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Susana Mohel
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Susana Mohel commented on a post on Blogger.
Gracias por la publicación.
Éxitos!

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Extra, extra... Tara y Joel les tienen una sorpresa!!!

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Estamos a tan solo 9 días
¿Listos para ser aire?

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¡Buenos días, feliz martes! Lo prometido es deuda, a un mes del lanzamiento de mi nueva novela, Como agua entre los dedos, aquí les traigo el primer capítulo. Espero les guste, será una historia intensa y muy emotiva.
Déjenme sus comentarios, muero por leerlos, esta tarde los contestaré todos, así que denme mucho trabajo.
¿Listos?
¡¡Aquí vamos!!

Capítulo 1

Solo me faltan dos cuadras más.
¡Solo me faltan dos cuadras más!
¿Segura que solo faltan dos cuadras más?
Malditas calles, parecen reproducirse, no veo la hora de llegar a mi casa.
Como siempre tengo la lengua afuera y la respiración tan agitada como un caballo después de una carrera. Este es un intento más, frustrado por supuesto, de ponerme en forma.
En forma de lavadora.
Cada día estoy peor y no hay dieta que valga.
Levanto la cabeza, mientras me apoyo en el primer árbol que se me atraviesa y por fin veo la calle Market. Todos los días hago esto, bueno, desde hace una semana. Me calzo mis zapatillas deportivas y recorro la distancia que separa la casa que comparto con Chase, mi esposo, en el centro de San Diego hasta Sea Port Village. No me importa que aún no hayamos tenido hijos, aunque no los estemos buscando, ese es un proyecto que aunque nos emociona, todavía no estamos listos para emprender.
Ya no somos recién casados, pero seguimos centrados el uno en el otro y hemos decidido esperar.
Aunque si sucede, sucede. Y lo recibiremos con los brazos abiertos. Un bebé. La sola mención de esas cuatro letras me pone los pelos de punta, un bebé de Chase y mío, el fruto de nuestro amor. Uno que tenga sus ojos y mi sonrisa, esa que dice que tanto le gusta.
Llego a la esquina y mientras espero a que cambie la señal, tengo tiempo de disfrutar un poco de los alrededores. El recorrido es bonito, la calle está llena de restaurantes de moda y condominios muy parecidos al lugar en donde hemos fijado nuestra residencia. Se supone que debo hacer el camino de ida y vuelta en solo cuarenta y cinco minutos, eso fue lo que mi marido dijo entre carcajadas, pero tengo suerte si logro volver en una hora.
A lo lejos por fin diviso la esquina de mi casa, juro que soy como un náufrago a la voz de tierra a la vista.
¡Que desesperación tengo por llegar y tomarme algo fresquito!
Entro por el portón que une las propiedades en un parque central, quitándome los audífonos, y me encuentro con la voz cantarina de Ariel, la chica que se encarga de la limpieza y mantenimiento, quien por cierto esta semana ha decidido usar su cabello rosa.
—¿Un cambio de look? —Le pregunto cuando por fin logro recuperar el aliento.
—El verde es difícil de mantener —responde encogiéndose de hombros—. Se ve mejor en las fotos que vi en internet, lástima que todo en la vida no resulta ser como en Pinterest.
Si lo sabré yo.
Tengo más de cinco ingeniosos proyectos de bricolaje en casa aún sin terminar.
Y lo peor es que no le veo norte a ese asunto.
Sin embargo, me he empeñado en decorar nuestra casa de la manera más personal posible, comenzando muchos proyectos, que algunas veces me abruman y creo que no voy a terminar nunca, como el suelo de madera de la habitación que instalamos entre ambos.
Por supuesto al terminar quisimos bautizarlo, imprimir nuestro sello en él. De esa forma que tiene Chase de derretirme entre sus manos, volviéndome líquido, agua que toma la forma que él decide darle.
Deliciosamente.
Ya me estoy calentando en lugares que la carrera no consiguió hacerlo.
—¿Quieres comer algo conmigo? —Pregunta Ariel cortando el hilo de mis vagos pensamientos.
—No tengo energía para bajar escaleras y luego volver a subirlas, tal vez lo mejor sea ir directamente a casa.
—Nos vemos luego —se despide mientras sigue barriendo el concreto que cubre los andadores del parquecito.
Le respondo con un gesto flojo de mano, dirigiéndome a mi hogar. Ahí me recibe el eco del silencio y el eco del perfume de Chase.
Dios, cómo me gusta.
Después de tantos años todavía le insisto en que no lo cambie y él me complace con ese pequeño capricho.
No es el perfume. Es él. El perfume y la piel del hombre que amo, una combinación letal.
En la cocina encuentro la cafetera encendida y la taza que usó Chase para tomarse su acostumbrado americano ya limpia, secándose en el escurridor. 
Reviso la encimera, en los cajones y hasta dentro del refrigerador, en busca de algo que nunca falla, que siempre está.
Pero hoy no.
Seguramente lo encontraré en otro lugar.
Nunca falla.
Nuestra habitación está tan desierta como todos los días, ya no hay papelitos dejados en el espejo, ni besos dejados por ahí.
Nada.
Es tan raro.
Se siente tan frío.
Es una niebla espesa que me cubre, haciéndome estremecer. Con la suavidad de la ola de un tsunami me golpea la soledad, como un balde de agua helada sobre mi piel recalentada.
Algo no está bien.
No tengo idea qué es, pero el corazón me grita una palabra que nunca creí escuchar.
Estrepitosamente.
Es más que una simple corazonada.
Mucho más que un mal presentimiento.
¿Lo has sentido?
Arreglo la cama, como todos los días, alisando las sábanas blancas que huelen a mí, a él y a lo que hicimos anoche, debería cambiarlas, pero la romántica que hay en mí me impide hacerlo. 
Me deshago de la ropa sudorosa y pegajosa que traigo puesta en camino al baño pensando en lo extraño que tiene el día de hoy y no son más de las ocho de la mañana. El corazón nunca engaña, de eso no tengo la menor duda. El mío me dice que algo va a ocurrir hoy. 
He decidido creerle.
Tengo un nudo en el pecho, una sensación extraña que no sé cómo describir. Me aferro a la esponja con la que me estoy enjabonando como si fuera un salvavidas.
Ojalá supiera qué es lo que está pasando.
Seguramente Chase sabe algo. Cuando regrese le preguntaré. Chase. Mi esposo. Mi mundo entero.
El hombre cariñoso y detallista que siempre deja el rastro de su amor por donde quiera que pasa. Así sea un sencillo gesto, siempre lo hace.
Hasta hoy.
¿Será eso?
Dios…
¿Se nos estará muriendo el amor?
¿Lo habremos desgastado de tanto usarlo?
¿Es eso siquiera posible?
Borro esa idea de mi mente de un manotazo, es imposible. La sola idea de imaginar mi vida sin Chase me horroriza. Han sido muchos años, tantísimos sueños, todas mis ilusiones.
No.
No, me niego a creerlo.
Eso no puede estar pasando.
Termino mi ducha con la idea de arreglarme un poco más que todos los días y planear algo romántico y divertido para esta noche.
¿Qué podrá ser?
¡Ya sé! Una cena, está trillado pero con eso no fallo.
Primero a terminar uno de mis proyectos, la mesa del comedor, si es que pretendo ponerle algo encima.
Paso el resto de la tarde cortando madera, clavando tablas y lijando lo que antes era un viejo pallet, ahora es la reluciente cubierta de mi mesa de comedor.
Miro llena de ilusión mi trabajo, por fin he terminado uno.
Ahora manos a la obra. Roselyn a la cocina, si es que quiero terminar la comida a tiempo.
Como eso de la cocina no es precisamente lo mío, preparo un pastel de carne con puré de papas y ensalada. He sacado una botella de vino que habíamos guardado para ocasiones especiales y corro a arreglarme.
Busco entre los cajones mi mejor ropa interior, algo sexy y de encaje, que combine con el vestido suelto que he elegido usar, soy incapaz de ponerme algo más temiendo que se me salgan los rollos que tengo en la cintura. Me veo al espejo y aunque no me encanta lo que veo, no hay para más.
Aliso mi cabello y me aplico un poco de maquillaje, estoy lista para una noche de terapia intensiva a nuestro matrimonio.
Encuentro unas cuantas velas en la cocina y las distribuyo estratégicamente por la casa, en un rato será tiempo de encenderlas, olerá a sándalo, el aroma es sensual y espero que mi marido acepte la clara invitación que le estoy haciendo.
Son cerca de las seis cuando escucho el sonido que hace la puerta al abrirse, le siguen unos cuantos pasos, dejo el pastel de carne sobre la estufa y mientras me quito los guantes me doy la vuelta, recibiéndolo con una sonrisa.
Una sonrisa que él no me devuelve.
Chase me mira con una expresión seria, ilegible, más que eso su mirada es sombría.
Y aquí va de nuevo mi corazón con su advertencia.
Haciendo acopio de todas mis fuerzas, después de un momento de vacilación, enderezo la espalda y levanto la barbilla, camino hacia él ofreciéndole mis labios para un beso.
Sus labios están fríos y no reaccionan ante el embate de los míos. Quiero preguntarle qué está pasando, pero tengo demasiado miedo de recibir una respuesta que no me vaya a gustar.
—¿Tienes hambre? He preparado la cena, te va a gustar —al menos eso espero—. Hoy no está quemada.
Una sonrisa quiere dibujarse en su boca, pero tan pronto comienza a asomarse, la borra de golpe.
Cada vez estoy más nerviosa.
Y esa molesta voz sigue advirtiéndome que este es solo el principio.
—Por fin terminé la cubierta de la mesa del comedor —comento intentando sonar despreocupada—. ¿Te gusta?
—Quedó muy bonita —responde mirándola con tristeza—. Roselyn, tenemos que hablar, siéntate, por favor.
Lo hago en automático, sin rechistar. Cierro los ojos preparándome para lo que está por venir.
El primer golpe. En sentido figurado, claro está. Mi marido jamás me ha puesto una mano encima y estoy segura que aunque perdiese los estribos nunca lo haría. No está en su naturaleza.
Él comienza a caminar de un lado para otro y yo me tomo un momento contemplando al hombre del que me enamoré. Todo está ahí. Sigue siendo él, con esos ojos que algunas veces se ven azules y otros días tan verdes, delgado y musculoso, tan apuesto que casi paree sacado de un sueño húmedo, varonil, entregado, enamorado. Sí, sigue siendo él, pero de alguna manera hoy es distinto. Su actitud es distinta.
En todos los años que tengo de conocerlo jamás me había tratado de esta forma, tan… tan fría.
Observo en silencio como trae su maletín, buscando algo en él, una carpeta de cartulina azul que deja sobre la mesa frente a mí.
Sin decir ni una sílaba. 
Maldita sea, ¿me suelta esto y tiene el descaro de no dirigirme la palabra?
Boqueo como un pez fuera del agua, mis ojos no dan crédito a lo que tengo enfrente. Unas letras negras anuncian lo que hay en el interior. No me atrevo a abrirla, las manos no me dan para hacerlo. Es como si fuera la caja una caja de pandora maldita, el sarcófago de un faraón cargado de plagas para quien ose abrir la tapa.
Así mismo es lo que tengo enfrente.
—¿Qué es esto, Chase? —Y ese susurro es apenas reconocible como mi propia voz.
—Ya lo sabes, Roselyn.
—¿Por qué? —Pregunto sin podérmelo creer.
Divorcio.
Chase me ha traído el acuerdo de divorcio.
Mi esposo quiere dejarme.
De alguna manera ya lo ha hecho.
—Quiero que hagamos las cosas amigablemente, no tenemos hijos, así que eso facilita todo, esta es tu casa, puedes quedarte con ella y el coche. También he dispuesto de una cantidad mensual para tu sostenimiento mientas encuentras un trabajo, si eso es lo que quieres hacer. Busca un abogado, no te voy a poner problemas. Tienes tiempo para pensarlo.
Tiempo para pensarlo.
Maldita sea. ¿Tiempo para pensarlo?
Él ha tenido ese tiempo para pensarlo y ahora arroja esta bomba atómica en mi vida, destruyéndolo todo. Ahora yo debo vivir con esa devastación.
—¿Por qué? —Vuelvo a preguntar, insistiendo. Es lo menos que me debe, una explicación.
—Roselyn… —murmura y sé que no va a decirme nada.
—Eres un maldito cobarde, Chase Holland, un maldito cobarde. ¿Quién le avienta a su mujer el divorcio de esta manera? ¡Quiero una explicación, no me jodas! Me merezco una explicación.
He gritado y no me arrepiento, sentía como si estuviera conteniendo la respiración bajo el agua, temiendo ahogarme.
—¿Me dejaste de amar? —Vocifero—. Es eso, Chase. ¿O te enredaste con alguien más?
La sola idea de que me haya sido infiel me hela, su piel es mía, su cuerpo es mío. Él es mío.
O eso creía yo.
—No hay nadie más —susurra—. No es eso, Rose, siempre has sido solo tú.
—Hasta ahora —. Y hasta yo me sorprendo de haber dicho eso en voz alta.
—Hasta ahora —repite mirándome a los ojos.
El lazo que teníamos se ha roto, de nada sirve seguir aquí luchando contra esto, estoy en mar abierto peleando contra olas que me sobrepasan.
—Voy a hacer la maleta, hice reservas en un hotel cerca, por si necesitas algo.
Se va.
Él puede escapar y yo me tengo que quedar aquí, ahogándome con los recuerdos. Con nuestros recuerdos. Con la ilusión de la vida que planeamos para los dos. Ilusiones que se han transformado en sueños imposibles.
Sin decir ni media palabra me dirijo a la habitación, rebuscando entre el vestidor por las dos maletas más grandes que tenemos. 
Que tenemos.
Que teníamos.
Es mejor que me acostumbre a pensar en singular.
Ese nosotros ya no existe.
Tengo que parame obligándome a no llorar, me niego a derrumbarme aquí, ya fue suficiente humillación.
Levanto la mirada, para encontrarme con la suya. Chase me observa en silencio mientras desesperadamente arrojo en las maletas las cosas que se me cruzan por enfrente. Es imposible llevarme todo.
No puedo.
Mis ilusiones, así como también mi corazón se quedan aquí con él.
—Rose —dice mientras yo intento manejar las maletas y encontrar la puerta.
Necesito irme de aquí.
Más que a mi próxima respiración.
—No te vayas, esta es tu casa, me iré yo.
Abro la puerta y lo miro por lo que parece la primera vez en años, aunque sé que será la última.
No respondo.
El silencio lo hace por mí.
Tomo aire intentando llenar mis pulmones.
Es imposible.
Están llenos de otra cosa.
De derrota.
De las lágrimas que no me he permitido derramar frente a él.
Ignoro sus ruegos cerrando la puerta tras de mí, jamás me había dolido tanto hacer algo en toda mi vida. 
Acabo de renunciar a todo lo que había construido por años. Intentando aferrarme a mi dignidad, al orgullo, al coraje.
Por puro milagro logro llegar hasta mi coche, pero antes de que pueda abrir la puerta dique se rompe, transformándome en líquido.
En lágrimas.
En esas que se escapan de mis ojos, justo como la vida que se me va como agua entre los dedos y lo más triste es que no hay nada que pueda hacer por impedirlo.
© Todos los derechos reservados. Susana Mohel 2016.
Los adelantos están sujetos a edición.
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SINOPSIS:

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¿Qué esperas para ir por ellos?

SINOPSIS:

Por primera vez en mi vida soy libre, pero soy un ave que tiene que aprender a volar con las alas rotas. Rotas por el desamor, por la desesperanza, rotas de soledad. Entonces llega él y moviéndolo todo derriba los endebles muros que estoy comenzando a construir prometiéndome un cuento de hadas, uno que se ve amenazado por la desconfianza, pues yo no creo en el amor y él no cree en mí.
Mi nombre es Ángela Sinclair y esta es una historia de supervivencia al impredecible huracán llamado Jack Fenson.

Disfruta del Booktrailer y de la hermosa canción Say Something → https://youtu.be/JRjU45Rv1vA

Reseña Puntos Suspensivos → http://nohaypuntosfinales.blogspot.com/2015/07/impredecible.html

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‪#‎Impredecible‬ está al aire... ¿listos para conocer la historia de Angela y Jack?

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Gracias +olimar coromoto torrelles bermudez que hermoso, muchos exitos con tu nuevo blog!!!! <3 <3 <3 
Te queremos, mi bella!!!

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Felicidades a todas mis amigas que han recibido la bendición de ser madres, y en un día como hoy mi corazón está también con esas mujeres que sueñan escuchar un "mamá", ojala vean realizado su sueño.
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