de los agentes.
Los expertos parece que no participaran, que la cosa no fuera con ellos. ¿Hasta qué punto las palabras siguen significando lo mismo? El tomar nuestra parte de las cosas viene de nuestra época de cazadores. El reparto del animal es la participatio, y la palabra deriva de parti-ceps, literalmente "el que toma su parte" (de pars y capere). Princeps significa: "el que se sirve primero". Sólo los hombres de mérito tienen acceso a la comida pública: meritum significa "la parte debida". La palabra pro portione deriva seguramente de pro partitione. El ciudadano que no tiene función pública es un experto expers (de ex pars). Está excluido, pues, del reparto, y se convierte a la vez en privatus está privado de su parte en los banquetes sacrificiales.
Se trata de recordar, y muy firmemente, que en las encrucijadas globales, los expertos no saben más que cada uno de nosotros. Es necesario reencontrar la simplicidad de las elecciones fundamentales detrás de los falsos misterios. ¿La tarea de los expertos es reafirmar las opiniones establecidas o decir la verdad? Nadie tiene tanta fe en ellos como los progresistas. El origen de la palabra “progresista” hay que buscarlo en el movimiento progresista estadounidense y su “mito del ingeniero” el experto que podía solucionar los problemas sociales tal como soluciona los técnicos. Basado en una tecnocracia: una técnica eficiente resolvería los problemas sociales. Una economía ineficiente está detrás de los problemas personales. El progreso sociológico acaba definiéndose en términos de progreso tecnológico y el personal en económico.
Porque la diferencia entre el agnóstico, el que no sabe, y el escéptico, el que no cree que se pueda saber es terrible. Es como lo de declararse ateo. Incluso hoy es mejor que uno se declare laico o agnóstico, lo de ateo es un poco fuerte. Nadie dice impunemente no creer en lo que cree la mayoría.
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