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Quem mais abraça essa causa??
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Aqui partilho a opinião de Marta Rodrigues que leu o livro "Bia por um Triz" ... Convido a todos a lerem este artigo para conhecerem um pouco do que este livro deseja dar a conhecer....

https://universodamarta.blogspot.pt/2017/10/resenha-do-livro-bia-por-um-triz-de.html

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Trecho do livro "Me ajude a chorar", de Fabrício Carpinejar.
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EL PARQUÍMETRO (Una sucesión de eventos )
Llegamos a nuestro destino y procedimos a buscar un lugar en donde parquear el vehículo.
-Ahí!
-Dónde?
-Aquí! aquí hay lugar!. Y no tiene parquímetro!.
-Que suerte!
Descendiendo del vehículo, cuando en bicicleta se acercaba un agente de Emetra, con su típico uniforme verde, revisando los parquímetros.
-Qué hacemos?
-Pues nada, no ves que no hay parquímetro. Nos encaminamos hacia nuestro destino cuando el agente nos dio alcance.
-Van depositar su moneda? Nos cuestionó.
-A dónde? si acá no hay parquímetro.
-Claro que hay, señor.
-Es aquel. señaló a uno solitario, a varios metros de allí.
-Es un parquímetro múltiple! Nos vimos las caras con mi hermano. Buscamos una moneda pero lamentablemente nadie tenia sencillo; para eso, llego con nosotros la persona con la que teníamos nuestra cita.
-Qué sucede?
-Hola!
-Acá, buscando una moneda para el parquímetro.
-Pero, no tenemos sencillo.
-De casualidad usted no tiene, licda.
-Déjeme revisar...
-Van a poner una moneda o no? Dijo el uniformado ya con el tono elevado.
-Señor, no ve que estamos buscando; ademas solo es de firmar este documento y se van, no nos toma mas que, un par de segundos,
-No sea pura lata.
-Y, no no tengo la moneda.
-Firmemos, dijo mi hermano, mientras el señor de Emetra, extrajo su cámara y empezó a tomar fotografías al carro.
-Que bárbaro!
-No pudo tener un poco de consideración; son unos lagartos ustedes. Le replico la licda.
-Solo es una moneda, señora! Para cuando ellos discutían esto, nosotros tomamos nuestro camino de regreso a nuestra oficina; pero la licda. y el agente se quedaron discutiendo sus puntos de vista.
-Vea, señor agente, lo que usted hizo hoy aquí y me refiero, a no ser un poco flexible, si vio no fueron mas que un par de minutos.
-Usted!, y óigame bien, usted lo va a pagar y de una manera que ni se imagina.
-Usted, va necesitar que alguien sea un poquito condescendiente con usted y le va a pasar lo mismo que aquí...
- Y, se va recordar de mi, se lo garantizo. Se retiró, bastante enojada, la licda. a su oficina, haciendo ademanes indicándole que ya no quería escucharle mas.
-Solo era una simple moneda; tacaños! Grito el abnegado oficial quien, solo cumplía con su trabajo, a letra muerta. Se subió a su bicicleta y continuo con su trabajo, revisando parquímetros y colocando remisiones.
No fue sino hasta un par de semanas mas tarde, cuando el oficial llego a su casa como era costumbre, y se encontró con la novedad de que a su niña de 7 años, le dolía el estómago, era tanto el dolor de la niña, que no dejaba de llorar.
-Que bueno que llegaste, llevemos a Karen al hospitalito de niños.
-Claro mi amor, llévala al carro yo dejo esto y nos vamos. Salieron lo mas rápido que le fue posible al señor agente, quien en esos momentos no era mas que otro ciudadano común y corriente. En pocos minutos, estaban en la emergencia del hospitalito para niños, de la zona 7.
-Enfermera, traigo a mi hija con un fuerte dolor de estómago, que no se le quita con nada. -Podrían evaluarla por favor! Pidió ayuda la angustiada madre; a lo que la enfermera le respondió.
-Trae su carné?
-Si, señorita, acá lo traigo. Buscaba entre sus cosas, la nerviosa madre, mientras que el ahora ciudadano normal, tomaba a la niña, quien no dejaba de llorar por el inclemente dolor de estómago.
-Aquí esta! señorita.
-Bien, ahora pasen a la caja a cancelar la consulta.
No hay problema -dijo el padre de la niña pero atiéndanmela ya por favor.
-No podemos señor, solo hasta que cancele su consulta...
-Pero eso es rápido. Vaya por favor.
El señor agente, corrió desesperado a la caja, a que le cobraran la consulta, llevaba en la mano un billete de a 100 para ahorrar tiempo.
-Señorita!
-Por favor, una consulta para la emergencia! Es urgente, por favor. El desespero, se veía en la cara del señor. Pero la cajera le responde, con tono pesado.
-Acaso, no sabe leer? Arriba de ella habia un letrero grande que indicaba: Favor traer sencillo.
-Cuanto es señorita? pregunto el afligido hombre, pues el llanto de la niña resonaba en todo el hospitalito.
-Son veinte, señor! Por mas que el tipo se busco, solo encontró otro de a cien.
-Señorita; tome el billete y quédese con él, mientras encuentro el sencillo, para que atiendan a mi niña.
-Acaso no la escucha, esta sufriendo de dolor.
-Eso, no es posible señor. Las normas son claras, usted debe traer sencillo.
-Lo se señorita, Pero no puede ser un poco flexible con esa norma, se trata de una emergencia! suplico el señor agente.
-Si las normas y las leyes, fueran flexibles, nuestra sociedad seria un caos.
-No cree, señor? Y cerro su ventanilla. Un acompañante de otro paciente se levanto y le dijo.
-Amigo, mejor lleve a su niña al Roosevelt, pues aquí nadie se la atenderá, sin el pago de la consulta, y encontrar quien le haga sencillo a esta hora, que hasta los chicleros se fueron ya. -Nadie le hará sencillo.
-Y le recomiendo que llame a los bomberos, pues con el trafico de esta hora y con los nervios que tiene usted, se tardará mucho en llegar, de acá al Roosevelt.
-Gracias, señor, llamare una ambulancia.
-Señor! le grito otro individuo, que también andaba con su hijo en la emergencia.
-Aproveche, ahorita llego una ambulancia, hábleles.
-Gracias!
Al rato iban: él, su señora y la pequeña Karen, quien no paraba de llorar del dolor. La ambulancia llevaba las sirenas encendidas e iba a una gran velocidad, hasta subiéndose en las banquetas, pues habia mucho transito y sí, era una emergencia. Los minutos se hacían eternos para la pareja de esposos, quienes se consolaban entre si. En ese momento, el agente de Emetra, recordó las palabras de la licda. Y pensó; aya una moneda y acá sencillo, ninguno de los dos fuimos transigentes, flexibles, a las normas de nuestros trabajos. Meditando eso iba, totalmente ausente del lugar en donde se encontraba cuando, un grito le hizo volver en si.
-Nooo! karen..., hija! El bombero somató el vidrio al chófer, dándole indicaciones y el chófer, simplemente apago la sirena y bajo la velocidad para pasar a ser un simple vehículo mas. El agente de Emetra, simplemente coloco sus manos sobre su cabeza y en breves segundos después, grito.
-Licenciadaaaa..., nooooo!.....

Nada nos cuesta, tomar decisiones justas en nuestro trabajo, pues las reglas, normas y leyes las hacen burócratas, a los que solo les interesa el ingreso del dinero, no el servicio al publico, que es para lo que fueron nombrados. Si, nuestro agente de Emetra, hubiera sido un poco flexible al reglamento, quizá la señorita cajera, también lo hubiera sido.
........HASTA LA PRÓXIMA HISTORIA DE LA SERIE: "UNA SUCESIÓN DE EVENTOS"
Publicadas por sergio raga

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Essa é uma história que criei durante a minha adolescência, na época em que eu jogava RPG. Como sempre fui fanático por leitura e ficção fantastica, resolvi transformar essa história em um livro, mas aqui no Brasil é tudo muito dificil e eu sinceramente desisti de publica-lo. Então resolvi criar esse blog, postar os capitulos aqui e realizar o sonho de ver minha história ser lida.

Agradeço a visita e já lhe deixo um grande abraço!

https://ascronicasdegredon.blogspot.com/

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Segue um trecho do meu livro, Bosque do Reencontro. Boa leitura!

Capítulo 1
Adriane entra em casa, anda de um lado para o outro por alguns instantes, depois se deixa cair no sofá.
Perdida em seus pensamentos, ela permanece sentada por alguns minutos. De repente ouve-se um som ecoando por sua casa, logo ela se desperta com o toque da campainha, estava tão envolvida em seus pensamentos que demorou um tempo para que fosse atender a porta, depois que a campainha tocou mais algumas vezes, foi que a mesma se levantou e se dirigiu à porta.
-Pois não? – Diz abrindo a porta.
- Olá...sou seu novo vizinho, me mudei para o bairro faz uma semana e como sempre te encontro, quando caminho, resolvi passar aqui hoje, porque acho que isso é seu, não é? - Diz o rapaz mostrando um envelope que trazia em mãos.
- É meu sim! Como conseguiu? – Pergunta Adriane admirada.
- Como te disse, sempre te encontro, mas você passa por mim e parece não me notar.
- Sou meio distraída mesmo.
-Como eu estava dizendo, outro dia passei por você e percebi quando deixou cair da sua mão esse envelope, quando foi colocá-lo em sua bolsa. Tentei te alcançar, mas você apertou o passo.
Adriane se sentia um pouco cansada, não queria conversar naquele momento. Porém, gostou muito da atitude daquele rapaz, além disso, ele se mostrou educado e sua boa aparência, lhe transmitia confiança.
-Obrigada! Você não imagina como essa carta é importante para mim.
- E fique sossegada que eu sou discreto e não li o seu conteúdo.
A jovem ruborizou-se, com certeza havia demostrado mais preocupação pela possibilidade de o rapaz poder ter lido a carta do que gratidão por sua atitude.
- Desculpe, nem me apresentei.... Meu nome é Matheus, muito prazer.- O rapaz estende sua mão para cumprimentá-la.
-O prazer é meu, me chamo Adriane.... Não quer entrar?
-Posso mesmo?
-Claro por favor!
Matheus entra e Adriane faz com que o mesmo a acompanhe até a cozinha.
-Não costumo deixar estranhos entrar em minha casa, porém, você foi muito gentil trazendo minha correspondência.
- Eu estava querendo te conhecer.
- Sente-se quer beber alguma coisa?
- Bebo o que você beber. – Responde Matheus se sentando à mesa.
- Tem café e chá, o que prefere?
- Café!
Adriane pega duas xícaras do armário, põe duas garrafas térmicas sobre a mesa, enche uma xícara com café e a outra com chá, depois também se senta.
-Desculpe a pergunta, mas você mora aqui sozinha?
-Minha vida é um pouco complicada...quem sabe, com o tempo eu te conto.
- Bom, já que é assim, vou falar um pouco sobre mim.- Ele bebe um gole de café, depois prossegue - Eu sou meio nômade, um pouco cigano, já vivi em muitos lugares.
- É, que interessante! Por que você viaja tanto?
- Primeiro por causa da minha profissão, depois porque não gosto do tédio, monotonia...
- E qual é sua profissão?
- Sou guia de turismo.
- Deve ser bem legal trabalhar nesta área!
- E é! Gosto do que faço.
- Você me parece ser bastante independente, mora sozinho?
- Moro, não troco minha liberdade por nada!
Após mais alguns minutos de conversa rotineira, Matheus se despede e vai embora deixando uma ótima impressão para Adriane. Ela vai até a cozinha, pega o envelope que estava sobre a mesa e volta para se sentar no sofá da sala.
- Se eu perdesse essa carta, não me perdoaria! - Diz Adriane olhando para o envelope. Ela sabia que poderia achar várias respostas de seu passado com aquela correspondência. Voltou aos seus pensamentos, se lembrou de Paula, sua babá, quase uma mãe, na verdade, a única mãe que conheceu. Lembrou-se quando ela lhe contou, em um dia que ela chorava em seu colo, quando tinha seus 6 ou 7 anos de idade, perguntando porque teria sido adotada.
Paula havia a encontrado quando estava a caminho de seu trabalho, na ocasião ela era uma jovem de 19 anos. Sua sandália se desamarrou, e no banco de uma praça muito conhecida na cidade, chamada “Bosque do Reencontro”, sentou-se para amarra-la, quando ouviu um barulho, pensou ser um gato e não deu muita bola. Mas ao ouvir novamente, decidiu verificar que barulho era aquele, olho por entre umas folhagens que existia atrás do banco e se deparou com uma criança enrolada com uma espécie de lençol cortado.
Estava muito frio neste dia, por isso a criança, que mal conseguia chorar, estava com os pequenos lábios roxos, imediatamente ela apanhou o bebê e já neste momento sentiu que iria amar aquela criança. Abraçada aquele pequeno ser, a levou a um hospital mais próximo onde foi atendida prontamente. Ela sabia que deveria preencher um fichário no hospital, por isso relatou o ocorrido tendo de ficar ali até que a polícia chegasse para dar maiores informações.
Antes disso, pediu ao médico para ver a criança, que a conduziu ao berçário onde o bebê estava. Mesmo dentro de uma incubadora, ela pode ver o rostinho tranquilo da criança.
- É uma menina.- Disse o médico.
Paula não respondeu nada, apenas sorriu e pensou.
- Se ao menos eu tivesse condições financeiras, adotaria essa menina, seria minha filha!
Adriane deu uma pausa em seus pensamentos para enxugar algumas lágrimas que escorriam de sua face e caia sobre o envelope.
Ela se levantou, foi até a cozinha, apanhou, um pouco de água, bebeu alguns goles voltando em seguida para a sala. Deitou-se no sofá novamente, colocou o envelope junto ao seu peito, pressionando com força. Fechou os olhos e voltou a lembrar do rosto meigo de Paula.
Após Paula esclarecer as perguntas dos policiais, disse que precisava ir trabalhar pois já estava muito atrasada. Mas antes quis saber o que seria daquela criança, para onde seria levada quando tivesse alta do hospital.
- Provavelmente para o Juizado de menores e depois para algum orfanato.- respondeu o policial.
Paula saiu do hospital com um aperto no coração se sentindo angustiada por deixar a criança sozinha.
- Mas o que eu poderia fazer? – Pensou - Era uma moça pobre e não teria condições de adota-la, e como se não bastasse, era solteira e ainda morava com os pais.
Conformada com a sua situação, chegou a seu trabalho, e ouviu resignada as broncas de sua patroa pelo atraso.
- Mas D. Fernanda, a senhora nem imagina o que me aconteceu.
- Então me dê uma explicação, sou todo ouvidos - Disse a patroa com um tom autoritário.
Fernanda era muito intransigente, não tolerava ser contrariada, gostava das aparências, fazendo tudo para parecer ser mais do que suas amigas.
Após relatar os fatos, Fernanda ficou pensativa por alguns minutos.
- Por favor D. Fernanda, não me atrasei por mal, é que eu fiquei no hospital para dar explicações a polícia. Se a senhora visse aquela criança, tenho certeza que também se esqueceria da hora.
- Fique quieta Paula! Estou tendo uma ideia.
Paula não se atreveu a dizer mais nada, abaixou a cabeça e ficou esperando que ela continuasse aplicando suas broncas.
- Você disse que está criança iria para algum orfanato, não disse?
- Sim senhora, se ninguém da família aparecer no hospital ela irá para algum orfanato com toda certeza.
- Por coincidência, no meu chá da tarde rotineiro de ontem, eu e algumas amigas minha, estávamos comentando em como nos daria status, se adotássemos uma criança, sairíamos em muitas revistas, seríamos glorificadas por nossa nobreza.
Paula ficou com o coração descompassado, será que sua patroa estaria pensando em adotar aquela criança? Ela sabia que não era por nenhum ato de nobreza que ela faria isso, pois Fernanda nunca gostou de crianças, na verdade, ela queria ser mais requisitada, aparecer mais do que suas amigas, porém, seria a oportunidade de ela ficar perto daquela criança que sabia que já amava, mesmo tendo ficado tão pouco tempo com ela.
-Talvez se eu adotasse essa criança...
- A senhora está falando sério?
-Estou pensando, afinal, das minhas amigas, só eu e a Brigite demostramos coragem para isso se eu adotar primeiro do que a Brigite, serei admirada pelas outras.
- Se a senhora quiser, dou o endereço do hospital onde a criança está internada.
-Vou me arrumar e você irá comigo... - Fernanda deu as costas para Paula demonstrando satisfação com sua ideia.
Paula sentia um misto de alegria e tristeza.
- Em nenhum momento D. Fernanda demonstrou interesse na saúde da criança, como pode não se comover com a situação desse bebê? – Pensava ela.
No dia seguinte, foram ao hospital Paula e sua patroa, que claro, não esqueceu de avisar todas suas amigas. O chofer estacionou o carro em frente ao hospital, por ser conhecida e rica, Fernanda não encontrou nenhum problema para adotar o bebê.
Não demorou muito para conseguir o que queria, saiu em vários jornais e revistas, sendo sempre o centro das atenções em festas, todos admiraram sua atitude.
O tempo foi passando, as pessoas foram esquecendo e como um brinquedo, Adriane, já com 1 no e meio, foi deixada de lado por Fernanda, que passou o cargo de babá para Paula que quase não acreditava que poderia ficar o tempo todo com aquela linda garotinha. Quando Adriane fez 2 anos, Fernanda engravidou, ficou furiosa, pois não queria “estragar” seu corpo perfeito, dando menos atenção ainda para a pequena garota. Tudo a incomodava e ao menor ruído, saia aos gritos descontando seu descontentamento em estar engodando nos empregados.
Depois que o bebê nasceu, Fernanda se acalmou um pouco, gostava de ser admirada e paparicada, todos estavam a mimando e elogiando seu lindo bebê, que recebeu o nome de Reinaldo Jr. Todos admiravam Reinaldo se esquecendo definitivamente de Adriane que não conseguia entender porque não podia brincar com o novo bebê.
Somente aos 7 anos descobriu, ouvindo uma conversa de Fernanda com seu marido, que havia sido adotada. Correu para seu quarto e chorou copiosamente, Paula que estava passando perto do quarto, ouviu o choro entrou no quarto abraçando a garota, e perguntou o que havia acontecido.
- O que foi Adriane, por que está chorando tanto?
- Tia Paula... mamãe disse para o papai que como sou adotada não posso passar tanto tempo com o Reinaldinho.
- Sinto muito minha querida... um dia você iria acabar descobrindo a verdade, mas seus pais te amam e eu também.
- Mas a mamãe não gosta quando eu vou até seu quarto, ela me manda sair, se ela não gosta de mim, então por que ela me adotou?
-Você é muito pequena, não entende sobre a adoção...
- Sei sim, minha professora me explicou porque tem um garoto na minha sala que é adotado. Mas ela disse também que quem é adotado é até mais amado, porque foi escolhido por pessoas que não tem obrigação de cuidar de crianças que não nasceram da barriga delas.
- Se sabe disso, porque chora?
- Mas a mamãe não demonstra amor por mim, eu sei disso. - Adriane passa as mãos nos olhos tentando secar as lágrimas que teimavam em cair.
Paula olhou para a garota e falou em um tom firme:
- Adriane, você é uma garota de sorte, sua mãe pode parecer um pouco distante, mas esse é o jeito dela, aprenda uma coisa, não somos vítimas, ninguém é vítima. Por isso enxugue essas lágrimas e tente entende-la, faça de tudo para não aborrece-la, seja feliz respeitando o jeito de ser de cada um, além disso, eu te amo muito e sempre estarei ao seu lado.
Ela para de chorar, esforça um sorriso e abraça com carinho a pessoa que mais amava na vida.
Adriane enxuga algumas lágrimas, olha seu relógio de pulso e se levanta do sofá em direção ao seu quarto guarda, o envelope na gaveta do criado-mudo.
- Ah tia Paula... – Suspirou - Se não fosse pela senhora, o que seria de mim?
Pegou algumas roupas e foi tomar banho, depois preparou algo para comer, pois nesse dia, ainda não havia almoçado.


Capítulo 2
Em um colégio de classe média alta, Rosana conversava com um grupo de amigos. O sinal toca, todos entram deixando apenas duas garotas que continuavam conversando.
- Não sei que desculpas novas vou dar para justificar minhas faltas para minha mãe quando acabar a reunião com os professores de amanhã.
- É Ingrid, um dia a “casa cai”.
As duas amigas começam a rir, quando ao avistar um garoto, Rosana para imediatamente de rir e muda a expressão.
- O que foi Rosana, que cara é essa? – Pergunta Ingrid.
- É o Reinaldo, quem ele pensa que é com aquele nariz empinado? Ele acha que tem o rei na barriga?
- Você não gosta dele mesmo hein?
- Claro que não! Ele é chato, metido, antipático...
- Bonito!
- Idiota, enfim.... Nunca vou gostar dele, ele conseguiu conquistar a minha antipatia.
- Não sei porque você diz isso.
- Você se esqueceu de como ele tratava a irmã?
- A Adriane não é irmã dele, ela é adotada.
- Dá no mesmo, ela sempre gostou dele, encobria suas faltas, suas baixas notas.
- Isso é verdade!
- Na primeira oportunidade, ele deixou ela na mão acusando-a de uma coisa que ela não fez.
- Até hoje não sei quem estava certo, afinal, ela estava saindo com aquele garoto que foi apanhado no colégio com um pouco de maconha?
- Claro que não! Aquele garoto era amigo do Reinaldo, a Adriane estava pedindo para deixar seu irmão em paz para evitar encrencas, pois todo mundo conhecia a “fama” daquele garoto no colégio.
- Pensando bem Rosana, ela só estava tentando ajudar.
- Claro! Mas o diretor através de um “dedo duro”, pegou o garoto, bem na hora que a Adriane estava conversando com ele.
- Que coisa hein!
- E para evitar escândalos, sua mãe a tirou do colégio ameaçando manda-la para um colégio interno.
- Será que ela foi mesmo?
- Não sei, o que eu sei é que sinto muita falta dela.
- Por que você não pergunta para o Reinaldo?
- Porque eu nem consigo olhar na cara dele! Ele não “ergueu uma palha“ para tentar ajudar a irmã.
- Quem sabe eu não consiga descobrir algo?
- Você faria isso Ingrid?
- Claro, por que não?
- Obrigada!
As duas se abraçam.
- Melhor entrarmos, o inspetor vem vindo. - Diz Rosana.
- É melhor mesmo, porque não quero mais problemas para meu lado.
Rosana e Ingrid que estavam sentadas no degrau da escola, se levantam e vão à aula.
No final da aula, todos saem, e no portão do colégio Ingrid, propositalmente, esbarra em Reinaldo e deixa cair seus materiais no chão.
- Me desculpa, como sou desastrada!
- Não foi nada.... Deixa que eu te ajudo. - Diz Reinaldo abaixando-se para ajudá-la a pegar os materiais do chão, não por que era educado, mas porque Ingrid era uma garota muito bonita.
- Obrigada! – Ingrid abre um largo sorriso.
- Por nada.... Deixa eu me apresentar, eu sou o....
- Reinaldo! .- Interrompeu a garota
- Como sabe? – Fica curioso.
- Por que me pergunta, tem alguma garota aqui no colégio que ainda não sabe? – Ingrid sabia que Reinaldo era mimado e gostava de ser elogiado.
- Não é bem assim. – Responde ele satisfeito com o comentário.
- Bom, preciso ir, desculpe e obrigada! Ah, já ia me esquecendo me chamo Ingrid.
- Que isso, conversar com você foi um prazer!
- Então a agente se vê, tchau.
- Tchau! – Reinaldo segura Ingrid pelo braço e a beija no rosto.
Ela fica um pouco assustada com a atitude do rapaz, mas não demonstra, saindo sorridente de perto dele. Rosana que estava mais a frente, quando vê Ingrid, acena para ela.
- Ingrid! – Grita ela - Venha aqui!
- Estou indo. – Diz Ingrid indo em sua direção.
- Onde você estava?
- Consegui fazer grandes progressos!
- Do que está falando?
-Você nem imagina com quem eu acabei de conversar.
- Não imagino mesmo, então me conta logo!
Enquanto as duas vão em direção ao carro da mãe de Ingrid, que ai busca-las na escola todos os dias, ela relata todos os fatos para Rosana.
Já dentro do carro a caminho da casa de Rosana, Ingrid pergunta à mãe:
- A senhora conhece a D. Fernanda mãe?
- Aquela Socialite filha?
- É mãe, aquela mesma.
- Mais ou menos, já nos encontramos em algumas festas, mas por que a pergunta?
- Nada não, conheci seu filho hoje.
- São pessoas antipáticas, não gosto de julgar, mas, é a impressão que eles me passam.
- D. Flávia, a senhora sabe alguma notícia da filha deles, a Adriane? - Pergunta Rosana.
- A família, quando estão em alguma festa, não tocam no assunto. Uma vez tinha um repórter de uma revista famosa em uma dessas festas, e esse repórter perguntou alguma coisa sobre a família para a D. Fernanda e sabem o que ela respondeu?
- Não! – Responderam as duas juntas.
- Ela disse que sua família estava naquela festa, aí o repórter perguntou se estavam todos na festa e ela respondeu que estavam os mais próximos. Mas sua filha não estava naquela festa, aliás eu acho que só a vi umas duas vezes e olha que a D. Fernanda já foi a milhares de festas.
- Nossa mãe, por que será?
- Isso eu não sei, os comentários que corriam, segundo as “más línguas”, era que a D. Fernanda não dava muita atenção para a filha porque ela era adotada.
Todas se silenciaram no carro e permaneceram assim o trajeto inteiro todo. Após deixarem Rosana em casa, Ingrid continuou pensativa.
- O que foi Ingrid?
- Nada não mãe, só fiquei curiosa para saber o que aconteceu com a Adriane.
Continuaram o percurso em silêncio, pois para todos, era um mistério o sumiço da filha de Fernanda.
Reinaldo chega em casa decidido a conquistar Ingrid, para ele, cada garota conquistada era como um troféu para mostrar para seus amigos. Quanto mais bonita, mais “ pontos” teria, com seus amigos e Ingrid era uma garota muito bonita, cabelos castanhos dourados, do comprimento até a cintura, levemente ondulados, um corpo escultural e um sorriso expressivo, seria uma grande conquista para Reinaldo.
Ao passar pela sala, encontra seu pai lendo jornal, que ao vê-lo o chama para uma conversa.
- Amanhã serei eu quem irá na sua reunião do colégio.
- Por que pai? A mamãe sempre vai, não precisa se preocupar. – Reinaldo fica preocupado, pois sua mãe quando vai em suas reuniões, sempre acoberta e não briga por causa de suas notas baixas ou por seu alto número de faltas.
- Mesmo assim, eu quero ir.
- Como quiser pai, vou para piscina.
Reinaldo corre para a piscina, tirando suas roupas e se jogando de samba-canção. Após o mergulho, encosta a cabeça e os braços na borda da piscina e volta a pensar em Ingrid.
Ingrid mal chega em casa e já corre para ligar para a amiga.
- Alô! Rosana?
- Oi Ingrid, mais alguma novidade?
- Por enquanto não, mas tenho planos para amanhã.
- Agora mais do que nunca fiquei curiosa e preocupada com o paradeiro da Adriane.
- Que pessoal mais estranho esses da família do Reinaldo hein?
- Também acho!
- Bom, preciso desligar, amanhã com certeza, descobriremos alguma coisa.
- Tomara!
- Tchau!
- Tchau Ingrid!
Fernanda entra em casa, senta-se no sofá e nota que sobre a mesinha, estão revistas antigas, pois a empregada estava limpando uma enorme estante “abarrotada” de livros e revistas. Ela pega uma revista e começa a folheá-la, percebe que é uma revista bem antiga, isso faz com que aumente sua curiosidade. Em uma das notícias, está seu nome e várias fotos com ela segurando um bebê. Fernanda está lendo distraída, quando Reinaldo entra na sala secando os cabelos com uma toalha.
- Boa tarde mãe, alguma reportagem nova a respeito da senhora?
- Não nada! Essas revistas são antigas, só estava relendo.
- Posso dar uma olhada? – Pergunta Reinaldo sentando-se ao lado da mãe.
- Para quê? Já te disse que são antigas. - Fernanda demonstra contrariedade.
- Mesmo assim, quero ver! – Reinaldo puxa a revista da mão de sua mãe.
- Não há nada de interessante nesta revista.
- Olha só como a senhora estava novinha e muito gata nesta foto! – Ele mostra, apontando com o dedo, uma das fotos.
- Eu ainda sou muito nova!
- É, mas aqui a Sra. está mais... - O rapaz faz uma pausa e aproxima a revista do rosto para enxergar melhor. - Quem é esse bebê, espere... criança adotada? É a Adriane mãe?
- Acho que sim, mas não quero falar sobre isso! - Diz Fernanda se levantando do sofá.
- Por que a Sra. nunca me deu o endereço do colégio interno em que ela está estudando?
- Agora não Reinaldo, depois conversamos. - Ela dá as costas para o filho e sobe as escadas em direção ao seu quarto.
Reinaldo continuou olhando a revista, depois a jogou em cima da mesinha, encostou sua cabeça no sofá, e olhando para o teto se lembrou da sua irmã.
Ele gostava de Adriane, pois ela sempre fazia suas vontades o mimando sempre, sentiu uma ponta de remorso por deixá-la levar a culpa por uma coisa que ela não havia feito. Depois de alguns minutos, ele balança a cabeça para espantar aqueles pensamentos, se levanta e volta para a piscina.
Na manhã seguinte, Reinaldo vai ao colégio mais arrumado que de costume. Ele fica parado em frente ao portão na hora da entrada e logo avista Ingrid vindo em sua direção.
- Olá Ingrid, tudo bem?
- Oi Reinaldo, estou bem e você?
- Melhor agora! – Ele a segura pelo braço e a beija na face novamente.
- Bom, preciso entrar! – Ingrid fica sem graça.
Ela anda apressadamente e encontra Rosana sentada no banco do pátio da escola, folheando uma revista.
- Rosana que bom que te encontrei!
- O que foi Ingrid, descobriu alguma coisa? – Pergunta a amiga, guardando a revista na mochila.
- O Reinaldo me parou lá no portão quando eu estava entrando. - Ingrid se senta ao lado da jovem.
- Para quê?
- Para me cumprimentar, ele que manter uma amizade.
- Amizade só?
- Não sei, o importante é que poderei conversar com ele na hora do intervalo e “puxar” assunto sobre sua irmã.
- Será que hoje descobriremos alguma coisa?
- Acho que sim!
O sinal toca e todos os alunos vão para suas respectivas salas.
- Vamos Rosana, se descobrirmos alguma coisa ou não, isso só saberemos na hora do intervalo.
- E hoje sairemos mais cedo por causa da reunião de pais, você poderia ir lá em casa para conversarmos sobre o que faremos caso você descubra o paradeiro de Adriane.
- Pode ser, mas agora vamos para aula.
As duas entram na sala de aula, mas não conseguem prestar a atenção na matéria e ficam olhando para o relógio de pulso de minuto em minuto. Na hora do intervalo, Ingrid e Rosana saem da sala eufóricas.
- Bom Rosana, agora eu só preciso encontrar o Reinaldo “por acaso” para ver se descobrimos algo.
- Então vai procura-lo logo, não podemos perder nem um minuto do intervalo.
- Está bem, me deseje sorte!
- Boa Sorte!
- Obrigada!
As duas se separam e não demora muito para que Reinaldo a veja e vai.
- Que bom que te encontrei Ingrid.
- E posso saber o porquê foi bom me encontrar?
- Quero conversar com você.
- Ótimo, então vamos nos sentar naquele banco ali. – A garota aponta com o dedo para um banco que estava próximo a cantina.
Após se sentarem, os dois conversam assuntos rotineiros, após alguns minutos, Ingrid sente que é momento para entrar no assunto que realmente lhe interessava.
- Você é muito legal, quem te vê circulando pelo colégio com esse nariz empinando, não diz que você tem assuntos tão interessantes para conversar.
- É como diz aquele ditado: ”Quem vê cara, não vê coração”. - Fala Reinaldo sorrindo.
- Além de tudo é bem-humorado!
- Não sou tudo isso, só sou assim quando a companhia me interessa.
Ingrid fica sem graça, ela estava tentando manter uma conversa amigável, mas não gostava de entrar nesses assuntos de namoro ou sentimentos.
- Não seja modesto, na sua casa só você é assim, ou tem mais alguém tão simpático como você?
- Assim como eu?
- É, como você.
- Acho que não, sou só eu mesmo.
- Eu sei que você tem uma irmã, ela estudava aqui, não estudava?
- Sim...- Reinaldo responde em um tom mais sério.
- Onde ela está estudando agora? Nunca mais a vi.
- Em um colégio interno.
- Sei, esse colégio deve ser muito bom, mas por que ela quis sair daqui?
- Não foi bem ela que quis sair, aconteceram alguns problemas que a fizeram sair, mas eu não gostaria de perder minutos preciosos do intervalo, falando dela.
- Desculpe a minha curiosidade...
- Tudo bem..., mas agora podemos falar de nós?
- Claro!
Quando Reinaldo ia começar a falar de suas verdadeiras intenções, o sinal toca.
- Não acredito! Agora que a conversa iria ficar boa, acaba o intervalo.
- Fazer o que, vamos?
Ingrid ia se levantar, mas Reinaldo a segura pelo braço, e dá lhe um selinho.
- Espere Reinaldo, por que fez isso? - Pergunta ela empurrando o rapaz.
- Porque eu quis, você me atrai.
- É melhor eu ir...Tchau Reinaldo.
- Até amanhã.
Ingrid se levanta e vai à procura de Rosana, que a esperava ansiosamente, abraçada a seus materiais, na porta da sala de aula.
- Ainda bem que sairemos cedo hoje, preciso realmente passar na sua casa, tenho muitas coisas para te contar.
- Não me deixe esperar tanto para começar a contar, me diga logo o que descobriu?
- Não muita coisa, só sei que Adriane foi estudar em um colégio interno, mas não descobri em qual.
- Mas já é um começo!
- O problema é que não sei se vou querer continuar com essa investigação...
- Por que?
- O Reinaldo me pegou de surpresa e me deu um beijo.
- Ele te beijou?
- Sim, por isso não sei se seria uma boa ideia continuar com isso, de uma coisa eu tenho certeza que descobri com essa investigação.
- O quê?
- Que o Reinaldo não quer só minha amizade...
- E você, o que achou da atitude dele?
- Não sei, eu fiquei um pouco assustada, mas vamos embora, a reunião vai começar.
As duas saem do colégio e Ingrid vai para a casa da amiga.

Capítulo 3
Adriane estava fazendo o almoço, quando o telefone toca, ela corre até a sala para tentar atender.
- Alô!
- Adriane minha filha, como estão as coisas?
- Tia Paula, que saudades!
- Quero saber se tem dinheiro suficiente com você para poder se manter pelo menos por mais um mês?
- Por que a Sra. está me perguntando isso, a senhora não vai voltar essa semana?
- Não posso Adriane, meu filho continua muito doente e estou fazendo alguns “bicos” como babá ou mesmo em casas de família, como doméstica, para manter a casa aqui.
- Mas e seu ex marido, ele não havia lhe enviado uma carta contando que estava tudo bem com o Junior?
- Era tudo mentira, o José gastava tudo que ganhava com jogos e deixou as coisas chegaram a esse ponto.
- Traga o Junior para morar aqui com a gente.
- Eu bem que gostaria, pois, meu maior erro foi deixar que o José, o levasse para viver longe de mim, mas não posso submetê-lo a uma viajem neste momento, primeiro ele precisa melhorar da pneumonia.
- Está bem tia, cuide bem dele e não se preocupe comigo, tenho o suficiente.
- Está bem. E sua mãe, teve alguma notícia dela?
- Não, deixe-a viver sua vida e eu a minha, será melhor assim.
- Preciso desligar agora, mas se cuide e fique com Deus.
- A senhora também, te amo muito tia!
- Eu também, tchau!
- Tchau!
Adriane deliga o telefone e volta para a cozinha para terminar de preparar o almoço, pensativa, não havia dito a verdade sobre ainda ter dinheiro suficiente para se manter, o dinheiro estava acabando, mas ela não quis preocupar ainda mais sua tia. Após almoçar e lavar a louça, a jovem pega sua mochila e sai. No caminho encontra-se com Matheus.
- Olá Adriane, passeando?
- Oi Matheus, vou ao mercado.
- Posso acompanhá-la?
- Claro, pensei que não estivesse mais morando por aqui, você disse que é como cigano.
- É, eu disse, mas estou em uma espécie de férias por aqui.
- Que bom que ainda está por aqui, você é o primeiro amigo que fiz aqui no bairro, ou melhor na cidade.
- Fico lisonjeado por saber isso.
Os dois seguem conversando e chegam a um pequeno mercado.
- Não vai entrar?
- Depois, vou ficar aqui fora para poder fumar um cigarro.
- Está bem, vou entrar e fazer minhas compras.
Adriane entra e compra o básico, enquanto procura algumas mercadorias, é atendida por um jovem rapaz.
- Posso ajudá-la?
- Procuro por ervilhas, você tem?
- Claro, estão bem aqui. – Ele pega um pacote na prateleira de baixo.
- Obrigada, não havia visto.
- Por nada, precisando, é só chamar.
Adriane vai até o caixa, mas não tem ninguém para atende-la, nota que só existe aquele rapaz como funcionário do mercado.
- Desculpe, não percebi que você já tinha acabado de fazer suas compras.- Diz o rapaz dirigindo-se ao caixa.
- Só tem você trabalhando aqui? - Pergunta ela admirada.
- Por incrível que pareça, só.
- Que estranho.
- Estou realmente, precisando contratar alguém.
- Posso me candidatar?
- Pode, por que não?
- Que bom, estou precisando trabalhar, o que devo fazer?
-Você pode fazer um teste, quer começar hoje?
- Claro!
- Que bom, então fique no caixa, você tem alguma experiência?
- Não... - Responde um pouco desanimada.
- Não tem problema, se quiser já pode começar.
- Obrigada! Só vou até minha casa levar minhas compras.
- Está bem, a propósito, me chamo Gabriel.
- Você tem o nome certo, você apareceu como um anjo neste momento em minha vida.
- Verdade? – Diz ele sorridente - Que bom!
- Meu nome é Adriane.
Neste momento Matheus entra no mercado.
- Já terminou suas compras?
- Fiz as compras e ainda por cima, consegui um teste para trabalhar aqui.- Diz ela sorridente.
- Fico feliz por você e preciso te dizer também que você fica linda sorrindo, deveria sorrir mais vezes.
Ela ruborizou-se, pegou as compras e saiu para leva-las para casa. Matheus a acompanhou levando uma das sacolas.
-Você ficou quieta quase o caminho todo Adriane, o que foi?
- Nada.
- Eu fiz ou disse alguma coisa errada.
- Claro que não, é que eu estava pensativa, não é nada com você.
- Ainda bem, fiquei preocupado.
- Não tem por que se preocupar. Bom, chegamos.
Ela abre a porta e os dois entram e colocam as sacolas sobre a mesa.
- Muito obrigada Matheus.
- Por nada, mas ficarei muito feliz se você me convidar para jantar com você, afinal, moro sozinho e gosto muito da sua companhia.
- Se quiser pode vir. Mas agora terei que voltar ao mercado, para fazer o teste.
- Claro, boa sorte! - Matheus segura as mãos de Adriane e as beija.
- Obrigada, preciso ir... - Ela puxa suas mãos, pois não está acostumada com este tipo de tratamento.
Adriane chega ao mercado e se mostra tímida, esperando que Gabriel venha até ela.
- Já está de volta?
- Não moro muito longe daqui.
- Podemos começar?
- Claro!
Gabriel passa as informações para a moça e o dia transcorre normalmente. No final da tarde o rapaz vai até ela.
- Fim do expediente! Já vou te adiantando que você se saiu muito bem, melhor até do que o esperado.
- Obrigada! Fiquei um pouco nervosa no começo, mas depois relaxei.
- Está contratada!
- Muito obrigada! - Por um impulso, Adriane abraça Gabriel, ao perceber que exagerou um pouco no entusiasmo, se afasta dele e abaixa a cabeça.
- O que foi? Ficou triste de repente.
- Desculpe meu entusiasmo, é que eu estava realmente precisando desse emprego.
- Não tem porque se desculpar, você só demonstrou ser uma pessoa carinhosa, coisa rara hoje em dia.
- Posso te perguntar uma coisa?
- Claro Adriane, pode perguntar o que quiser.
- Esse mercado é seu, você é o dono?
- Na verdade é do meu pai, mas ele viajou para resolver alguns negócios e me deixou tomando conta, mas eu não tenho muita experiência neste tipo de negócio.
- Você pode não ter experiência, mas tem o fundamental para vencer na vida, que é a força de vontade.
- Obrigado, preciso saber sua idade, porque se você for menor, sua mãe terá que vir conversar comigo.
- Vou fazer dezoito anos semana que vem, mas moro com a minha tia que está viajando no momento.
- Então quer dizer que você está morando sozinha?
- É, por enquanto.
- Cuidado hein garota, pode ser perigoso para uma garota tão jovem morar sozinha.
- Eu sei, estou me cuidando.
- Você vai embora sozinha ou seu namorado irá vir lhe buscar?
- Namorado?
- É, aquele cara que veio com você hoje.
- Ah... o Matheus, ele não é meu namorado, é meu amigo.
- Se ele é só eu amigo, então você irá embora sozinha?
- Não se preocupe, já disse que não moro muito longe daqui.
- Sendo assim, fico mais tranquilo.
- Preciso ir, até amanhã.
- Até amanhã.
Adriane sai do mercado deixando o rapaz pensativo.
- Que garota linda e carinhosa, espero que nos tornemos ótimos amigos, pois gostei realmente dela.
Gabriel termina os últimos detalhes antes de fechar o mercado, no caminho para casa, não conseguia tirar da cabeça aqueles olhos azuis que com o contraste com os cabelos negos ficavam ainda mais chamativos.
Quando Adriane chega em casa, encontra Matheus que a estava esperando, na porta com um prato de sobremesa em uma das mãos e na outra, uma garrafa de vinho.
- Matheus! O que está fazendo parado aí?
- Se esqueceu do nosso jantar? Eu trouxe a sobremesa.
- Para falar a verdade eu tinha esquecido, mas se você tiver paciência para esperar, eu prepararei o jantar.
- Claro, e se quiser eu posso lhe ajudar.
Ela maneou a cabeça negativamente sorrindo.
- Só você mesmo Matheus, mais então, vamos preparar nosso jantar.
Os dois entram e começam a cozinhar, Matheus demonstra que sabe fazer alguns pratos e logo terminam.
- Você é um ótimo cozinheiro, agora sente-se que vou lhe servir.
- Obrigado, modéstia parte, cozinho bem.- Diz ele sentando-se à mesa.
Após servir o rapaz e se servir, Adriane também se senta e os dois seguem conversando animadamente, enquanto, degustam o jantar que haviam feito.
- Será que você poderia me contar, por que mora sozinha sendo assim tão nova?
- Não gosto muito de falar nesse assunto, porém você está sendo muito legal comigo. Bom, eu morava com minha tia, mas ela precisou ir viajar e me deixou sozinha momentaneamente.
- Mas você é muito menina, como pode ser tão responsável?
- Não sou tão menina como você diz, vou fazer dezoito anos na semana que vem.
- Nossa! Me desculpe senhora, você é uma idosa.- Matheus começa a rir.
- Não vejo graça. – Adriane se esforça para não rir também.
- Estou brincando, mas poderíamos fazer uma festinha para comemorar, o que você acha?
- Festinha? E quem eu vou convidar se eu não conheço quase ninguém.
- É verdade, a propósito trouxe esse vinho para comemorar nossa amizade.
- Vinho? Não sou acostumada com bebidas alcóolicas.
- É só um pouquinho. - Diz o mesmo enquanto abre a garrafa.
- Vou beber só para você não dizer que sou criança, e você quantos anos tem?
- Faço vinte e cinco este ano, perto de você, sou um idoso.
- Não exagera!
Os dois continuaram com a conversa, Adriane que já havia tomado uns dois copos de vinho, começa a se sentir um pouco tonta, quando diz:
- É melhor eu ir dormir, preciso acordar cedo amanhã, além disso esse vinho me deixou um pouco tonta.
- É porque você não está acostumada a beber, tome um banho que você melhora.
- É o que vou fazer... me desculpe, mas vou ter que pedir que vá embora.
- Tudo bem, eu já ia mesmo me retirar.
- Obrigada por tudo e me deixa acompanha-lo até a porta. - Adriane tenta se levantar da cadeira, mas quase cai sentada novamente.
- Não precisa, é melhor você ir tomar um banho para ver se passa logo essa tontura.
Matheus a ajuda a se levantar da cadeira e dá um beijo carinhoso em sua testa, ela retribuiu o carinho fazendo o mesmo com o rapaz.
- Não gosto da ideia de te deixar sozinha neste estado, e se você tropeçar e cair? Se você se machucar, me sentirei culpado pois, fui eu quem trouxe o vinho.
- Já estou melhor, é sério, além disso, você não pode passar a noite toda aqui, lembre-se sou só uma garotinha.
Os dois começam a rir com o tal comentário feito pela jovem.
- Sendo assim, eu vou, mas só depois de te colocar na cama e te ver dormindo.
- Está bem, vou tomar um banho, depois vou me deitar e você vai para a sua casa, combinado?
- Combinado!
Adriane vai até o banheiro se segurando nas paredes, Matheus permanece na cozinha, esperando que ela termine o banho. Após alguns minutos a moça sai vestida em um roupão com o cabelo molhado.
- Até quem enfim, agora vou acompanhá-la até seu quarto para espera-la dormir.
- Pelo jeito você não vai esperar muito, pois estou morrendo de sono.
Matheus acompanha Adriane até o quarto, ela se deita e ele a cobre com o cobertor. Após alguns minutos ela já está em um sono profundo, o rapaz fica em pé ao lado da cama contemplando sua beleza. Depois ele cumpre com o prometido, e vai embora, mas antes, se aproxima devagar da jovem que dormia tranquilamente e a beija nos lábios, Adriane que dormia naquele momento, apenas se mexe na cama sem perceber o que havia se passado.
No caminho para casa, Matheus fica pensando:
- Não sei onde estou com a cabeça, que não demonstro meus sentimentos e não beijo e abraço aquela garota.... Sinceramente, não sei como consegui aguentar ficar tanto tempo a vendo dormir e não tentar fazer nada.
Passado uma semana que Adriane trabalha no mercado, ela já havia se tornado muito amiga de Gabriel. Apesar de ver Matheus praticamente todos os dias, ele estava espaçando suas visitas à casa de Adriane.
- Amanhã é seu aniversário Adriane, o que pensa em fazer para comemorá-lo? – Pergunta Gabriel.
- Não farei nada de especial, só tenho você e o Matheus como amigos, além disso, não estou com muito ânimo, estou com saudades de minha tia.
- Ela não te ligou mais?
- Pior que não, estou ficando preocupada.
- Não fique preocupada, vai ver ela não teve tempo.
- Estou com medo que ela não volte mais...- Diz a garota com os olhos marejados.
- Por que diz isso?
- Estou com medo, não quero ser abandonada pela terceira vez. - Ela leva as mãos ao rosto e começa a chorar copiosamente.
- Não fique assim Adriane, tenho certeza de que ela não faria isso, em seu juízo perfeito, abandonaria uma menina linda igual a você!
Gabriel a abraça, ela continua chorando com a cabeça encostada no peito do amigo. Ao seu comentário, ela não responde, porém, sabe que já havia sido abandonada duas vezes na vida, por sua mãe biológica e por sua mãe adotiva.
Matheus entra no mercado e presencia a cena.
- O que está acontecendo aqui?
- A Adriane está um pouco triste.
- O que aconteceu Adriane? – Matheus se aproxima da garota.
- Não é nada, não se preocupem, mas obrigada de qualquer forma, vocês são uns amores. - Responde ela se afastando de Gabriel e enxugando as lágrimas.
- Mas ninguém chora sem motivo, o que foi?
- Só estou com muita saudade da minha tia.
- Se quiser, lhe dou o dia e poderá ir para casa.
- Não Gabriel, obrigada, mas pelo menos trabalhando, eu ocupo minha mente. Agora se me dão licença, vou até o banheiro lavar meu rosto.
Adriane que estava com os olhos e o nariz vermelhos, sai em direção ao banheiro deixando os dois amigos a sós.
- Não se aproveite da carência da Adriane para ficar abraçando ela. - Diz Matheus em um tom sério.
- Não diga besteiras, ela está triste, e está precisando do apoio de amigos.
- Espero que seja isso mesmo.
- Não seja infantil, e por falar em apoio de amigos, eu estive pensando, poderíamos fazer um bolo e organizar uma festinha surpresa para ela amanhã, o que você acha?
- É uma ótima ideia, faremos isso então.
- Pronto, já estou melhor, vamos trabalhar? - Diz Adriane se aproximando do dois.
- E eu já vou indo, só passei aqui para saber como você estava, agora que sei que está melhor, já vou, tchau!
- Tchau Matheus e obrigada pela visita.
Após Mateus sair do mercado, Gabriel volta ao assunto com Adriane.
- Que bom que melhorou.
- Obrigada pela sua preocupação.
- Mas uma coisa está me intrigando Adriane.
- O quê?
- Por que você disse que está com medo de ser abandonada pela terceira vez, por acaso você já foi abandonada alguma vez?
Adriane ficou sem palavras, não deveria ter dito aquilo, por ter falado sem pensar, agora fora pega de surpresa e não sabia o que responder.
- Se não puder ou quiser me falar tudo bem, eu entenderei.
- É que esse assunto ainda me machuca um pouco, sei que posso confiar em você, mas ainda não estou preparada para falar sobre isso, me desculpe.
- Não se desculpe, quando você sentir que está preparada para me contar, estarei esperando e garanto lhe ouvir com atenção e dar todo apoio.
- Sei disso.
A conversa entre os dois foi interrompida por três clientes que entraram no mercado.

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❤️☺️ Trecho final de "Biblioteca de almas" (Ransom Riggs).
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