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Daryus DY
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Para que estar mal si se puede estar bien.
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Mi música calló, se aposento en el silencio acobardada.


La carretera se empinaba de una forma abrupta y me obligaba a ralentizar el paso, el ritmo constante, cadencioso marcado por la música agitada del Ipod, se truncaba en un sobreesfuerzo de palpitaciones aceleradas. La cuesta, la puta cuesta pensaba, siempre ahí, todos los días subiéndola y no soy capaz de adaptarme a ella. La respiración se agitaba y lanzaba contra la fría noche nubecillas de vaho, que se perlaban diminutas y descendían en una fina lluvia. La calma se apoderaba, silenciosa de esa rampa ascendente, queriéndose unir al desdén de mi carrera. Hacia rato que el cielo se había desecho de las estrellas y la pálida luz de la luna llena que iluminaba mis pasos se disipaba advenediza envolviéndome en una aterradora oscuridad, y tenia que ser aquí, en la puta cuesta. Un escalofrío recorrió mi espalda erizando todo el vello de mi cuerpo, hasta en las piernas que llevaba depiladas para evitar tirones lo sentí, un sudor frío empezaba a brotar de mi piel y fecundaba el miedo de otras noches. Brilló el primer relámpago a lo lejos  y el cielo pareció abrirse de par en par, rasgando una capa gruesa de tela gris que por momentos se incendiaba atenazando mis músculos que ya de por si se sentían pesados. Intente detenerme y tomar aliento, no pude, mis piernas se resistían a parar, continuaban en su avance lento que me llevaba hacia la cumbre, hacia donde el cielo se rasgaba y parecía resquebrajarse expulsando el magma liquido. Sentí el trueno retumbar contra mi pecho, tardo mas de lo esperado, o por lo menos yo perdí la consciencia de ese tiempo, ya no sabia decir hasta cuantos había llegado en mi cuenta que por costumbre empezada después de cada relámpago hasta la llegada del trueno. Mi música calló se aposento en el silencio acobardada. Me sentía inquieto y empuje con mas fuerza mis extremidades, mis brazos ejercían sobre el aire la misma presión que si estuviesen en el agua, se aferraban a el con fuerza en un vano intento por incorporarme rápido al cauce ascendente queriendo así burlar mi avanzar espeso. No lo conseguí, imprimí mas potencia a mis piernas y se resintió mas el avance, no podía detenerme, no podía correr mas, el desasosiego empezó a turbar mi lucidez y empezaron a brotar los fantasmas de mi pecho. El frío se apoderaba de cada músculo que se tensaba agazapando en su interior el esfuerzo, por un momento no me sentí, y al momento siguiente el aire entraba en tropel en mis pulmones obligándome a boquear buscando su rauda expulsión, fueron unos segundos inciertos de desesperación, de boquear, recibir y expulsar el aire vital para mi soporte, no entendía que ocurría. Llego la lluvia, ligera al principio que acrecentó mi zozobra y me devolvió a la incertidumbre, como podía sentirla tan fría, si al salir me había puesto el impermeable, no podía ser, a no ser que fuese mi propio sudor frío que el propio avance de mi lenta carrera lo estrellase contra mi cuerpo. Se veía la cumbre al fin, respladeciente en la oscuridad, irreal, unos cuerpo vaporosos cruzaban la carretera en horizontal, no distinguía cuantos, muchos, el relámpago parecía que se había quedado prendido, como un foco, imposible, eso no podía ser, vienen y van, pero no se quedan mucho tiempo, son efímeros, casi mueren antes de nacer, solo dejan la estela de su paso. Grite, no oí mis palabras, lo intente con mas fuerza, de mis labios brotaban palabras que no lograba entender, volví a hacerlo con mas fuerza si cabe, con mas dedicación, vocalizando. El primero se volvió, al girar y dentro de su propia sombra vi un farol iluminado que portaba en su mano derecha, que apoyo en un bordón que aferraba la izquierda. Sonrío, me sonrío, su sonrisa volvió a estremecerme, la conocía y a la vez me era esquiva en la memoria, sabia que la conocía, tuve la certeza de que todos la conocíamos, pero el rostro no se perfilaba, solo la sonrisa que difuminaba toda la cara. Intente dirigirme hacia el, mi carrera se desvanecía, me costaba mas, mucho mas levantar la pierna derecha, giraba la vista y veía como se quedaban atrás mi pasos. Las sombras brillantes continuaban avanzando, pasaban y pasaban y la sonrisa permanecía esperando mi llegada. Vi que los últimos estaban ya a punto de entrar en la carretera, la sonrisa cambio, quise ver un ruego, pero no, no lo era, era una exclamación, vapuleaba mis movimientos, jaleaba mi respiración, sin palabras, entendí, date prisa o te quedaras solo, perdido, el cielo se abre y seguido se abrirá la tierra y pobre del que no tenga una luz de guía para vagar por los bosques. Por mas que lo intenté no lo logre, se apago el rostro que giro y se puso el ultimo en la comitiva, al terminar el asfalto y pisar la hierba desapareció y paso a ser el primero del grupo y me quede ahí solo, en la oscuridad mas absoluta. Me fui desvaneciendo, fundiéndome con el oscuro piso sintiéndome frío, mojado y solo, muy solo. El miedo se desvanecía, y el silencio se apoderaba de mi, no podría decir con certeza cuanto duro, de repente la luz cegadora volvió, intente incorporarme, no lo conseguí, y unas voces empezaron a sonar débiles, lejanas, parecían dos, un hombre y una mujer que jadeaban y reían, por un momento volvió a mi la esperanza, un brizna de alegría se articulaba en mi interior, ese sentimiento de abandono que había tenido hace un momento se desprendía, por fin un síntoma amigo. Reconocí el ruido que hacían entre jadeos, el frotamiento de los cuerpos, el roce y el sonido de un polvo con urgencia, sonreí al volver a sentir cosas mundanas, quedaban los recuerdos pasados, extraños, y empecé a recomponer una sonrisa que no terminaba de fraguar. Olfateé la lujuria en los cuerpos cercanos y degusté una oleada de placer que hizo que sintiese como mi polla quería crecer, no llegue a conseguirlo pero si me quedo esa certeza, de sentirme vivo. Perdido en mis propios pensamientos sentí acercarse a los dos, solo veía la cegadora luz al frente, e intenté de nuevo hacerme notar, gritar para que me viesen, lo intente con mas fuerza. La voz masculina comenzó a hablar jocosa- Mira, a este seguro que se lo llevo anoche la Santa Compaña, decían esta mañana en el bar que se les vio en la cuesta pina del monte de las animas, cuando el relámpago fuerte que partió la noche. Decían que sonó la campana lastimera de la antigua capilla del cementerio y los lobos aullaron coreando una melodía que ponía los pelos de punta. Tonterías, replicaba la voz femenina, vosotros y vuestras historias a golpe de orujo, no ves que es un infarto claro, y lo veras ahora cuando le abramos el pecho.
Infarto? Abrir el pecho? el desasosiego volvió con fuerza a mi cabeza, intentaba moverme, no veis que os escucho, mirar mi pupila, mirar como se abre, nada, no me escuchan, no me miran. El metal frío de la camilla me helaba el cuerpo, estaba desnudo y aun chorreaba agua con la que me habían limpiado, el frío de la lluvia de anoche, ni se molestaron en utilizar agua caliente, para que, si estaba muerto, para que necesita un muerto agua caliente. Un miedo inmenso me sobrecogió, tumbado haciéndome más pequeño, sintiéndome tan pequeño que ni el mundo me veía. Sentí como unos dedos cálidos palpaban mi pecho, flácido, y vi el reflejo del metal afilado que se aproxima a mi carne, lo note, palpitante, los nervios de la chica la delataban. No temas, que puede hacer, quejarse? le decía el hombre, presiono con mas fuerza su mano, como si quisiese impedir que me levantase, y que podía hacer yo? no me movía, no hablaba, solo sentía, y los pensamientos llegaban en tropel, el miedo, no el miedo a estar muerto, el miedo al dolor es lo que mas me aterraba. Sentía sus manos, y sentiría el tajo y mi carne abriéndose, sentiría la tenaza rompiendo el hueso y sentiría como me desvanecía del todo al arrancarme el corazón. Pero es que no ven que aun estoy vivo?  No se dan cuenta. La piel quedaba trémula bajo el tajo, sentía como se abría rasgando las fibras, un dolor insoportable, que nacía desde mi escroto y sacudía toda la columna vertebral, me pareció ver que saltaba, que mi cuerpo se elevaba y descendía y volvía a elevarse arqueándose como reflejo del terrible dolor, pero no solo era un recuerdo, escocia, dolía y tuve la certeza que eso solo seria el principio de un doloroso final.
- Que extraño si esta sangrando, dijo la mujer- Eso no debiera ser así, no?
Se han dado cuenta por fin, si, si, estoy vivo, escucharme, mirarme a los ojos, mirar mi pupila como se dilata y se contrae, como reacciona a la luz, al dolor.
-Será, algún hematoma de los de urgencias al intentar hacer la reanimación a veces se pasan en su cometido y romperían alguna costilla antes de que muriese provocando la hemorragia, continúa.
No por favor, no, gritaba, pero las palabras solo sonaban en mi cabeza y el dolor ya era insoportable, seguía rasgando mi piel, el reguero de sangre caliente contrastaba con la frialdad de mi cuerpo como un bálsamo reconfortante, rece para que la hemorragia fuese abundante y me desangrase antes de que llegaran a cortar los huesos, eso si que tendría que ser insoportable, extremadamente doloroso. Sin querer comencé a llorar, las lagrimas rodaron por mi mejilla las sentía resbalar despacio, cálidas, de despedida y la oscuridad me sobrevino de golpe ya no sentí nada mas.
-Mira ya despierta, menos mal que Arantxa se dio cuenta que lloraba, sino ahora si que estaría muerto, después de haber resucitado lo hubiesen matado en la sala de autopsias, ya han avisado a la familia.
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Lo mio con f es una relación fugaz y tormentosa.
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