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Carlos J. Acevedo
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El momento cuándo mi vida corrió peligro en medio de un operativo policial

En los 19 años que llevo en los medios de comunicación han sido diversas las historias que he reseñado. Desde entrevistar a figuras reconocidas en la sociedad, cubrir eventos culturales, hasta estar presente en operativos de la policía en residenciales públicos. Precisamente en estos tipos de operativos tuve una de las experiencias más impactantes de mi vida. Ocurrió en 2003, cuando laboré como reportero de Noticentro. Recuerdo que me enviaron en horas de la madrugada junto a al camarógrafo Edmundo Cid al residencial Berwind en Rio Piedras para cubrir el caso de un agente encubierto que fue asesinado en las inmediaciones del complejo de apartamentos.

Al llegar al lugar, vi el cuerpo del oficial rodeado de decenas de oficiales que estaban protegiendo la escena del crimen. Minutos más tarde empecé a escuchar disparos. En ese preciso momento la producción de Noticentro al Amanecer me llama para indicarme que en los próximos minutos tenía una transmisión en vivo. Luego de estas instrucciones fui a buscar datos del caso. Una vez conseguí los detalles del asesinato, me preparé para informar de lo sucedido. Sin embargo, cuando comencé a informar, iniciaron las ráfagas de disparos que aumentaron cada vez más. Fue un momento bien difícil. Imagínense, estar trasmitiendo una noticia y a tus espaldas esté ocurriendo una balacera.

Finalizada la transmisión, mi corazón estaba latiendo más de lo normal y solo pensaba en mi familia. Lo más doloroso de esto fue que al ser una escena del crimen demasiado complicada, la fiscalía no ordenó el levantamiento del cadáver hasta ocho horas más tarde.

Al regresar a mi hogar, el recuerdo del tiroteo continuaba atormentándome y esa noche fue difícil conciliar el sueño.

Otra experiencia que tuve, y que se mantiene fresca en mi mente, fue cuando me tocó hacer una transmisión en directo sobre el juicio contra unos policías que agredieron a varias personas en medio de un cumpleaños en Loíza. Nos encontrábamos transmitiendo en el estacionamiento de una gasolinera, justo al lado del tribunal de Carolina donde se iba a llevar a cabo el proceso judicial.
Cuando terminamos la transmisión me dirigí a la unidad móvil del canal esperando para hacer la segunda transmisión. El operador de la unidad remoto se encontraba en el baño de la gasolinera y oyó una fuerte discusión entre dos trabajadores que se dedicaban a hacer jardines y que estaban esperando para que los transportaran a la residencia donde iban a hacer estos tipos de labores.
En cuestión de segundos el operador escuchó que una de las personas gritaba al ser herido con un cuchillo en el pecho. Rápidamente mi compañero corrió hacia donde me encontraba con el camarógrafo y nos avisó de lo ocurrido. Rápidamente el fotoperiodista sacó su cámara y nos dirigimos a donde ocurrió el crimen. En ese momento, el responsable del asesinato fue detenido por unos de los alguaciles del tribunal que se encontraba comprando su desayuno en la tienda de la gasolinera. La escena fue impresionante. El hombre herido tendido en el suelo y el que cometió la agresión, detenido.

Rápidamente me acerqué donde estaba el agresor y le pregunté una y otra vez por qué hizo eso. El joven comenzó a decir incoherencias y se reafirmaba que una voz en su interior le alertó que debía matar a su compañero de trabajo porque le iba a envenenar la comida.

Pero lo más que me estremeció fue ver al hombre mal herido tratando de luchar por su vida. Poco a poco su respiración era más complicada. Un minuto más tarde falleció.

Fueron dos acontecimientos que cada semestre le he contado a mis estudiantes y parece como si hubieran ocurrido hoy. La labor de un reportero no es fácil. Evidencia de esto es cuando vemos en CNN a periodistas trasmitiendo noticias en medio de un guerra o conflicto bélico. Mi admiración a todos mis colegas.

¡Hasta la próxima!
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El día que me convertí de estudiante a profesor

En 1989 inicié la gran travesía de convertirme en un alumno de escuela pública en Canóvanas a un estudiante de la Universidad de Puerto Rico. La transición no fue sencilla. Tenía que cambiar ciertas costumbres para enfrentarme a un proceso en el que le decías a los maestros “mister” a aprender a decir “profesor”.

Otro cambio fue que ya no tenías que ponerte un uniforme y no había muchas alternativas de comer lo que te gustaba. O era un “fast food” o los negocios que estaban dentro del Recinto. Me acuerdo del negocio “El Cactus” en el que te ofrecían “pollo pack o pescado pack”. Si no te gustaba esto podías pasar por el área de la facultad de Humanidades para comprar un vaso grande de frutas con yogurt o emparedados vegetarianos.

Mi primer año no fue nada de fácil. Como estudiante prepa los horarios de las clases eran horribles. Los lunes y miércoles mi primer curso era a las 8am y salía a las 4pm. Mientras que los martes y jueves, la primera clase era a las 7am, tenía que esperar hasta las 2pm para el segundo curso y salía después de las 5pm.

Para transportarme a la Universidad también fue una odisea. De mi barrio La Central cogía pon con algún amigo o tomaba la guagua pública. En otras ocasiones me llevaban mis vecinos Erick y Anabel que eran estudiantes de la UPI. También mi señor padre José V. Acevedo me llevaba a la Universidad de camino a su trabajo en Rio Piedras. Para regresar a mi casa, tuve que hacer malabares. Como salía muy tarde del Recinto, no había carros públicos y me tomaba el riesgo de montarme en las conocidas guaguas fantasmas. Estos eran transportes que no contaban con permisos para estar en los terminales de carros públicos y ofrecían servicios hasta altas horas de la noche.

Ese primer año mi frustración era enorme, ya que sentía que no encajaba a la vida universitaria. Sin embargo, fui perseverante y pude culminar mi bachillerato en humanidades en cuatro años. Esto fue en 1993.

Cinco meses después de la graduación, la búsqueda de un empleo fue cuesta arriba. Los lugares donde solicitaba trabajo me decían que debía tener experiencia. Esto fue algo chocante, pero decidí en enero de 1994 retomar mis estudios y me matriculé en la Escuela de Comunicación Publica de la UPR. La experiencia fue gratificante y conocí excelentes profesores y amigos, algunos de ellos estudiantes procedentes de Perú.

En 1998 obtuve mi maestría en comunicaciones y ese mismo año inicié mi experiencia laboral en Wapa Radio y posteriormente en Notiuno.
En 2003 tuve la dicha de convertirme en profesor de comunicaciones en el recinto de Bayamón de la Universidad Interamericana. Le confieso que el primer día de clases mi nerviosidad estaba a niveles elevados. Estar detrás de un escritorio y observar a más de treinta estudiantes hacía que una hora y media de clase se convirtiera en una eternidad. Recuerdo que me temblaba la voz y mis piernas estaban inquietas.

Gracias a Dios, al pasar los meses mi confianza aumentaba y pude finalizar el primer semestre muy bien. Durante siete años estuve en la Inter hasta que en 2010 me convertí en profesor de comunicaciones y español en la Universidad del Turabo. Al presente sigo con ellos.

Les puedo comentar que cada grupo de estudiantes a los que les di clase están llenos de gratos recuerdos y anécdotas que me han enriquecido a nivel académico como personal. Cada joven era reflejo de lo que yo pasé cuando estudiaba. Los mismos problemas de transportación y la dificultad para acostumbrarse a la transición de estudiante de la “High” a universitario. Muchas veces me tenía que quitar el sombrero de profesor para convertirme en consejero. Hoy día, la mayoría de esos jóvenes que estuvieron en mi salón de clases son grandes profesionales y aun me recuerdan y agradecen los consejos que les ofrecí.

! ¡Que vivan los estudiantes y los profesores que me encaminaron para convertirme en un profesional hoy día!

¡Hasta la próxima!
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Recordando al payaso Pirulí

Durante una actividad familiar, que coordinaba mi esposa Evelyn en el Parque de los Niños en Bayamón, tuve la dicha de conocer a una de las figuras más queridas y de mucha recordación para muchas generaciones. Se trata de Pedro Santos, conocido como el payaso Pirulí.

Vamos a hacer un poco de historia sobre el origen de este personaje. Pirulí, quien actualmente tiene 85 años, es el primer payaso en pertenecer a la organización Clowns of America International en el año 1970. En 1971, en su primera convención en Baltimore Maryland, gana el primer premio en la rutina de comedia. Desde 1958 hasta 1976 fue el primer payaso contratado por la compañía Coca Cola para sus promociones. También fue el creador de la idea de un payaso para trabajar en cumpleaños, fiestas patronales y el Dia del Niño.
Su nombre artístico surge de la palabra pegajosa del dulce autóctono del país cuando los niños cambiaban pirulí por botellas en los años 1930 al 1950.

En 1983, en la convención de Clown of América realizada en Baltimore, la junta de directores nombra a Pirulí como vicepresidente regional para los países hispanos. Posición que mantuvo de 1983 hasta el 2004. Pirulí ha ganado los primeros premios en las diferentes convenciones de Clown of America International en la categoría de comedia y maquillaje. Además, fue el payaso oficial por diez años en el Circo Panamericano, donde adquirió fama internacional en el mundo circense y ferias en Puerto Rico. Entre los circos que trabajó se encuentran: Gaby Fofó y Miliki, Circo de Brasil y el Circo Continental de Colombia.

En abril de 1991, fue invitado por la Organización de Clowns International en Inglaterra, donde fueron los organizadores de la convención World Clowns Association. Pirulí fue escogido para ofrecer un espectáculo en la noche de gala de la Convención.

En septiembre de 2003, representó a Puerto Rico en el Primer Simposio y Congreso de Payasos del Mundo en la ciudad de Weston Super Mare en Inglaterra. Pirulí pudo reunirse con payasos de Alemania, Francia, Estados Unidos, México, Holanda, Inglaterra, Canadá, Hungría, Hawaii, Italia, entre otros.
En su trayectoria artística, ha presentado su espectáculo en la República Dominicana, San Martín, Curacao y Santa Cruz.

La junta de directores del National Puerto Rican Day Parade Inc. seleccionó a Pirulí como Mariscal de los Niños para el desfile puertorriqueño en Nueva York el 11 de junio de 2006.

Pirulí es el payaso que más reconocimientos ha recibido por parte del gobierno de Puerto Rico.

Actualmente ofrece su talento en los eventos que se realicen en el Parque de los Niños. A la entrada de la facilidad recibe a grandes y chicos en su peculiar vehículo. Se trata de una réplica del Ford de 1918 modelo T que bautizó como “El Forito”. El mismo cuenta con música de circo, sirena, bocina antigua, máquina para hacer burbujas y otras sorpresas.

En su espectáculo de variedades presenta magia cómica, actos de circo, juegos y chistes. Su show se presenta con música infantil, recordando las canciones de los años 50.

Quise escribir sobre esta querida figura para que no olvidemos a las personas que han escrito páginas doradas de la historia de nuestra Isla. De esta forma su figura y carisma quedarán plasmadas como un orgullo boricua.

¡Gracias Pirulí por dar alegría a muchas generaciones de puertorriqueños!

¡Hasta la próxima!
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