En nuestra cultura es frecuente encontrar personas o grupos en los que se acepta vivir haciendo que el sistema sea más importante que los hechos. Los que así viven se nutren de frases hechas, de lugares comunes y, alejados de la voluntad y costumbre de reflexionar, aceptan sus opiniones como única referencia y sobre ellas discuten unos y otros tratando de imponerlas.
Cuando, agrupados, descansan a la sombra de un líder, cuyo mérito principal es haber llegado a serlo, lo idealizan y se erigen en sus defensores sin sombra de duda; buscan su aceptación y esperan sus indicaciones como garantía de la bondad del rumbo que indica lo adecuado de la opinión del colectivo.
Mientras tanto, la vida del Planeta continúa dando señales de lo inadecuado de vivir sin comprensión; de lo necesario que es comprender para actuar adecuadamente, de saber a qué conjunto de relaciones interdependientes pertenecemos y del que somos consecuencia.
Sin embargo, cegados por el narcisismo e incapacitados momentáneamente para comprender, víctimas de la opinión compulsivamente aceptada, suponemos que nuestros deseos serán satisfechos en un futuro que alcanzaremos cuando violentamente nuestra opinión se imponga a cualquier otra, cuando, privando de la libertad a todos los que distorsionen nuestro mandato, podamos hacer realidad la estúpida simplificación a la que hemos reducida la maravillosa complejidad que ha aparecido en la evolución de los últimos cuatro mil millones de años, sin saber que, eso, es imposible.

He leído el artículo "En el cerebro del meditador" que nos propuso Juan Pedro y me parece que es un acierto por su parte. El artículo puede estimular a los científicos y hacer que muchas personas reflexionen en torno a su propia forma de vivir y a la consideración que tienen de sí mismos, lo que consideran ser.
Las descripciones de las tres formas de meditación que se muestran también se pueden entender y experimentar como pasos en el proceso de la meditación buddhista mahayana. Proceso que, de manera consciente, se puede vivir como un entregarse sin reservas al proceso evolutivo; esto, indudablemente, requiere una explicación y profundizar en el sentido que cada uno tiene, o como cultura tenemos, de lo que es la existencia y desde qué postura la contemplamos, egocéntrica, etnocéntrica, geocéntrica, etc.
Creo que la meditación, tal y como se apunta en "En el cerebro del meditador", siempre que no la convirtamos en una simple herramienta, es una clara manifestación de la evolución de la inteligencia, de la conciencia consciente, que se puede convertir en un paso dado conscientemente en un camino tan largo e incierto como la propia vida.
Llevo muchos años pensando, sintiendo, o, tal vez, simultáneamente las dos cosas, que lo próximo que nos caracterice como humanos es el hecho de meditar; el homo sapiens daría paso al homo meditator.

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A propósito del artículo sobre la mente que nos propuso Juan Pedro, muy interesante y revelador, por cierto, se me ocurre que puede ser de interés el libro cuya foto incluyo. Saludos para todos.
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ARTICULO DE I Y C SOBRE LA MENTE

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