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El de Sanjuana Martínez es un grito penoso, que hiere el alma de quien se asuma como ciudadano(a) consciente de la civilización globalizada, y se identifique con los preciados valores de la democracia... Pero, irónicamente, el trajín de la vida en México evidencia que a las masas acríticas, por analfabetas, no les preocupa gran cosa el infierno de la corrupción que mueve a la tragedia de la decadencia y desintegración nacional, en tanto no sean afectados directamente, aunque si lo son, "ya estaba de Dios".

Entonces, cuando la periodista mexicana clama: "Nosotros nos jugamos la vida, ¿qué más quieren?", corre el riesgo de que las multitudes respondan (si llegasen a responder) que no quieren nada más, que nadie pidió a los periodistas que mostraran la podredumbre del establishment; que en realidad las mayorías no quieren cambiar, y sólo la clase media ilustrada en vías de extinción en México, presupone (presuponemos) que no hay nada mejor que vivir en la libertad democrática.

El artículo de Sanjuana me conmueve profundamente porque en mi papel de abogada del diablo, para lograr un análisis puntual del momento histórico de un México que se desdibuja en el laissez faire de la corrupción social, visualizo a los periodistas muertos como los soldados caídos de una guerra entre poderes, y me queda claro que un periodista debe defender a ultranza su rol en el sistema democrático, y hacer valer el poder de su palabra, de sus investigaciones, de sus críticas, en su diálogo perenne con los poderosos. Sin embargo, ¿qué podemos pedir de una masa indiferente a causa de la anencefalia sociopolítica?

La muerte de tantos periodistas no será en vano si dentro del mismo gremio se da el replanteamiento de ¿por qué y cómo salva el ciudadano común la vida, al estar informado?

Las masas son abstencionistas, no votan si no es porque los partidos políticos les regalan algo para pasar el día, o la semana; y he oído tantas veces a ciudadanos que, después de comentar a otros, en las largas filas de espera, la retahíla de delitos y vejaciones que viven por causa de la corrupción, y concluyen: "Ya no leo (veo, escucho) noticias para no amargarme la vida".

Tal vez el tipo de periodismo que se hace en México no es lo que necesita la democracia, entendida como diálogo entre poderes, y no como salvación del pueblo.

Y dejo mi reflexión abierta y sobre la mesa de discusión porque no puedo entender que Javier Valdez, periodista acucioso y valiente, sabiendo que lo matarían, muriese arrodillado.

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"Después de aquel discurso, en 1994, que en cierto modo costó la vida a Luis Donaldo Colosio, fallido candidato priísta a la presidencia de la república, no se ha vuelto a elaborar un trabajo comunicológico que permita reconstruir el imaginario colectivo que evitaría la desagregación sociocultural del pueblo mexicano."

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Ante la UNESCO, fundador de diario "Norte" de Ciudad Juárez habló sobre asesinatos de #periodistas en #México.

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Partidos de Derecha en México buscan eliminar derechos de audiencias en televisoras cuando el público de medios de comunicación está fugándose rápidamente a Internet y los medios interactivos... Las víctimas de esa legislación serían las poblaciones urbanas marginales, rurales e indígenas donde no hay acceso masivo a nuevas tecnologías.

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En México (...) "el aumento de los crímenes contra periodistas [mayoritariamente mujeres incorruptibles, enfatizo yo] forma parte del control a cielo abierto que realiza el sistema, para lo cual se vale tanto de los aparatos armados del Estado como del narco. El modo de operar ha cambiado de forma radical en el pasado medio siglo." ~ Raúl Zibechi.

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El gobernador Javier Corral se presentó como amigo personal de la familia de Miroslava y prometió llevar a los asesinos a la cárcel; pero ella es irremplazable, como todos los que murieron por hacer bien su trabajo: investigaciones periodísticas que ponen rostro, nombre y apellido a la corrupción en México. Ésta es una crónica muy conmovedora.
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