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Psicologo Barcelona y Vilassar de Mar
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ANTÍDOTOS CONTRA LA DEPRESIÓN
He aquí algunas sugerencias que pueden funcionar como antídotos a la depresión:

No duermas más de 7-8 horas. Aunque te despiertes cansado o con pocas ganas de empezar el día, levántate y haz cualquier cosa.

Actúa, muévete, haz cosas. Realiza actividades que antes de la depresión te proporcionaban placer y satisfacción. La acción es un potente antidepresivo.

Practica ejercicio físico con regularidad.

Realiza actividades en la naturaleza.

Cuida tu aspecto físico.

Cuida tu alimentación.

Reserva tiempo para ti, para cuidarte, para mimarte, para tus hobbies, para hacer aquello que te gusta hacer.

Haz cosas que te hagan sentir útil y te impidan “mirarte demasiado el ombligo”: por ejemplo, actividades de voluntariado, escribir un blog, trabajar en algo que al menos antes te gustaba, ayudar a alguien, participar en algún proyecto cultural o colectivo, cuidar de algún animal de compañía, etc.
Estimula tu cerebro, asistiendo a charlas interesantes, viendo documentales inteligentes, leyendo blogs que te aporten cosas, yendo al teatro, visitando museos, viajando, etc.

Procura tener personas con las que comentar los problemas, pero sin llegar al victimismo. Evita hablar sólo de ti mismo y escúchales también a los demás en sus preocupaciones cotidianas, anhelos, etc.
Amplía tu círculo de amistades y/o recupera algunas de las que te has alejado pero que son importantes para ti.

Expresa tus emociones, comparte tus preocupaciones, tus ilusiones, etc. Ábrete a los demás y al mundo, afrontando tu temor a ser rechazado, incomprendido, a no encajar, a que te hagan daño, etc.

Presta atención a la forma en que te hablas a ti mismo. Hazlo con cariño, y de forma respetuosa y tolerante con tus debilidades o carencias, con las necesidades de tu niño/a interior (aquella parte más frágil y vulnerable de ti mismo). Evita catastrofizar o darle vueltas al pasado, etc.

Aprende a matizar, a ver las cosas en un continuum (en lugar de blanco/negro).

En lugar de atribuirte toda la culpa de algo, haz una reatribución de responsabilidades o causas posibles, con el porcentaje que corresponda a cada factor de la forma más objetiva posible.

Presta atención a tus obligaciones ocultas, a tus exigencias desmesuradas, a tus “deberías” (por ejemplo, “debería estar siempre ser el mejor en tal o cual”, o “debería estar siempre contento y feliz”, etc.) y procura ser más flexible con esto.

Acepta la imperfección (de ti, de los demás y del mundo en general). El perfeccionismo desempeña un papel agravante en muchos trastornos.
Evita cultivar el gusto por la tristeza. Acéptala cuando sea necesario, pero no te alimentes de ella (como los vampiros, de la sangre), no la hagas el centro de tu existencia.

Controla los pensamientos sombríos, evita entregarte a la autocompasión.
Evita, en lo posible, cavilar, rumiar el “por qué” de las cosas, etc. En lugar de eso, céntrate en “cómo” salir del problema o de tu estado emocional negativo o/ y haz un listado de los problemas o preocupaciones que te roban la serenidad, que te desbordan.
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CREENCIAS IRRACIONALES EN EL TOC

En las personas que sufren de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) se suelen encontrar una serie de creencias irracionales caracterizadas por:

• Una sobreestimación de la amenaza o catastrofismo, que les lleva a exagerar la probabilidad o gravedad de algunos errores o sucesos desafortunados que “teóricamente” se podrían haber producido. Por ejemplo, haber dejado la puerta de la casa abierta, no haber cerrado la llave del gas, contagiarse del SIDA, etc, A partir de la pregunta: “¿Y si…?”, su imaginación se dispara y se puebla de horrores.

• Atribución de importancia excesiva al poder de los pensamientos. Tienden a creer que por el mero hecho de pensar algo, es muy probable que ese pensamiento se transforme en acción sin control de la mente. Por ejemplo, después de ver por la tele que un piloto suicida ha estrellado su avión con todos los pasajeros dentro (suceso que realmente ocurrió hace unos años, como recordarán), creer que ellos también podrían hacer algo parecido (tirarse al metro, etc.) sólo con pensarlo, llevados por un impulso que no podrían controlar. Olvidan que todos tenemos fantasías y pensamientos “indeseables” o “no deseados” en algún momento sin que esto implique que vayamos a convertirlos en actos de forma incontrolada, como si la mente fuera un coche sin frenos. De forma similar, también pueden creer que por el hecho de pensar algo “malo” o que va en contra de sus valores, se convierten automáticamente en seres humanos despreciables, olvidando que “malo” solamente es aquél que comete malas acciones: el que sólo las piensa alguna vez es simplemente un ser humano (imperfecto, como todos).

• Pensamiento mágico: tendencia a creer que los propios pensamientos o actos podrían causar o evitar un hecho concreto de un modo que desafía las leyes de causa/ efecto comúnmente aceptadas. Por ejemplo, creer que el color azul me da suerte, o que si practico un determinado ritual todos los días protegeré a mis seres queridos del peligro y del daño. De ahí, derivan las supersticiones (pensamiento mágico colectivo).

• Exageración de la propia responsabilidad en un hipotético resultado dañino (que quizás no se de nunca), como si tuviera un enorme poder para generar o evitar ese resultado. Por ejemplo, pensar que si no me lavo las manos cinco veces cada vez que toco algo “sucio” (puede ser cualquier cosa como el pomo de una puerta, o después de haberle dado la mano a alguien), seré responsable de contaminar a mi familia.

• Sobrevaloración de la importancia de ejercer un control riguroso sobre los pensamientos e impulsos, olvidando que esto en muchos casos no es posible ni saludable para la persona.

• Búsqueda de la certeza absoluta. De nada podemos estar seguros al 100 %, la certeza absoluta no existe y, por tanto, debemos ser capaces de tolerar un cierto grado de incertidumbre, diferenciando lo posible de lo probable. Por ejemplo, aunque me acabe de hacer un chequeo médico completo, ello no implica que sea “imposible” que tenga alguna enfermedad que no me hayan detectado, pero sí es bastante improbable. Asimismo, deberíamos confiar en nuestra capacidad para afrontar y gestionar cambios imprevisibles en un momento dado.

• Perfeccionismo. Consiste en este caso en la tendencia a creer que existe una solución perfecta para cada problema, y que actuar de forma perfecta, sin cometer errores nunca, no sólo es posible sino necesario. Y que, incluso, pequeños errores tendrán (siempre o casi siempre) consecuencias graves. Por ejemplo, al acabar de rellenar un formulario, repasarlo un montón de veces hasta eliminar toda duda sobre la posibilidad de haber cometido el más mínimo error y, aun así, irnos preocupados.
Cabe decir finalmente, y esto es muy importante, que la mayoría de veces la parte “racional” de la persona les dice que es una tontería preocuparse tanto pero aun así no lo pueden evitar.

La buena noticia es que existe tratamiento psicológico para ese trastorno. Si te identificas con esos rasgos, o conoces a alguien cercano que tiene un problema parecido, puedes solicitar más información a: Josep planas – psicólogos Barcelona a través del siguiente enlace:
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CREENCIAS IRRACIONALES EN EL TOC

En las personas que sufren de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) se suelen encontrar una serie de creencias irracionales caracterizadas por:

• Una sobreestimación de la amenaza o catastrofismo, que les lleva a exagerar la probabilidad o gravedad de algunos errores o sucesos desafortunados que “teóricamente” se podrían haber producido. Por ejemplo, haber dejado la puerta de la casa abierta, no haber cerrado la llave del gas, contagiarse del SIDA, etc, A partir de la pregunta: “¿Y si…?”, su imaginación se dispara y se puebla de horrores.

• Atribución de importancia excesiva al poder de los pensamientos. Tienden a creer que por el mero hecho de pensar algo, es muy probable que ese pensamiento se transforme en acción sin control de la mente. Por ejemplo, después de ver por la tele que un piloto suicida ha estrellado su avión con todos los pasajeros dentro (suceso que realmente ocurrió hace unos años, como recordarán), creer que ellos también podrían hacer algo parecido (tirarse al metro, etc.) sólo con pensarlo, llevados por un impulso que no podrían controlar. Olvidan que todos tenemos fantasías y pensamientos “indeseables” o “no deseados” en algún momento sin que esto implique que vayamos a convertirlos en actos de forma incontrolada, como si la mente fuera un coche sin frenos. De forma similar, también pueden creer que por el hecho de pensar algo “malo” o que va en contra de sus valores, se convierten automáticamente en seres humanos despreciables, olvidando que “malo” solamente es aquél que comete malas acciones: el que sólo las piensa alguna vez es simplemente un ser humano (imperfecto, como todos).

• Pensamiento mágico: tendencia a creer que los propios pensamientos o actos podrían causar o evitar un hecho concreto de un modo que desafía las leyes de causa/ efecto comúnmente aceptadas. Por ejemplo, creer que el color azul me da suerte, o que si practico un determinado ritual todos los días protegeré a mis seres queridos del peligro y del daño. De ahí, derivan las supersticiones (pensamiento mágico colectivo).

• Exageración de la propia responsabilidad en un hipotético resultado dañino (que quizás no se de nunca), como si tuviera un enorme poder para generar o evitar ese resultado. Por ejemplo, pensar que si no me lavo las manos cinco veces cada vez que toco algo “sucio” (puede ser cualquier cosa como el pomo de una puerta, o después de haberle dado la mano a alguien), seré responsable de contaminar a mi familia.

• Sobrevaloración de la importancia de ejercer un control riguroso sobre los pensamientos e impulsos, olvidando que esto en muchos casos no es posible ni saludable para la persona.

• Búsqueda de la certeza absoluta. De nada podemos estar seguros al 100 %, la certeza absoluta no existe y, por tanto, debemos ser capaces de tolerar un cierto grado de incertidumbre, diferenciando lo posible de lo probable. Por ejemplo, aunque me acabe de hacer un chequeo médico completo, ello no implica que sea “imposible” que tenga alguna enfermedad que no me hayan detectado, pero sí es bastante improbable. Asimismo, deberíamos confiar en nuestra capacidad para afrontar y gestionar cambios imprevisibles en un momento dado.

• Perfeccionismo. Consiste en este caso en la tendencia a creer que existe una solución perfecta para cada problema, y que actuar de forma perfecta, sin cometer errores nunca, no sólo es posible sino necesario. Y que, incluso, pequeños errores tendrán (siempre o casi siempre) consecuencias graves. Por ejemplo, al acabar de rellenar un formulario, repasarlo un montón de veces hasta eliminar toda duda sobre la posibilidad de haber cometido el más mínimo error y, aun así, irnos preocupados.
Cabe decir finalmente, y esto es muy importante, que la mayoría de veces la parte “racional” de la persona les dice que es una tontería preocuparse tanto pero aun así no lo pueden evitar.

La buena noticia es que existe tratamiento psicológico para ese trastorno. Si te identificas con esos rasgos, o conoces a alguien cercano que tiene un problema parecido, puedes solicitar más información a: Josep planas – psicólogos Barcelona a través del siguiente enlace:
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¿CÓMO PUEDO MEJORAR MI AUTOESTIMA?

En una entrada anterior, explicábamos qué es la autoestima y cómo la construimos, pero ¿qué podemos hacer para potenciarla? Hay muchas maneras y caminos que nos pueden ayudar a mejorar nuestra, pero vamos a dar aquí algunas sugerencias básicas: Procurar aceptarnos a nosotros mismos, con nuestras virtudes y nuestros defectos, como seres humanos que somos. Y, a partir de ahí, esforzarnos por mejorar cosas, aprender de nuestros errores, etc. La aceptación no sólo no está reñida con el cambio, sino que es imprescindible para éste ya que si no sabemos dónde estamos, ¿cómo vamos a movernos hacia una determinada dirección? Además, culparse y ser hipercrítico con uno mismo, no estimula a cambiar sino que nos deja derrotados, desesperanzados, bloqueados. La autocrítica ayuda solamente si es constructiva, es decir moderada y orientada al cambio, no cuando nos encierra en el círculo vicioso de la culpa y la autocompasión.

Plantearnos metas en forma de conductas que dependen del esfuerzo personal, y no tanto de unos resultados concretos que no están bajo nuestro control, procurando asimismo que sean realistas y no inalcanzables o fruto del azar. Por ejemplo, no sería una meta adecuada “que todo el mundo me quiera”, “que me toque la lotería”, “sacar un diez en mates” o “que mi pareja me entienda”. Sí lo sería, por el contrario: “ser respetuoso y considerado con los demás”, “estudiar X horas cada día para ir bien preparado al examen de mates”, “expresar mis sentimientos a mi pareja”, etc. Fomentar el contacto social con personas positivas, agradables y evitar, en la medida de lo posible: a) aislarnos excesivamente, b) el contacto con personas desagradables o que nos hacen daño. Compartir cosas con los demás nos ayuda a relativizar, a situar las cosas en perspectiva, a sentirnos más energetizados y más “vivos”. Aprender a comunicarnos de forma asertiva, es decir, a expresar nuestras necesidades, deseos, etc. respetando los derechos de los demás. Mejorar nuestro diálogo interno, aquello que nos decimos a nosotros mismos, a menudo sin ser completamente conscientes de ello, acerca de lo que nos ocurre, cómo nos vemos, cómo vemos a los demás, y cómo vemos al mundo en general. Se trata de aprender a ser nuestros mejores amigos. Para ello la terapia cognitivo-conductual tiene una potente herramienta: el debate socrático o cognitivo. Evitar vivir sólo en función de deberes y obligaciones, procurando encontrar un equilibrio entre trabajo/ responsabilidades y ocio /cuidado de uno mismo. Es bueno ser responsables, pero también mimarnos, cuidarnos a nosotros mismos, evitando eso sí excesos dañinos para nuestra salud o bienestar personal (abuso de alcohol, drogas, sobreingesta de comida, compras compulsivas, conductas sexuales de riesgo, etc.) Cuidar nuestra salud en general: alimentación sana, ejercicio físico mínimo, respetar las horas de descanso, etc.
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AUTOCONTROL EMOCIONAL
El secreto del autocontrol reside, una vez reconocidas las emociones y los sentimientos, en saberlos dirigir y canalizar adecuadamente en lugar de permitir que sean éstos quienes nos dirijan a nosotros y asuman el control de nuestra vida.

Aunque uno no elija las emociones que va a sentir, siempre tiene un margen para decidir cómo les va a dar salida. A esto le podríamos llamar responsabilidad emocional.

El autocontrol emocional se halla en un punto medio entre los dos extremos de la represión y la incontinencia emocional (soltar las emociones de forma explosiva, sin control).

Comprende el control de las emociones e impulsos destructivos, la capacidad para gestionar la ansiedad y tolerar las frustraciones, la capacidad para tranquilizarse y consolarse, para aplazar las recompensas y para canalizar de forma adaptativa las emociones y sentimientos.

Analizado en sus diversos componentes, podríamos decir que el autocontrol implica:

1- Reconocer lo que sentimos (y asumir nuestra responsabilidad por ello)

2- Expresarlo a la persona adecuada, en lugar de descargar nuestras frustraciones en las personas que no las han causado, y volcar en ellas, nuestra basura emocional.

3- En el momento oportuno

No se trata de aplazar indefinidamente la expresión de las emociones, pero tampoco de hacerlo en cualquier momento. Y nunca si estamos bajo el dominio de la ira. Debemos tranquilizarnos previamente y permitir que nuestro cerebro racional asuma el control de la situación. Es importante no acumular quejas ni resentimientos, y no sacar un listado de ofensas del pasado en caso de discusión. Lo pasado, pasado está y conviene centrarse en el presente. No hacerlo tampoco ante personas que no estén directamente implicadas.

4- Con el propósito justo

NO: para desahogarse (explosión emocional para quedarnos tranquilos), disminuir o humillar al otro, agredir o centrarse en hacer daño, utilizar los puntos débiles o las informaciones que tenemos de otra persona en beneficio propio

SÍ: para mejorar una relación que se está deteriorando, para ser coherentes con nosotros mismos, para dar información a otra persona sobre nuestra realidad emocional

5- De la forma correcta

NO: centrarnos en causas externas y/o rehuir responsabilidades (“es que tú me haces sentir…”), hacer juicios de valor (“tú eres…”, “a ti lo que te pasa es que…”), gritar, romper cosas, encerrarnos en el mutismo, agredir física o psicológicamente, abusar de la información dada en la intimidad para hacer daño.

SÍ: usar el “stop” o “time-out” (tomarse una pausa para recuperar el control), utilizar recursos de relajación u otros para poner en orden el caos emocional, deshacer los nudos emocionales y separar e identificar los distintos sentimientos, poner límites a la autocompasión, aclararse uno mismo (“¿qué quiero transmitir y por qué?”), etc.

Para saber más: Crisis emocionales, de María Mercè Conangla

Josep Planas, psicólogos Barcelona, psicólogos online
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¿Y SI NO ESTOY MOTIVADO?

• Lo ideal sería hacer las cosas con motivación, pero eso no siempre es posible. La buena noticia es que sin motivación también podemos actuar: la motivación impulsa y ayuda, pero no es imprescindible para movernos, para “hacer”.

• Tiene sentido hacer algo sin mucha motivación siempre y cuando creamos que esta acción nos puede llevar a unos resultados deseados y/o positivos para nosotros. Por ejemplo, una persona puede decidir hacer ejercicio físico o seguir una dieta sin que le guste, sin ganas, pero con el objetivo de mejorar su salud.

• Muchos objetivos valiosos en la vida requieren hacer algunas cosas que no nos gustan o no nos motivan lo suficiente a corto plazo. Pero si el esfuerzo vale la pena (o pensamos que puede valer la pena) a más largo plazo, en la mayoría de casos será positivo para nosotros soportar la frustración de no obtener un beneficio inmediato de dicho esfuerzo.

• Por el contrario, un objetivo que nos motive mucho a corto plazo puede resultar perjudicial para nosotros. Por ejemplo, consumir drogas.

• Lo ideal sería saber siempre hacia dónde vamos, tener claros nuestros objetivos pero, a veces hemos de “hacer camino, caminando”, experimentar, probar y “aprender haciendo”. Como dice Antonio Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

• Cuando nos sentimos deprimidos o desmotivados, la inacción nos lleva a aumentar la desgana y la falta de motivación, creando un círculo vicioso del que puede resultar difícil salir.

• Pero si hacemos un pequeño esfuerzo por movernos para hacer cosas, nos sentiremos mejor y romperemos, poco a poco, este círculo. Nos motivamos “haciendo”, y nos desmotivamos cuando nos encerramos en la inactividad y/o la queja y el victimismo.

• Si nosotros no decidimos, si frente a una dificultad elegimos no hacer nada, los demás o las circunstancias acabarán decidiendo por nosotros y, normalmente, para peor.

• A veces, intentamos cosas y fracasamos, sembramos y no recogemos, pero fracasando también se aprende. A veces, tenemos que cosechar muchos “fracasos” antes de obtener algún éxito.

• Escoge tu actitud  aunque haya circunstancias que no puedes escoger, sí puedes escoger siempre tu actitud.

• Recuerda que la vida es como el ECO: si le gritas “todo es una m., soy un desastre”, el destino te devolverá m. y desastres…
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RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS: PASO 1

Definir adecuadamente un problema es el primer paso para su solución. Si lo planteamos mal, de nada servirá todo el trabajo posterior que hagamos para resolverlo.

Para ello debemos formularnos las siguientes preguntas:

1- ¿Cuáles son los hechos? Procura: a) no confundir hechos con suposiciones. Si, por ejemplo, discuto con mi pareja, “mi pareja no me quiere” sería una suposición, mientras que “he discutido con mi pareja por el tema X” sería un hecho, b) definirlo en términos concretos y mensurables, y de la manera más sencilla posible (que lo pueda entender un niño de 8 años). Por ejemplo, no sería correcto plantear “tengo poca autoestima” (es demasiado abstracto), y sí lo sería: “me cuesta decirle no a un amigo cuando me pide algo” o “me tomo muy mal cualquier crítica que me hagan”, etc. Algunas veces, deberemos buscar ejemplos concretos de cómo se manifiesta el problema para ver más claramente en qué consiste.

2- ¿Por qué esto representa para mí un problema?, ¿cuáles serían las consecuencias de no sentirme capaz de mejorar esta situación o el malestar que me produce?, ¿por qué es importante para mi resolver este problema?, ¿de qué manera contribuirá su solución (aunque sea parcial) a mejorar mi vida? Estas preguntas servirán para profundizar más y darme cuenta de su importancia real.

3- ¿Cuáles son mis objetivos? Asegúrate de que sean realistas y asequibles. Empieza con objetivos modestos que sirvan de pequeños pasos para acercarte a tu objetivo. Si quieres, por ejemplo, ser menos perfeccionista, intenta de entrada reducir un 10 % el tiempo que dedicas a realizar tus tareas. O si quieres adelgazar, empieza por suprimir los postres altos en calorías por fruta y el acompañamiento de patatas fritas por ensalada. Una vez hemos dado el primer paso, nos sentimos más motivados para el segundo.

4- ¿Cuáles son los obstáculos que impiden el logro de mis objetivos? ¿Qué es lo que se interpone entre yo y mis metas? Puede ser algo externo, como la falta de dinero o de tiempo, la conducta de una determinada persona o la falta de oportunidades. O interno, como la baja autoestima, la falta de asertividad, etc.

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ESTRATEGIAS DE RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS: CONSIDERACIONES PREVIAS.

- PROBLEMA
Podemos definir como problema, aquella situación vital que requiere buscar una opción para evitar consecuencias negativas a corto o largo plazo.
Conviene puntualizar que lo que para una persona es un problema, no lo es necesariamente para otra. Además, aquello que hoy representa un problema para una determinada persona, puede no serlo para esa misma persona en otro momento.

- SOLUCIÓN
La solución eficaz a un problema, es aquella que consigue el objetivo deseado con el máximo de consecuencias positivas y el mínimo de negativas.

- ORIENTACIÓN POSITIVA HACIA LOS PROBLEMAS
Decimos que una persona mantiene una orientación positiva hacia los problemas cuando tiende a considerarlos como retos u oportunidades para aprender y cambiar, acepta que forman parte normal de la vida, cree que se pueden resolver, se ve capaz de enfrentarse a ellos (aun cuando en algunos casos, pueda necesitar ayuda), entiende que su solución requiere tiempo y esfuerzo y considera que las emociones negativas que se derivan de ellos (frustración, ansiedad, miedo, etc.) forma parte integral del proceso.

- ORIENTACIÓN NEGATIVA HACIA LOS PROBLEMAS
Por el contrario, hablamos de orientación negativa hacia los problemas cuando una persona tiende a no aceptar su existencia, los considera como amenazas, suele creer que son irresolubles, duda de su capacidad para enfrentarse a ellos con éxito, es incapaz de pedir ayuda cuando la necesita, y no acepta las emociones negativas que pueden originarse a raíz de los mismos.

- ESTILOS DE SOLUCIÓN DE PROBLEMAS
La manera o estilo en que las personas tendemos a enfrentarnos a los problemas, puede ser:

a) Racional. Se define el problema, se buscan alternativas, se toman decisiones y se llevan a cabo verificando su grado de eficacia.

b) Evitativo. Se tiende a no hacer nada, a postergar, a quitarle importancia o a dejar que sean otros quienes lo solucionen.

c) Impulsivo/ descuidado. Se llevan a cabo acciones sin un proceso adecuado de reflexión previa, de una forma precipitada, sin tener en cuenta las consecuencias.

En futuras entradas de este blog, explicaremos la manera racional de enfrentarse a ellos siguiendo las pautas de la llamada Terapia de Solución de Problemas.
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EL COLOR DE MI CRISTAL

"Y es que en el mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira" (Ramón de Campoamor).

"No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede" (Epícteto)

A través del poeta Ramón de Campoamor, y del filósofo de la antigua Grecia, Epícteto, tenemos dos verdades que se complementan entre sí:

1) Vemos las cosas según el color de las lentes (mentales) con que las observamos, es decir, según nuestra particular manera de ver la realidad conformada a través de los años por múltiples experiencias vividas, creencias, prejuicios, etc. así como por nuestro estado de ánimo y circunstancias actuales. En otras palabras, toda percepción, toda conclusión viene siempre "coloreada" por nuestra propia subjetividad, estamos irremediablemente condicionados por nuestra particular manera de ver las cosas.

2) De acuerdo con esta mirada, que no es más que una "interpretación" de la realidad, nos sentimos de una forma o de otra: tristes, alegres, temerosos, esperanzados, frustrados, con rabia, amorosos, etc. Claro que las circunstancias "objetivas" de nuestro entorno nos inclinan también a sentir de un modo u otro, pero no son determinantes al 100%, es decir están moldeadas por nuestra subjetividad. Y ahí, es donde tenemos un espacio de libertad que nos permitirá tomar una actitud u otra. Con la mente, convenientemente entrenada, podemos reinterpretar esta realidad externa, estas circunstancias que nos han tocado vivir, de una forma que nos ayude a sentirnos mejor, a vivir mejor.

Tendemos a pensar que las cosas sólo se pueden ver de una manera, y que aquella en que nosotros la percibimos es la única posible, pero… la "verdad" tiene muchas caras, la realidad es siempre compleja y las cosas se pueden contemplar desde múltiples perspectivas a menudo, complementarias entre sí , algunas más acertadas que otras tal vez pero ninguna que pueda explicarlo todo.


- El cuento de los seis ciegos y el elefante

Seguramente habrás oído el cuento de unos ciegos que yendo por una carretera polvorienta, y guiados por un amable caballero que les hacía las veces de guía, se encontraron de pronto con un elefante, animal del que no tenían conocimiento alguno. El guía les sugirió que palparan el animal y que, a través de sus sensaciones, describieran cómo era. Llenos de alegría, los ciegos se acercaron al enorme animal y lo tocaron. Al cabo de un instante, el elefante, irritado, se marchó corriendo.

Entusiasmados, los ciegos describieron su experiencia. Uno de ellos, que había palpado una pata del paquidermo exclamó: "oh, el elefante es una bestia maravillosa, es como un gran árbol, pero fuerte como una roca" No, replicó el segundo que había tocado la trompa: "el elefante es como una gran serpiente que se mueve lentamente hacia atrás y hacia adelante". "Imposible!", gritó otro que había tocado la oreja del animal: "el elefante es como una enorme hoja de árbol, amplia y delgada". El cuarto, a su vez, recordando la cola del elefante, dijo: "era un animal en forma de rama, largo y delgado". El quinto, no acorde con las explicaciones de los demás, Protestó: "no, es como un enorme muro", ya que había palpado el elefante por el costado.

Y los cinco ciegos, entraron en una violenta discusión sobre cuál era la naturaleza de los elefantes hasta que, finalmente, molestos y decepcionados por la "ignorancia" de los demás, cada uno tomó diferentes direcciones y no se volvieron a hablar.


La TERAPIA COGNITIVA sostiene que ante una situación que nos estresa o nos produce malestar, tiene una gran importancia la valoración o interpretación que hacemos de la misma, aquello que "nos decimos" a nosotros mismos de dicha situación y que ello afectará a cómo nos sentimos y condicionará nuestra manera de actuar.

Por ejemplo, si cometo un error en el trabajo y mi jefe me echa una bronca, me sentiré y actuaré de forma diferente según crea (me diga a mi mismo) que soy un desastre y no hago nada bien, que mi jefe es un borde o que debo ser más cuidadoso con tal o cual cosa. En este caso, la última opción probablemente sería la más equilibrada.

En función de nuestro pasado, de las experiencias vividas, de la familia que hemos tenido, de los valores en que hemos sido educados, etc. tendemos a interpretar las cosas de una manera u otra, a mirar la vida desde diferentes perspectivas. Es decir, el cristal de nuestra lente mental tiñe la realidad de un color o de otro. Esto, junto a la posibilidad de ver las cosas diferentes según el ángulo desde el que observemos, de que no hay una única "verdad" objetiva, hará posible múltiples interpretaciones, algunas más "límpidas", otras más "contaminadas".

El objetivo de la terapia cognitiva es lograr que nuestros pensamientos, nuestro diálogo interior:

1) Se ajuste lo máximo posible a la realidad, con el mínimo de distorsiones y prejuicios posible.

2) Vaya más encaminado al "¿qué puedo hacer?" (orientado al cambio) que al "¿por qué me pasa esto a mí?" (orientado al pasado) o a conclusiones victimistas del tipo "es insoportable que me pase esto", "nunca voy a poder…", etc.

Es decir, se trata de que nuestra mente juegue a nuestro favor y no en contra. No es que tengamos que ver la vida de color de rosa, pero sí a través de un cristal lo más transparente posible y enfocados a cambios constructivos en nuestra vida. En este sentido, claro está que es mejor ver el vaso "medio lleno" que "medio vacío", pero lo grave es que lo veamos totalmente vacío (visión catastrofista) o "totalmente lleno" (visión fantasiosa, maníaca). En ambos casos, nos situamos fuera de la realidad y eso es siempre peligroso.


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 UN MAGNÍFICO CUENTO SOBRE LA AUTOESTIMA
https://youtu.be/eLvQ4a60Ddw
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