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Cesar Ruiz
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¿Por qué es tan difícil soltar el pasado?
CIDEHUM
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¿Por qué es tan difícil soltar el pasado?

Hay situaciones y personas que son realmente significativas en nuestras vidas, aparecen para complementarnos, para satisfacer nuestras necesidades, para acompañarnos y para brindarnos emociones gratificantes. Se vuelven tan importantes que es fácil saber en qué momento son esenciales para sentirnos completos y plenos.
Sin embargo, las circunstancias pueden cambiar repentinamente y perdemos aquello que es tan significativo para nosotros. A partir de esa pérdida, como un proceso natural vivimos un duelo para desprendernos de aquella persona, aquel trabajo, aquella casa, aquella mascota, aquel familiar querido; y dependiendo de la profundidad del vínculo, puede convertirse en un proceso doloroso que implica tristeza, enojo, miedo y finalmente, anhelo.
Es acerca de este último punto que quiero hablar el día de hoy, sobre las situaciones y personas que a pesar del tiempo o la distancia seguimos extrañando, anhelando con su regreso o la vuelta a nuestras vidas, complicando nuestra capacidad para soltar el pasado.
He escuchado a muchas personas decirle a quienes se encuentran atravesando por un proceso de duelo que “lo más sano es que lo dejes ir”, o “solo te haces daño al recordarle”. Cerrar ciclos, resolver los asuntos inconclusos. Pero, qué tan cierto es que una vez que vivimos una pérdida debemos cancelar la historia, dejar de pensar en ello, olvidar y nunca volver a pensar en el pasado.
Pienso que es importante diferenciar dos tipos de pérdidas antes de hablar del proceso de soltar.
Primero, hablemos de las pérdidas que ocurren por algo que no podemos controlar, la muerte, el ser despedidos de un trabajo, cambios económicos por los cuales se pierde el estilo de vida que llevabas hasta el momento, que la otra persona decida no estar contigo o haya elegido un camino diferente.
Por otro lado, aquellas pérdidas que surgen de una decisión propia, una elección que realizas valorando lo que es mejor para ti, lo que necesitas, tus deseos, tus metas, tus aspiraciones, el tipo de vida que quieres tener o moverte a otras relaciones.
Sobra decir, que la pérdida sin elección suele ser la más dolorosa, la más complicada de procesar y la que puede llegar a bloquear nuestro desarrollo personal y social; en casos más graves puede causar depresión o trastornos de ansiedad por separación.
Esto debido principalmente a que la necesidad del contacto con la persona o situación aun existe al momento de la despedida, la carga emocional y energética puestos en este satisfactor están muy presentes. En cambio, en las pérdidas por elección la carga emocional y energética pueden no estar tan presentes o existe la disposición para disminuirlas, aunque esta pérdida sea motivada por circunstancias externas, la decisión de dejar a la persona o situación suele darse a través de un proceso que conlleva aceptación.
Ahora bien, este concepto de aceptación es clave en el proceso de soltar el pasado, pues en ambos tipos de pérdida, el cómo se vive la aceptación suele ser el origen del bloqueo.
¿De dónde surge entonces el bloqueo de la aceptación? Identifico dos grandes introyectos bloqueadores, uno en cada tipo de pérdida.
Cuando se trata de una pérdida sin elección, el introyecto bloqueador de la aceptación más importante es el que se deriva de creer que “Tienes que obtener todo lo que deseas, si te esfuerzas puedes lograrlo”. Este introyecto puede convertirse en algo nocivo si consideramos que en la pérdida sin elección no controlamos lo que ocurre, al contrario, son circunstancias que escapan a nuestras capacidades o deseos. Por lo que podemos pasar mucho tiempo de nuestra vida bloqueando la aceptación por pensar que si hacemos lo suficiente traeremos de vuelta aquello que perdimos. Nos forzamos entonces a intentar controlar la realidad externa, forzando a que regrese aquello que no decidimos dejar. Esto puede acompañarse de mucho enojo y frustración, al no ver resultados de nuestros esfuerzos.
El segundo introyecto que identifico, que es propio de la pérdida por elección, es pensar que “cuando tomas una decisión debes seguir adelante, no mires hacia atrás”. Aquí las cosas se vuelven complicadas cuando, a pesar de elegir despedirnos de aquello que satisface nuestras necesidades pensando que es la mejor decisión, después de algún tiempo nos damos cuenta que seguimos necesitando de aquella persona o situación. Por lo regular, aparecen sentimientos de arrepentimiento, y esto es un indicador importante de que la necesidad de contacto con el satisfactor sigue aun presente en nuestras vidas, y movernos desde el introyecto de “no hay vuelta atrás” puede a su vez bloquear el contacto con dicha necesidad. En este caso, podemos estar bloqueando no solo la aceptación de la pérdida, sino también la aceptación de dicha necesidad, y esto nos puede colocar en un ciclo de frustración e insatisfacción que no se resuelven debido a que nos forzamos a vivir sin aquello que decidí dejar pero posiblemente aún necesito.

Antes de iniciar el proceso de soltar situaciones del pasado es importante que aprendas a identificar de qué tipo de pérdida se trata, si fue una decisión tuya o no. Una vez que encuentres el tipo de pérdida que has vivido, revisa cuidadosamente si se presenta el introyecto propio de cada pérdida. Esto implica sobre todo honestidad, saber si estas forzando las cosas o te estas forzando a soltar, saber esto es importantísimo para cerrar el ciclo. Si te has dado cuenta de qué hay un introyecto bloqueando tu aceptación será necesario que trabajes para eliminar este introyecto. El camino para que puedas comenzar a romper estos introyectos bloqueadores comienza con una sencilla pregunta.

Para las pérdidas sin elección, la pregunta debe dirigirse hacia afuera: ¿es posible que vuelvas?. Si recibes una respuesta positiva estarás en la posibilidad de hacer lo necesario para recuperar a esa persona, trabajo, casa, estilo de vida, etc. Pero si la respuesta que proviene de afuera es negativa, temo decirte que solo te resta comenzar tu proceso de real aceptación de la pérdida, soltar para cerrar el ciclo.
Si a pesar de saber que es una pérdida sin elección, donde no tienes posibilidad de recuperar lo perdido, decides seguir forzando tu realidad para tener de nuevo eso que se fue, es importante que hagas todo lo posible por hacer detenerte, tal vez incluso necesites de apoyo profesional, ya que con mucha seguridad estarás inmerso en un ciclo de dependencia, llamado también confluencia, del cual te será complicado salir solo con tu voluntad.
En el caso de las pérdidas por elección propia, la pregunta que debes plantearte hacia el interior de ti mismo, desde un ejercicio de honestidad brutal es: “¿puedo vivir sin esto que dejé el resto de mi vida?”. Si la respuesta es positiva, de nuevo estas en posibilidad de iniciar tu proceso de aceptación de la pérdida y cierre de ciclos. Pero si la respuesta es negativa, si no estas dispuesto a vivir sin eso que dejaste, quiero que sepas que puedes decidir hacer lo que se requiera para recuperarlo, arrepentirte de una decisión no es algo sin solución, es válido y tienes el derecho de buscar lo que te haga feliz en donde tu elijas, es parte de ser una persona autentica y libre. Por lo tanto, es esencial que revises si te estas forzando a vivir sin esa persona, ese trabajo, sin esa casa, sin ese estilo de vida, etc. A pesar de saber que aun deseas que forme parte de tu vida. De ser así, puede que también estes bloqueando la aceptación de tu necesidad evadiendo enfrentarte a la situación, desde un mecanismo llamado deflexión, por lo que buscar un profesional que te acompañe puede ser una opción para reconectar de nuevo con tus propias necesidades.

En ambos casos, lo qué pasa a partir de que inicies tu proceso de aceptación puede ser diferente para cada persona o situación, requieres sobre todo de mucha paciencia y amor a ti mismo. Más importante aun, suele ser lo que viene después de la aceptación de la pérdida, y tiene que ver con hacerte responsable de tus necesidades, esto es, encontrar un satisfactor diferente con el cual las necesidades que quedaron descubiertas puedan de nuevo ser satisfechas.
Te sorprendería la cantidad de personas que después de pasar por un proceso de duelo, cierran ciclos y aceptan la pérdida, pero son incapaces de encontrar un satisfactor diferente que supla al que tenían, que son incapaces de mirar el abanico de posibilidades que se presenta ante ellos. Esto puede tener muchas causas, derivadas también de múltiples introyectos, pueden moverse desde la culpa, desde el sentimiento de estar traicionando a quien se fue, creer que la experiencia perdida solo se puede vivir una vez en la vida, y un largo etcétera.
Es fundamental que en este caso, también te des a la tarea de hacerte cargo de tu necesidad, hacerte responsable de ti mismo. Todas las necesidades de las que no te haces cargo, no satisfechas, que reprimes o evades, tienen consecuencias en tu vida emocional y social. La frustración que proviene de un estado sostenido de no satisfacción de tus necesidades, encuentra sin duda dos posibles salidas: la frustración o la agresión. Depende solamente de ti que hagas lo necesario para encontrar los satisfactores que brinden equilibrio a tu vida y cubras de forma saludable tus necesidades.
Te invito a hacer consciencia sobre estos puntos de los que te hablo, puede que encuentres dentro de ti la respuestas que buscas para cerrar por fin los ciclos que bloquean tu crecimiento personal y obstaculizan tu propia felicidad.
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¿Por qué es tan difícil soltar el pasado?

Hay situaciones y personas que son realmente significativas en nuestras vidas, aparecen para complementarnos, para satisfacer nuestras necesidades, para acompañarnos y para brindarnos emociones gratificantes. Se vuelven tan importantes que es fácil saber en qué momento son esenciales para sentirnos completos y plenos.
Sin embargo, las circunstancias pueden cambiar repentinamente y perdemos aquello que es tan significativo para nosotros. A partir de esa pérdida, como un proceso natural vivimos un duelo para desprendernos de aquella persona, aquel trabajo, aquella casa, aquella mascota, aquel familiar querido; y dependiendo de la profundidad del vínculo, puede convertirse en un proceso doloroso que implica tristeza, enojo, miedo y finalmente, anhelo.
Es acerca de este último punto que quiero hablar el día de hoy, sobre las situaciones y personas que a pesar del tiempo o la distancia seguimos extrañando, anhelando con su regreso o la vuelta a nuestras vidas, complicando nuestra capacidad para soltar el pasado.
He escuchado a muchas personas decirle a quienes se encuentran atravesando por un proceso de duelo que “lo más sano es que lo dejes ir”, o “solo te haces daño al recordarle”. Cerrar ciclos, resolver los asuntos inconclusos. Pero, qué tan cierto es que una vez que vivimos una pérdida debemos cancelar la historia, dejar de pensar en ello, olvidar y nunca volver a pensar en el pasado.
Pienso que es importante diferenciar dos tipos de pérdidas antes de hablar del proceso de soltar.
Primero, hablemos de las pérdidas que ocurren por algo que no podemos controlar, la muerte, el ser despedidos de un trabajo, cambios económicos por los cuales se pierde el estilo de vida que llevabas hasta el momento, que la otra persona decida no estar contigo o haya elegido un camino diferente.
Por otro lado, aquellas pérdidas que surgen de una decisión propia, una elección que realizas valorando lo que es mejor para ti, lo que necesitas, tus deseos, tus metas, tus aspiraciones, el tipo de vida que quieres tener o moverte a otras relaciones.
Sobra decir, que la pérdida sin elección suele ser la más dolorosa, la más complicada de procesar y la que puede llegar a bloquear nuestro desarrollo personal y social; en casos más graves puede causar depresión o trastornos de ansiedad por separación.
Esto debido principalmente a que la necesidad del contacto con la persona o situación aun existe al momento de la despedida, la carga emocional y energética puestos en este satisfactor están muy presentes. En cambio, en las pérdidas por elección la carga emocional y energética pueden no estar tan presentes o existe la disposición para disminuirlas, aunque esta pérdida sea motivada por circunstancias externas, la decisión de dejar a la persona o situación suele darse a través de un proceso que conlleva aceptación.
Ahora bien, este concepto de aceptación es clave en el proceso de soltar el pasado, pues en ambos tipos de pérdida, el cómo se vive la aceptación suele ser el origen del bloqueo.
¿De dónde surge entonces el bloqueo de la aceptación? Identifico dos grandes introyectos bloqueadores, uno en cada tipo de pérdida.
Cuando se trata de una pérdida sin elección, el introyecto bloqueador de la aceptación más importante es el que se deriva de creer que “Tienes que obtener todo lo que deseas, si te esfuerzas puedes lograrlo”. Este introyecto puede convertirse en algo nocivo si consideramos que en la pérdida sin elección no controlamos lo que ocurre, al contrario, son circunstancias que escapan a nuestras capacidades o deseos. Por lo que podemos pasar mucho tiempo de nuestra vida bloqueando la aceptación por pensar que si hacemos lo suficiente traeremos de vuelta aquello que perdimos. Nos forzamos entonces a intentar controlar la realidad externa, forzando a que regrese aquello que no decidimos dejar. Esto puede acompañarse de mucho enojo y frustración, al no ver resultados de nuestros esfuerzos.
El segundo introyecto que identifico, que es propio de la pérdida por elección, es pensar que “cuando tomas una decisión debes seguir adelante, no mires hacia atrás”. Aquí las cosas se vuelven complicadas cuando, a pesar de elegir despedirnos de aquello que satisface nuestras necesidades pensando que es la mejor decisión, después de algún tiempo nos damos cuenta que seguimos necesitando de aquella persona o situación. Por lo regular, aparecen sentimientos de arrepentimiento, y esto es un indicador importante de que la necesidad de contacto con el satisfactor sigue aun presente en nuestras vidas, y movernos desde el introyecto de “no hay vuelta atrás” puede a su vez bloquear el contacto con dicha necesidad. En este caso, podemos estar bloqueando no solo la aceptación de la pérdida, sino también la aceptación de dicha necesidad, y esto nos puede colocar en un ciclo de frustración e insatisfacción que no se resuelven debido a que nos forzamos a vivir sin aquello que decidí dejar pero posiblemente aún necesito.

Antes de iniciar el proceso de soltar situaciones del pasado es importante que aprendas a identificar de qué tipo de pérdida se trata, si fue una decisión tuya o no. Una vez que encuentres el tipo de pérdida que has vivido, revisa cuidadosamente si se presenta el introyecto propio de cada pérdida. Esto implica sobre todo honestidad, saber si estas forzando las cosas o te estas forzando a soltar, saber esto es importantísimo para cerrar el ciclo. Si te has dado cuenta de qué hay un introyecto bloqueando tu aceptación será necesario que trabajes para eliminar este introyecto. El camino para que puedas comenzar a romper estos introyectos bloqueadores comienza con una sencilla pregunta.

Para las pérdidas sin elección, la pregunta debe dirigirse hacia afuera: ¿es posible que vuelvas?. Si recibes una respuesta positiva estarás en la posibilidad de hacer lo necesario para recuperar a esa persona, trabajo, casa, estilo de vida, etc. Pero si la respuesta que proviene de afuera es negativa, temo decirte que solo te resta comenzar tu proceso de real aceptación de la pérdida, soltar para cerrar el ciclo.
Si a pesar de saber que es una pérdida sin elección, donde no tienes posibilidad de recuperar lo perdido, decides seguir forzando tu realidad para tener de nuevo eso que se fue, es importante que hagas todo lo posible por hacer detenerte, tal vez incluso necesites de apoyo profesional, ya que con mucha seguridad estarás inmerso en un ciclo de dependencia, llamado también confluencia, del cual te será complicado salir solo con tu voluntad.
En el caso de las pérdidas por elección propia, la pregunta que debes plantearte hacia el interior de ti mismo, desde un ejercicio de honestidad brutal es: “¿puedo vivir sin esto que dejé el resto de mi vida?”. Si la respuesta es positiva, de nuevo estas en posibilidad de iniciar tu proceso de aceptación de la pérdida y cierre de ciclos. Pero si la respuesta es negativa, si no estas dispuesto a vivir sin eso que dejaste, quiero que sepas que puedes decidir hacer lo que se requiera para recuperarlo, arrepentirte de una decisión no es algo sin solución, es válido y tienes el derecho de buscar lo que te haga feliz en donde tu elijas, es parte de ser una persona autentica y libre. Por lo tanto, es esencial que revises si te estas forzando a vivir sin esa persona, ese trabajo, sin esa casa, sin ese estilo de vida, etc. A pesar de saber que aun deseas que forme parte de tu vida. De ser así, puede que también estes bloqueando la aceptación de tu necesidad evadiendo enfrentarte a la situación, desde un mecanismo llamado deflexión, por lo que buscar un profesional que te acompañe puede ser una opción para reconectar de nuevo con tus propias necesidades.

En ambos casos, lo qué pasa a partir de que inicies tu proceso de aceptación puede ser diferente para cada persona o situación, requieres sobre todo de mucha paciencia y amor a ti mismo. Más importante aun, suele ser lo que viene después de la aceptación de la pérdida, y tiene que ver con hacerte responsable de tus necesidades, esto es, encontrar un satisfactor diferente con el cual las necesidades que quedaron descubiertas puedan de nuevo ser satisfechas.
Te sorprendería la cantidad de personas que después de pasar por un proceso de duelo, cierran ciclos y aceptan la pérdida, pero son incapaces de encontrar un satisfactor diferente que supla al que tenían, que son incapaces de mirar el abanico de posibilidades que se presenta ante ellos. Esto puede tener muchas causas, derivadas también de múltiples introyectos, pueden moverse desde la culpa, desde el sentimiento de estar traicionando a quien se fue, creer que la experiencia perdida solo se puede vivir una vez en la vida, y un largo etcétera.
Es fundamental que en este caso, también te des a la tarea de hacerte cargo de tu necesidad, hacerte responsable de ti mismo. Todas las necesidades de las que no te haces cargo, no satisfechas, que reprimes o evades, tienen consecuencias en tu vida emocional y social. La frustración que proviene de un estado sostenido de no satisfacción de tus necesidades, encuentra sin duda dos posibles salidas: la frustración o la agresión. Depende solamente de ti que hagas lo necesario para encontrar los satisfactores que brinden equilibrio a tu vida y cubras de forma saludable tus necesidades.
Te invito a hacer consciencia sobre estos puntos de los que te hablo, puede que encuentres dentro de ti la respuestas que buscas para cerrar por fin los ciclos que bloquean tu crecimiento personal y obstaculizan tu propia felicidad.
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El enfoque Gestalt en psicoterapia tiene sus orígenes de la mano de Perls en Sudafrica, tras su rompimiento con el psicoanálisis, apareciendo de forma oficial en 1951 en Nueva York, presentada como una manera particular de concebir las relaciones del ser vivo con el mundo, donde “el todo es más que la suma de sus partes” y se pone el énfasis principalmente en el presente como experiencia holística, en el “aquí y el ahora”, integrando las dimensiones del ser humano compuestas por lo sensorial, afectivo, intelectual, social y espiritual.

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El enfoque Gestalt en psicoterapia tiene sus orígenes de la mano de Perls en Sudafrica, tras su rompimiento con el psicoanálisis, apareciendo de forma oficial en 1951 en Nueva York, presentada como una manera particular de concebir las relaciones del ser vivo con el mundo, donde “el todo es más que la suma de sus partes” y se pone el énfasis principalmente en el presente como experiencia holística, en el “aquí y el ahora”, integrando las dimensiones del ser humano compuestas por lo sensorial, afectivo, intelectual, social y espiritual.

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A lo largo de mi vida, desde mis experiencias personales y a través del contacto con mis pacientes y alumnos; me he dado cuenta de la gran necesidad que existe en muchísimas personas de encontrar la forma de tener una vida más plena y satisfactoria. Encontrar la felicidad, alcanzar la plenitud o realizarse a sí mismos, son algunas de las maneras en las que nos planteamos objetivos que la mayor parte del tiempo requieren de un esfuerzo constante a la hora de definir en dónde o de qué manera podemos lograrlo.

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Los Trastornos del Estado de Ánimo en los niños son una problemática que incluye múltiples factores (sociales, económicos y culturales), que resultan en distintas manifestaciones que afectan el desarrollo integral del menor. Por un lado, es importante mencionar que uno de los factores principales en la aparición de los Trastornos del Estado de Ánimo en la infancia se da a partir del maltrato al que es expuesto el menor desde etapas tempranas de su desarrollo.

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A lo largo de mi vida, desde mis experiencias personales y a través del contacto con mis pacientes y alumnos; me he dado cuenta de la gran necesidad que existe en muchísimas personas de encontrar la forma de tener una vida más plena y satisfactoria. Encontrar la felicidad, alcanzar la plenitud o realizarse a sí mismos, son algunas de las maneras en las que nos planteamos objetivos que la mayor parte del tiempo requieren de un esfuerzo constante a la hora de definir en dónde o de qué manera podemos lograrlo.

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Les quiero compartir este cuento para trabajar la IE con los pequeñitos, espero les guste.
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