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a nebulosa Toby Jug aún más de cerca, IC 2220.

El telescopio VLT (Very Large Telescope) de ESO ha captado una imagen sorprendentemente detallada de la nebulosa de Toby Jug, una nube de gas y polvo que rodea a una estrella gigante roja. Esta imagen muestra la característica estructura en forma de arco de la nebulosa, la cual, fiel a su nombre (en inglés se denomina “Toby Jug” a las jarras de cerveza con forma de hombre), parece una jarra con asa.

Situada a unos 1.200 años luz de la Tierra, en la constelación austral de Carina (La Quilla), la nebulosa de Toby Jug, formalmente conocida como IC 2220, es un ejemplo de nebulosa de reflexión. Es una nube de gas y polvo iluminada desde el interior por una estrella llamada HD 65750. Esta estrella, de un tipo conocido como gigante roja, tiene cinco veces la masa de nuestro Sol, pero está en una fase mucho más avanzada de su vida, pese a que, en comparación, es joven, ya que cuenta con unos 50 millones de años [1].

La nebulosa se creó por la estrella, que pierde parte de su masa eyectándola al entorno espacial, formando una nube de gas y polvo a medida que el material se enfría. El polvo consiste en elementos como el carbono y otros componentes simples y resistentes al calor como el dióxido de titanio y el óxido de calcio (cal). En este caso, estudios detallados del objeto en luz infrarroja apuntan a que el componente que más refleja la luz de la estrella es el dióxido de silicio (sílice).

IC 2220 es visible porque la luz de la estrella se refleja por los granos de polvo. Esta estructura de mariposa celeste es casi simétrica, y se extiende a lo largo de un año luz. Esta fase de la vida de una estrella es muy corta y este tipo de objetos son poco comunes.

Las estrellas gigantes rojas son estrellas viejas que se acercan a la fase final de su evolución. Casi han gastado sus reservas de hidrógeno, que desencadena las reacciones que tienen lugar durante la mayor parte de la vida de las estrellas. Esto causa que la atmósfera de la estrella se expanda de forma considerable. Las estrellas como HD 65750 queman una capade helio que rodea a un núcleo de carbono-oxígeno, a veces acompañados de una capa de hidrógeno más cercana a la superficie de la estrella.

Dentro de miles de millones de años nuestro Sol también alcanzará la fase de gigante roja. Se espera que la atmósfera solar se expanda más allá de la órbita de la Tierra, engullendo a todos los planetas interiores en este proceso. Para entonces, la Tierra no estará en su mejor momento. El gran incremento de radiación y los fuertes vientos estelares que acompañan al proceso de inflación estelar destruirán toda la vida en la Tierra y evaporarán el agua de los océanos antes de que todo el planeta acabe derretido.

Los astrónomos británicos Paul Murdin, David Allen y David Malin le dieron a IC 2220 el apodo de nebulosa de Toby Jug debido a su forma, similar a una antigua jarra inglesa llamada Toby Jug que les era familiar en su juventud.

Esta imagen se obtuvo como parte del programa Joyas Cósmicas de ESO [2].

Notas.
[1] Las estrellas con más de masa tienen vidas más cortas que las más ligeras, como el Sol, que tienen vidas que se miden en miles de millones de años, en lugar de millones de años.

[2] Esta imagen procede del programa Joyas Cósmicas de ESO, una iniciativa de divulgación cuya intención es producir imágenes de objetos interesantes, llamativos o visualmente atractivos utilizando telescopios de ESO con finalidades educativas y divulgativas. El programa utiliza tiempo de observación que no puede usarse para observaciones científicas. Todos los datos obtenidos son puestos a disposición de los astrónomos a través del archivo científico de ESO.

Crédito: ESO

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Hubble observa las profundidades ocultas de Messier 77.

El Telescopio Espacial Hubble de la NASA/ESA ha capturado esta imagen vivada de la galaxia espiral Messier 77, una de las galaxias más famosas y bien estudiadas en el cielo. Los parches de color rojo a través de esta imagen destacan las regiones de formación de estrellas a lo largo de los brazos de la galaxia con calles de polvo oscuro que se extiende a través del centro energético de la galaxia.

Messier 77 es una galaxia en la constelación de Cetus, a unos 45 millones de años luz de nosotros. También conocido como NGC 1068, es una de las galaxias más famosas y bien estudiadas. ¡Es una estrella real entre galaxias, con más papeles escritos sobre él que muchas otras galaxias juntas!

A pesar de su fama actual y sorprendente aparición de remolinos, la galaxia ha sido víctima de una identidad equivocada un par de veces; Cuando se descubrió inicialmente en 1780, la distinción entre nubes de gas y galaxias no se conocía, haciendo que el buscador Pierre Méchain se pierda su verdadera naturaleza y lo etiqueten como una nebulosa. Fue mal clasificado de nuevo cuando fue posteriormente enumerado en el Catálogo Messier como un grupo de estrellas.

Ahora, sin embargo, está categorizado firmemente como una galaxia espiral barrada, con los brazos sueltos abiertos y un bulto central relativamente pequeño. Es el ejemplo más cercano y brillante de una clase particular de galaxias conocidas como galaxias Seyfert, galaxias que están llenas de gas caliente, altamente ionizado que brilla intensamente, emitiendo radiación intensa.

La radiación fuerte como esta se sabe a que provienen del corazón de Messier 77 causado por un agujero negro muy activo con unos 15 millones de veces la masa de nuestro Sol. El material es arrastrado hacia este agujero negro y rodea alrededor de él, calentándose y brillando intensamente. Esta región de una galaxia sola, aunque comparativamente pequeña, puede ser decenas de miles de veces más brillante que una galaxia típica.

Aunque no hay competencia por el centro intenso, los brazos espirales de Messier 77 también son regiones muy brillantes. Punto a lo largo de cada brazo son nudosos agregados rojos una señal de que las nuevas estrellas se están formando. Estas estrellas del bebé brillan fuertemente, ionizando el gas próximo que entonces brilla intensamente un color rojo oscuro según lo visto en la imagen de arriba. Los carriles del polvo que se extienden a través de esta imagen aparecen como un color oxidado, marrón-rojo debido a un fenómeno conocido como enrojecimiento; El polvo absorbe más luz azul que la luz roja, mejorando su aparente enrojecimiento.

Crédito de la imagen:
NASA, ESA & A. van der Hoeven.

Publicado en Hubble el 28 de marzo del 2.013.

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Primer planeta descubierto alrededor de gemelo solar en un cúmulo estelar, Messier 67.

Una constante búsqueda de seis años con HARPS encuentra tres nuevos planetas en Messier 67. Los astrónomos han usado el buscador de planetas HARPS de ESO situado en Chile, en conjunto con otros telescopios de alrededor del mundo, para descubrir tres planetas orbitando estrellas en el cúmulo Messier 67. A pesar de que actualmente se han detectado más de mil planetas fuera del Sistema Solar, sólo un puñado de ellos ha sido encontrado en cúmulos estelares. Notablemente, uno de estos nuevos exoplanetas está orbitando una estrella que es un gemelo solar muy poco común, una estrella que es casi idéntica al Sol en todos sus aspectos.

Ahora ya se sabe que los planetas que orbitan estrellas fuera del Sistema Solar son bastante comunes. Estos exoplanetas se han encontrado orbitando estrellas de una amplia gama de edades y composiciones químicas y están dispersos en los cielos. Sin embargo, hasta ahora, muy pocos planetas han sido descubiertos dentro de cúmulos estelares [1]. Esto es particularmente extraño, ya que es sabido que las estrellas nacen en cúmulos. Los astrónomos se han preguntado si acaso existe algo peculiar acerca de la formación de planetas en cúmulos estelares que pudiera explicar esta curiosa escasez.

Anna Brucalassi (Instituto Max Planck para Física Extraterrestre, Garching, Alemania), autora principal del nuevo estudio, junto a su equipo, deseaban investigar más a fondo. “En el cúmulo estelar Messier 67, todas las estrellas tienen aproximadamente la misma edad y composición que el Sol. Esto proporciona un perfecto laboratorio para estudiar cuántos planetas se forman en un ambiente tan aglomerado, y si acaso se forman principalmente alrededor de estrellas más masivas o menos masivas”.

El equipo utilizó el instrumento buscador de planetas HARPS, del Telescopio de 3.6 metros de ESO, en el Observatorio La Silla. Estos resultados fueron complementados con observaciones desde varios otros observatorios alrededor del mundo [2]. Se monitorearon cuidadosamente 88 estrellas seleccionadas en Messier 67 [3] durante un periodo de seis años para observar los pequeñísimos movimientos indicadores de acercamiento y alejamiento desde la Tierra, que revelan la presencia de planetas orbitando.

Este cúmulo yace aproximadamente a 2.500 años luz, en la constelación de Cáncer (El Cangrejo) y contiene alrededor de 500 estrellas. Muchas de las estrellas del cúmulo son más tenues que aquellas normalmente seleccionadas para la búsqueda de exoplanetas y, al intentar detectar las señales débiles de posibles planetas el instrumento HARPS fue exigido al límite.

Se descubrieron tres planetas: dos orbitando estrellas similares al Sol, y uno orbitando una estrella gigante roja, más masiva y evolucionada. Respecto a los dos primeros planetas, ambos tienen aproximadamente un tercio de la masa de Júpiter y orbitan sus estrellas anfitrionas en siete y cinco días respectivamente. El tercer planeta tarda 122 días en orbitar su estrella anfitriona y es más masivo que Júpiter [4].

Se comprobó que el primero de estos planetas se encontraba orbitando una estrella notable uno de los gemelos solares más idénticos detectados hasta la fecha y que es prácticamente idéntico al Sol [5]. Es el primer gemelo solar en un cúmulo que se haya descubierto conteniendo un planeta.

Dos de los tres planetas son “Júpiteres calientes” planetas comparables a Júpiter en tamaño, pero mucho más cercanos a sus estrellas anfitrionas y, por lo tanto, mucho más calientes. Los tres planetas están más cercanos a sus estrellas anfitrionas que la zona habitable, donde podría existir agua en estado líquido.

“Estos nuevos resultados demuestran que los planetas en cúmulos estelares abiertos son casi tan comunes como los que se encuentran alrededor de estrellas aisladas pero no son fácil detectarlos”, afirmó Luca Pasquini (ESO, Garching, Alemania), co-autor del nuevo artículo científico[6]. “Los nuevos resultados contrastan con trabajos anteriores que no lograron encontrar planetas en cúmulos, pero concuerdan con otras observaciones más recientes. Continuamos observando este cúmulo, para descubrir cómo las estrellas con y sin planetas difieren en masa y composición química”.

Notas.
[1] Los cúmulos estelares se presentan en dos categorías principales. Los cúmulos abiertos son grupos de estrellas que se han formado juntas a partir de una nube de gas y polvo única, en el pasado reciente. Se les encuentra con mayor frecuencia en los brazos espirales de una galaxia como la Vía Láctea. Por otra parte, los cúmulos globulares son conglomerados esféricos, mucho mayores, de estrellas mucho más longevas, que orbitan alrededor del centro de una galaxia. A pesar de búsquedas cuidadosas, no se han encontrado planetas en cúmulos globulares y, menos de seis, en cúmulos abiertos. En estos últimos dos años, se han encontrado exoplanetas en los cúmulos NGC 6811 y Messier 44 y, más recientemente aún, se ha detectado uno, también, en el brillante y cercano cúmulo Hyades.

[2] Esta investigación también hizo uso de observaciones realizadas con el instrumento SOPHIE del Observatorio de Haute-Provence, en Francia, como también con el Telescopio Suizo Leonhard Euler de 1.2 metros en el Observatorio La Silla de ESO en Chile y el Telescopio Hobby Eberly, ubicado en Texas, USA.

[3] La mayoría de los cúmulos abiertos se disipan, luego del transcurso de una decena de millones de años. Sin embargo, los cúmulos que se forman con una densidad de estrellas mayor, pueden mantenerse juntos por periodos más largos. Messier 67 es un ejemplo de tales cúmulos longevos y uno de los cúmulos más antiguos y mejor estudiados, cercanos a la Tierra.

[4] Las estimaciones de masa de planetas observados usando el método de velocidad radial son estimaciones de valor mínimo: si la órbita del planeta es altamente inclinada podría tener una masa mayor y crear los mismos efectos observados.

[5] Los gemelos solares, análogos solares y estrellas de tipo solar, son categorías de estrellas, clasificadas de acuerdo a su similitud con nuestro propio Sol. Los gemelos solares presentan un parecido mayor, ya que poseen masas, temperaturas y abundancias químicas muy similares al Sol. Los gemelos solares son muy escasos, pero las otras categorías de estrellas, donde la similitud es menos precisa, resultan mucho más corrientes.

[6] Esta tasa de detección de 3 planetas en una muestra de 88 estrellas en Messier 67, es cercana a la frecuencia promedio de planetas alrededor de estrellas que no pertenecen a cúmulos.

Información adicional.
Esta investigación se presentó en un artículo científico titulado “Tres compañeros planetarios alrededor de estrellas M67”, por A. Brucalassi et al., que será publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, en línea.

Equipo de investigadores.
Los miembros del equipo de investigadores son: A. Brucalassi (Instituto Max-Planck para Física Extraterrestre, Garching, Alemania [MPE]; Sternwarte, Munich, Alemania), L. Pasquini (ESO, Garching, Alemania), R. Saglia (MPE; Sternwarte), M.T. Ruiz (Universidad de Chile, Santiago, Chile), P. Bonifacio (GEPI, Observatoire de Paris, CNRS, Univ. Paris Diderot, Francia), L. R. Bedin (INAF - Osservatorio Astronomico di Padova, Padova, Italy), K. Biazzo (INAF – Observatorio Astronómico de Catania, Catania, Italia), C. Melo (ESO, Santiago, Chile), C. Lovis (Observatorio de Ginebra, Suiza) y S. Randich (INAF – Observatorio Astrofísico de Arcetri, Florencia, Italia).

ESO es la principal organización astronómica intergubernamental en Europa y el observatorio astronómico terrestre más productivo del mundo. Cuenta con el respaldo de 15 países: Alemania, Austria, Bélgica, Brasil, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Holanda, Italia, Portugal, el Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza. Lleva a cabo un ambicioso programa orientado al diseño, construcción y operación de potentes instalaciones terrestres para permitir que la astronomía desarrolle importantes descubrimientos científicos. ESO también cumple un rol principal en la difusión y organización de cooperación en la investigación astronómica. ESO opera tres sitios únicos de observación de calidad mundial en Chile: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Very Large Telescope, el observatorio astronómico más potente del mundo en el rango visible de la luz y dos telescopios de rastreo. VISTA realiza sondeos en el rango infrarrojo y es el telescopio de rastreo más potente del mundo y el VLT Survey Telescope (VST) es el telescopio más potente que se ha diseñado exclusivamente para explorar los cielos en el rango visible de la luz. ESO es el socio europeo en el revolucionario telescopio ALMA, el proyecto astronómico de mayor envergadura en la actualidad. ESO está actualmente elaborando planes para la construcción de un telescopio de 39 metros, el European Extremely Large Telescope, (E-ELT), que funcionará en los rangos óptico/infrarrojo cercano, convirtiéndose en el “mayor ojo del mundo para observar el cielo”.

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Las estrellas y el gas luchan contra el polvo en la nebulosa Carina

El caos reina en la Nebulosa de Carina donde las estrellas masivas se forman y mueren. Espectacular y detallado, este primer plano de una parte de la famosa nebulosa es una combinación de luz emitida por hidrógeno (mostrada en rojo) y oxígeno (mostrada en azul). Dramáticos y oscuros nudos de polvo y rasgos complejos revelados son esculpidos por los vientos y la radiación de las estrellas masivas y enérgicas de Carina. Una característica icónica de la nebulosa de Carina es el carril en polvo oscuro en forma de de que se observa en la mitad superior de la imagen. La nebulosa de Carina se extiende alrededor de 200 años luz, se encuentra a unos 7.500 años luz de distancia, y es visible con binoculares hacia la constelación meridional de Carina. En mil millones de años después de que el polvo se asiente o sea destruido y el gas se disipe o se condense gravitatoriamente, entonces sólo quedarán las estrellas, pero ni siquiera las más brillantes.

Crédito de imagen y derechos de autor: Bastien Foucher
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Dos galaxias interactuando en la constelacion de Piscis...

Arp 227 consta de dos galaxias en la constelación de Piscis: la galaxia lenticular NGC 474 (también conocida como UGC 864) de gran tamaño (250.000 años luz de diámetro) situada a unos 93 millones de años luz de distancia, y la galaxia espiral NGC 470 a unos 95 millones años luz de distancia. Se encuentran en una separación de unos 160.000 años luz.

Los astrónomos detectaron dos miembros adicionales del grupo que indican que el par constituye los miembros dominantes de un grupo flojo. La evidencia también sugiere que Arp 227 es un grupo evolutivo en la fase temprana de su evolución y que sus impulsores son la acumulación de galaxias débiles y la continua interacción a gran escala entre NGC 470 y 474.

Hay una cola de marea de gas y polvo que conecta NGC 474 a NGC 470, mostrando que los dos están actualmente experimentando interacción. La baja luminosidad de rayos X de NGC 470 parece ser una característica de los sistemas dinámicamente jóvenes.

NGC 474 es una galaxia clásica del shell. Éstos son generalmente el resultado de una fusión aunque no hay evidencia de esto en este caso. Todas las estrellas tienen un movimiento común. Normalmente si hay una fusión reciente hay dos familias de movimiento estelar evidentes en la galaxia. Ese no es el caso aquí.

El origen de los débiles y amplios arcos o conchas de NGC 474 podría haberse formado por un encuentro gravitatorio con NGC 470. Pero si NGC 470 causó las distorsiones en 474, ¿por qué no se distorsiona de forma similar, su masa parece menos, debería ser incluso Más desgarrado Esto sigue siendo desconocido.

Alternativamente, las conchas podrían ser causadas por una fusión con una galaxia más pequeña (o galaxias) en los últimos mil millones de años, produciendo un efecto análogo a las ondulaciones a través de la superficie de un estanque.

Esta imagen destaca dramáticamente el creciente consenso de que los halos exteriores de la mayoría de las galaxias grandes, incluyendo nuestra Galaxia de la Vía Láctea, no son realmente lisos, pero tienen complejidades inducidas por frecuentes interacciones con galaxias cercanas más pequeñas.

annesastronomynews.com
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Las estrellas masivas son proveedoras para la formación de estos planetas sistemas solares galaxias nebulosas meteoritos lunas etc.🌎🐒
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14/8/17
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Un choque de estrellas es la explicación para una enigmática explosión ocurrida en el siglo XVII, Nova Vulpeculae 1670.

Nuevas observaciones, llevadas a cabo con APEX (Atacama Pathfinder Experiment) y otros telescopios, revelan que la estrella que los astrónomos europeos vieron aparecer en el cielo en 1670 no era una nova, sino un tipo de colisión estelar mucho más excepcional y violento. Fue lo suficientemente espectacular como para verse fácilmente a simple vista durante su primer estallido, pero los rastros que dejó eran tan débiles que ha sido necesario utilizar telescopios submilimétricos para llevar a cabo un meticuloso análisis que, finalmente, pudiera despejar el misterio más de 340 años después. Los resultados aparecen en línea en la revista Nature el 23 de marzo de 2015.

Algunos de los más grandes astrónomos del siglo XVII, incluyendo a Hevelius, el padre de la cartografía lunar, y a Cassini, documentaron cuidadosamente, en el año 1670, la aparición de una nueva estrella en el cielo. Hevelius la describió como una nova “sub capite Cygni” (una nueva estrella debajo de la cabeza del cisne) pero actualmente los astrónomos la conocen por el nombre de Nova Vulpeculae 1670 [1]. Los relatos históricos sobre novas son escasos y de gran interés para los astrónomos actuales. Se afirma que la Nova Vul 1670 es la nova registrada más antigua y más débil recuperada con posterioridad.

El autor principal de este Nuevo estudio, Tomasz Kamiński (ESO e Instituto Max Planck de Radioastronomía, Bonn, Alemania), explica: "Durante muchos años se creyó que este objeto era una nova, pero cuanto más se ha estudiado menos parecía una nova ordinaria o cualquier otro tipo de explosión de una estrella".

Cuando apareció por primera vez, Nova Vul 1670 era fácilmente visible a simple vista y, durante los dos años siguientes, fue variando su brillo. Luego desapareció y reapareció dos veces, antes de desaparecer para siempre. Pese a que está muy bien documentada para su época, los audaces astrónomos de entonces carecían del equipo necesario para resolver el enigma sobre el peculiar comportamiento de la presunta nova.

Durante el siglo XX, los astrónomos llegaron a comprender que la mayoría de las novas podrían explicarse por el comportamiento de estrellas binarias cercanas entre sí que explotan y “se dan a la fuga”. Pero Nova Vul 1670 no encajaba en absoluto en este modelo y seguía siendo un misterio.

Pese a la creciente capacidad tecnológica de los telescopios, se creyó durante mucho tiempo que este evento no había dejado ningún rastro, y hubo que esperar hasta la década de 1980 para que un equipo de astrónomos detectara una débil nebulosa alrededor de la zona en la que, supuestamente, debían estar los restos de la estrella. Pero, aunque estas observaciones ofrecieron una tentadora conexión con el avistamiento de 1670, no lograron arrojar nueva luz sobre la verdadera naturaleza del evento presenciado en los cielos de Europa hace más de trescientos años.

Tomasz Kamiński continúa la historia: "Ahora hemos sondeado la zona en longitudes de onda de radio y submilimétricas. Hemos encontrado que los alrededores del remanente están bañados por un gas frío, rico en moléculas, con una composición química muy inusual".

La estrella que vieron los astrónomos europeos en 1670 no era una nova, sino un tipo de colisión estelar mucho más excepcional y violento. Fue lo suficientemente espectacular como para verse fácilmente a simple vista durante su primer estallido, pero los rastros que dejó eran tan débiles que ha sido necesario utilizar telescopios submilimétricos para poder despejar el misterio más de 340 años después.

Además de APEX, el equipo utilizó el Submillimeter Array (SMA) y el radio telescopio Effelsberg para conocer la composición química y medir las proporciones de diferentes isótopos del gas. Uniendo todos estos datos, lograron crear un informe muy detallado de la composición de la zona, lo cual permitió evaluar de dónde podría provenir esta materia.

Lo que el equipo descubrió es que la masa del material frío era demasiado grande para ser el producto de la explosión de una nova y, además, las proporciones de isótopos medidas por el equipo alrededor de Nova Vul 1670 eran diferentes a las que se esperan de una nova. Pero si no fue una nova, entonces ¿qué fue?

La respuesta es una espectacular colisión entre dos estrellas, más brillante que una nova, pero menos que una supernova, que produce algo denominado nova roja luminosa. Son eventos muy excepcionales en los que las estrellas explotan debido a una fusión con otra estrella, arrojando al espacio el material que anteriormente contenían en su interior y dejando tan sólo un débil remanente rodeado de un ambiente fresco, rico en moléculas y polvo. Esta nueva clasificación de estrellas explosivas, recientemente aceptada, encaja casi a la perfección en el perfil de Nova Vul 1670.

El coautor de este trabajo, Karl Menten (Instituto Max Planck de Radioastronomía, Bonn, Alemania) concluye: "los descubrimientos de este tipo son los más divertidos: ¡los que son totalmente inesperados!".

Notas.
[1] Este objeto se encuentra dentro de los límites de la moderna constelación de Vulpecula (el zorro), justo al otro lado de la frontera de Cygnus (el cisne). A menudo también se denomina Nova Vul 1670 y CK Vulpeculae, su nombre como estrella variable.

Información adicional.
Este trabajo se presentó en el artículo científico “Nuclear ashes and outflow in the oldest known eruptive star Nova Vul 1670”, por T. Kamiński et al., que aparece en línea en la revista Nature el 23 de marzo de 2015.

Equipo de trabajo.
El equipo está formado por Tomasz Kamiński (ESO, Santiago, Chile; Instituto Max Planck de Radioastronomía, Bonn, Alemania [MPIfR]), Karl M. Menten (MPIfR), Romuald Tylenda (Centro Astronómico N. Copernicus, Toruń, Polonia), Marcin Hajduk (Centro Astronómico N. Copernicus), Nimesh A. Patel (Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, Cambridge, Massachusetts, EE.UU.) y Alexander Kraus (MPIfR).

ESO es la principal organización astronómica intergubernamental de Europa y el observatorio astronómico más productivo del mundo. Cuenta con el respaldo de dieciséis países: Alemania, Austria, Bélgica, Brasil, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, el Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza, junto con el país anfitrión, Chile. ESO desarrolla un ambicioso programa centrado en el diseño, construcción y operación de poderosas instalaciones de observación terrestres que permiten a los astrónomos hacer importantes descubrimientos científicos. ESO también desarrolla un importante papel al promover y organizar la cooperación en investigación astronómica. ESO opera en Chile tres instalaciones de observación únicas en el mundo: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Very Large Telescope, el observatorio óptico más avanzado del mundo, y dos telescopios de rastreo. VISTA (siglas en inglés de Telescopio de Rastreo Óptico e Infrarrojo para Astronomía) trabaja en el infrarrojo y es el telescopio de rastreo más grande del mundo, y el VST (VLT Survey Telescope, Telescopio de Rastreo del VLT) es el telescopio más grande diseñado exclusivamente para rastrear el cielo en luz visible. ESO es el socio europeo de un revolucionario telescopio, ALMA, actualmente el mayor proyecto astronómico en funcionamiento del mundo. Además, cerca de Paranal, en Cerro Armazones, ESO está construyendo el E-ELT (European Extremely Large Telescope), el telescopio óptico y de infrarrojo cercano de 39 metros que llegará a ser “el ojo más grande del mundo para mirar el cielo”.

Publicado en ESO el 23 de marzo del 2.015.

Nova Vulpeculae 1670 visto con instrumentos modernos.
Esta fotografía muestra los restos de la nueva estrella vista en el año 1670. Para crearlo, se han combinado imágenes obtenidas en el rango visible con el telescopio Gemini; un mapa submilimétrico en el que se muestra el polvo, obtenido con SMA; y, finalmente, un mapa de la emisión molecular obtenido por APEX y el SMA.

Crédito:
ESO/T. Kamiński

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Seguimiento de una eyección de masa coronal a través del sistema solar.

Diez astronaves, desde la sonda Venus Express de la ESA hasta la Voyager-2 de la NASA, experimentaron los efectos de una erupción solar que atravesó todo el Sistema Solar mientras tres satélites terrestres observaban el acontecimiento, lo que nos ofrece una perspectiva única de este fenómeno de la meteorología espacial.

Los científicos de Mars Express estaban deseando investigar los efectos del encuentro del cometa Siding Spring con la atmósfera de Marte el día 19 de octubre de 2014, cuando en su lugar encontraron lo que resultó ser la huella de un fenómeno solar.

Aunque esto complicaba más de lo esperado el análisis de los efectos relacionados con el cometa, dio lugar a uno de los mayores esfuerzos colaborativos para definir el trayecto de una ‘eyección de masa coronal’ desde el Sol hasta los confines del Sistema Solar.

A pesar de que la Tierra no se encontraba en la línea de fuego, una serie de satélites de observación del Sol desde la órbita terrestre, Proba-2 de la ESA, SOHO de la ESA/NASA y el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA, habían sido testigos de una potente erupción solar pocos días antes, el 14 de octubre del 2.014.

El observatorio Stereo-A de la NASA no solo capturó imágenes de la otra cara del Sol respecto a la Tierra, también recopiló información in situ en el momento de la eyección.

Dio la casualidad de que otros satélites se encontraban en el recorrido de la eyección, por lo que se efectuaron detecciones inequívocas desde tres orbitadores marcianos, Mars Express de la ESA, y Maven y Mars Odyssey de la NASA, desde el rover Curiosity de la NASA sobre la superficie de Marte, desde la sonda Rosetta de la ESA en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko y desde la misión internacional Cassini en Saturno.

Incluso se llegó a identificar algún rastro desde la sonda New Horizons de la NASA mientras se acercaba a Plutón, y más allá de Voyager-2. No obstante, a estas grandes distancias es posible que las pruebas de esta erupción concreta se hayan mezclado con el viento solar de fondo.

“Las velocidades de estas eyecciones a distancia del Sol no es algo que se entienda demasiado bien, especialmente en el Sistema Solar exterior”, reconoce Olivier Witasse de la ESA, que ha dirigido el estudio.

“Gracias a la sincronización precisa de numerosas mediciones in situ podemos comprender mejor el proceso e incorporar nuestros resultados a los modelos”.

Las mediciones dan cuenta de la velocidad y la dirección de la eyección, que se extendió por un ángulo de al menos 116º para llegar hasta Venus Express y Stereo-A por el margen este y a las sondas de Marte y el cometa 67P Churyumov-Gerasimenko por el margen oeste.

A partir de una velocidad máxima inicial de unos 1.000 km/s calculados en el Sol, tres días después Mars Express midió una fuerte caída hasta los 647 km/s y, al cabo de cinco días, la velocidad detectada por Rosetta había descendido hasta los 550 km/s. A partir de entonces, el descenso fue más gradual, registrándose una velocidad de 450–500 km/s a la altura de Saturno un mes después de la eyección.

Los datos también revelaron la evolución de la estructura magnética de la eyección de masa coronal, cuyos efectos se notaron en las naves durante varios días, lo que proporcionó información de utilidad sobre los efectos de la meteorología espacial en distintos cuerpos planetarios. Las señales en varias de las naves incluyeron por lo general un impacto inicial, un aumento del campo magnético e incrementos en la velocidad del viento solar.

En el caso de la sonda Venus Express de la ESA, su paquete científico no estaba encendido, ya que Venus se encontraba ‘detrás’ del Sol visto desde la Tierra, lo que limitaba la capacidad de comunicación.

Se dedujo una leve indicación debido a que su sensor estelar se vio inundado de radiación en el momento del paso de la eyección.

Además, varias naves con monitores de radiación, Curiosity, Mars Odyssey, Rosetta y Cassini, revelaron un efecto interesante y bien conocido: una reducción repentina en el número de rayos cósmicos galácticos. Cuando pasa una eyección, genera una especie de burbuja protectora, desviando temporalmente los rayos cósmicos y blindando parcialmente el planeta o nave.

En Marte se observó un descenso de alrededor del 20 % de los rayos cósmicos, una de las mayores caídas registradas en el Planeta Rojo, que duró unas 35 horas. Rosetta detectó una reducción del 17 % que se prolongó 60 horas, mientras que en Saturno el descenso fue algo menor y duró unos cuatro días. El incremento en la duración del descenso de los rayos cósmicos corresponde a una ralentización de la eyección y a su dispersión por una región más amplia debido a las mayores distancias.

“La comparación del descenso en los efectos de los rayos cósmicos galácticos debido a la misma eyección en tres lugares con una gran separación entre sí es toda una novedad explica Olivier. Aunque en el pasado ya se habían observado estos fenómenos desde distintas astronaves, no es común que las circunstancias permitan incluir una región tan amplia tanto dentro como fuera del Sistema Solar, como sucede en esta ocasión”.

“Por último, volviendo a la observación prevista inicialmente del paso del cometa Siding Spring por Marte, los resultados muestran la importancia de tener en cuenta el contexto de la meteorología espacial para comprender cómo estos fenómenos solares pueden influir e incluso enmascarar los signos del cometa en la atmósfera de un planeta”.

Nota para los editores.
El artículo “Interplanetary coronal mass ejection observed at Stereo-A, Mars, comet 67P/Churyumov–Gerasimenko, Saturn and New Horizons en route to Pluto. Comparison of its Forbush decreases at 1.4, 3.1 and 9.9 AU”, de O. Witasse et al., está en línea aquí.

Créditos:
ESA.

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Vista detallada de la Corona Solar en un eclipse.

Sólo en la oscuridad fugaz de un eclipse solar total es la luz de la corona solar fácilmente visible. Normalmente abrumado por el brillante disco solar, la expansiva corona, la atmósfera externa del sol, es una vista seductora. Pero los detalles sutiles y los rangos extremos en el brillo de la corona, aunque perceptibles a los ojos, son notoriamente difíciles de fotografiar. Sin embargo, en la foto, usando múltiples imágenes y procesamiento digital, se muestra una imagen detallada de la corona del Sol tomada durante el eclipse solar total de agosto de 2008 de Mongolia. Claramente visibles son capas intrincadas y cáusticos brillantes de una mezcla siempre cambiante de gas caliente y campos magnéticos. Las prominencias brillantes del bucle aparecen rosa apenas sobre la extremidad del Sol. Una corona solar similar podría ser visible a través de cielos claros en una franja delgada a través de los EE.UU. durante un eclipse solar total que ocurre sólo una semana a partir de mañana.

Crédito de la imagen y derechos reservados: Miloslav Druckmüller (Brno U. de la tecnología.), Martin Dietzel, Peter Aniol, Vojtech Rušin
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Jóvenes, ardientes y azules, NGC 2547.

Esta hermosa colección de brillantes estrellas azules esparcidas forma el cúmulo NGC 2547, un grupo de estrellas de reciente formación que se encuentra en la constelación austral de Vela (La Vela). Esta imagen fue tomada con el instrumento Wide Field Imager, instalado en el telescopio MPG/ESO de 2,2 metros, en el Observatorio La Silla de ESO, en Chile.

El universo es un vecindario con solera con cerca de 13.700 millones de años [1]. Nuestra galaxia, la Vía Láctea, también es antigua algunas de sus estrellas tienen más de 13.000 millones de años. Aún así, aún hay mucho movimiento en ella: se forman y se destruyen objetos de manera constante. En esta imagen pueden ver algunos de los nuevos miembros, las jóvenes estrellas en formación del cúmulo NGC 2547.

Pero, ¿qué edad tienen realmente estas estrellas jóvenes? Aunque su edad exacta sigue siendo un misterio, los astrónomos estiman que la edad de las estrellas de NGC 2547 oscila entre los 20 y los 35 millones de años. Al fin y al cabo, no parecen tan jóvenes. Sin embargo, nuestro Sol tiene 4.600 millones de años y aún no ha alcanzado su edad media. Esto significa que si nos imaginamos que el Sol es una persona de unos 40 años, las estrellas brillantes de la imagen son bebés de tres meses.

La mayor parte de las estrellas no se forman de manera aislada, sino en ricos cúmulos con tamaños variables, ya que pueden contener de varias decenas a varios miles de estrellas. Mientras que NGC 2547 cuenta con numerosas estrellas calientes que brillan en tonos azulados (lo cual es un claro indicador de su juventud), en contraste podemos encontrar una o dos estrellas amarillas, o alguna estrella roja que ya ha evolucionado hasta convertirse en estrella roja gigante. Normalmente, los cúmulos estelares abiertos como este tienen, comparativamente, vidas muy cortas, del orden de varios cientos de millones de años, antes de desintegrarse y de que las estrellas que los componen se dispersen.

Los cúmulos son objetos clave para los astrónomos que estudian cómo evolucionan las estrellas a lo largo de sus vidas. Los miembros de un cúmulo nacen todos del mismo material y más o menos al mismo tiempo, hacienda más fácil la determinación de los efectos producidos por otras propiedades estelares.

El cúmulo estelar NGC 2547 se encuentra en la constelación austral de Vela (La Vela), a unos 1.500 años luz de la Tierra, y es lo suficientemente brillante como para poder observarla fácilmente con prismáticos. Fue descubierta en 1751 por el astrónomo francés Nicolas-Louis de Lacaille durante una expedición astronómica al Cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica, utilizando un pequeño telescopio de menos de dos centímetros de apertura.

Entre las brillantes estrellas de esta imagen pueden verse muchos otros objetos, especialmente si hacemos un “zoom” sobre ella. Muchos son objetos más débiles o galaxias distantes de la Vía Láctea, pero otros, que aparecen como objetos difusos y alargados, son galaxias que se encuentran a millones de años luz, detrás de las estrellas que vemos en nuestro campo de visión.

Notas.
[1] Actualmente, la estimación más precisa que existe sobre la edad del Universo es de 13.772 ± 0.059 mil millones de años.

Crédito:ESO

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