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Aleph Perth (Hernan)
Vendedor, bardo itinerante y master de rol
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SOBRE EL 2018 EN CON 1D4 DE AZUCAR

A escasos días de volver al ruedo con el podcast queremos contarles a todos las novedades que se verán este año en el mismo. Es cierto que nos hubiera gustado contarles esto antes e, incluso, que fueran participes de las decisiones que tomamos porque en definitiva (y perdón por la frase hecha) el canal existe porque tiene seguidores que lo escuchan.

Pero yéndonos a lo práctico, aquí les resumimos brevemente los cambios que verán desde 2018, esperamos sepan entender que los mismos se deben a asuntos de fuerza mayor como familia, trabajo y otras cosas con las que tenemos que lidiar en el día a día y no a un capricho de parte de quienes hacemos el podcast.

- Dejaremos de hacer los podcast en vivo los sábados por medio a las 12hs, de ahora en más el programa se grabara, subirá y publicara (mismos días, mismos horarios)
Los días de grabación estamos terminando de definirlos, pero como por cuestiones de comodidad al momento de grabar se transmitirá el programa (nos evitamos con eso tener que subir a posterior el video a YouTube y con ello posibles problemas técnicos) avisaremos y colocaremos el link en nuestras redes sociales cuando esto suceda a fin de que, quienes puedan y quieran, pasen a escucharnos.

- Ya no habrá invitados todos los podcast: de ahora en más el panel fijo lo compondremos tres personas. Franco y yo (como ya es rutina) y se incorporara +César Jara Encina quien ya nos da una mano enorme en el canal con las paridas.
Dado que el cortar con los invitados (sobre todo porque aún tenemos muchos pendientes) no fue la elección que más no gustase la idea será realizar de tanto en tanto algún podcast donde invitemos gente para acompañarnos esto aún está en vistas de resolverse como nos organizaremos con ello.

- En vista al punto anterior los capítulos sin invitado no tendrán reseñas dado que no conocemos tantos juegos como para poder cubrir ese bache.

De vuelta, esperamos entiendan los cambios y sigan apoyándonos con el proyecto en este año.

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31. Elena Fortun ✓

O también María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo, toma ya. Fue una escritora dedicada a la literatura infantil y juvenil que nació un 17 de noviembre 1886 en Madrid. Hija única de un alabardero de la Guardia Real y de una noble vasca. La crió su ama porque la salud de su madre fue muy mala durante toda su vida. Se pasaba los veranos en la villa segoviana de Abades, en casa de su abuelo paterno. Para protegerla por su mala salud y por conciencia de clase, su madre no le permitía jugar con otros niños. Eso hizo que formara una personalidad solitaria, soñadora e hipersensible.

Se casó a los 18 años (por conveniencia familiar) en 1908 con un primo segundo. Su nombre: Eusebio. Un militar que buscaba convertirse en escritor. Tuvieron dos hijos Luis y Manuel. En 1920 falleció su hijo pequeño de tan solo diez años. En 1922 destinan a su marido a Tenerife y los tres se trasladaron allí. Durante esa estancia entabló una gran amistad con Mercedes Hernández cuya familia inspiró a los personajes de Fortún. Allí publicó sus primeros artículos en el periódico.

Volvió a Madrid en 1924. Fue nombrada secretaria de la asociación Mujeres Amigas de los Ciegos y estudió Braille para realizar mejor su trabajo. Entró a formar parte de la Sociedad Teosófica de Madrid. Estudió Biblioteconomía. Se hizo socia del Lyceum Club Femenino, lugar de encuentro de las intelectuales en Madrid, donde fue a leer todas las tardes durante once años ¡que gusto, por favor!

Hasta entrados los años veinte, Encarna ejercía de madre y esposa, aunque su inquietud creativa iba por dentro. De hecho, cuando llevaba a sus hijos a jugar al Retiro iba anotando las pequeñas historias infantiles que le inspiraban los niños y niñas en el parque. Varias de sus amigas la animaron a publicar sus relatos. Se decidió y los presentó al director de ABC, donde comenzó a publicar en Gente Menuda, suplemento infantil del dominical Blanco y Negro. En ese momento fue cuando Encarna utilizó el pseudónimo de Elena Fortún sacado del título de la novela de su marido, Los mil años de Elena Fortún, publicada en 1922. La primera colaboración fue el 24 de junio de 1928.

Así, a finales de los años 20 las niñas y los niños de la II República pudieron descubrir a Celia. Una niña llena de imaginación, un poco respondona pero de buen corazón, que vivía en un gran piso con su nanny inglesa y su gato Pirracas. Los libros se convirtieron rápidamente en best-seller. Y así fue como durante los primeros años 30 se fueron publicando muchas aventuras sobre Celia hasta que estalló la Guerra Civil. Durante la guerra la autora de Celia escribió artículos sobre las condiciones de vida en Madrid y también empezó a trabajar en dos obras. Sin embargo, solo salió una, Celia madrecita, en 1939 ¿dónde quedó el otro?

Es en esta época cuando conoce a Matilde Ras, introductora de la grafología en España, con la que se carteará hasta su muerte. Ambas formaron parte de la primera generación de feministas españolas con conciencia de grupo y comprometidas con los derechos de las mujeres. Tuvieron una relación intensa que se ha calificado de lésbica ya que ambas pertenecieron al Círculo Sáfico creado por la escenógrafa Victorina Durán en Madrid en esos años.

Se siguieron publicando sus libros pero cuando las tropas de Franco consiguieron romper la resistencia de Madrid ella y su marido tuvieron que exiliarse, ambos estuvieron fuertemente comprometidos con el bando republicano. Buenos Aires se convertía así en su destino de acogida.

En 1944 publicó ‘Celia, institutriz en América’ que cuenta las dificultades de la adaptación a la vida en el exilio ya que Celia acompañará a su padre, militar republicano en su huida. Este libro fue prohibido por la censura franquista. En 1948 decidió regresar a España e instalarse en Madrid. Mientras estaba gestionando la vuelta de su marido con el régimen, éste se suicidó en Buenos Aires. Va a vivir a Nueva York con su hijo pero la convivencia no fue buena y decidió volver a España instalándose en Barcelona ya que Madrid le traía muchos recuerdos. Siguió escribiendo. Sus libros pasaron a ser juveniles. Llegó hasta la crianza escribiendo sobre los hijos de Celia y Miguelin pero solo consiguió realizar un borrador ya que su cáncer de pulmón acabó con ella. Volvió a Madrid para morir allí a los 65 años en mayo de 1952.

A principios de los 90 fueron las niñas y los niños los que descubrieron a Celia, cuando una serie de televisión puso de moda al personaje y sus libros fueron reeditados por Alianza. Pero, a pesar de que los libros volvieron a conocer la fama, pocos se interesaron por la mujer que estaba detrás de estas historias.

Fue gracias a Marisol Dorao, una especialista en literatura infantil y avida lectora de Celia que sabemos algo más. Marisol investigó su biografía en profundidad y encontró varias sorpresas.

De entre todas las personas con las que Marisol habló tuvo una informante clave. Consiguió contactar con la única persona que quedaba con vida de la familia de la escritora, su nuera Anne Marie quien entregó a Marisol una maleta vieja llena de papeles que había pertenecido a su suegra, con quien no tuvo precisamente una buena relación. Allí, entre viejas cartas y escritos, descubrimos algunos de los sentimientos y pensamientos de esta escritora. Por ejemplo, a través de su letra, Encarna se quejaba de la falta de apoyo de su marido, que siempre llevó mal que al final fuese ella, y no él, quien triunfase en el mundo de las letras; y encima con obras infantiles, a las que él consideraba “menores”. En su correspondencia podemos ver la relación amorosa, posiblemente casta, pero basada en una pasión y admiración romántica mutua con Matilde Ras.

Pero no solo eso, ojo al dato, también aparecieron dos joyas inéditas, dos manuscritos desconocidos: Celia en la revolución (el otro libro que escribió durante la guerra civil y es considerado una verdadera obra de arte) y Oculto sendero. Una novela de inspiración autobiográfica, en la cual su protagonista se debate entre su realidad social, como mujer y esposa convencional, y su realidad interna, con sus deseos lésbicos y sus contradicciones ocultas y reprimidas. Más de ochenta años permaneció oculta esta obra que fue publicada en el año 2016. Una novela de adultos a través de la cual Elena Fortún esbozó sus propias contradicciones vitales, que nunca se atrevió del todo a superar, y que mantuvo escondidas, como hizo con buena parte de su propio yo. Parece ser que Encarna había pedido que destruyera este manuscrito, pero jamás se llegó a hacer.

Y he aquí una de tantas mujeres cuyo enorme genio tuvo que vivir encerrado entre las sombras, pero que se las apañó para dejar, a lo largo de su camino, obras llenas de luz, de esa luz que ilumina las miserias humanas.

Con cariño, entrada dedicada a +Rocío Guguelplús
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Charlamos con Miguel Angel "Mike" González Espinosa autor de Nahual un juego de rol de fantasía urbana Mexicana.

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Ultima sesion de "Cultos Innombrables: Sombras sobre el Amazonas"

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Penultimo capitulo de "Cultos Innombrables: Sombras sobre el Amazonas"

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30. Rosalind Franklin ✓

La dama oculta del ADN. Me hace alucinar (mucho) que alguien descubra algo y se obvie, pero bueno, no es algo extraordinario.

Como muchas mujeres Rosalind es un ejemplo de ese ‘olvido’. Claramente esta mujer ha sido despreciada por la historia y condenada al anonimato.

Nació el 25 de julio (¡que gran día!) de 1920 en el seno de una familia judío británica de banqueros y servidores públicos. Su destino, como venia siendo habitual en aquella época, era hablar poco y casarse con un buen partido para tener unos cuantos hijo y disfrutar de la elegancia y la riqueza familiar. Pero eso no fue lo que ocurrió. De hecho murió 37 años después. Sí, muy joven. Sin embargo, vivir una vida tan breve no le supuso ser menos productiva. Hizo uno de los descubrimientos que revolucionarían el mundo de la biología, más concretamente el de la genética. Esta mujer destacó desde muy joven por su inteligencia, consiguió una beca para sus estudios universitarios y, posteriormente, para seguir investigando. Vale, contado así suena bien ¿no? Pero no, no lo fue tanto.

La enviaron a la costosísima Escuela de Niñas de San Pablo y pronto destacó en las asignaturas de ciencias y en los deportes. Allí fue una especie de bicho raro porque esas dos materias se consideraban bastante secundarias para una mujer. Empezó a demostrar un talento desorbitado para la física. Desde entonces se entusiasmó por la ciencia y decidió dedicar su vida al estudio de esta. Así lo hizo.

A su padre en principio no le hizo mucha gracia que Rosalind siguiese estudiando pero, como compartía su amor por las ciencias y defendía la educación como un pilar en la sociedad, finalmente cedió frente a la demanda de su hija y se dejó llevar por su talante progresista.

Con el permiso de su padre a los 18 años entró en Cambridge para estudiar Física, Química y Matemáticas. Se integró con mucha facilidad en el centro y con los meses ingresó en los Archomedanas (eran una sociedad que impartía conferencias sobre temas de vanguardia en las matemáticas). En una de estas conferencias conoció a William Lawrence Bragg, ganador en 1915 del premio Nobel por demostrar que los rayos X permitían descubrir la estructura de los cristales. Así fue como Rosalind empezó a tener contacto con la cristalografía.

La ley de Bragg dice que cada cristal atravesado por el haz de rayos X deja una especie de huella de identidad o retrato que solo un experto puede interpretar y que éstas revelan cómo es la estructura de la molécula de un cristal y la colocación de sus átomos. Estos datos resultaron toda una revelación para Rosalind que empezaba a familiarizarse con el mundo de la materia extremadamente pequeña y en tres dimensiones.

Estuvo tres años matriculada en Cambridge donde rindió con honores los exámenes de Ciencias Físicas y Ciencias Químicas, pero… ¡le negaron el doctorado! ¿Por qué? Ah, sí, porque era mujer. Por no tener pene. Y no lo recibiría hasta 1945 pero en la Universidad norteamericana de Ohio.

Rosalind se convirtió en una excelente química. Durante la Segunda Guerra Mundial participó del esfuerzo bélico aliado en la investigación del óptimo empleo del carbón y, al finalizar la contienda, trabajó en Francia por tres años. Allí se especializó en la cristalografía por rayos X. A través de esta técnica tomó la conocida FOTO 51 que sugería la estructura helicoidal del ADN pero, como podemos ir suponiendo, no fue ella quien mostró esta imagen al mundo.

En 1951 le propusieron trabajar en el proyecto más ambicioso del laboratorio Randall del King’s College de Cambridge, su antigua alma mater. La investigación se basaba en la configuración molecular del ácido desoxirribonucleico, vamos, el núcleo de la vida. Y ella aceptó. Aquí empieza la historia que ha sido contada de diversas maneras por los participantes directos de la investigación excepto por ella. Su versión no fue recogida ni narrada. Gracias historia por mutilarla.

Es bien cierto que James Watson y Francis Crick (sus compañeros de investigación) también hicieron cristalografía de otras hélices de ADN pero fallaron en el tipo de hélice con la que trabajaban. Ellos trabajaron con la hélice de ADN tipo A, una hélice mucho menos hidratada y de la cual no conseguían sacar ninguna información. Fue a Rosalind a quien se le ocurrió usar la hélice tipo B para obtener los resultados que buscaban. Lo consiguió. Tomó una foto y Maurice Wilkins, un profesor que manifestaba animosidad hacia ella, cogió la foto sin su permiso y se la mostró a Watson quien confirmó que la doble hélice constituía la verdadera estructura espacial del complejísimo entramado molecular. Watson fue quien mostró a la comunidad científica la foto atribuyéndose el mérito junto a su compañero Crick (este último tuvo poco que ver con el descubrimiento, en fin, aplausos para los dos)

Así, con el descubrimiento bajo del brazo, el 7 de marzo de 1953 publicaron el histórico trabajo donde describían de manera precisa y elegante toda la estructura del ADN. Rosalind no fue mencionada.

Pero, aún así, Rosalind no se rindió, los felicitó y siguió investigado. De hecho, una vez concluyó este trabajo con el ADN, hizo otros importantes descubrimientos: trabajo en la estructura de los virus del mosaico del tabaco y de la polio.

El 16 de abril de 1958, Rosalind Franklin murió de una carcinomatosis pulmonar secuela de un carcinoma de ovario. Tenía 37 años y había trabajado intensivamente por más de quince años con rayos X. Investigó estoicamente hasta tres semanas antes de su fallecimiento.

Estos tres científicos (Watson, Crick y WIlkins) ganaron el premio Nobel de Fisiología en el año 1962. Nadie mencionó a Rosalind (otro aplauso, por favor).

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Machismo y Rol
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Ya se encuentra publicada la 4 ta sesión de Cultos Innombrables, sombras sobre el Amazonas

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29. Freya Stark ✓

Estoy fascinada con esta mujer.

La historia de Freya Stark se ha ganado un lugar en mi corazón. Que difícil es poner en pocas lineas toda su vida.

No encontró marido ni pudo tener hijos, como ella quiso una gran parte de su vida, pero su fuerza interior y su voluntad de hierro la convirtieron en una mujer de lo más singular.

Hablaba nueve idiomas, viajaba sola por todo Oriente Próximo, fue una de las primeras personas no árabe en recorrer el sur del Desierto Arábigo y descubrió ciudades perdidas.

No creo que nadie imaginase que aquella bebé que nació prematura (¡sí, prematura!) un 31 de enero de 1893, enfermiza y bautizada como Freya Madelein Stark se fuese a convertir en una leyenda. Ni que nadie creyese que viviría de manera intensa durante100 años. Fue una mujer que buscó conocimiento y aventuras durante toda su vida. Recorrió, con más de 80 años, China, India, Asia Central e Iran. Cuando cumplió los noventa la filmaron a lomos de una mula por las montañas del Himalaya. Durante su vida ha retratado como nadie las magnificas ruinas de Oriente enterradas en la arena, ciudades medievales ancladas en el tiempo, harenes y caravanas. Nos regala en sus libros y en sus miles de fotografías en blanco y negro un mundo desaparecido ¡gracias!

Aunque su vida de exploradora comenzó sobre los 34 años su infancia y su juventud también fueron muy intensas. Hasta ella viajamos.

Su padre fue Robert Stark, un pintor bohemio y soñador británico. Su madre, Flora, escultora, pianista y apasionada, muy hermosa y elegante. Robert se enamoró a primera vista de ella en Florencia donde coincidieron, se casaron y se fueron a vivir al sur de Inglaterra. Con los meses y a petición de la madre de Freya, que tenía entonces tan sólo diecisiete años, se mudaron a Paris para poder dedicarse a la pintura. Allí vivieron en un pequeño estudio abuardillado de la Rive Gauche y fue donde concibieron a su primera hija, Freya.

Freya vino al mundo antes de tiempo y sus padres no tenían nada preparado (me suena) así que un amigo y artista australiano (Herbert Young), que luego se convertiría en un buen amigo y padrino de Freya, fue a comprar una canastilla y pañales a la pequeña recién nacida.

Al nacer de manera prematura tuvo que luchar ya desde un principio y aferrarse a la vida con todas sus fuerzas para no morir. Siguió con una infancia desgraciada, rodeada de pobreza y sin acceso a una buena educación. El ambiente de los Stark cambió de bohemio y artístico en Paris a una vida más tranquila en la ciudad medieval de Asolo, cerca de Venecia. Se instalaron en una villa que había comprado Herbert Young. Y allí nació su segunda hija, Vera. Al cabo de una año las hermanas se fueron a vivir una temporada con la abuela materna, en Geneva. Freya la adoraba, era culta y artista, le narraba cuentos clásicos con una melodiosa voz. Por tanto, se podría decir que los primeros año de vida fueron bastante nómadas para Freya aunque ello le permitió aprender cuatro idiomas.

Su madre era estricta con sus hijas, imprevisible y dominante. Flora la idolatró muchos años, no le encontraba defectos, era su referente. Su padre era menos temperamental y buscaba una vida al aire libre y en contacto con la naturaleza. Robert trató a Freya como un niño y la educó para ser valiente y afrontar con entereza los peligros. La cargaba en una cesta siendo bebe y se la llevaba de excursión por los Dolomitas en Italia.

La felicidad de los padres de Freya duró poco. Flora quería una rica vida social, con fiestas excéntricas y, además, estaba harta del ritmo de vida de su marido. Mientras Robert solo pensaba en huir al campo y estar lejos del bullicio. Vamos, eran una bomba de relojería.

A los nueve años cayó en sus manos un volumen de Las mil y una noches. Aquellos cuentos de un erotismo sofisticado le abrieron un inocente apetito de viaje del que no se descabalgó jamás.

Cuando Freya tuvo diez años su madre tomó una decisión que cambio para siempre el rumbo de sus vidas. Flora abandonó a su marido y se marchó a Donero, una lúgubre ciudad del norte de Italia, con Mario di Roascio, un conde italiano. Un joven seductor de 23 años. Al contrario de lo que muchos pensaron su huida no tenía que ver con las pasión sino con los negocios. Este nuevo traslado hizo que las vidas de las niñas se desmoronaran a su alrededor. Las hermanas se levantaban temprano, hacían las tareas, preparaban su comida y por las tardes estudiaban con unas monjas francesas. Vamos, que no tenían amigos y casi no veían a su madre. Desde el principio, y dada la situación, Ferya odiaba al conde.

Pocos días antes de que Freya cumpliese los 13 años su madre invitó a las hermanas para que visitaran la fábrica textil y viesen la nueva maquinaria. Durante la visita ocurrió una desgracia, Freya enganchó su melena en una de las máquinas de acero y en pocos segundos fue lanzada por el aire. El conde Mario la arrancó sin piedad justó antes de que el operario detuviese la máquina y el resultado fue la pérdida del cuero cabelludo, una oreja, el párpado de un ojo y abundante piel de la sien. Estuvo apunto de morir en el accidente y también estuvo cerca de hacerlo tras una serie de injertos que su cuerpo rechazaba. Al final, tras una operación sin anestesia en un hospital de Turin donde le extrajeron piel de sus propios muslos para insertarlos en su cabeza, comenzó una mejora milagrosa.

Una año después de todo esto Freya, su madre y su hermana se trasladaron a la casa familiar del conde Mario así que su drama continuaba. Para terminarlo de arreglar su madre comprometió a su hija Vera con el tal Mario para asegurarse el futuro del negocio. Ahí Freya perdió por completo la fe en su madre. Por aquel entonces su padre se ya se había ido a vivir a los frondosos bosques de Canadá.

Hasta 1911 no consiguió escapar de su prisión particular y estudiar en el Bedford College de Londres. Estaba a punto de cumplir los veinte años cuando pudo acudir por fin a una escuela de verdad. Freya vivió en Londres en casa de Viva Jeyes una amiga norteamericana de Flora. Muy bien posicionada acogió a Freya con cariño y le presentó a importantes figuras literarias. Freya discutía sobre política, literatura o cualquier tema como una más. Cuando comenzaba a sentirse bien y feliz estalló la primera guerra mundial y la escuela cerró. Para su tristeza tuvo que regresar a Italia. Como no quería quedarse en casa de Mario convenció a su madre para ir a trabajar como enfermera en un hospital de Bolonia. Durante esta época empezó a escribir ensayos aunque nadie los vio hasta que fueron publicados en 1968.

Estando de enfermera Freya se enamoró de Quirino, un medico, culto y varonil que en 1925 le acabó pidiendo matrimonio. Ambos comenzaron a preparar su boda pero Freya se empezó a encontrar mal. Tuvo una grave infección que la dejó en cama varias semanas. En ese tiempo su prometido la abandonó por otra mujer. Fue un durísimo golpe para ella. Además se sumó la actitud de su madre, quien se indigno de manera sobrehumana con el tal Quirino porque pensaba que era la única oportunidad de su hija para casarse. Este comportamiento la hundió todavía más.

A causa de la guerra su madre se estaba quedando sin dinero ni trabajo, al igual que el conde.

Freya compró una casa en la ciudad de Mortola, en la costa italiana y la animó a que se mudase con ella. Flora terminó aceptando y juntas comenzaron desde cero en el negocio de floricultura.

Fueron años duros, de poca comida, y Freya lo único que quería era escribir, era su única evasión, aunque a penas tenía tiempo porque las tareas domesticas y las flores lo ocupaban todo. Sin embargo, su ansia de conocimiento no tenia limites, mientras removía el puchero leía a Virgilio. Estaba convencida de que aquellas penurias no iban a durar para siempre.

En uno de los veranos se hizo amiga de una hija de ricos que iban a veranear en una de las casas vecinas. Se llamaba Venetia y era muy hermosa, rubia con ojos claros, todo lo contrario a Freya. Se hicieron muy buenas amigas. Las unía su pasión por la aventura y juntas emprenderían un temerario viaje a Oriente. Para ese momento ya hablaba ingles, francés, italiano y aleman y empezaría a aprender árabe. Para aprender este idioma iba abandonaba unas horas el negocio de la floricultura, cogía un tren a San Remo y allí un viejo monje capuchino que había vivido en Beirut le daba clases. Nadie entendía su locura por el árabe.

Antes de llegar a los ansiados escenarios que quería recorrer todavía tuvo que superar una nueva enfermedad. En este caso se enfrentó a una dolorosa ulcera gástrica de la que fue operada de urgencia. Necesitó seis meses para recuperarse en casa de su padrino Herbert Young en Asolo. Y allí no perdió tiempo porque leyó todo lo que pudo sobre Oriente Próximo. Además, continuó sus clases con un profesor egipcio y cuando se encontró con más fuerzas volvió a Londres. Ya se sentía mejor y el recuerdo del hombre que la había abandonado comenzaba a desvanecerse pero antes de comenzar sus andanzas todavía tuvo que soportar una desgracia más, la muerte de su hermana a los treinta i tres años. Vera que murió tras un aborto y dejaba a cuatro niños pequeños al cuidado de Mario. Este cayó en una profunda depresión.

Por fin, un año después, hizo su sueño realidad y partió a Oriente. Fue en noviembre de 1927 cuando la señorita Freya Stark se embarcaba en el viejo carguero Abbazia rumbo a Beirut. Tenía 34 años estaba cansada y muy delgada pero la idea de viajar la rejuvenecía.

Un mes de travesía para divisar las costas del Líbano. El aire del mar la había curado y ya ni recordaba todas las enfermedades que habían hecho pender de un hilo su vida. Viajaba sola, sin casi equipaje, una cámara de fotos, mapas, libros y un revolver muy bien escondido. Durante su travesía leyó libros de exploradores y arabistas y aprendió cartografía y a manejar la brújula.

Su destino era una aldea llamada Brummana, en las montañas de Beirut. Una vez allí luchó contra el frío, la soledad y el proselitismo de sus anfitriones (se estaba quedando en casa de unos misioneras cuáqueros). Contrató a un profesor sirio para que le ayudase a perfeccionar su gramática y se sumergió en la cultura árabe. Hizo ejercicio, aunque los médicos se lo habían prohibido, escaló las laderas de la montaña y entonces comenzó a sentir atracción por los drusos (heterodoxa minoría islámica) que habitaban en la aldea. Esta extraña secta le intrigaba de sobremanera. Recorrió a lomos de burro las montañas de Yebel Druso en el sur de Siria y acabó en un barrio de Damasco donde esperaría a su amiga de Italia, Venetia. Se alojó en una casa de una una familia cristiana, era una casa ruidosa y modesta con un insoportable hedor a alcantarillas, un frío que calaba los huesos y una casera deshonesta. En su habitación había pulgas. Todo estaba mal pero pero no se rindió y recorrió las empinadas calles de Damasco. Se escapó al desierto y su belleza la sobrecogió. Los nómadas del desierto sirio la acogieron al igual que a su héroe Lawrence de Arabia. Desde ese momento consideró a esa gente los auténticos árabes de oriente.

Estaba esperando a su amiga con ansia porque con ella quería partir a la región de Yebel Druso y entrevistarse con su jefe supremo y líder espiritual. Era una idea descabellada porque esa región era inaccesible, se encontraba bajo la ley marcial francesa. Fueron y las detuvieron los militares franceses que no daban crédito a lo que estas dos mujeres les contaban. Pensaron que eran espías por sus libretas y mapas. Al final las mujeres reconocieron que habían recorrido más de cien kilómetros a lomos de un burro y se habían alojado en aldeas drusas y que ignoraban que estaban en territorio prohibido. En los días siguientes fueron las incómodas huéspedes en casa de los oficiales francesas que no sabían que hacer con ellas. Al tercer día las dejaron libres, con sus burros, sus equipaje y su guía Naím que todavía, con el susto en el cuerpo, se comprometió a seguir con ellas. Se fueron, como tenían pensado, a buscar al líder supremo de los drusos. Se entrevistaron con el jeque Ahmed el Hajari, un venerable anciano que se quedó alucinado por encontrase con dos europeas. Siguiendo a lomos de burro fueron deteniéndose en cada aldea que luchaba por mantener su independencia frente a los franceses. Terminaron el viaje y volvieron a Inglaterra. Freya estaba agotada pero orgullosa de haber podido demostrar que una mujer podía viajar sola por tierras árabes. Y eso no era nada más que el comienzo.

Volvieron de nuevo, alquilaron un coche y pusieron rumbo hacia Palestina, recorriendo parajes bíblicos de Tierra Santa y se detuvieron en Jerusalén. Se escaparon a el Cairo para ver atardecer desde lo alto de las pirámides. Después de siete meses volvió a casa para ver a su madre y publicó su primer articulo bajo el seudónimo de Tharaya (es el nombre árabe de una luminosa estrella de la constelación de las Pléyades). Su madre estaba bien pero cuando visitó a sus sobrinos le sorprendió la tristeza y la soledad que se plasmaba en sus caras y lo huraño y envejecido que estaba Mario. Se sintió muy mal por no haberlos cuidado y su ulcera de colon volvió y la debilidad se adueño de nuevo de ella. Freya decidió ir a Canada para ver a su padre que vivía en una cabaña de madera rodeada de montañas nevadas y bosque. En este paisaje salvaje había encontrado su hogar. Durante cuatro meses Freya se quedó con él. Sin embargo, su mente poco a a poco se iba a Mesopotamia. Le contó a su padre que conoció a una secta llamada Los Asesinos, que iba a investigar su misterioso culto y a localizar en el desierto sus castillos y fortalezas.

Y así fue. Con 36 años se se marchó a Bagdad. Se instaló en el barrio de ls prostitutas sin saberlo hasta que por la insalubridad se fue a una casita de madera pequeñísima per confortable con vistas al Tigris. Siguió estudiando persa y árabe. Le fascinaba la ciudad, sus harenes y charlas en árabe con las mujeres iraquíes. Aborrecía la vida colonial de Bagdad. Por ello la criticaban los ‘suyos’. El estudio del Corán le abrió las puertas a un conocimiento más profundo del mundo islámico y le ayudó a entender su complejidad. En los próximo meses comenzó su siguiente gran aventura por el desierto de Persia en busca de los castillos y fortalezas de Los Asesinos. Sabía que su principal bastión era un inexpugnable castillo emplazado en la Roca de Alamut.

Freya le iba contando todo a su madre y su madre, por primera vez, comenzó a apoyarla en sus viajes, le enviaba ropa y guardaba las noticias que salían de ella en la prensa. Sin embargo, este repentino conocimiento que mostraba su madre y su nueva obsesión la abrumaba de nuevo.

Por sus hazañas y sus escritos se convirtió en una exploradora importante que contaba con el apoyo de la Royal Geographical Society. Empezó a ser respetada y al llegar a los sitios contaba con un buen alojamiento y todo le resultaba más fácil. Sin embargo, esas nuevas comodidades duraron poco porque cuando volvió a Bagdad se encontró con un brote tifus de cara y tuvo que abandonar la ciudad. Su interés se centró en el valle de Shahrud, ahora en Persia, donde había un castillo llamado Lamiaser, era el único que había resistido a la invasión de los mongoles en el año 1256. En esta expedición su anterior mulero, experto en arqueología, no la pudo acompañar y viajó con otro mulero que no mostraba interés por nada. Paraban en aldeas a dormir y aunque le ofrecían habitación ella dormía al raso envuelta en su manta para evitar las pulgas. Llegó a Lamiaser para descubrir que apenas quedaban unas torres vigías y unos muros ruinosos. Ella estaba completamente encantada por ser la primera europea en ver este castillo habitado en su tiempo por la temible secta de Los Asesinos. Hizo fotos, tomo apuntes, midió los restos. Tan inmersa estaba en sus mediciones que no cayó en la nube de mosquitos que la rodeaba. La atacaron y terminó contrayendo la malaria. Quedó casi en coma y su mulero Ismail estaba horrorizado porque pensaba que iba a morir. Tenía fiebre, deliraba y sufría espantosas visiones. Contra todo pronostico terminó recuperándose.

Había pasado tres años fuera de casa y decidió que ya era el momento de volver. Con toda la pena de su corazón, en marzo de 1933, abandonó su casa junto al Tigris y puso rumbo a Italia. Tenía cuarenta años y, a través de sus escritos e investigaciones, había conseguido ser una reconocida especialista en Oriente Medio. Una vez que estuvo en Asolo recordó que era una pobre solterona, sin embargo, la ausencia de una marido no le parecía un drama. La Royal Geographical Society le concedió un galardón por sus aportaciones cartógrafas. Le pareció un sueño que una ilustre institución reconociese las hazañas femeninas. Aparecieron nuevos compromisos, entrevistas, conferencias, actos en su honor a los que asistía siempre vestida a la última moda de Paris. Se había hecho muy popular, conoció a grandes personajes, publicaron sus libros, la reconocieron y entonces Freya quiso hacer algo que ya tenia pensado desde hacía mucho tiempo: cirugía estética. Quería mejorar su aspecto y aliviar el dolor que le producían su cicatrices. De esta manera ingresó en un hospital cargada de libros y mapas de Arabia. Tuvieron que pasar largos meses para recuperarse y la verdad es que el resultado se consideró inmejorable.

Regresó a Asolo para disfrutar de su familia pero ahora su familia le exigía más aventuras, más libros y ella tenía ganas de estar quieta un tiempo. Aunque ese tiempo de tranquilidad no fue muy largo. De hecho, mientras estuvo en el hospital leyó La Reina de Saba y sus leyendas despertaron su imaginación así que en noviembre de 1934 desembarcaba en el puerto de Aden. Después de unos días siguió rumbo a Mukalla en un pequeño vapor. A los pocos días, con una particular caravana formada por un corpulento solado negro y dos jóvenes guías, atravesaron un terreno seco y desolado hasta a llegar a una aldea, Wadi Doan, por desgracia allí había una epidemia de sarampión y, como no, Freya fue víctima de esta enfermedad. Durante más de una semana se estuvo muriendo pero de nuevo recuperó fuerzas y continuó por las escarpadas montañas. En algún lugar le lanzaron pierdas pero ella continuó hasta llegar a Hajarayn. Por el desierto iba para poder llegar a Shabwah, aquel gran valle de Arabia donde en la antigüedad se abrían paso las caravanas que transportaban incienso hasta los puertos del mediterráneo. Parecía que nunca iban a llegar, que no existía tal lugar pero, un día, com si de un espejismo se tratase, encontraron un vergel de palmeras, cuidados campos de cultivo y una ciudad amurallada. Al llegar a Tarim, centro sagrado para los suníes, los hombres se apartaban para no tocarla, la trataron como una mujer sabia por el interés que mostraba hacia el islam. Allí de nuevo escribió. Se puso enferma, se recuperó y así varias veces mientras escribía, descubría y cartografiaba acompañada de un lagarto azul del que se hizo inseparable.

En 1938 volvió a Asolo para terminar un libro de fotografías pero en Italia los fascistas estaban por todas partes y tuvo que marcharse a Inglaterra Les pidió a Flora y a su padrino que la acompañasen pero ellos ya se sentían demasiado viejos para moverse de donde estaban. Freya hizo su equipaje, cogió a su lagarto y pusieron se rumbo Inglaterra. Paró en Paris a comprar ropa y sombreros grandes. Al llegar a Londres se encontró con un ambiente bélico, calles cortadas y soldados patrullando, habitantes escondidos y el temor de los ataques aéreos de Hitler. Era un escenario que la deprimía pero fue entonces cuando recibió un telegrama de la oficina colonial que cambiaría su vida de nuevo. Fue reclutada com “experta en Arabia del sur”. Era una gran especialista y la única con varios idiomas y distintos dialectos árabes y persa. Así, el 8 de octubre puso por primera vez sus conocimientos de Oriente Próximo al servicio del Imperio Británico.

Fue llevada a El Cairo para descubrir que ayuda recibía de Italia el poderoso imán que gobernaba la fortaleza de Sanaa. Se convirtió en una excelente espía y su trabajo fue muy satisfactorio. Freya se veía casi todos los días con su jefe Steward, que mostraba un notable interés por ella a pasar de su juventud. Parece ser que Stward le iba a pedir matrimonio pero a Freya la invitaron a viajar a El Cairo. Allí Freya encontró un ambiente festivo. Mientras Europa se cubría de rojo sangre en El Cairo había muchos refugiados de lujo en hoteles, reyes, jeques, millonarios, diplomáticos y muchos espías. Daban fiestas hasta el amanecer, se encontraban allí las mejores orquestas del mundo. Se practicaba golf, tenis, había un hipódromo pero, a pesar de ello, echaba de menos a su jefe y compañero Steward.

Entre tanto apareció un trabajo que hacer. Freya propuso la creación de una compleja organización de propaganda probritanica basada en las sociedades secretas islámicas que había estudiado en sus viajes. Pretendía crear una hermandad árabe bajo la tutela de los ingleses. La llamó Hermandad de la Libertad y tuvo gran éxito. Nació en el Cairo pero acabaron uniéndose Bagdad, Jerusalén, Aden y la India.

Desde allí se sentía preocupada por su madre y su padrino. Les enviaba cartas a diario a unos amigos de estados unidos y ellos deberían enviarle noticias de su familia pero la correspondencia se había cortado. Por contactos, enteró que estaban prisioneros en Treviso, una de las peores prisiones de Italia. Acusaban a Flora de que su hija era una espía al servicio de los ingleses. Después de mucho moverse y gracias a unos amigos consiguió liberarlos en unos meses y evitó que fuesen a un campo de concentración. Sin embargo, pronto murieron los dos, Herbert de cáncer a las pocas semanas de su liberación y Flora un año después en casa de unos amigos de California. De esto se enteró Freya cuando escribía su autobiografía.

A finales de marzo de 1941 Freya llegó a Bagdad para organizar su red de inteligencia antinazi. Hacia trece años atrás que había llegado a esa ciudad cuando alquiló una casa en el barrio de prostitutas. Sonreía al recordarlo. Consiguió que su compañero y antiguo jefe fuese trasladado allí como oficial de relaciones publicas pero pronto se dio cuenta que a Stewart le interesaba más el ambiente de palacio que los grandes cambios políticos que se estaban produciendo en Oriente Próximo.

En 1943 Freya fue enviada a Estados Unidos para explicar la postura de Gran Bretaña sobre Palestina pero la tacharon de antisionista al intentar concienciar a los americanos del problema del pueblo palestino.

Cuando terminó la guerra Freya solo pensaba en volver a Italia y ver si su casa había resistido a los bombardeos. Al llegar vio que seguía intacta y que diecisiete años después, Emma, su más fiel sirvienta, la recibió como si aquella terrible guerra no hubiera existido. Descubrió que el taller de seda seguía funcionado. Se instaló en la casa de Asolo y, a pesar de los duros recuerdos, se concentró en su escritura. Quería explicar la difícil situación de los pueblos árabes para que los estadounidenses entendiesen mejor el mundo islámico. Los amigos comenzaron a visitarla en su villa decorada con antigüedades orientales traídas de sus viajes. Se gastó mucho dinero en su bañera y su lavabo en forma de concha marina. Esperó a Steward y ahora, lejos de Bagdad, podrían vivir mas relajados. Con todo esto Freya continuaba escribiendo sin parar. Steward la visitó y unas semanas más tarde volvió a Irak y desde allí le envió una carta en la que le proponía matrimonio. Freya aceptó y se casaron en Venecia. Fue precioso pero los dos sabían que se estaban engañado en aquel matrimonio. Steward no sentía atracción por ella y eso a Freya le resulto humillante. No anularon el matrimonio. siguieron con él hasta las Antillas. Allí Freya se aburría y Steward no tenia ni valor ni autoridad par hacer bien su trabajo. Las diferencias entre los dos eran insalvables. En 1950 se acabó la relación. Freya se marchó a El Cairo a pasar una temporada. Volvió a Londres y se puso a escribir de nuevo. Dos años después se separó de su marido (al que en realidad le gustaban los hombres). Durante los siguientes diez años se dedicó a explorar Turquía y escribir magníficos libros que daban a conocer sus bellezas naturales y su rica historia. No se cansaba de viajar y soportaba todas las incomodidades que hiciesen falta.

La vejez se olvidaba de ella en cada viaje. Dormía en tiendas de campaña, realizaba largas caminatas. Se convirtió en una dama sabia y respetada por todos y Asoló fue su refugio, allí murió el 9 de mayo de 1993, pocos meses después de cumplir 100 años.



Bibliografía: Cristina Morató, (2017). Las Damas de Oriente: Grandes viajeras por los países árabes.




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Todo concluye al fin nada puede escapar. Todo tiene un final, todo termina y nosotros en este podcast numero 49 hemos de llegar con el capítulo final de la serie "La cultura Freak y el rol" que en este caso será sobre los vídeo juegos.
En muchos casos el primer acercamiento a rol a través de los RPG y los MMORPG

Como ya es costumbre esperamos verlos esta noche a las 22hs Argentina / Chile por el chat!
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