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🍏 Inteligencia emocional en la empresa 🗣 Testimonio Marco.

Empecé a descubrir pautas y herramientas 🛠 que me han ayudado bastante sobre todo para saber empatizar con la gente 👥, conocerme a mi mismo 😀 e intentar trasmitir estas herramientas a los demás.

Ahora tengo un contacto más directo con las personas de mi equipo 🤝, le escucho 👂 mejor que antes ya que pensaba que yo siempre tenía la razón. Las evaluaciones 📝 y feedback que hago son diferentes, tengo en cuenta las opiniones de los demás y llegamos juntos 🤗 a un punto en común.

¿Te gustaría recibir ✅ una formación así en tu empresa? 😊 Me encantaría ayudarte 👐 con esto, deseando leer tus respuestas en comentarios. 👇

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Desconfiad siempre de vuestro primer movimiento, es siempre generoso... la prueba más fuerte de carácter consiste en no dejarse arruinar por la seducción del bien. El bien como lujo, como refinamiento, como vicio. Es mejor ser engañado que desconfiar, al menos entre amigos. Los amigos son para las maduras, para las duras son un problema, pudiera uno darse cuenta que no son tan amigos como se pensaba.
Hay en no cuestionarse la bondad de la confianza una voluntad que es tan irracional que duele. Supongo que será porque no nos gusta vivir en un orden de cosas coactivo. La persona singular no tiene ningún motivo racional para no desconfiar de la fidelidad a las reglas por parte de los demás. Y ello hace necesaria la coacción... la razón exige de nosotros que necesariamente vivamos en un orden coactivo.
Una tiranía se mantiene por tres procedimientos, afirmaba en sus tiempos Aristóteles: envileciendo el alma de sus súbditos, sembrando la desconfianza entre ellos y privándoles de cualquier capacidad de actuar. Eso lleva a pasar de la política. La desconfianza por el escenario y la puesta en escena políticos, todo ese “teatro” del que no se conocen bien las reglas y ante el cual el gusto ordinario se siente desarmado, se encuentra con frecuencia en la base del apoliticismo y de la falta de confianza generalizada con respecto a cualquier especie de palabra y de portavoz. Y a menudo no queda otra solución, para escapar de la ambivalencia o de la indeterminación ante el discurso, que la de fiarse de lo que se sabe apreciar, el cuerpo antes que las palabras, la sustancia antes que la forma, la “buena cara” antes que las “bellas palabras”.
Desconfío de la autoridad. De la autoridad política, cultural, sanitaria, legal… y sobre todo de la autoridad de la costumbre. Pero me lo digo en voz baja. No vaya a ser que intenten curarme de eso. Sin embargo tengo una gran confianza en las personas, me envanezco a su respecto de mi vulnerabilidad. Nietzsche dijo que los últimos hombres considerarían una locura desconfiar del prójimo y que acudirían voluntariamente al manicomio si la padeciesen ¡Piénsese en el uso que hoy se hace de la palabra paranoide! El conflicto, la condición de creatividad para él es para nosotros una petición de terapia.
¿Que quieres para comer le pregunta su madre a mi hijo? Comida. Confía en nosotros. Sabe mucho. Tal vez también nosotros lleguemos a vivir nuestras elecciones de omnívoros pensantes de otro modo que el de la angustia y la obsesión. Tal vez lleguemos a desarrollar con nuestro cuerpo, nuestros sentidos, nuestros alimentos, una relación diferente de la ansiedad y la desconfianza. Por ello probablemente, nos hará falta aprender a ponernos a la escucha de nuestros sentidos para redescubrir a la vez nuestros alimentos y nuestro cuerpo. Es significativo, quizá, que "saber" derive etimológicamente de "sabor": si saborear es saber, resulta urgente entonces aumentar nuestras competencias en este dominio. Así descubriremos a la vez lo que comemos y lo que somos.
Puestos a desconfiar mejor desconfiar de uno mismo, de las palabras, o al menos de la gramática. La desconfianza hacia la gramática es el primer requisito para filosofar. La fijeza de los términos del lenguaje esconde el espíritu de la pesadez. Puestos a filosofar mejor confiar en pájaros como Epicuro o Spinoza: Epicuro llegó a una sabia conclusión: en la tempestad del tiempo existe el puerto profundo de la memoria... pero el olvido es un puerto aun más profundo. Entendiendo la felicidad del poder recordar cuando quisiera como la otra cara de la salud del poder olvidar lo que quisiera.
La prudencia es esta paradójica memoria del futuro, o, por decirlo de otra forma (ya que la memoria como tal no es una virtud) esta paradójica y necesaria fidelidad al futuro. Caute, decía Spinoza, vigila. Ése era el lema de su anillo. Se puso durante toda su vida una camisa en la que el agujero causado por una puñalada no se cosió jamás.

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