"Sala 3"
de Joel Marte, República Dominicana

Si hubiera sospechado en lo mas mínimo lo que pasaría con Vanessa en aquella sala de cine no se si me hubiese atrevido a sonreirle en la fila de la boletería; Ella estaba delante con un billete azul de RD$ 2,000, la cajera no tenía cambio y yo me presté a socorrerla si ella, en cambio, compraba los refrescos y las palomitas de ambos en el candy bar. Así fue como entramos juntos a la sala 3.

De fondo sonaba “Todo se transforma” de Drexler, el proyector aun no ponía nada en la pantalla, el acondicionado enfriaba los poros al instante y la atmósfera tenue del lugar hacían parecer la sala el vestíbulo desierto de un gran hotel. Me presenté y ella me extendió una mano con un juego hermoso de uñas en varios colores al tiempo que me decía su nombre y las luces tristes comenzaron a descender hasta apagarse justo cuando apareció en pantalla la publicidad de Coca-Cola. No sé si me engañaba a mi mismo pero notaba en Vanessa una necesidad de estar cerca de alguien o al menos de no quedarse sola, que es mas o menos distinto, según el angulo que se mire. Y no negaré que en principio su soltura confianzuda sirviera para “romper el hielo” como se dice por ahí.

Como buen cinéfilo que soy, me concentro mucho en las películas desde el comienzo, pero esta vez era distinto; no había entrado nadie más en la sala y la proximidad con Vanessa, una perfecta desconocida, despertó en mi todo un imaginario de fantasías prohibidas. Primero supuse que quizá aquello de la falta de cambio no fue sino un pretexto habitual de una ninfómana experta o que al estar en la fila y al verme pedir solo una entrada para la película que ella también tenia en mente sintió cierta afinidad conmigo. Y así fue como, en el contacto cálido entre su codo y mi brazo, le fui dando riendas sueltas a mi imaginación. 

Pero aquello no duró mas que escasos minutos pues Vanessa emitió un sonido raro y cuando voltee a verla descubrí que lloraba. Ella quiso hacerse la fuerte y esconder el rostro pero al fin se rindió y me contó todo; Me habló de Arturo y sus 3 años de amores, de como la venia él tratando en las ultimas semanas y de la pelea que había terminado con la relación la noche anterior.

Las amigas y sus consejos no se hicieron esperar y precisamente por un consejo estaba ella ahí, conmigo; dos extraños solos en una sala de cine que parecía una habitación inmensa, ella con su corazón abierto, destrozado y yo con mi corazón apasionado y ebrio a causa de su llanto y las ganas de consolarla con un beso. Pero no quería parecer un aprovechado, no iba a tomar yo la iniciativa, no al menos del primer beso, la besaría solo si ella me besaba antes a mi. 

Me acerqué un poco mientras ella borraba una lagrima de su mejilla con la palma de su mano, le pedí que no llore, y en ese instante puede vislumbrar desde otra perspectiva lo que se conoce como “la magia del cine”, sus labios se entreabrieron y su aliento llegó a mi tibio y endulzado con el frambuesa de su lápiz labial, nuestros ojos se encontraron por una milésima de segundo mas ella bajó su mirada doblegada quizá por la viveza de mis intenciones o por dar paso a lo inevitable. Pero entonces la luz de su teléfono móvil me cegó y con la vibración del mismo ella brincó en su butaca y tumbó en el acto las palomitas justo cuando la voz de la pantalla grande advertía: "Bebes llorando deberán ser llevados a la sala de espera..."

Vanessa contestó con un "Dime Arturo" y, tras un breve silencio que a mi me pareció eterno, se levantó, recogió su cartera y, aun con el móvil en los oídos, musitó un "bay" en mímica mientras agitaba su mano libre y se marchaba para siempre. Me costó trabajo aceptar que lo que acaba de suceder allí; comprobar que no era un espejismo, que no era producto de soltar mi imaginación al estar solo en una sala de cine. Pero las palomitas seguían tiradas en el piso y el olor a frambuesa todavía martillaba mi sentido del olfato.

No la he vuelto a ver; tal vez ahora vaya a otro cine o evite entrar a la sala 3 de éste. No lo sé. Pero lo cierto es que he reflexionado mucho sobre nuestro encuentro y mas que eso, sobre la percepción que tenga ahora Vanessa de mi. Y si es verdad que quisiera volver a verla, mas que por sus sensuales labios, es para aclararle que no eran malas mis intenciones, que yo también había roto mi relación semanas antes y hasta me atrevería a preguntarle por el descarado de su novio, después de todo creo que debería agradecerme que pese a la fragilidad de su chica y gracias al buen servicio de la compañía de teléfonos aun seguía el con novia.

A ti que me lees, si eres de los que suele ir solo al cine, por las razones y preferencias que sea, y si acaso alguna vez te la encuentras, ya sabes como se llama. Pero debes también saber que su corazón es ajeno y que su gran amor, Arturo, puede que aparezca en el peor momento. Así que mejor es vencer la tentación y disfrutar la película. 

Por lo demás aquí estoy yo; de nuevo esperando mi turno en la fila. La chica frente a la caja registradora ha preguntado ya dos veces por cambio y yo no he hecho otra cosa que ponerme mis headphones y subir el volumen con un solo pensamiento fijo; ¡Ojala no me vuelva a quedar solo en la sala!

PD: No dejes de atender bien a tu novia Arturo, quizá el móvil no tenga señal la próxima vez.

Licencia: CC BY-NC-ND 3.0
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/
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