A ver +Relatos de G+ por fin me decidí con que escrito colaborar... así que ahí va #MiRelato !! ;D

DESORIENTADA

Laura se sentó derrotada, cansada en el banco de aquel parque. Sin duda debía estar siendo el peor día de su vida, aunque fuera incapaz de recordar ningún otro anterior con el que poder compararlo. Se quedó mirando al cielo intentando poner en claro todos los acontecimientos de la mañana.
Se despertó sin memorias, en un apartamento vacío; desorientada, aterrorizada y sola, muy sola. Parecía gobernarse por instintos mientras intentaba recordar quién era, mirándose al espejo y hojeando una y otra vez una agenda llena de datos: nombres, lugares, números, textos sin sentido, inconexos los unos con los otros. Lo lógico habría sido recurrir a la policía o ir a un hospital, pero en esas primeras horas la idea ni pasó por su cabeza.
Supuso que su nombre era Laura porque estaba escrito en la primera página de su agenda, justo encima del dibujo de una espiral idéntica al tatuaje que ella tenía en la muñeca.
Salió a la calle después de mucho pensarlo, observó a los desconocidos esperando y temiendo que alguno la reconociera; se sentía mareada, como si la hubieran drogado. Tenía ganas de tomarse un café. Como era posible que no supiera cómo se llamaba a ciencia cierta, pero sí pudiera leer, o recordar el olor del café recién hecho y que había que pagar por tomarlo en una cafetería. Mientras pensaba en esto rebuscó en sus bolsillos y encontró algunas monedas sueltas, vio un bar, entró y se sentó en la barra.
- Un café con leche, por favor.
- ¿Un mala noche? – Contestó el camarero mientras preparaba el café
- ¿Nos conocemos? – Su voz sonó un tanto desesperada.
- No, sólo un comentario, espero que no le haya molestado.
Laura prefirió quedarse en silencio y volver a revisar su agenda en busca de algo que le diera una pista sobre su identidad, mientras tomaba el café. En la última página había escrito un nombre “Raquel” y el nombre de un restaurante “Mesón extremeño”. Decidió empezar a buscar por ahí, parecía lógico que ese fuera el último sitio en el que hubiera estado, y desandar sus pasos era lo más coherente. Pagó el café y le preguntó al camarero si cerca de allí habría algún restaurante con ese nombre.
- Sí, señorita, está a dos manzanas de aquí subiendo esta calle, pero anoche… bueno, parece que no ha visto las noticias, anoche hubo una explosión en ese local y no creo que pueda tomarse nada allí.
- Usted dígame donde está y ya me preocuparé yo de encontrar un sitio para comer.
Había sido muy ruda, pero en sus circunstancias poco le importaba.
Cuando llegó al lugar indicado, había un cordón policial que rodeaba el local, y por supuesto, cientos de curiosos a su alrededor. Se acercó todo lo que pudo, preguntándose si ella habría tenido algo que ver con aquella explosión o con alguna de las personas que habían perdido la vida la noche anterior.
Se volvió hacia una señora mayor que estaba de pie, justo a su lado, parecía muy afectada, incluso se sintió algo conmovida por la expresión de su rostro.
- Perdone, señora, ¿Sabe si Raquel se encontraba anoche dentro?
La anciana pareció no escucharla y siguió absorta mirando el ir y venir de policía, bomberos y equipos médicos. Quién sí pareció escucharla fue un joven.
- ¿Conocías a la dueña?
- Eso parece
- Nunca te he visto en el restaurante y tengo muy buena memoria para las caras.
- No solía venir mucho
Se dió media vuelta y volvió a andar sin rumbo, lo único claro que tenía era que era probable que en algún momento había estado en esa ciudad, cuyo nombre ni siquiera sabía, y había hablado con Raquel.
Con la poca calderilla que tenía, compró un periódico para informarse de lo que decían acerca de la explosión y se dirigió al parque que estaba enfrente del quiosco a leerlo. ¿Sería el momento de hablar con la policía o dirigirse a un hospital? Prefirió seguir allí, leyendo; era curioso que el nombre de la ciudad que aparecía en el periódico no le resultara ni siquiera un poco familiar, y en cambio, pudiera recordar todas y cada una de las capitales mundiales. La frustración volvió a apoderarse de ella y se sumergió en la agenda buscándose a sí misma.
Ningún dato le daban siquiera una pista; decidió llamar a un número de teléfono que estaba en la página anterior del nombre del restaurante. Un número que parecía pertenecer a un hombre llamado Pedro.
Al levantarse del banco vio una cara que le era familiar, pero no porque la asociara con un recuerdo de su pasado, era una mujer que había entrado a comprar tabaco en el bar donde había estado tomando café; también le pareció verla entre la multitud de curiosos que se agolpaban alrededor del mesón. Demasiadas coincidencias, estaba claro que la estaba siguiendo. Empezó a andar deprisa, otra vez sin rumbo, casi corriendo, presa del pánico. Unos minutos más tarde parecía haberla perdido, se acercó a una cabina de teléfonos que había al otro lado de la calle y llamó a cobro revertido al supuesto número de Pedro.
- Lo siento señorita, pero nadie coge el teléfono, si quiere pude intentarlo más tarde. – Ante esta respuesta de la operadora, Laura se derrumbó y apoyada en la cabina, sin importarle la gente que paseaba por la calle, se echó a llorar y no levantó la cabeza hasta que oyó una voz que la llamaba y notó una mano que la agarraba suavemente del brazo.
- Laura, tranquilízate y acompáñame.
Al levantar la vista reconoció a la mujer que estaba persiguiéndola. – ¿Me conoces? ¿Quién eres? ¿Quién soy? ¿Qué está pasando?
- Laura, tranquilízate, tienes las respuestas. Venga, acompáñame.
- ¿Las respuestas? ¿En la agenda? No hay nada ahí que me diga quién soy – En ese momento se percató de que en la muñeca de la mano que la agarraba también había una espiral tatuada, idéntica a la suya. - ¿Quién eres?
- Laura, ven conmigo.
- No, quiero que me digas que está pasando o no iré contigo a ninguna parte. - Al no encontrar la respuesta que esperaba, se soltó del brazo que la agarraba y salió corriendo de nuevo.
Se quedó sin aliento apoyada en el escaparate de una tienda de muebles, recuperando las fuerzas. Justo cuando decidió dirigirse a la policía, en contra de su instinto, se fijó en el nombre de la calle en la que estaba y el corazón le dio un vuelco. Esa dirección estaba en la agenda; lo comprobó: “C/ Paseo del Mar de Plata, 35, 3ºB”.
El portal estaba abierto, en el buzón no aparecía ningún nombre, y subió al tercer piso decidida. Llamó al timbre nerviosa, pero cuando se abrió la puerta quedó petrificada. Al otro lado de la puerta estaba la señora mayor que había estado junto a ella, observando las labores de rescate en el restaurante; y esta vez no sólo la habló, sino que también pareció reconocerla.
- Laura, ¿Qué haces aquí? Tú ya no deberías estar aquí.
- ¿Me conoces? ¿Quién soy? ¿Qué está pasando?
- Laura, tú ya no deberías estar aquí.
- Eso ya me lo ha dicho, dime quien soy, por favor, dime que está pasando… - sollozaba y temblaba, suplicaba.
- Tú tienes las respuestas, ya no perteneces a este lugar. – Dijo cerrando la puerta. Después de ese gesto, lo único que le quedaba era buscar una solución con las autoridades, no comprendía nada, no hacía falta tener recuerdos con que compararlos, sin duda nuca había sentido mayor confusión y angustia.
Volvió a la calle buscando oxígeno, intentando respirar y se sentó en la acera, mirando la agenda. Sólo sabía que se llamaba Laura y que ya no pertenecía a un hogar de la calle Mar de Plata. Agachó la cabeza entre las piernas e intentó tomar fuerzas.
- Laura, ven conmigo. – Volvió a oír la voz de la mujer que la había estado siguiendo.
- No pienso ir a ninguna parte contigo, Raquel. – Se sorprendió a sí misma y levantó la cabeza. Raquel la sonreía y acariciaba el pelo; por fin reconocía a alguien; aquella mujer era una amiga de su abuela que la había contratado de pinche en su restaurante hacía una semana. – Raquel, ¿Qué está pasando?
- Lo siento, Laura, lo siento muchísimo.
- ¿Quieres decir que..?
- Sí, Laura, ¿Me acompañas?
- ¿Dónde vamos?
- Al único sitio al que podríamos ir.
- No nos dio tiempo a avisar a los clientes, ¿verdad?
- No, fue rápido… Explotó todo en cuanto empezó a oler a gas; lo siento, mi niña, todavía nos quedaba mucho por vivir, sobre todo a ti y a Pedro.

Licencia: CC BY-NC 3.0
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