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Carlo Cantu
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Comunicador de profesión, fanático de la literatura y el cine.
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Un cuento sobre lo que festejamos este día. Lo escribí hace precisamente un año. Espero les guste

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La gran desazón 

La joven despertó apenas sintió la caricia de mi mirada. No había temor en sus ojos, sólo curiosidad. ¿Quién es ese atractivo hombre flotando afuera de mi ventana?, la escuché preguntarse. Sólo soy un hermoso sueño, mentí. Un obsequio que puedes llevarte contigo cuando despiertes. Su sonrisa fue tan era hermosa como su virtud. Pude sentir el calor de su corazón en mi helada piel y el aroma de su deseo abrió mi apetito. 
Levanté mi mano y con la sombra proyectada por la luz de la luna desnudé su pecho. La humedad fue instantánea; no fue necesario pedir permiso, ella misma suplicó que entrara. Las puertas del balcón se abrieron y penetré en la estancia.  

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La gran desazón 

La joven despertó apenas sintió la caricia de mi mirada. No había temor en sus ojos, sólo curiosidad. ¿Quién es ese atractivo hombre flotando afuera de mi ventana?, la escuché preguntarse. Sólo soy un hermoso sueño, mentí. Un obsequio que puedes llevarte contigo cuando despiertes. Su sonrisa fue tan era hermosa como su virtud. Pude sentir el calor de su corazón en mi helada piel y el aroma de su deseo abrió mi apetito. 
Levanté mi mano y con la sombra proyectada por la luz de la luna desnudé su pecho. La humedad fue instantánea; no fue necesario pedir permiso, ella misma suplicó que entrara. Las puertas del balcón se abrieron y penetré en la estancia.  

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La gran desazón 

La joven despertó apenas sintió la caricia de mi mirada. No había temor en sus ojos, sólo curiosidad. ¿Quién es ese atractivo hombre flotando afuera de mi ventana?, la escuché preguntarse. Sólo soy un hermoso sueño, mentí. Un obsequio que puedes llevarte contigo cuando despiertes. Su sonrisa fue tan era hermosa como su virtud. Pude sentir el calor de su corazón en mi helada piel y el aroma de su deseo abrió mi apetito. 
Levanté mi mano y con la sombra proyectada por la luz de la luna desnudé su pecho. La humedad fue instantánea; no fue necesario pedir permiso, ella misma suplicó que entrara. Las puertas del balcón se abrieron y penetré en la estancia.  
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