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Juan Llodrá
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NOS CONOCEMOS?
NOS CONOCEMOS?    Seguro que no soy el único que se ha encontrado haciendo esa pregunta o se la han hecho.   Se pueden dar en situaciones diversas, pero yo me pregunto si eso podríamos tenerlo presente con las personas que   hace años que  sí nos conocemos...

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Se puede ser más perro...:
¿Creéis que este perro sufre algún tipo de estrés? Él no, desde luego, aunque quizá sí su hermano esperando su turno para el baño.

Después de ver esto, además de nuestras Rejas para Perros y Separadores de Carga estamos planteándonos fabricar bañeras perrunas para coche.

www.travall.es/rejas-para-perros

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""En “El ocaso de los dioses”, estrenada el 17 de agosto de 1876 en el Festival de Bayreuth como parte de la primera producción completa del ciclo, Wagner, con gran pesimismo, nos expone “que la utopía es irrealizable, que la acumulación de poder produce el abuso del afortunado y el odio del desposeído, que tan corrompidos pueden ser la defensa que hace de sí el propietario como el asalto de la famélica legión, que la política destroza la palabra (pues la palabra ya no es vehículo de comunicación, sino de ambigüedad y confusión) y que un mundo así ha de expiar y perecer sin remisión posible”, según el lúcido y sintético resumen de Ángel-Fernando Mayo.""
                   
             WAGNER: GÖTTERDÄMMERUNG
                  EL OCASO DE LOS DIOSES
La odisea del Anillo del Nibelungo concluye con “El ocaso de los dioses”, la última entrega de la tetralogía con la que Richard Wagner (1813-1883) realizó la mayor obra de arte individual –quince horas de música, texto y escena explorando una visión revolucionaria del drama musical- que creador alguno haya concebido en la historia de la música y, probablemente, del arte en general. 

En “El ocaso de los dioses”, estrenada el 17 de agosto de 1876 en el Festival de Bayreuth como parte de la primera producción completa del ciclo, Wagner, con gran pesimismo, nos expone “que la utopía es irrealizable, que la acumulación de poder produce el abuso del afortunado y el odio del desposeído, que tan corrompidos pueden ser la defensa que hace de sí el propietario como el asalto de la famélica legión, que la política destroza la palabra (pues la palabra ya no es vehículo de comunicación, sino de ambigüedad y confusión) y que un mundo así ha de expiar y perecer sin remisión posible”, según el lúcido y sintético resumen de Ángel-Fernando Mayo.
 
Organizada en un prólogo y tres actos, “El ocaso…” transcurre como una suerte de amplio resumen del ciclo global –también estructurado en un prólogo y tres jornadas- pero fue la primera de la serie en ser concebida, pues en “El Anillo”, Wagner trabajó de atrás hacia delante. El final del ciclo suscitó en el compositor intensas contradicciones, pues se sabe que antes del espectacular y trágico final definitivo –conocido como la “Inmolación de Brunilda” y en el que la destrucción de los dioses y del Valhalla, arrasado por un fuego purificador, trae un nuevo orden elevado sobre la redención por el amor- Wagner pensó darle a su odisea un final feliz en el que el anillo era devuelto al Rin y el orden de los dioses quedaba armónicamente restaurado. Los especialistas atribuyen el pesimismo final de la aventura, a las lecturas que Wagner realizó de la obra de Ludwig Feuerbach. Las dudas de Wagner sobre la magnífica escena final del “Anillo” quedan recogidas en la existencia de múltiples borradores. Otra singularidad de “El ocaso…” es el requerimiento de coros, por primera y única vez en todo el Festival Escénico, durante su segundo acto. Asimismo, uno de los fragmentos sinfónicos más populares del Anillo suena también en “El ocaso…”: la imponente y majestuosa Marcha Fúnebre de Sigfrido que acompaña el rito funerario tras su muerte en el Acto III.
 
Aunque la secuencia cronológica de la composición de las óperas de Wagner es compleja y prolija, “El ocaso…” fue compuesto entre 1869 y 1874, simultáneamente al último acto de “Sigfrido”. El final definitivo fue fechado por Wagner en villa Wahnfried, su residencia en Bayreuth, el 21 de Noviembre de 1874, con esta apostilla: “¡No diré nada más!”.
 
EN LA ROCA DE LAS WALKIRIAS, EN EL TIEMPO INDETERMINADO DE LAS LEYENDAS.
 
Las tres Nornas tejen la cuerda del destino y, tras anunciar que un día Loge convertirá en gigantesca pira la fortaleza de los dioses, desaparecen. Brunilda y Sigfrido, fuertemente armado, salen de su aposento rocoso Brunilda, que le confía las runas sagradas y a su propio caballo, Grane, anima a Sigfrido a proseguir sus hazañas. A cambio, él le ofrece el anillo como prueba de eterno amor y se encamina hacia el valle del Rin.
 
En la sala de los guibichungos, a orillas del Rin, Hagen calcula que Sigfrido podría enamorarse de su hermanastra Gutrune, soltera, y entregar a Brunilda a su hermanastro Gunther, rey de los guibichungos. Entonces llega Sigfrido, que Gunther acoge hospitalariamente, quien pone su único bien, su espada, a su servicio. Hagen logra arrancar de Sigfrido valiosa información sobre el anillo de los nibelungos y Gutrune ofrece a Sigfrido una bebida narcotizante para enamorarlo, lo que sucede. A cambio de su mano, Sigfrido se ofrece para atraer a Brunilda hacia Gunther mediante engaños. Ambos parten y una vez solo, Hagen revela ser hijo de Alberich y que anhela apoderarse del anillo.

En la roca de las Walkirias, Brunilda recibe a su hermana Waltraute, quien llega muy agitada en un corcel para solicitarle que devuelva el anillo, pues si este es devuelto a las Hijas del Rin Wotan, que ha regresado al Walhala, podría salvarse. Brunilda se niega. A la llamada del cuerno de Sigfrido, Brunilda sale a recibir a su amor, pero se trata de este camuflado bajo la apariencia de Gunther, quien viene a exigirle que sea su esposa. Brunilda forcejea y Gunther le arrebata el anillo. Sigfrido se quita el yelmo mágico que lo ocultaba.
 
Alberich aparece de entre las sombras para recordarle a su hijo Hagen la tarea pendiente: recuperar el anillo, para lo que debe lograr la perdición de Sigfrido. Sobre el Rin, aparece Sigfrido quien tranquiliza a Gutrune sobre su relación con Brunilda. Los preparativos para la doble boda comienzan.
 
Hagen convoca a los guibichungos para que sacrifiquen animales a los ídolos a cuenta de las nupcias. Gunther y Brunilda llegan en barca y son recibidos solemnemente.
 
Cuando Brunilda advierte la presencia de su amado Sigfrido, se desmaya, pero reacciona y declara que su amante no ha sido Gunther, sino Sigfrido –cosa que este niega- y en medio de la consternación general hay conatos de violencia. A solas con Hagen y Gunther, Brunilda exige venganza. Hagen manipula su venganza y suma a Gunther, que había jurado ser hermano de sangre de Sigfrido, al plan de asesinar al héroe después de la boda. Brunilda revela que Sigfrido es vulnerable por la espalda y así se establece que Hagen lo atravesará con su lanza durante la próxima cacería.
 
En la ribera del Rin, las ondinas encantan a Sigfrido, quien ha perdido el rastro de un oso. De pronto, las ondinas le reclaman el anillo que luce y cuando Sigfrido les pregunta para qué lo quieren, responden lúgubres que el anillo es una joya funesta para quien la porta. Las ondinas se retiran anunciando que ese mismo día una mujer les devolverá la sortija.
Llegan Gunther Hagen y varios cazadores a los que Sigfrido invita a descansar en la umbría.  Con habilidad, Hagen logra de Sigfrido la completa narración de su vida durante la que, extasiado, pronuncia el nombre de Brunilda. Entonces Hagen llama la atención de Sigfrido sobre dos cuervos que alzan el vuelo, este se vuelve dándole la espalda y Hagen, pese a los intentos finales de Gunther por evitarlo, lo atraviesa con su lanza. Sigfrido dedica a Brunilda sus últimas palabras y muere. Con la niebla caída sobre el Rin, los hombres emprenden el regreso portando el cadáver del héroe.
 
Cuando Gutrune contempla el cuerpo inerte, acusa a su hermano, Gunther, quien traslada la culpa a Hagen. Hagen reclama la propiedad del anillo, se desembaraza de Gunther y cuando va a tomarlo, la mano de Sigfrido, muerto, se alza, para su espanto. Brunilda entra majestuosa acallando las voces y ordena que Sigfrido sea conducido hasta una gran pira de expiación alzada junto al Rin. Brunilda declara el envilecimiento del mundo regido por Wotan y toma anillo para ofrecérselo a las Hijas del Rin, quienes deberán recogerlo entre sus cenizas. Prende fuego a la pira, se precipita en las llamas a lomos de su caballo, Grane, la sala de los guibichungos se desploma, el Rin se desborda, nadando entre las aguas aparecen las ondinas que alcanzan a tomar el anillo pese a los intentos por evitarlo de Hagen, que finalmente muere ahogado en las aguas. El Rin retorna a su cauce y en el horizonte vemos al Walhala, con Wotan y los dioses y héroes consumidos por las llamas. Cuando el fuego se extingue, una débil luz de amanecer se extiende sobre el desnudo escenario.

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Que voces...

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I am a 16 year old soprano. I I've been wanting to sing Enya's "Only Time" for awhile. I hope you like it!
My friend, music producer, Thomas Schauffert, mixing the song for me! :) Thank you very much for subscribing and sharing! :)
#enya       #Enya       #onlytime      

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Simple...   pero cierto.

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Poz sigo con el "Día Mundial del Patrimonio Audiovisual".
Todo un espectáculo para los oídos y los ojos.
Antonio Vivaldi - Las cuatro estaciones
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