Es aterrador estar frente a una hoja en blanco.

No sabemos por dónde empezar, qué decir ni qué hacer. Estamos bloqueados, esperando que aparezca alguna idea milagrosa que nos saque del apuro.

Pero no aparece nada. Ni una pista.

Sin desesperarnos, miramos a nuestro alrededor y buscamos algo que nos inspire y nos brinde un empujoncito inicial.

De repente, aparece un pensamiento para anotar. Escribimos una línea y luego la borramos porque no nos gusta.

Intentamos de nuevo...
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