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María Pilar
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Cuando la noche llega,
me impregna de soledad
en ese yermo desierto que late
te intuyo ardiendo en mi cama.
Bajo ese hechizo te fundes
en aceite candente que abrasa
me enredas en tu telaraña
y un susurro recorre mi espalda.


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En octubre de 1887 la valija con los diamantes que el rey Leopoldo II mandaba a Su Majestad la Reina Victoria fue robada en Vitoria, una pequeña ciudad del norte de España. El emisario del rey, Henry Shelton, viajaba camuflado con una misión secreta que lo llevaba a Londres.

Un saludo compulsivos. Mi aporte para el reto: Residencia - gato - jugar.

Y la llamaban loca

—Sr. Director, perdone las molestias, quería llevarme a mi mujer.
—Hace apenas dos meses que la trajo con un cuadro agudo de ansiedad—respondió el doctor tras la mesa del gabinete.
—Y que no hablaba, ¿recuerda?—El director asintió—. La culpa de todo la tuvo el gato.
— ¿El gato? En el informe de ingreso no mencionó ningún gato.
—Sí, el odioso gato. Me contó que anochecía cuando lo vio como a diez minutos de nuestra casa. Levantó la cabeza de entre los contenedores de basura y dos luceros en medio de la penumbra se clavaron en ella. La siguió. Al principio, venía, comía y desaparecía. Después, se quedó. Se le enredaba entre las piernas y ella le acariciaba el lomo con su pie descalzo. Tenía que ver cómo respondía zalamero a las carantoñas con sus ronroneos. Parecía una relación de pareja o más bien materno filial. Claro, como no tenemos hijos. “Para qué”, le decía yo. Cambió, ya no era la misma. Sentí su llanto desesperado por la casa durante tres días. Después, el silencio. Hacía las cosas como una autómata, sin hablar ni una palabra. Me miraba con ojos de espanto, como si me temiera. La mujer que más he querido… Siempre la he tratado como a una reina. Si la metí en la residencia fue para que reaccionara. Ahora veo que le ha vuelto el brillo a los ojos, que está jugando a las cartas con amigas y que sonríe y habla. Puede volver a casa.
—Habrá que preguntárselo a ella.
—Si usted da la orden no hace falta.
— ¿Se lo ha preguntado?
—Sí, le he dicho que venía para llevarla conmigo. Me ha contestado que de ninguna manera, que yo no mando aquí.
—Me queda una duda, ¿qué vio o qué sintió una mujer tan serena y cariñosa, como usted me ha contado, en el momento que rompió en llanto?
—Un ligero hedor a vómito flotaba en nuestro dormitorio cuando fue a acostarse. Se me desató la furia, ¿sabe? En la manilla de la ventana aún se estremecía el gato ahorcado.

(345 palabras) 

Un saludo para toda la comunidad de Escribiendo que es gerundio y felices vacaciones. Hasta la vuelta.

EL CASO DE LAS JOYAS ROBADAS

Ahora, con más años por detrás que por delante, los misterios se desvelaron.
Al principio Nerea no entendía nada. ¿Qué hacía ella en el camerino del gran ilusionista Cardini en el Madison Square Garden? ¿Y las joyas? Lo del viaje a Nueva York fue cosa de su hijo Aitor. ¡Cómo se arrepentía!

Fijó su vista en la puerta en ademán de espera.
Al verlo entrar ya sin maquillaje tuvo que ahogar un grito. Llevó las manos a la cabeza como si no pudiera creerlo. Pronto se rehízo y lo asaeteó a preguntas.
Él hablaba amontonando las palabras como si temiera ser rechazado:
—Al verte sentada en las gradas del pabellón he experimentado tal sacudida que me habría abalanzado para atraparte En los metros que nos separaban estaban todos los kilómetros recorridos durante estos años. Me pareció que el tiempo daba marcha atrás. Tenía que retenerte. Por eso el truco de hacer desaparecer tus joyas. Aquí están, en mi maletín, como entonces. "Esmeraldas con brillantes", decían los periódicos del día después al robo. "Una banda organizada del este, muy peligrosa". Yo solito di el golpe con la habilidad de mis dedos. Te lo merecías todo. Te dije que era una herencia de una tía abuela viuda de un marino mercante… Perdóname. Las imágenes del periódico me obligaron a huir. Porque… ¿Qué pasaría cuando las lucieras ahora que todo el mundo las conocía? Me fui con el corazón oprimido y este tatuaje en el brazo. Mira, —Se subió la manga de la camisa de seda— Nerea. Lo repetía cada noche antes de dormirme. Contigo se me hacían menos solitarios los lugares que visitaba. Siempre huyendo, siempre alejándome.
—Juegas con artes de prestidigitador con los sentimientos. Difícil no sucumbir. El abismo de los años me ha acorazado el cerebro y el corazón. Agur, Aitor. —Cuando salía, se giró— ¡Ah! Tienes un hijo. Se te parece. Mucho.

(300 palabras)


Hola a todos compulsivos. Os dejo mi aporte para este reto:
asesinato - redondear - impracticable

Me llamaban Libertad

Hacía cuatro meses que se habían celebrado con grandes pompas fúnebres los funerales del dictador. Y dos meses que malvivíamos con la ciudad paralizada por la mayor huelga de su historia. Los precios subían, los impuestos subían y los flacos salarios se estancaban. Eran días tristes. Las tiendas cerradas, rebuscadores en la basura, caras largas… Las manifestaciones obreras llenaban las calles demandando mejoras salariales con el aliento frío de los antidisturbios en la nuca. Se olía el miedo.

— ¿Alguna vez pensaste que esto fuera tan brutal? —me dijo Mikel con la mano en las lumbares doloridas por los golpes policiales.
—Esto... ¡Pero qué es esto! —grité enojada— ¡Cabrones! Y redondearán las cifras diciendo que han sido cuatro exaltados.

Antes de abordar el barrio, ya nos llegaba un rumor que se iba acrecentando.
Eran muchos.
Caminaban hombro con hombro con el entusiasmo del grito acompasado que me acompañará siempre: ¡Libertad! ¡Libertad!

Los “grises” parapetados con sus cascos y escudos, se ensañaron cargando con contundencia. El humo nos impedía respirar. Gritos desgarradores de los que eran salvajemente golpeados. El estallar de disparos nos dejaba sordos. Con los ojos irritados por los gases lo veíamos todo nublado. ¿O eran lágrimas que escocían? Las barricadas ardían, los adoquines volaban por los aires y las sirenas de refuerzo se oían por toda la ciudad. El lugar era impracticable. Por fin, una voz: “¡A la iglesia!”

Y la iglesia fue nuestra perdición. Primero la gasearon con miles de personas dentro. Presos de la asfixia y el pánico intentamos salir. ¡Fuego! Relámpagos con estampidos como fuegos de artificio nos estaban matando. Cayeron los primeros compañeros. Y luego más y más. Había sangre, sangre que se extendía. Sangre pisoteada del salvaje asesinato cometido en una iglesia de barrio. Se levantó un rabioso clamor generalizado: ¡No disparen!
Los gritos callaron. Solo quejidos.
Después, silencio.
Los latidos en mi cabeza eran fuertes y rápidos.

Vi a Mikel sollozando sin cesar. Me acerqué para consolarlo. Lo abracé y mis brazos atravesaron su cuerpo. Entonces comprendí el porqué de sus lágrimas. Yo era una de los asesinados.

(345 palabras)

Grises: el Cuerpo de Policía Armada franquista.


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¡Qué grata sorpresa!
Mi poema: "Sin flores en mi funeral" ha ganado el 1º premio de poesía en Vérsame mucho de +Raquel Fraga Aitana Sánchez

Agradezco a todos los que me han votado. 

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Bello
CUCU ESMERALDA ( Chrysococcyx cupreus )
Es sexualmente dimórfico . Los machos tienen una espalda verde y cabeza con un pecho amarillo. Las hembras son barro verde y marrón en sus espaldas y verde y blanco en sus pechos. El cuco africano esmeralda también puede ser identificado por su llamada, un silbido de cuatro notas .
Es una especie de cuco que es nativa de África.
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Un saludo compulsivos. Mi aportación para el reto: Infligir, infringir y hecatombe.

Funeral bajo la lluvia

La mañana soleada de aquel día de otoño no maridaba con un atardecer tan gélido. La oscuridad se impuso y los cielos se abrieron para descargar una lluvia torrencial que lo enfangó todo. Los del funeral, calados hasta los huesos, se agarraban entre sí para hacer frente a la escorrentía que bajaba trepidante por la empinada cuesta del cementerio arrastrando piedras y lodo. ¿Cuánto tiempo resistirían?
Muchos abandonaron.
Solo los más afines al difunto siguieron apesadumbrados.

El chaparrón tabaleaba sobre el féretro que cargaban los cuatro hijos del fallecido. Con coraje chapoteaban el barrizal para mantener el equilibrio. Sus rostros denotaban las penalidades en el empeño. Quizá fuera la vida ahogada en sombras lo que les infligía tanto dolor. Cuando se tambaleaban un grito unánime de angustia rasgaba el golpear del agua. La lluvia trazaba misteriosos caminos como los recuerdos vividos junto a su padre los habían inundado arañando el alma. Más que el peso que cargaban parecía que la pesadumbre del abandono del padre los aplastara.
Ululó un búho.
Los suspiros y llantos arreciaron.

La violencia del agua con su danza macabra no respetó ni al anciano sacerdote. A duras penas pudo llegar en su burdégano. Con voz rutinaria que no atendía al sentido de las palabras, proclamó un breve panegírico del fallecido infringiendo las normas eclesiásticas. Como si él tuviera relación directa con el de arriba y no con sus intermediarios.

Acabadas las exequias, entumecidos y con dolor en las piernas, se dispersaron con la rapidez del que huye de la muerte dejando al finado en su mundo de silencio, abrazado a su soledad.
A la salida se quedaron petrificados ante la hecatombe. Los gritos se les ahogaron en las gargantas ante la furia de las aguas que sin piedad, arrastraban una cáfila de personas que intentaban huír con sus permanencias. Algunos tejados parecían estirarse para sacar la nariz y no morir ahogados. Todo un pueblo engullido por un mar embravecido les acercaba la tragedia.
La muerte había cambiado de lugar.

(333 palabras)


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Hoy hace un año que una okupa se instaló en mi casa. Compartimos habitación. Ella con tal de tener su pequeño espacio, se conformaba. No la oí llegar. Tal vez para pasar por el lado de la cama donde yo dormía, se quitó los zapatos. Cuando me levanté, al estirarme bostezando, la descubrí. Me acerqué. Me miraba.

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En el amor no se trata de quien diga te amo primero, sino de quien sostiene ese “te amo” hasta el final.
+Sneyder C. A. 
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