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La pintura, mucho más que color: ¿cómo elegir la adecuada para aislar o reducir el ruido?

Artículo escrito por Sandra Barañano, directora técnica de Cuida Tu Casa

Cuando vamos a reformar la casa, la pintura es uno de los materiales que primero se nos viene a la cabeza, pues es cierto que por sí mismo es capaz de lavar por completo la cara de una vivienda hasta hacerla parece otra nueva. Sin embargo, el principal problema es que, por lo general, siempre nos quedamos con la parte estética, la visual. Es decir, aparte del color, no solemos preocuparnos de ninguna otra propiedad cuando lo cierto es que no solo embellece un hogar, sino que también lo protege y lo cuida.

Es verdad que cuando pensamos en el desarrollo técnico de los últimos años sólo lo relacionamos con las nuevas tecnologías, Internet, las redes sociales… Pero en realidad va mucho más allá y abarca numerosos sectores y actividades, alcanzando también a la vivienda. Por ejemplo, según la composición de la pintura ésta puede contribuir a mejorar el aislamiento de la pared, a reducir los niveles de ruido o incluso, a proteger de la humedad. Sin embargo, y haciendo un paralelismo con nuestra propia estética, la pintura sería como el maquillaje y la pared, nuestra piel. Dicho de modo muy gráfico, el maquillaje no curará el acné, sólo lo cubrirá. Si existe un problema de fondo, hay que atajarlo desde el interior y no quedarnos sólo con soluciones superficiales.

Dicho esto, lo primero que se elige de una pintura suele ser el tono, que es el que va a cambiar la imagen de la vivienda. Los colores por sí mismos pueden efectuar cambios que van más allá de la estética al acercarse al terreno de las emociones y las percepciones. Es decir, los colores claros crean sensación de mayor amplitud y tranquilidad, de serenidad y relax. Pero no solo eso; los colores claros también ayudan a ahorrar energía, pues tienen mayor reflectancia. Esto supone que reflejan la luz desde las paredes o suelos hasta el resto de la estancia en vez de absorberla como hacen los colores oscuros. De este modo, no sólo se aumenta ligeramente la temperatura de forma natural sin necesidad de subir la calefacción, sino que se consigue una estancia más iluminada, reduciendo el consumo de luz artificial y gastando menos electricidad.

Protección frente a la humedad... e incluso el fuego
A la hora de pintar una casa, es imprescindible tener en cuenta antes de elegir la pintura el material del soporte sobre el que se va a colocar. Es decir, cómo es la pared. Si se trata de una pared de yeso sin ningún tipo de patología no habrá ningún problema y basta con aplicar una pintura acrílica. Pero si se trata de un soporte que presenta alguna anomalía, hay que ser más cuidadoso.

Lo más común es que la pared tenga humedades o bacterias producidas por la condensación que se origina en las estancias más vulnerables de la casa –como el baño o la cocina-. Pero, cuidado, porque también se pueden producir en los comedores u otras habitaciones, ya que la mayoría de las casas en España no están bien aisladas térmicamente haciendo que la diferencia de temperaturas entre el exterior y el interior origine este ”efecto perla”.

Si esto ocurre, antes de pintar, es necesario que un profesional detecte el origen de estas humedades y actúe para solucionarlo, evitando que vuelvan a aparecer. En estos casos, habría que aplicar un producto antibacteriano en las paredes para que se elimine el moho que hayan podido aparecer. Después, sería conveniente aplicar una pintura repelente y transpirable que también tenga contenido antibacteriano y, para entendernos, “rechace” la humedad y los hongos.

Si tenemos este problema en una estancia pequeña donde no pasemos mucho tiempo, como puede ser el trastero, para aumentar la durabilidad de la pintura se pueden utilizar texturas líquidas de base solvente orgánica. No conviene abusar de ellas porque no son las más adecuadas para proteger la calidad del aire de las personas, pero en estos casos, evitaremos que se diluya, durará más y evitaremos que haya que repasar la pared cada poco tiempo.

Pero la pintura no solo protege del agua, sino también del fuego, pues existen pinturas ignífugas que no arden ante la exposición de las llamas e incluso algunas que detienen su expansión por el resto de la casa de forma momentánea. Estas pinturas son convenientes en cocinas y zonas de calderas o donde haya contadores de luz o energía potencialmente inflamables.

También hay otro aspecto en el que la pintura puede actuar de protector o al menos cortar el paso. Se trata del ruido. Por increíble que parezca, algunas “sellan” espacios entre algunas paredes o soportes, de modo que no permiten que penetre o se escape el ruido, así como también el calor. Esto sucede porque estas pinturas contienen elementos huecos que consiguen propiedades termoaislantes, anticondensación y antisonoras.

Por último, también tenemos pinturas que ‘sobreviven’ a las manchas o pintadas en las paredes que muchas veces hacen los niños jugando. Son las pinturas plásticas o acrílicas, que se pueden lavar fácilmente y tienen una elevada durabilidad, por lo que son aptas para las habitaciones de los más pequeños o zonas más propensas a mancharse, como la cocina.

Pinturas sostenibles y menos tóxicas
Otro aspecto bastante desconocido de las pinturas es que también las hay sostenibles. Se trata de pinturas más transpirables y naturales que contienen menos componentes químicos y tóxicos, no solo para el medio ambiente, sino también, como decíamos anteriormente, para la calidad del aire de las personas, ya que inhalar durante mucho tiempo algunas pinturas puede generar problemas de salud.

Por lo tanto, se trata de que el aire del interior del hogar no se intoxique con sustancias emitidas por las pinturas. Por ello, es aconsejable que las pinturas para paramentos –superficies de los muros- y techos sean de base acuosa, que al contener agua en lugar de disolventes emiten menos cantidad de compuestos orgánicos volátiles (COVs) –sustancias químicas que contienen carbono fácilmente convertible en vapor de gas, que contribuye a la formación de ozono troposférico, que tiene graves impactos para la salud pública y los ecosistemas-.

Por ello, es recomendable utilizar productos con etiquetados medioambientales, que ofrecen información acerca de su impacto sobre el entorno o sobre los recursos utilizados durante su fabricación. De esta forma, podemos tener la tranquilidad de que nuestra pintura no contiene pigmentos blancos, COVs, hidrocarburos aromáticos volátiles, metales pesados u otras sustancias perjudiciales para la salud.

De este modo, vemos cómo la pintura no tiene solo un componente estético, sino que va mucho más allá. Una decisión que no hay que tomar a la ligera, pues contribuye a hacer del hogar un lugar confortable, funcional e incluso sostenible y amigable con el medio ambiente. Y es que la belleza está en el interior. Sólo hay que preocuparse de saber buscar.
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La pintura, mucho más que color: ¿cómo elegir la adecuada para aislar o reducir el ruido?

Artículo escrito por Sandra Barañano, directora técnica de Cuida Tu Casa

Cuando vamos a reformar la casa, la pintura es uno de los materiales que primero se nos viene a la cabeza, pues es cierto que por sí mismo es capaz de lavar por completo la cara de una vivienda hasta hacerla parece otra nueva. Sin embargo, el principal problema es que, por lo general, siempre nos quedamos con la parte estética, la visual. Es decir, aparte del color, no solemos preocuparnos de ninguna otra propiedad cuando lo cierto es que no solo embellece un hogar, sino que también lo protege y lo cuida.

Es verdad que cuando pensamos en el desarrollo técnico de los últimos años sólo lo relacionamos con las nuevas tecnologías, Internet, las redes sociales… Pero en realidad va mucho más allá y abarca numerosos sectores y actividades, alcanzando también a la vivienda. Por ejemplo, según la composición de la pintura ésta puede contribuir a mejorar el aislamiento de la pared, a reducir los niveles de ruido o incluso, a proteger de la humedad. Sin embargo, y haciendo un paralelismo con nuestra propia estética, la pintura sería como el maquillaje y la pared, nuestra piel. Dicho de modo muy gráfico, el maquillaje no curará el acné, sólo lo cubrirá. Si existe un problema de fondo, hay que atajarlo desde el interior y no quedarnos sólo con soluciones superficiales.

Dicho esto, lo primero que se elige de una pintura suele ser el tono, que es el que va a cambiar la imagen de la vivienda. Los colores por sí mismos pueden efectuar cambios que van más allá de la estética al acercarse al terreno de las emociones y las percepciones. Es decir, los colores claros crean sensación de mayor amplitud y tranquilidad, de serenidad y relax. Pero no solo eso; los colores claros también ayudan a ahorrar energía, pues tienen mayor reflectancia. Esto supone que reflejan la luz desde las paredes o suelos hasta el resto de la estancia en vez de absorberla como hacen los colores oscuros. De este modo, no sólo se aumenta ligeramente la temperatura de forma natural sin necesidad de subir la calefacción, sino que se consigue una estancia más iluminada, reduciendo el consumo de luz artificial y gastando menos electricidad.

Protección frente a la humedad... e incluso el fuego
A la hora de pintar una casa, es imprescindible tener en cuenta antes de elegir la pintura el material del soporte sobre el que se va a colocar. Es decir, cómo es la pared. Si se trata de una pared de yeso sin ningún tipo de patología no habrá ningún problema y basta con aplicar una pintura acrílica. Pero si se trata de un soporte que presenta alguna anomalía, hay que ser más cuidadoso.

Lo más común es que la pared tenga humedades o bacterias producidas por la condensación que se origina en las estancias más vulnerables de la casa –como el baño o la cocina-. Pero, cuidado, porque también se pueden producir en los comedores u otras habitaciones, ya que la mayoría de las casas en España no están bien aisladas térmicamente haciendo que la diferencia de temperaturas entre el exterior y el interior origine este ”efecto perla”.

Si esto ocurre, antes de pintar, es necesario que un profesional detecte el origen de estas humedades y actúe para solucionarlo, evitando que vuelvan a aparecer. En estos casos, habría que aplicar un producto antibacteriano en las paredes para que se elimine el moho que hayan podido aparecer. Después, sería conveniente aplicar una pintura repelente y transpirable que también tenga contenido antibacteriano y, para entendernos, “rechace” la humedad y los hongos.

Si tenemos este problema en una estancia pequeña donde no pasemos mucho tiempo, como puede ser el trastero, para aumentar la durabilidad de la pintura se pueden utilizar texturas líquidas de base solvente orgánica. No conviene abusar de ellas porque no son las más adecuadas para proteger la calidad del aire de las personas, pero en estos casos, evitaremos que se diluya, durará más y evitaremos que haya que repasar la pared cada poco tiempo.

Pero la pintura no solo protege del agua, sino también del fuego, pues existen pinturas ignífugas que no arden ante la exposición de las llamas e incluso algunas que detienen su expansión por el resto de la casa de forma momentánea. Estas pinturas son convenientes en cocinas y zonas de calderas o donde haya contadores de luz o energía potencialmente inflamables.

También hay otro aspecto en el que la pintura puede actuar de protector o al menos cortar el paso. Se trata del ruido. Por increíble que parezca, algunas “sellan” espacios entre algunas paredes o soportes, de modo que no permiten que penetre o se escape el ruido, así como también el calor. Esto sucede porque estas pinturas contienen elementos huecos que consiguen propiedades termoaislantes, anticondensación y antisonoras.

Por último, también tenemos pinturas que ‘sobreviven’ a las manchas o pintadas en las paredes que muchas veces hacen los niños jugando. Son las pinturas plásticas o acrílicas, que se pueden lavar fácilmente y tienen una elevada durabilidad, por lo que son aptas para las habitaciones de los más pequeños o zonas más propensas a mancharse, como la cocina.

Pinturas sostenibles y menos tóxicas
Otro aspecto bastante desconocido de las pinturas es que también las hay sostenibles. Se trata de pinturas más transpirables y naturales que contienen menos componentes químicos y tóxicos, no solo para el medio ambiente, sino también, como decíamos anteriormente, para la calidad del aire de las personas, ya que inhalar durante mucho tiempo algunas pinturas puede generar problemas de salud.

Por lo tanto, se trata de que el aire del interior del hogar no se intoxique con sustancias emitidas por las pinturas. Por ello, es aconsejable que las pinturas para paramentos –superficies de los muros- y techos sean de base acuosa, que al contener agua en lugar de disolventes emiten menos cantidad de compuestos orgánicos volátiles (COVs) –sustancias químicas que contienen carbono fácilmente convertible en vapor de gas, que contribuye a la formación de ozono troposférico, que tiene graves impactos para la salud pública y los ecosistemas-.

Por ello, es recomendable utilizar productos con etiquetados medioambientales, que ofrecen información acerca de su impacto sobre el entorno o sobre los recursos utilizados durante su fabricación. De esta forma, podemos tener la tranquilidad de que nuestra pintura no contiene pigmentos blancos, COVs, hidrocarburos aromáticos volátiles, metales pesados u otras sustancias perjudiciales para la salud.

De este modo, vemos cómo la pintura no tiene solo un componente estético, sino que va mucho más allá. Una decisión que no hay que tomar a la ligera, pues contribuye a hacer del hogar un lugar confortable, funcional e incluso sostenible y amigable con el medio ambiente. Y es que la belleza está en el interior. Sólo hay que preocuparse de saber buscar.
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