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Luciano Doti
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Soy un escritor con varias obras publicadas en diferentes antologías. Soy hincha de River Plate.
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Damas, por Luciano Doti

Las mujeres posaron elegantemente vestidas y manteniendo una impuesta compostura. Dentro de ellas, sus deseos pujaban por salir. Algunos de esos deseos eran manifestaciones de sus más bajos instintos.
Tarde o temprano lo reprimido se somatiza en el cuerpo, y si no, en el mundo. Cuando la naturaleza es bloqueada por lo cultural, ésta se expresa aun con más fuerza.
El tsunami arremetió contra todo. Tanta energía reprimida generó un vendaval de agua y viento. Tembló la tierra.
Superado el percance, la foto de las mujeres fue hallada en el lodo; para entonces mostraba unas manchas en tonos amarillos y rojos, como el fuego de la pasión y de los más bajos instintos.

CC BY Luciano Doti, para el #ViernesCreativo de Escribe Fino.

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La revista Brevilla incluyó dos de mis microrrelatos en su antología dedicada al género policial. 

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Incluye uno de mis microrrelatos. 
Queridos amigos:
Un placer y una alegría anunciar la salida de EL NARRATORIO 13.
Pasen, lean, disfruten y compartan

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Nuevo número de la revista Penumbria, incluye un cuento corto de mi autoría. 

Sin escrúpulos, por Luciano Doti

La editora era atractiva e interesante. La había agregado unos meses antes en el Facebook y desde aquel momento deseaba que ella leyera alguno de sus textos. Le daba tanta importancia a eso, que no se había animado a pedírselo por miedo al rechazo.
Comenzó a preguntarse si el miedo al rechazo era como escritor o como posible pareja de ella. ¿A cuál rechazo era que temía?
No supo responderse esa pregunta, pero en cambio ideó un plan para evitar exponerse: le enviaría un texto a través de una cuenta ficticia que no contuviera su nombre creada especialmente para tal fin, y en caso de que a ella le agradara, recién entonces le revelaría su identidad.
Eligió el texto en cuestión tratando de adivinar el que más le gustaría a ella y se lo mandó a su casilla de mensajes.
Los primeros días, una imagen de la editora anidaba en su mente: la veía sentada sobre una pila de libros, leyendo en un dispositivo portátil el texto que él le había enviado, lucía tacones y ropa entallada negra que realzaba su cuerpo escultural. Después pasó el tiempo y, sin respuesta, el autor inició el proceso de olvidar y de perder expectativas.
Finalmente a la editora le gustó el texto y se lo hizo saber devolviendo el mensaje.
Tarde. El autor ya no entraba a esa cuenta ficticia, ni siquiera recordaba la contraseña.
La editora publicó un posteo en su muro reclamando por él, pidiendo que el autor de ese texto que le había llegado a su casilla de mensajes se diera a conocer con su verdadera identidad, lo que dio lugar a que otro aspirante a escritor sin escrúpulos encontrara la ocasión de atribuírselo como propio.
El autor, que no había registrado la obra, se enteró cuando ese otro inescrupuloso ya disfrutaba del fruto del talento ajeno y también de la atractiva e interesante editora.

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Una vez más la prestigiosa revista Penumbria, dedicada al género fantástico, ha elegido uno de mis cuentos para publicarlo en su próximo número.
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Última morada, por Luciano Doti

Caminaba en la noche por un monte inhóspito. En medio de la oscuridad, un castillo como el de Drácula se erigía ante mí. La entrada me recordó al as de oros en el tarot Rider, tenía forma oval y resplandecía invitándome a entrar. No opuse resistencia.
Ya en el interior, unas damas etéreas me daban la bienvenida; lucían vestidos largos y escotados, sus cabellos flotaban al viento. No sé cuánto tiempo pasé con ellas, hubiera querido que sea toda la eternidad, pero nos interrumpió el Conde.
Juzgué que el Conde no podía ser otro que Drácula, su aspecto repulsivo y aterrador contrastaba con el de las anfitrionas. “¿Bebería mi sangre? ¿Cómo había llegado yo a Transilvania?”, me pregunté.
-Los muertos viajan rápido –le oí decir.

CC BY Luciano Doti, para el #ViernesCreativo de Escribe Fino. 

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Última morada, por Luciano Doti

Caminaba en la noche por un monte inhóspito. En medio de la oscuridad, un castillo como el de Drácula se erigía ante mí. La entrada me recordó al as de oros en el tarot Rider, tenía forma oval y resplandecía invitándome a entrar. No opuse resistencia.
Ya en el interior, unas damas etéreas me daban la bienvenida; lucían vestidos largos y escotados, sus cabellos flotaban al viento. No sé cuánto tiempo pasé con ellas, hubiera querido que sea toda la eternidad, pero nos interrumpió el Conde.
Juzgué que el Conde no podía ser otro que Drácula, su aspecto repulsivo y aterrador contrastaba con el de las anfitrionas. “¿Bebería mi sangre? ¿Cómo había llegado yo a Transilvania?”, me pregunté.
-Los muertos viajan rápido –le oí decir.

CC BY Luciano Doti, para el #ViernesCreativo de Escribe Fino. 

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Última morada, por Luciano Doti

Caminaba en la noche por un monte inhóspito. En medio de la oscuridad, un castillo como el de Drácula se erigía ante mí. La entrada me recordó al as de oros en el tarot Rider, tenía forma oval y resplandecía invitándome a entrar. No opuse resistencia.
Ya en el interior, unas damas etéreas me daban la bienvenida; lucían vestidos largos y escotados, sus cabellos flotaban al viento. No sé cuánto tiempo pasé con ellas, hubiera querido que sea toda la eternidad, pero nos interrumpió el Conde.
Juzgué que el Conde no podía ser otro que Drácula, su aspecto repulsivo y aterrador contrastaba con el de las anfitrionas. “¿Bebería mi sangre? ¿Cómo había llegado yo a Transilvania?”, me pregunté.
-Los muertos viajan rápido –le oí decir.

CC BY Luciano Doti, para el #ViernesCreativo de Escribe Fino. 
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