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Luisa Ahumada
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Entro en el espacio entre tus piernas y tu cabeza como en un sillón de tres cuerpos.
Entro cómoda.
Ahí me quedo.
Me estiro.
Me retuerzo.
A veces te hago daño.
Me divierto.
Me duermo.
Disfruto cada estado.
Entro bien.
Me gusta tirarme sobre tu cuerpo.
Es como ese sillón donde cabe perfecto mi metro cincuenta y algo.
Y a vos te dejo también, meterte en mi.
Encajás bien. Se te respira satisfecho aunque no te faltan maniobras que me lastiman hasta el pecho.
Despliego mi cuerpo una vez más sobre este sillón en el que te convertís. Alargo cada músculo como estirando la arruga de un papel. Para que quede liso.
Para que quede limpio.
Como nuevo pero conocido.
Y coincido, feliz, cómoda
(a veces algo vaga y mala),
en este azar de caernos bien.
A vos te pasa lo mismo, lo sé.
Entro en el espacio entre tus piernas y tu cabeza como en un sillón de tres cuerpos.
Y eso me gusta.
Por eso me quedo.
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Rindo homenaje al maravilloso hombre que sos, al compañero que se queda al lado y que no solamente es tan valiente de no huir, sino que se escapa a la cobardía de dejar que me vaya en un acto irracional e impulsivo.

Rindo homenaje al ávido lector que sos, al experimentado analítico que de manera reflexiva y acertada sabe hacer las mejores lecturas sobre mí. Supiste, como crítico y lector, interpretar lo que he dicho y lo que he callado, quedándote para escribir las páginas que silenciosas, cuentan la trama de nuestras vidas.

Rindo homenaje al apasionado amante que sos, a tu adicción al romanticismo que cada tanto se embriaga de ternura y deja lucir su mejor espectáculo de mimos, besos y piropos. Convertir al amor en un arte creador de bellezas, es la mejor obra que han hecho sobre mi cuerpo.

Rindo homenaje al tiempo transcurrido, a lo que supimos construir, a lo que anhelamos vivir. Rindo homenaje a este amor tan nuestro, a todo lo que alcanza incluso, cuando parece que no nos pertenece.

Rindo homenaje con estas palabras, a la felicidad que siento por tenerte al lado. Soy feliz con vos.

Esto no es profesión ni vocación. Tampoco política o religión. Las letras son sangre corriendo por mi cuerpo, energía para mantenerme en este mundo, en esta vida. Entonces, estas palabras son mi homenaje. Y vos, podés leerlas incluso sin que las diga. Tenés esa capacidad, sí. Pero yo, esta vez, quise decirlas.

Rindo homenaje al amor, a mi amor, a vos.

#amor   #love  
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Estoy recreando, estoy soñando despierta para volver a sentir en la piel lo que la mente guarda en el pasado irrecuperable del olvido. Y en este viaje en corriente opuesta al tiempo, en contramano al futuro, dejaré que mis sentimientos sean la voz.

- Nos vemos pronto, entonces.
- Sí rubia, me encantás.

Creo que esa noche, en la puerta del Boulevard Los Andes empezó nuestra historia. Tenemos todo tipo de libreto en el historial, incluso un par de puntos suspensivos, algo así como un final abierto en el espectro actoral que protagonizamos.

Han pasado varios años y después de algunas separaciones con sus consecuentes reencuentros, es innegable que el amor ha existido entre nosotros. La última vez que nos vimos no sabíamos que era la última, o al menos hasta hoy que te encontré en la intersección de dos calles en la ciudad.

El tiempo pasó y no le dedicamos demasiado a la teoría de una ruptura definitiva, por eso quizás nos tomamos un café en el bar de esa esquina hoy. Nos vimos de casualidad en el centro atestado de gente, nos reconocimos, nos saludamos. Y ahí sentada, me di cuenta que ya no soy la pendeja de la que te enamoraste. No, ya no soy esa. Y vos tampoco. No podemos volver a empezar.

¿Cuáles son las verdaderas historias de amor? ¿Esa de dos cuerpos apasionados que traccionan contra la realidad circundante? ¿O esas que se vuelven perdurables más allá de los orígenes y los finales? ¿Simplemente serán las que se recuerdan?

Con el carácter de un sustantivo propio, tengo ahora una sensación que se personifica en mi cuerpo, me sienta al piso, me apoya contra el marco de la puerta y me trae como un maremoto todas las imágenes prendidas a mi retina. Ahora estoy acá, reconstruyendo con esas escenas el final de esta historia. Este café fue el último, lo sé.

Me miraste absorto, esos ojos verdes se te iluminan más en las despedidas.

- Nos vemos pronto, entonces - dijiste antes que cada uno tomara por una calle opuesta.

Ya no, mi amor. Pronto ha quedado demasiado lejos.
Adiós.
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