Licencia: CC BY-NC-ND 3.0
Y también conviene poner el enlace a la licencia:
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/

Yo.

- Háblame de ti. No te haré preguntas. Eres libre de mostrarme aquello que quieres. 
- Prefiero las preguntas. Estoy totalmente en blanco.
- Recuéstate tranquila. No me mires y hazte a la idea que no hay nadie. Sólo expresa aquello que te apetece realmente contar. Como una historia. 

Se quedó un instante mirando una de las esquinas de aquella habitación, como si allí estuviera la respuesta. No sabía muy bien por dónde empezar. Hablar de uno mismo no era fácil... Pero quizás lo mejor sea soltarlo todo desde el principio como le viniera a la cabeza. 
Esperaba concentrarse porque siempre acababa soltando alguna payasada cuando las cosas se ponían serias. La vergüenza era difícil de aparcar. 
Tragó saliva.

- Nací, crecí y soñé. Casi toda mi vida fui una soñadora. 
Soñaba con esas historias de amor, de lucha, de vidas intensas. Soñaba con cambiar el mundo tal y como lo conocemos. Imaginaba utopias, fantasías maravillosas.
Amé y me amaron. Adoré la vida y la odié. 
También me mataron en vida, y quise más la vida de otro que la mía propia. 
Traje una vida, que salió de mi vientre. Y años más tarde esa pequeña vida salvó la mía.
Mido mi existencia por sentimientos y sensaciones. Detrás de todo eso sólo queda lo artificial, por lo que tanto luchamos día a día, pero que no es lo realmente importante.

Tengo mala memoria en general, no recuerdo las fechas, ni los nombres de mucha gente que ha pasado por mi vida.
Y es curioso como alguna realmente importante se ha esfumado del todo de mi memoria. Otras, en cambio, no se van nunca. 

Uno de mis recuerdos más antiguos, de esos que aparecen en tu cabeza como visto en alguna película, es el estar haciendo tortitas de barro que fingía comer. Recuerdo el sabor, así que algo debía llegar a mi boca. Y el olor; los olores se quedan marcados para siempre. 

Mi primera muñeca; una infante de artillería que tocaba la corneta. No tocar, no jugar, no romper.
La niña obediente, educada, callada, qué leía mucho y daba pocos problemas. Me gustaba tanto leer que los libros me absorbían dentro de sus páginas, haciéndome protagonista de muchas de las historias. Otra vez la niña soñadora.

Hasta la adolescencia. Quería vivir mi propia aventura, mi historia de amor, de jóvenes arriesgados, de momentos irrepetibles. Descubrí que la vida no era un cuento de hadas, ni princesas. En casa, demasiadas reglas, demasiadas prohibiciones.
Me rebelé poco porque mi madre debió comprender bien ese momento de mi vida,  pero lo justo para preocuparlos a los dos. Los respeté siempre y ese respeto me hizo ser siempre buena persona. Son unos padres increíbles, seguramente se equivocaron millones de veces, y  por miedo a hacerlo mal lo harían peor, pero puedo decir que son el pilar de toda mi existencia.
Mi primer beso. Un mal recuerdo de esos que sólo regresan cuando se indagan en ellos. Fue un beso robado. Sin permiso, ni sentimientos, ni ganas, ni deseo. Inquietud, malestar, rechazo. Lo detesté mucho tiempo.

Mi primer amor.... tan intenso, tan puro, tan inocente. Los primeros besos de amor, y las primeras caricias. Mi primera vez: doloroso y maravilloso momento de entrega a otro ser.  Largas conversaciones, cartas, canciones....  
Las primeras lágrimas. La despedida de la niñez. Descubrí que era una mujer muy madura, con la cabeza demasiado encajada en su sitio. A veces lamento no haber sido un poco loca. El recuerdo que siempre está ahí, en la retina y en el corazón.

Mi segundo amor: la estabilidad, la madurez... la maternidad. El caos, la traición y el infierno.
Pocos recuerdos, 13 años casi en blanco. Es curioso. 
Como el reseteo de una máquina, eliminas los archivos malos arrastrando también los buenos.

La infidelidad es un veneno que te come el alma, te rompe en dos y te reduce a la nada más insignificante. Se corrompe tu integridad y tu autoestima cae como una torre de naipes. 
Dejas de ser tu misma, eres la sombra de alguien débil, feo, y apestoso. 
El mundo carece de sentido de repente, nada existe, nada sirve, nada es real.

Los celos: desvastadores. Te transforman en un monstruo que te domina,  te autodestruye y se nutre de tu rabia, las lágrimas y el dolor. Los celos pueden llegar a matarte, porque nada más ocupa tu mente que ese sentimiento negro. El alma enferma, el corazón sangrante.
No sirve el consuelo, y la herida nunca cura. La esperanza es el cancer que te impide avanzar. Aceptar la realidad duele, pero te libera de un peso infinito sobre tus hombros mientras caminas con un clavo en la planta del pie.

Luego llega la soledad, esa carencia de amor físico, de vacío emocional.

La lección universal: el tiempo todo lo cura. El vacío mengua o se rellena. Se llena de otros amores que ya tenías pero que crecen, se hacen fuertes dentro de ti. Se llena de alegría, de estabilidad; de una tranquilidad líquida, acuosa, para no dejar hueco a las malas sensaciones. Se llena de ambiciones nuevas, de vivencias y aprendizaje.

Solo el tiempo te enseña a vivir mirando al frente, a sonreír a la vida, disfrutar del momento. Valorar otras cosas que antes ni te parabas a observar. Descubrirse a uno mismo, reencontrarse con esa persona que eras como individuo único. Sin otra mitad que te complemente, o en el peor de los casos que te ensombrece. Sentirse nuevamente deseada, nuevamente admirada. Sentirse viva como mujer, como persona.
Disfrutar de la maternidad, que te mantiene activa, te proporciona alegrías y te ayuda a enfrentarte día a día a esa persona que no quieres ser nunca más.

Te construyes a ti misma, sin saber muy bien hacia donde llevar tu camino. Un camino que se hace al andar, como dice el poeta, en el presente que devoras y el futuro que no esperas.  El dolor sólo es una pequeña punzada que aparece cuando alguien lo recuerda.

A veces lo peor que te ha podido suceder es la lección que necesitas para renacer, para crecer.. Descubrir que te gustas tal y como eres, que gustas a los demás y que puedes ser feliz. Muy feliz.

- Y entonces, ¿para qué has venido a mi consulta? 
- en realidad me has traído tu.
- no debía traerte?
- no sé si es lo ideal para una primera cita.
- cita?
- si, no te apetece salir conmigo?
- jajajaja de acuerdo, la cosa se ha puesto seria...
Shared publiclyView activity