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El presente es un fragmento del Libro "Contratos Civiles" del Profesor Cesar Gómez Estrada, publicado para los estudiantes de mi cátedra de Contratos Civiles, con fines exclusivamente académicos.
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CONCEPTO DE CONTRATO

El contrato es una especie de negocio jurídico.

El negocio jurídico es la manifestación de voluntad dirigida a producir efectos jurídicos, pero el contrato como una de sus modalidades se define como el acto por el cual una parte se obliga para con otra a dar, hacer o no hacer una cosa. Cada parte puede estar compuesta por una o varias personas.

Debemos aclarar que en el art. 1495 del C.C., que define el contrato, se lo toma como sinónimo de la convención.

Ello, se explica porque esa definición toma como referente al doctrinante POTHIER, para quien el contrato es una convención por la cual dos partes o una de ellas prometen y se obligan con la otra a darle o hacer una cosa.

Sin embargo, contrato y convención no son sinónimos. La convención es un pacto de dos o más personas a través del cual forman un compromiso o resuelven o modifican un compromiso existente. Así, la modalidad que genera el compromiso, es decir la que crea obligaciones, es la que se denomina contrato.

En consecuencia, todo contrato es convención, pero no toda convención es contrato. Ejemplo: la compraventa, el arrendamiento, la fianza son contratos, porque crean obligaciones. En cambio los actos dirigidos a cumplir, extinguir, modificar o transmitir las obligaciones, como el pago, las tradiciones, la entrega material de la cosa, la cesión de créditos, la resolución de contratos, entre otros, son convenciones.

Por otro lado, precisemos que la noción de contrato es equivalente a la de negocio jurídico obligatorio, pero que los negocios jurídicos dispositivos como la tradición de la propiedad, no son contratos, y que el término negocio jurídico se utiliza para designar las declaraciones de voluntad unilaterales y plurilaterales, es decir que ese concepto es más amplio que el de convención, que se limita a los negocios bilaterales o plurilaterales.

En conclusión, los contratos son los convenios en virtud de los cuales se crean obligaciones patrimoniales, pero no se extiende a los acuerdos que crean obligaciones extrapatrimoniales como el matrimonio.

Las partes involucradas en el contrato son acreedor y deudor. Se repite que cada una de esas partes puede estar conformada por una o varias personas.




















CLASIFICACIÓN DE LOS CONTRATOS

Los contratos se clasifican en:


1. Contratos bilaterales y unilaterales: el contrato bilateral o sinalagmático establece obligaciones para cada una de las partes, por ejemplo la compraventa, porque tanto el comprador como el vendedor tienen obligaciones. Igualmente son bilaterales el arrendamiento y la permuta.

El contrato es unilateral si solamente una de las partes se obliga, como en la donación y el mutuo.

2. Contratos gratuitos y onerosos: el contrato es gratuito o de beneficencia cuando solo genera utilidad para una de las partes, mientras que la otra soporta la carga. Es oneroso si ambas partes obtienen utilidad, soportando cargas cada uno en beneficio del otro. Así, el comodato es un contrato gratuito ya que solo el comodante soporta la carga, mientras que el comodatario recibe beneficios, porque usa la cosa a título gratuito. Por su lado, el arrendamiento es un contrato oneroso, porque ambas partes obtienen beneficios y cargas: el arrendatario paga un canon, a cambio del disfrute y uso del bien, los que deben ser soportados por el arrendador.

Jurídicamente se entiende que los contratos gratuitos se celebran en consideración a la persona, de manera que el error en la persona anula el contrato. Por su lado, los contratos onerosos no tienen en cuenta la personalidad de los contratantes, por lo cual un error en ese aspecto no genera la nulidad del contrato.

3. Contratos conmutativos y contratos aleatorios: El contrato es conmutativo cuando cada una de las partes asume prestaciones que son equivalentes, pero el contrato es aleatorio cuando la prestación depende de un evento incierto de ganancia o pérdida.

En consecuencia, en los contratos conmutativos la obligación de un parte se encuentra garantizada o respaldada por la prestación que desarrollará la otra. Ejemplo: en la venta de un carro, una parte entrega el vehículo y esa prestación está garantizada o es equivalente a la prestación que desarrollará la otra parte, es decir el pago del precio.

En los contratos aleatorios no existe esa equivalencia en las prestaciones, ya que el resultado depende del riesgo que se asume conscientemente de obtener una ganancia o una pérdida. Ejemplo de estos contratos: el juego, la apuesta y la renta vitalicia. En la renta vitalicia una persona se obliga a pagar a otra una pensión vitalicia a cambio de un precio. El monto total de la pensión depende de un acontecimiento futuro cierto, pero indeterminado, es decir la muerte del acreedor de la renta. El deudor de la renta obtendrá una considerable utilidad solamente si el acreedor muere pronto. En los contratos de juego y apuesta se arriesgan pequeñas sumas de dinero, con las que se espera obtener una ganancia.

También son aleatorios la compra de billetes de lotería o rifas y los contratos de seguro de vida.

4. Contratos solemnes, reales y consensuales: el contrato es consensual si se perfecciona con el solo consentimiento de las partes, pero si está sujeto a ciertas formalidades para que produzca efectos civiles es solemne. Por su lado, los contratos reales son los que para perfeccionarse exigen la entrega del bien.

Por lo general, los contratos de disposición de bienes muebles son consensuales. Sin embargo, los contratos de disposición de inmuebles sí exigen ciertas solemnidades, ya que requieren de escritura pública y el registro en instrumentos públicos. La promesa de compraventa requiere de un contrato privado, lo que es otro ejemplo de formalidad.

Los contratos de comodato, mutuo, depósito, prenda y anticresis exigen la entrega del bien, por lo cual son reales.

5. Contratos de libre discusión y de adhesión: los contratos de libre discusión implican que las partes acuerdan libremente o según su criterio las obligaciones que se contraerán, como ocurre en la compraventa, en la que los interesados establecen el precio, la entrega, plazos, en fin. En cambio, el contrato de adhesión elimina toda discusión sobre las obligaciones generadas. Son los empleados por grandes empresas y por los comerciantes para la venta de productos, por ejemplo, el contrato de transporte, el de suministro de energía, el de seguro, el de suministro de servicios de salud, entre otros.

En los contratos de adhesión no se puede hablar de vicios de la voluntad, porque quien lo celebra se ajusta por su propio querer a las cláusulas establecidas.

6. Contratos de ejecución instantánea y de ejecución sucesiva: los contratos que se cumplen automáticamente, como los contratos que implican una obligación de dar (compraventa, donación, permuta), son de ejecución instantánea. Pero existen otros contratos que se desarrollan por etapas o una serie escalonada de obligaciones, es decir los de ejecución sucesiva, como el arrendamiento, en el que se pagan cánones periódicos según el tiempo de arriendo. Igual ocurre con los contratos laborales y los de suministro de servicios públicos.

Los contratos de ejecución instantánea pueden resolverse, porque permiten volver las cosas al estado anterior al contrato, pero en los contratos de ejecución sucesiva no cabe la resolución, sino la terminación, ya que en el transcurso del tiempo se van cumpliendo ciertas obligaciones, pero cuando éstas se dejan de cumplir solamente cabe la posibilidad de culminar el acuerdo celebrado.

7. Contratos nominados e innominados: los contratos nominados tienen elementos esenciales típicos y están contemplados por el ordenamiento. Ejemplo: el contrato por el cual una persona se obliga a transmitir la propiedad a otro, a cambia de un precio, se denomina compraventa, es un contrato típico, o sea nominado. Asimismo, son nominados el arrendamiento, el comodato, el mutuo, entre otros. Estos contratos tienen elementos esenciales, sin los cuales no producen efectos o generan un contrato diferente; elementos de la naturaleza, que se entienden incorporados al contrato, aunque no se pacte nada al respecto; y, elementos accidentales, los cuales no son necesarios y si las partes quieren incorporarlos al contrato, deben pactarlos.

Sin embargo, si las partes celebran contratos que no se ajustan a los modelos previstos en el Código, son contratos innominados o atípicos. En ese caso, la voluntad de las partes es libre y está limitada solamente por el orden público, los derechos ajenos y las buenas costumbres. Ejemplo: contratos de educación, de crianza, propagan, difusión, entre otros.

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