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Elisa Godino
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MEDIACIÓN FAMILIAR:

La MEDIACIÓN FAMILIAR es una forma nueva de enfrentar las crisis originadas en el seno de a familia que pretende paliar los efectos negativos de los pleitos.

Mediante el proceso de MEDIACIÓN se pretende salvar esos difíciles momentos con el menor coste emocional posible.

En un proceso de MEDIACIÓN un profesional independiente e imparcial, especialmente formado en la resolución de conflictos, ayudará a las partes a buscar soluciones pactadas que les permitan gestionar los intereses comunes después de la ruptura; y así conseguir acuerdos satisfactorios y duraderos que contemplen los intereses de todos, padres, hijos y abuelos.
La función del Mediador es restaurar la capacidad de  la pareja de comunicarse, construir puentes suficientes que posibiliten, al menos, un acuerdo de mínimos.

El objetivo es conseguir un acuerdo, evitando las secuelas emocionales que un proceso contencioso tiene tanto en la pareja, como en el resto de la familia, principalmente en los hijos.

En el convencimiento de que nadie como vosotros conoce vuestros problemas, a vuestros hijos y vuestras circunstancias, nadie mejor que vosotros para buscar las soluciones.
Porque después del divorcio hay que seguir siendo padre o madre, la MEDIACIÓN es el mejor camino.

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¿CUÁNDO ACUDIR A UN PSICÓLOGO?

Debemos acudir al psicólogo cuando detectamos que uno o varios problemas bloquean nuestra vida inundándola de sensaciones desagradables, impidiéndonos gozar de sus aspectos positivos o placenteros. Por aquello de creernos autosuficientes, pensamos que seremos capaces de "salir de ésta", y que lo que necesitamos es, simplemente, serenarnos y darle tiempo al tiempo.

Pedir es tan necesario como dar. No confundamos la autonomía a la hora de gestionar nuestras vidas con la negativa a solicitar la ayuda de otras personas para conducir esas acciones a buen puerto. El psicólogo no es un brujo que cura los males de nuestra psique, sino simplemente un experto en salud mental que actúa como asesor y acompañante y que intentará ayudarnos a que consigamos (siempre por nosotros mismos y desde nosotros mismos) las deseadas seguridad y estabilidad, propiciando un mejor discernimiento en la búsqueda de soluciones y potenciando nuestra autoestima.

Debemos acudir al psicólogo cuando...

Sintamos que la tristeza, la apatía y la falta de ilusión empiezan a agobiarnos y a emitirnos el siempre equivocado mensaje de que nuestras vidas carecen de sentido.

El negro o el gris tiñen frecuentemente nuestros pensamientos y nos vemos incapaces de encontrar algo positivo en nuestras vivencias cotidianas.
Todo a nuestro alrededor lo percibimos amenazante y nos sentimos solos, incomprendidos o desatendidos.

Pensamos que la desgracia se ha cebado en nosotros y comenzamos a asumir que todo nos sale mal y que las cosas no van a cambiar.

Estamos atenazados por miedos que nos impiden salir a la calle,
relacionarnos con otras personas, permanecer en un sitio cerrado, hablar en público, viajar, etc.. Es decir, cuando el temor o la inseguridad nos impiden desarrollar nuestras habilidades y disfrutar de personas, animales y cosas que nos rodean.

La obsesión por padecer graves enfermedades o contagiarnos de ellas nos lleva a conductas extrañas y repetitivas, de las que no podemos prescindir sin que su ausencia nos genere ansiedad.

Nos sentimos "con los nervios rotos" y casi cualquier situación hace que perdamos el control y sólo sepamos responder con agresividad o con un llanto inconsolable.

Nos damos cuenta de que fumar, beber o consumir cualquier otra droga, apostar..., se ha convertido en una adicción de la que no sabemos salir y que genera perjuicios importantes en nuestra vida o en la que de quienes nos rodean.

El estrés empieza a mostrarse a través de sus síntomas psicosomáticos: insomnio, problemas digestivos, cardiovasculares, sexuales...

La ansiedad es una constante diaria, que impide la estabilidad y serenidad necesarias para mantener un pensamiento positivo, una conducta tranquila y el goce de los pequeños placeres cotidianos.

Los silencios, los desplantes o los gritos sustituyen al diálogo, y los problemas de comunicación enturbian nuestra relación con los demás.
Las dificultades sexuales afloran y vivimos la angustia que causan la impotencia, la falta de deseo o de sensaciones eróticas y, sobre todo, la imposibilidad de gozo y comunicación con la persona destinataria de nuestro amor.

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Elisa Godino, psicóloga colegiada experta en Terapia de Pareja y Mediación Familiar.

En el Centro de Orientación y Mediación Familiar COORDENADAS en Málaga capital tratamos temas relacionados con:

- Terapia de Pareja
- Mediación Familiar
- Intervención psicólogica en divorcios/separaciones
- Informes periciales

 
Centro en la zona centro de Málaga capital. Ven a conocernos, primera sesión informativa gratuita.
Puedes consultar nuestros servicios en:
 
http://www.coordenadaspsicologos.com

 
o en el teléfono 634635636 - 951104757

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