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Cuatrovientos Moratalla
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Casas Rurales Los CuatroVientos, en Moratalla, SENCILLAMENTE DIFERENTES
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NUEVOS COMENTARIOS SOBRE CASAS RURALES LOS CUATRO VIENTOS

D.A.G de Roldan el 24/09/2017 Excelente, tranquilidad. Un sitio que cuando lo visitas, repites. Vists espectaculares. Casa con una limpieza y decoración genial. Es mi tercera vez que vengo y doy fé que repitiré. Nota 10 sobre 9


J.M.O.C. de Madrid 01/10/2017 El trato recibido ha sido fabuloso.! El lugar está muy bien. ! Muchas gracias por todo! Las vistas y el entorno muy bonitos. Nota 9 sobre 9



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7/10/17
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Descubriendo Moratalla
2017 “ESENCIA PURA” “FOLCLORE VIVO”

FOTOS: Jesús Rodríguez “Descubriendo Moratalla”
https://goo.gl/photos/gHqWRBSYpayzvn2G7
 
FOTOS: Jesús Hernández Casas Rurales Cuatro Vientos
https://goo.gl/photos/xTzq2QcuHEW5N5vJ8

Crónica de Cristina Sobrado Calvo

Primera hora de la mañana del último sábado de un julio abrasador en la Región de Murcia. Un grupo de cazadores de experiencias únicas, avanza hacia el Campo de San Juan, en Moratalla. Vigilantes, olfatean la fresca brisa que se disfruta a primera hora en el punto en que se encuentran, cerca de la presa de La Risca, por encima de los 1000 msnm. Siguen un rastro, el perfume del espliego y el lavandín, el más apreciado elixir que se extrae de estas plantas en el Campo de San Juan, que desde primerísima hora artesanas manos y humanos esfuerzos hacen fluir colmatando los paisajes de un elemento nuevo, aunque invisible… Esencia pura en destilación.
Bajo los arrullos de los Abejarucos, llegamos a uno de los cultivos, donde primero aprendemos a diferenciar unas plantas de otras, con las cámaras fotográficas a punto… Líneas infinitas que el horizonte engulle, el lavandín (lavandula hybrida) y el espliego (lavándula latifolia) nos rodea. ¡Y qué horizonte! De fondo de fotos, el “antiguo acantilado mioceno” de las Cuevas de Zaén, el Paleokarts de la Hoya del Gato, el Santuario Íbero de La Nariz, Carreño y sus “cumbres borrascosas”, los bosques galería del Alhárabe y sus arroyos tributarios… Grandioso escenario donde vivir una buena jornada de campo. Distinguimos las evidentes diferencias entre ellas, fragancia, textura, color, frondosidad… y también los rasgos comunes. Pero sobre todo disfrutamos. En un breve espacio de tiempo, el grupo se ha disgregado para vivir íntimamente lo que vemos y respiramos. Cada uno, recoge en sus fotos lo que el corazón le pide. Arte y ensayo entre el perfume que inconscientemente inhalamos, y con él, comienza la seducción. Las abejas, afanadas en las flores de las aromáticas, ponen música al momento… son miles, y su zumbido es tan relajante como el crepitar de un fuego en invierno. Pero el perfume, a ráfagas se intensifica, y nosotros, curiosos, lo seguimos para descubrir una segadora lanzando haces de planta recién segada. Los tiempos cambian, y las máquinas facilitan en parte el trabajo del hombre. “Don Lorenzo” está ya en pleno ascenso, y nos trasladamos a por un refrigerio que nos sienta de maravilla en el salón social de Zaén. Allí, coincidimos con algunos de los trabajadores del ramo que han parado para almorzar, sin duda nunca tan merecidamente como en esta época del año. Y es que nuestra siguiente visita es a una de las calderas donde se destila la esencia de las aromáticas. Seguimos la estela de la cada vez más intensa fragancia que llega desde la cercana caldera. Nos aproximamos despacio, disfrutando del fragante paseo, en la dirección que nos marca una columna de humo oscuro… hasta que llegamos al lugar donde ruge el dragón. Un ingenio enorme, elevado hacia el cielo, humea incandescentes bocanadas que el viento se lleva lejos. En su base, el calor es insoportable, pero allí, vemos un hombre, tan frágil a su lado, que alimenta el estómago de la bestia ensartando haces cocidos de espliego y lavandín con su tridente, emulando a un dios mitológico de las muchas leyendas del pasado. Es un proceso tremendamente sencillo, pero de duro trabajo. Todo se recicla, y nada se pierde. Son las propias plantas cocidas las que alimentan el fuego de la enorme caldera. El vapor, generado por el manantial cercano, cuece las plantas en las gigantescas ollas a presión, y el agua fría, condensará los dos elementos finales del proceso: agua y aceites esenciales. Dentro de la pequeña habitación donde expectantes esperamos ver surgir el mágico elixir, el ambiente es tan denso, que sales impregnado de aceite y perfumado para toda la jornada. La piel, la ropa, el pelo… aún por la noche, muchas horas después, mi olfato detectaba notas de aceite de espliego que me sorprendían en algún movimiento. Agua, fuego, plantas e imaginación y esfuerzo humano, esa es la receta de la esencia pura del Campo de San Juan. El aceite esencial, no para de fluir, limpio, cristalino, flotando sobre el agua de la que tendrá que separase para siempre… Todo se desarrolla como una coreografía bien ensayada, cada uno en su puesto, cumpliendo su función con la eficacia de quien lleva toda su vida bailando “la danza del perfume” …
Y será el olfato, mejor dicho, la memoria olfativa, la que se ponga a trabajar en estos momentos. Cada vez que el perfume del espliego llegue a nosotros, recordaremos el día que pasamos en el Campo de San Juan. Recuerdo vivamente en estos momentos, las palabras de una amiga que hoy no pudo acompañarnos, y me emociono: “Mi padre, cuando volvía de Francia, olía a lavanda, y siempre traía un ramillete en su maleta para mi”
Nos despedimos de nuestros amables anfitriones, entre disculpas por la intromisión en medio de su duro trajinar, y profundamente agradecidos por el trato recibido. Ahora, mientras nos alejamos en busca de nuestra siguiente visita del día, no podemos más que admirarlos, allí, a pleno sol murciano, cociéndose junto con sus plantas. Sudor y esencia, una lección viva de una producción totalmente sostenible, en el sentido más real y conservacionista que la palabra pueda tener.  La jornada, después de lo vivido ya, no ha hecho más que comenzar… Bajo un sol abrasador, dirigimos nuestros pasos hacia la presa de La Risca, donde, por gentileza de la CHS (Confederación Hidrográfica del Segura) y con la inestimable colaboración de Olegario Martínez López, responsable de la misma, nos escondemos de los rayos solares en su fresco interior, para disfrutar ahora con otro patrimonio nacido de las manos de moratalleros, los que vivieron en estas tierras hace milenios… Una exposición, recoge una muestra del arte rupestre de la Región de Murcia, que aprovecha inteligentemente el espacio vacío de la presa. Además, la casualidad ha querido que uno de los mayores expertos nacionales en arte rupestre, D. Miguel Ángel Mateo Saura, nos acompañe esta mañana junto con su familia, y amablemente, accedió a la petición de hacernos de cicerón en la bien diseñada muestra. Fue todo un lujo, poder disfrutar de sus explicaciones, sencillas y precisas, para entender con claridad lo que vimos trasladado de las paredes de roca, a las paredes de hormigón. Ya la visión de las fotos retroiluminadas a lo largo del túnel en penumbra es toda una experiencia, más aún con las figuras de las Diosas-Dama de La Risca esperándonos en el fondo del pasillo, donde improvisamos un photocall con tan queridas representaciones de nuestras expresiones levantinas. Una vez terminada nuestra visita a la exposición, Olegario nos regaló una extensa explicación sobre algunos datos técnicos de la presa: como fue construida, las características especiales que la hacen única en Europa, todos los elementos que controlan la seguridad de la misma, y atendió a las muchas preguntas que surgen cuando te encuentras ante una obra de estas dimensiones. La jornada de la mañana, repleta de vivencias, fotos e información interesante, tocaba a su fin. Sin notarlo, eran ya las dos de la tarde, y nuestros estómagos reclamaban el alimento que le habíamos aportado ya a nuestro intelecto, así que a continuación nos sumergirnos un rato en la gastronomía local. Otra manera más que apetecible de conocer un lugar, sus gentes y su historia, es la gastronomía, y para este campo buscamos a otros expertos en el restaurante El Cortijo.  Embutidos de fabricación local, de Embutidos El Siglo, acompañaron a otros entrantes y a unas llandas de pollo y cordero asado de las que dimos buena cuenta hasta llegar a los postres caseros. Así comenzó una larga y animada sobremesa con compañía inmejorable…
Tras la comida, una parte de nuestros compañeros se despidieron para regresar a sus casas, y un nutrido grupo continuamos en busca ahora de la paz, el relax y el descanso que estos paisajes ofrecen. Verdes vegas de generosas aguas, que prestaron una de sus fuentes para refrescarnos en ellas, a una temperatura gélida. En la protección de una sombra fresca y densa, con el siseo del agua manando y el sonido del aire en las hojas de los árboles es imposible no abandonarse en los brazos de Morfeo, y permitirle que, con la ayuda de sus dos hermanos, forme para nosotros fantasías y ensoñaciones. Y tal vez, solo tal vez, fuimos testigos de una leyenda, la de Fobetos, hecha realidad… Mientras charlábamos animadamente al borde de una balsa, un numeroso grupo de aviones roqueros bajó a beber a pesar de nuestra presencia allí. Fue un momento mágico, con la luz filtrándose entre las hojas de los árboles, y las pequeñas aves subiendo y bajando sobre el agua, apenas tocándola con sus picos, mientras emitían levemente su reclamo… ¿Fobetos tal vez jugó con nosotros? Quién sabe, pero si lo hizo en nuestra imaginación.
La tarde transcurrió apaciblemente, entre descansos y paseos admirando la rotundidad de la naturaleza local, y cuando el sol comenzó a caer, nos dirigimos hacia el Calar de La Santa, donde disfrutamos del XXVII Encuentro de Cuadrillas organizado por la Cuadrilla de Animeros del Campo de San Juan, El Sabinar y Calar de La Santa. Previo paso por el Restaurante de Luis para disfrutar de su amplia carta de deliciosas tapas, los bailes y canciones tradicionales nos sumieron en la alegría que transmite este tipo de música, la celebración de la vida, y de estar juntos celebrándola… Pudimos comprar además el último disco que acaban de grabar, así que nos llevamos algo más que fotos bonitas en nuestras mochilas. La alquimia de la noche, maridaba con las voces que cantaban y los cuerpos que danzaban, y nuestro hermanamiento con estas tierras, con sus gentes, con su historia, con su esencia, ha sido completado… aunque aún tenemos algo pendiente. Un último camino nos espera, uno del que formamos parte, porque somos y estamos dentro de él. Para poder recórrelo necesitamos la complicidad de la noche, de la luna, que debe esconderse, y los cielos moratalleros, libres de la contaminación lumínica de la que huye el denominado por los romanos “Camino de Leche”. Y allí estaba, presto a su cita con nosotros, la Vía Láctea, el pedacito de nuestra galaxia que vemos desde los oscuros cielos del Campo de San Juan. Cuan pequeñitos nos sentimos desde nuestro sistema solar, asomados al oscuro balcón que la noche nos ofrece… Y allí estaban ellas también, esplendidas plantas de lavandín con sus flores desprendiendo efluvios que parecían escapar hacia el estrellado cielo. Incluso, bajo el efecto de la luz crepuscular, parecían más grandes y frondosas. Enamorados de lo que veíamos, y con los fotógrafos dándolo todo, envueltos en toda la ropa que teníamos en los coches, porque la temperatura era increíblemente baja, tal vez emborrachados de felicidad, algunos de nosotros, o, mejor dicho, nosotras, no podíamos parar de reír, mientras pedíamos innumerables deseos a todas las estrellas fugaces que rasgaban la cúpula celeste. En la madrugada del 30 de julio del 2017, al fin hemos completado el periplo de experiencias que buscábamos, desde que a primera hora del día 29 los abejarucos y la esencia en el aire fresco de la mañana, nos dieran la bienvenida a una tierra bendecida por dones de los que hemos disfrutado con sosiego y plenitud. Un día más en el paraíso.
P.D.: Nuestro más sincero agradecimiento…
A las gentes de Zaén y del Campo de San Juan, por su amabilidad y cariñoso trato. Así sólo quedan ganas de volver, y una deuda eterna.
A D. Miguel Ángel Mateo Saura, por su compromiso con el que quizás sea uno de los valores patrimoniales más importantes de Moratalla, su arte rupestre.
A la CHS (Confederación Hidrográfica del Segura), por su colaboración.
ESENCIA PURA. MORATALLA
ESENCIA PURA. MORATALLA
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CASAS RURALES LOS CUATRO VIENTOS. MORATALLA


Jamaica? No
Huesca? No
Croacia? No
Geiranger? No

Barranco de Hondares. Moratalla
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26/6/17
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CRÓNICA RINCÓN DE LAS CUEVAS. Benizar : "El Viaje Vertical"
Por Cristina Sobrado Calvo

Último domingo del mes de abril. Suena el despertador temprano y saltamos de la cama con la alegría de quien sabe va a vivir un día especial. Nadie nos robará este mes…
Con las botas puestas y la mochila preparada, nos encontramos en Benizar con nuestros compañeros de ruta. Aquí, el domingo es día de mercado, eso unido a algún otro evento, llena este pequeño pueblo de gente que intenta transitar entre los puestos a medio montar en busca de aparcamiento. La mañana se presenta llena de luz, color y una agradable temperatura, y tras distribuir nuestras “monturas” por diversos lugares del pueblo, al fin comenzamos a caminar huyendo de la algarabía de las calles… Hoy visitaremos una de las catedrales pétreas de nuestro municipio. Un lugar, donde las figuras creadas por la madre natura, despertaron en nuestros homínidos cerebros una imaginación abierta a los sueños, leyendas, dioses… donde creímos sentir la presencia “de lo sagrado”. Hoy, nos convertiremos en rastreadores de sentimientos… ¿conseguiremos conectar con la magia del Rincón de las Cuevas, como lo hicieron nuestros ancestros? La pregunta quedará resuelta al final de la jornada… Seguimos el curso de agua que mana desde la Fuente de Arriba, disfrutando de la torrentera que saltarina y bulliciosa corre en rápido descenso. El agua no baja sola, la acompaña una cerrada vegetación de ribera, entre la que destaca la presencia de los brillantes ranúnculos, haciendo gala de su nombre en inglés: “tazas de mantequilla”. El final del invierno y el inicio de la primavera de este año, trajeron nieves y lluvias de las que comenzamos a ver los resultados en forma de floración, exuberante, en todas sus formas y colores. Especialmente en el entorno de este macizo mioceno, las surgencias de agua que se escapan de su “esponja” son constantes… saltamos de un torrente a otro, ahora remontando el caudaloso barranco que nos lleva hasta el Rincón de las Cuevas. Lugar de belleza imperturbable, enseguida nos seduce con su sola presencia. Allí, “sientes tu fragilidad”, como cantó Antonio Vega… pero a la vez, te sientes fuerte, porque si tu imaginación se desata… formas parte de todo y del todo. Silenciamos nuestras voces, para escuchar otras, las de las numerosas aves que pueblan este pequeño rincón moratallero. Aves que viven allí durante todo el año, y que reciben a las que acaban de llegar desde la lejana África en la denodada lucha por la supervivencia de su especie. Trinos y reclamos de cortejo, son signo de la fertilidad que genera la llegada de la primavera. En unos meses, este pequeño rincón se llenará de la vida que se está comenzando a gestar en estos días. Las paredes calizas en su cruda verticalidad, dan cobijo a muchas de ellas, pero también son el insigne macetero de importantes endemismos botánicos, como el Dragoncillo de Roca. Un pequeño rincón que atesora una gran biodiversidad botánica y faunística, a la altura de cualquier otro lugar de la Península… aquí, perdido entre las sierras del noroeste murciano. La rotundidad del paisaje, desde luego no puede dejar indiferente a ningún visitante, ni actual, ni pretérito. Es fácil entender por qué lo convirtieron en su refugio, acaso santuario. Caminamos bajo el danzar de las chovas piquirrojas, que juegan en el aire a varios metros sobre nuestras cabezas, trazando piruetas imposibles, en busca de la senda que nos llevará hasta la Pilica del Fraile. Ahora nos toca sudar un poco, porque ascendemos por las faldas de los cenajos, con el ojo puesto en un saliente diagonal que serpentea por la pared, el cual será nuestro “ascensor”. Es tal el verdor que nos rodea, y tan bello el paisaje en el que nos encontramos inmersos, que sin apenas notarlo hemos llegado al impresionante abrigo donde descansa “el fraile”, la gran estalagmita que ha ido formándose con la inmensa paciencia que sólo la geología es capaz de demostrar. La sucesión hasta el infinito de gotitas de agua que han decantado el residuo sólido suficiente para formar esta mole de roca, hace que, desde luego, la veamos con otros ojos si pensamos en por que está allí… la nieve, liberada de su solidez, corriendo libre, atravesando las totémicas rocas formadas hace millones de años, manando en tímidas gotitas desde su interior… ¿Habrá atrapado el líquido elemento la sabiduría de tantos años sobre el planeta? ¿Será ésta un agua especial acaso? Quizás, son preguntas que nos hicimos hace milenios, quizás sea la sacralidad que vinimos buscando. Lo sea o no, nuestro pequeño grupo humano, visto desde la distancia en la boca del abrigo, recrea tal vez una imagen, vista por estos cenajos en su infinita paciencia cientos de veces, quizás estemos recreando, despertando algo en el lugar, esa presencia que sin duda siempre el ser humano busca, y buscará. Integrados absolutamente con este mágico paisaje, queremos saber más, así que retomamos nuestro camino, en busca de nuestro ascensor megalítico. El espíritu se hace diminuto, cuando te plantas bajo la verticalidad de la pared, y te planteas el ascenso… pero allí está, un antiguo paso de rocas, colocadas por otras manos humanas, tan perfectamente que aún algunas conservan su posición original, llamándonos ansiosas de ser nuevamente utilizadas. Nos tomamos nuestro tiempo, y pedimos permiso para el ascenso, buscando los restos de pinturas de estilo esquemático que “alguien” pintó allí, no sabemos con qué fin, pero que hoy a nosotros, al contemplarlas nos sirven de canal imaginario de conexión con quién las realizó, nuestra propia y muy adaptada “teoría de cuerdas”. Una última mirada a las vistas desde el aprisco, y entramos en modo “salamanquesa”, para ascender por el empinado paso. En realidad, es más sencillo de lo que parece cuando lo miras desde abajo, pero hay que poner todos los sentidos en cada paso, para conseguir llegar arriba tranquilamente. Uno a uno, vamos apareciendo en lo más elevado del cenajo, desde donde disfrutamos de una panorámica muy distinta de la que teníamos en el fondo del pequeño valle. Elegir en este caso un adjetivo para describirlo, no es fácil, así que voy a dejar que cada uno de los que estuvimos allí, lo elija en su recuerdo… atalaya a pie de nube, decidimos almorzar ante el espectáculo que nos ganamos por nuestro arrojo. El sol, nos regalaba una temperatura perfecta, y al terminar de coger fuerzas, continuamos por el bosque de gamones, espigados y tan densos que en ocasiones teníamos que elegir bien nuestro paso para no pisotearlos. El paseo por el tejado de la mole, nos colocó en la diaclasa sobre el abrigo que hacía sólo un rato habíamos visitado, encharcado el suelo aún en algunos sitios. El agua, esperaba su turno para ser filtrada. Continuamos serpenteando por la exuberante vegetación, hasta colocarnos frente al Castillo de Benizar, momento en el que se nos unieron unos compañeros que jamás faltan a su cita con nuestras salidas: los buitres leonados. Varios planeos cercanos, nos dejaron boquiabiertos con su envergadura y prestancia, y aunque todos estábamos pendientes del cielo y los devaneos aéreos de nuestros buitres, aún alguien (Carmen), estuvo más que certero al localizar una hembra de sapo corredor, que fue debidamente retratada. Una vez encontrado el paso que nos llevaba hasta las cuevas situadas sobre la Fuente de Arriba, iniciamos el escalonado descenso, sin perder de vista el Castillo que en todo momento nos estuvo vigilando, como le enseñaron a hacer desde su primer día sobre la atalaya donde lo colocaron. Vistamos las cuevas, una por una, maravillándonos de lo que la erosión ha tallado en la roca, y disfrutando de las vistas del castillo desde ellas. Pero aún nos quedaba una importante visita, que hizo que partiéramos en su busca sin demora. Seguimos pues el descenso hacia la Fuente de Arriba, deseando encontrarnos con sus refrescantes aguas, y una vez saciada nuestra sed, buscamos otro mensaje grabado en este caso en piedra: una serie de petroglifos de difícil “traducción”, o imposible para los profanos como nosotros, pero que son una muestra de lo que significa perdurar a través de los siglos. Sin los conocimientos que tenían aquellos que los tallaron, solo podemos admirarlos, y admirar su periplo. Fascinante su viaje, tanto como el que acabamos de realizar, nuestro “viaje vertical”. Bellas e interesantes estampas recogidas por nuestra memoria y nuestras cámaras. Paseamos por último por las recoletas calles de Benizar, adornadas con flores y multitud de pequeños detalles por sus gentes, y terminamos por recoger nuestros coches para trasladarnos hasta el restaurante Casa Manuel en Otos, aldea cercana y hermana de Benizar; las comuniones y bodas han llenado los restaurantes locales. Es un buen conocido de nuestras excursiones, ya en otras ocasiones hemos tenido el placer de degustar sus ricos platos, y sabemos lo que nos espera: disfrutar en la mesa de las recetas y el arte culinario de la zona. Nada más apropiado para redondear la jornada, que una mesa repleta de viandas caseras, con platos tan nobles como su sabor y su tradición. lomo de orza, oreja a la plancha, ensaladas, migas con tropezones y deliciosos postres caseros, saciaron el apetito abierto durante una mañana, en la que disfrutamos de uno de nuestros tesoros. El vino de la casa, con un punto de dulzor delicioso, fue la sazón de una cálida comida entre amigos, en la que comentamos lo vivido, y comenzamos a planear la próxima experiencia, unas damas nos esperan en lo más profundo del bosque…

Un día más en un rincón del paraíso… Moratalla.

Enlace álbum de fotos, ruta por Benizar 30 de Abril 2017 “Viaje Vertical” :
https://goo.gl/photos/LHraj2qfx1DcKxk78
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XII. Descubriendo Moratalla. Benizar. Rincón de las Cuevas. "El viaje vertical"


CRÓNICA RINCÓN DE LAS CUEVAS. Benizar : "El Viaje Vertical" 30.04.17
Por Cristina Sobrado

Enlace álbum de fotos: https://goo.gl/photos/LHraj2qfx1DcKxk78

Último domingo del mes de abril. Suena el despertador temprano y saltamos de la cama con la alegría de quien sabe va a vivir un día especial. Nadie nos robará este mes…
Con las botas puestas y la mochila preparada, nos encontramos en Benizar con nuestros compañeros de ruta. Aquí, el domingo es día de mercado, eso unido a algún otro evento, llena este pequeño pueblo de gente que intenta transitar entre los puestos a medio montar en busca de aparcamiento. La mañana se presenta llena de luz, color y una agradable temperatura, y tras distribuir nuestras “monturas” por diversos lugares del pueblo, al fin comenzamos a caminar huyendo de la algarabía de las calles…
BENIZAR
Hoy visitaremos una de las catedrales pétreas de nuestro municipio. Un lugar, donde las figuras creadas por la madre natura, despertaron en nuestros homínidos cerebros una imaginación abierta a los sueños, leyendas, dioses… donde creímos sentir la presencia “de lo sagrado”. Hoy, nos convertiremos en rastreadores de sentimientos… ¿conseguiremos conectar con la magia del Rincón de las Cuevas, como lo hicieron nuestros ancestros? La pregunta quedará resuelta al final de la jornada… Seguimos el curso de agua que mana desde la Fuente de Arriba, disfrutando de la torrentera que saltarina y bulliciosa corre en rápido descenso. El agua no baja sola, la acompaña una cerrada vegetación de ribera, entre la que destaca la presencia de los brillantes ranúnculos, haciendo gala de su nombre en inglés: “tazas de mantequilla”. El final del invierno y el inicio de la primavera de este año, trajeron nieves y lluvias de las que comenzamos a ver los resultados en forma de floración, exuberante, en todas sus formas y colores. Especialmente en el entorno de este macizo mioceno, las surgencias de agua que se escapan de su “esponja” son constantes… saltamos de un torrente a otro, ahora remontando el caudaloso barranco que nos lleva hasta el Rincón de las Cuevas. Lugar de belleza imperturbable, enseguida nos seduce con su sola presencia. Allí, “sientes tu fragilidad”, como cantó Antonio Vega… pero a la vez, te sientes fuerte, porque si tu imaginación se desata… formas parte de todo y del todo. Silenciamos nuestras voces, para escuchar otras, las de las numerosas aves que pueblan este pequeño rincón moratallero. Aves que viven allí durante todo el año, y que reciben a las que acaban de llegar desde la lejana África en la denodada lucha por la supervivencia de su especie. Trinos y reclamos de cortejo, son signo de la fertilidad que genera la llegada de la primavera. En unos meses, este pequeño rincón se llenará de la vida que se está comenzando a gestar en estos días. Las paredes calizas en su cruda verticalidad, dan cobijo a muchas de ellas, pero también son el insigne macetero de importantes endemismos botánicos, como el Dragoncillo de Roca. Un pequeño rincón que atesora una gran biodiversidad botánica y faunística, a la altura de cualquier otro lugar de la Península… aquí, perdido entre las sierras del noroeste murciano. La rotundidad del paisaje, desde luego no puede dejar indiferente a ningún visitante, ni actual, ni pretérito. Es fácil entender por qué lo convirtieron en su refugio, acaso santuario. Caminamos bajo el danzar de las chovas piquirrojas, que juegan en el aire a varios metros sobre nuestras cabezas, trazando piruetas imposibles, en busca de la senda que nos llevará hasta la Pilica del Fraile. Ahora nos toca sudar un poco, porque ascendemos por las faldas de los cenajos, con el ojo puesto en un saliente diagonal que serpentea por la pared, el cual será nuestro “ascensor”. Es tal el verdor que nos rodea, y tan bello el paisaje en el que nos encontramos inmersos, que sin apenas notarlo hemos llegado al impresionante abrigo donde descansa “el fraile”, la gran estalagmita que ha ido formándose con la inmensa paciencia que sólo la geología es capaz de demostrar. La sucesión hasta el infinito de gotitas de agua que han decantado el residuo sólido suficiente para formar esta mole de roca, hace que, desde luego, la veamos con otros ojos si pensamos en por que está allí… la nieve, liberada de su solidez, corriendo libre, atravesando las totémicas rocas formadas hace millones de años, manando en tímidas gotitas desde su interior… ¿Habrá atrapado el líquido elemento la sabiduría de tantos años sobre el planeta? ¿Será ésta un agua especial acaso? Quizás, son preguntas que nos hicimos hace milenios, quizás sea la sacralidad que vinimos buscando. Lo sea o no, nuestro pequeño grupo humano, visto desde la distancia en la boca del abrigo, recrea tal vez una imagen, vista por estos cenajos en su infinita paciencia cientos de veces, quizás estemos recreando, despertando algo en el lugar, esa presencia que sin duda siempre el ser humano busca, y buscará. Integrados absolutamente con este mágico paisaje, queremos saber más, así que retomamos nuestro camino, en busca de nuestro ascensor megalítico. El espíritu se hace diminuto, cuando te plantas bajo la verticalidad de la pared, y te planteas el ascenso… pero allí está, un antiguo paso de rocas, colocadas por otras manos humanas, tan perfectamente que aún algunas conservan su posición original, llamándonos ansiosas de ser nuevamente utilizadas. Nos tomamos nuestro tiempo, y pedimos permiso para el ascenso, buscando los restos de pinturas de estilo esquemático que “alguien” pintó allí, no sabemos con qué fin, pero que hoy a nosotros, al contemplarlas nos sirven de canal imaginario de conexión con quién las realizó, nuestra propia y muy adaptada “teoría de cuerdas”. Una última mirada a las vistas desde el aprisco, y entramos en modo “salamanquesa”, para ascender por el empinado paso. En realidad, es más sencillo de lo que parece cuando lo miras desde abajo, pero hay que poner todos los sentidos en cada paso, para conseguir llegar arriba tranquilamente. Uno a uno, vamos apareciendo en lo más elevado del cenajo, desde donde disfrutamos de una panorámica muy distinta de la que teníamos en el fondo del pequeño valle. Elegir en este caso un adjetivo para describirlo, no es fácil, así que voy a dejar que cada uno de los que estuvimos allí, lo elija en su recuerdo… atalaya a pie de nube, decidimos almorzar ante el espectáculo que nos ganamos por nuestro arrojo. El sol, nos regalaba una temperatura perfecta, y al terminar de coger fuerzas, continuamos por el bosque de gamones, espigados y tan densos que en ocasiones teníamos que elegir bien nuestro paso para no pisotearlos. El paseo por el tejado de la mole, nos colocó en la diaclasa sobre el abrigo que hacía sólo un rato habíamos visitado, encharcado el suelo aún en algunos sitios. El agua, esperaba su turno para ser filtrada. Continuamos serpenteando por la exuberante vegetación, hasta colocarnos frente al Castillo de Benizar, momento en el que se nos unieron unos compañeros que jamás faltan a su cita con nuestras salidas: los buitres leonados. Varios planeos cercanos, nos dejaron boquiabiertos con su envergadura y prestancia, y aunque todos estábamos pendientes del cielo y los devaneos aéreos de nuestros buitres, aún alguien (Carmen), estuvo más que certero al localizar una hembra de sapo corredor, que fue debidamente retratada. Una vez encontrado el paso que nos llevaba hasta las cuevas situadas sobre la Fuente de Arriba, iniciamos el escalonado descenso, sin perder de vista el Castillo que en todo momento nos estuvo vigilando, como le enseñaron a hacer desde su primer día sobre la atalaya donde lo colocaron. Vistamos las cuevas, una por una, maravillándonos de lo que la erosión ha tallado en la roca, y disfrutando de las vistas del castillo desde ellas. Pero aún nos quedaba una importante visita, que hizo que partiéramos en su busca sin demora. Seguimos pues el descenso hacia la Fuente de Arriba, deseando encontrarnos con sus refrescantes aguas, y una vez saciada nuestra sed, buscamos otro mensaje grabado en este caso en piedra: una serie de petroglifos de difícil “traducción”, o imposible para los profanos como nosotros, pero que son una muestra de lo que significa perdurar a través de los siglos. Sin los conocimientos que tenían aquellos que los tallaron, solo podemos admirarlos, y admirar su periplo. Fascinante su viaje, tanto como el que acabamos de realizar, nuestro “viaje vertical”. Bellas e interesantes estampas recogidas por nuestra memoria y nuestras cámaras. Paseamos por último por las recoletas calles de Benizar, adornadas con flores y multitud de pequeños detalles por sus gentes, y terminamos por recoger nuestros coches para trasladarnos hasta el restaurante Casa Manuel en Otos, aldea cercana y hermana de Benizar; las comuniones y bodas han llenado los restaurantes locales. Es un buen conocido de nuestras excursiones, ya en otras ocasiones hemos tenido el placer de degustar sus ricos platos, y sabemos lo que nos espera: disfrutar en la mesa de las recetas y el arte culinario de la zona. Nada más apropiado para redondear la jornada, que una mesa repleta de viandas caseras, con platos tan nobles como su sabor y su tradición. lomo de orza, oreja a la plancha, ensaladas, migas con tropezones y deliciosos postres caseros, saciaron el apetito abierto durante una mañana, en la que disfrutamos de uno de nuestros tesoros. El vino de la casa, con un punto de dulzor delicioso, fue la sazón de una cálida comida entre amigos, en la que comentamos lo vivido, y comenzamos a planear la próxima experiencia, unas damas nos esperan en lo más profundo del bosque…

Un día más en un rincón del paraíso… Moratalla
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* Casas Rurales Moratalla *

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La Espiga Digital (noticiasturismorural.es) ha incluido a Los Cuatro Vientos, entre las doce mejores casas rurales de Murcia, y la primera dentro del casco urbano de Moratalla.


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