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MONÓLOGO SOBRE EL AMOR Y OTROS DESENLACES

Ahora que lo preguntas en mitad de la nada fíjate que no se me habría ocurrido proponer soluciones conciliatorias a interrogantes disyuntivas para dar explicación a aspectos cruciales de nuestras vidas que en apariencia disímiles guardan altos grados de afinidad y hasta me atrevería a decir que concordancia.

Pero dadas las circunstancias de escases de recursos, con lo caro que cuesta hilvanar preguntas y respuestas por separado, y tomando en cuenta que el tiempo es oro y la autoestima frágil en estos ciclos que se cumplen cuando el país se cae, al final resultan, lo reconozco, mis apreciaciones exageradamente aventuradas, dolorosas, inútiles y enfermizas más bien.

Y considerando por otra parte lo azaroso y egoísta de los asuntos personales que aquí tratamos, lo cual en todo caso si así fuera no nos sustrae de responsabilidades por muy esclavos que seamos de adentrarnos en tales extravíos mezquinos del espíritu de forma mesurada y objetiva, he preferido el camino que acostumbran las obsesiones poéticas e inútiles que ni falta que hace mencionar esto último por redundante y conocido desde tiempos pretéritos.

Démosle sin demora pues rienda suelta a los caballos a riesgo de enredarnos y no salir de estos matorrales incómodos y morales que para eso se hizo el pensamiento y al fin quizás terminemos comprobando que estaban equivocados aquellos que sostienen aún que lo mejor es el peor enemigo de lo bueno. Evasores de impuestos, eso son lo que son.

En resumen, si te pones a ver, sería más lógico o cómodo atestiguar, para quitarles drama a los eventos, que en el fondo lo tienen y cómo pero estorban, que nuestro primer encuentro fulminante, el del amor, fue producto de la casualidad, seamos prudentes, y no razón de fuerzas irrebatibles. ¿Será posible tan concluyente afirmación a la luz de los hechos?

O en todo caso para sintetizar o reducir y esquivar en su complejidad administrativa, tales sucesos pudieran ser clasificados bajo el rótulo de “asuntos ocurrentes” o “eventos que ya estaban escritos” o “imprecisos” o “casos por resolver” o “prescritos” o “como te provoque” que no es que tú no hayas tenido parte en el asunto, culpa nunca jamás de los jamases, lejos de mí para contigo, a pesar de los hechos, acción que no sea noble. ¡Y qué más da que suenen de nuevo las campanas!¡Qué regresen los tiempos aquellos de la alquimia!

Por qué cómo explicar en sano juicio, de manera ordenada, coherente, rigurosa, creíble, demostrable, confiable, contrastable, que en el primero de los casos que aquí tratamos, el del enamoramiento contundente, precisamente ocurrió en ese día, fecha y hora, instante, lugar y circunstancias aditivas, en apariencia al menos propiciatorias, alineados los astros, las estrellas y todos los planetas y demás, como si fuera un crimen que la casualidad acometía sin destrezas adquiridas previamente, en el que se encontraran tus ojos con los míos en ángulo equilátero perfecto y con la luz propicia y cronómetro ajustado de parpadeos puntuales para que nuestros cerebros y demás glándulas suprarrenales a través de un muy largo proceso aprendido de perfeccionamiento bio-genético no exento de los errores estadísticos previsibles que confirman la regla, quedarían tanto ellos como nosotros, ya que cada quien camina su camino, irremediablemente prendidos el uno del otro sin conexión previa de cuerpos o de amigos comunes u otros elementos de juicio sociológico además de lo desconocido y espirituoso que si te pones a ver también son bienes y de todos, y merecen ser incluidos en la tómbola celeste de nuestros avatares.

Y que luego otra vez, a años luz, segundo caso, por razones distintas pero afines en la similitud de pormenores que las conciernen, perdona el yo dolido, subjetivismos propios al sujeto que contaminan el objeto y el método de nuestros padeceres, después de tantos siglos parecía de vida conyugal por esas casualidades de una llamada telefónica supuestamente equivocada, a las tres y diez de la mañana, madrugada antes bien, hora de dormires o farras, de gatos y ladrones mejor, nos despertara de nuestro lecho cálido, primero a ti que a mí sobresaltada y levantaras inmediatamente de allí tan vaporosa, en resorte y eléctrica, a preparar café, y entonces me asaltara la duda que carcome cual vicio insoportable.

"Que ya no puedo conciliar más el sueño" exclamaste y yo que empiezo a verte e imaginar y oír tus pasos, a tímido explorar, y comenzar a sentir en la distancia que se abría a oscuras, tus movimientos torpes, desconocidos e inéditos, confieso a darme cuenta.

Cosas tuyas, apuntaste en tu defensa, para salvaguardarte de una acusación que nadie hacía, en un crujir de maderas oscuras que un peso agresivo y ajeno provocaba, en un batir extraño de ambas manos que intruso en ti operaba, tú que siempre fuiste tan etérea y sutil al momento de revolver el azúcar en la taza que debía ser sosegado, ondulado, elegante, según sostiene si no recuerdo mal la tradición oral y gestual de tu familia.

Tan correcta pues que debías ser y lo eras además en posturas, desplazamientos e inclinaciones, y más aún en esas horas hechas para el sexo, los enfermos o los velorios, y no para llamadas equivocadas, conste ahora, a las tres y diez de madrugada exacta, hora de gallos y traiciones más bien, que la sorpresa, ella la que no siente, no se anda con horarios ni agendas ni se frena en remilgos y escrúpulos ante posibles consecuencias cardiovasculares de pronósticos a veces fulminantes.

Y ni se diga de esas tan poco convincentes inflexiones guturales tan suyas y no tuyas, de ella o de él me lo imagino pero cómo saberlo, copiadas entre trajines e intercambio de sudores recientes. ¿Imitación del otro, coloraturas de tercero, territorios novísimos?

"No es más que un furor de garganta," me dijiste sin verme, "aire acondicionado", impostaste. ¿Este agregado aparatoso fue por la turbación al pronunciar el término furor? Fueron palabras tuyas, suyas, vuestras, edulcoradas en un carraspeo falsario imitando una irritación de las amígdalas, un descuido mental, traición de tu secreto, resbalón de neuronas que oído y acentuado en la penumbra de lámparas y despertares mal habidos en vahos de café adquiere precisión y fidelidad cruel e inusitada de puñalada en cámara lenta por la espalda, trapera dirían los entendidos, parecida en su profundidad y alevosía inocentes a la huella que deja en ciertos párvulos la desnudez de una maestra robada a la casualidad en el descuido de una puerta indebida que el viento es el que sopla sin saber que el deseo y la memoria se buscan, necesitan.

No sé si me distraiga en los eventos y el detalle escabroso, pero a fin de cuentas algunas casualidades guardan semejanza con sus desenlaces siempre simétricos que para qué decirte,una burla a la tradición más rancia que conlleva la relación entre causas y efectos que lo insólito muestra como tú y yo, lo nuestro, en cualquiera de esas dos fechas tan distintas a las que hago alusión en estas páginas en el que el peso del destino me encaminó y a ti también, todo bien calculado y amarrado, hacia nuestro perverso futuro de destrozos que hoy te consigno por escrito en este encuentro, con copia fiel y pública para quien pueda interesarse en asuntos tan frívolos y vanos como el amor perdido de aquellos que de verdad se amaron y hoy ni prójimo siquiera.

Leandro Area Pereira
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Apreciados amigos: los invito muy cordialmente a que miren el video en el que se muestra mi exposición virtual "El libro pintado"

Así mismo aprovecho la ocasión para desearles, en unión de sus familias y seres queridos, una Feliz Navidad y un Venturoso Año Nuevo.

https://www.youtube.com/watch?v=rhSSGb3g5Mo
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“Virutario”: nuevo poemario de Leandro Area

Leandro Area Pereira nació en Caracas, Venezuela, en 1950. Su obra poética comprende los siguientes títulos: Henry Morgan lo sabe (1986); Exceso de presente (1997) y La casa extraviada (2000)

Se ha publicado además una recopilación de su trabajo bajo el título de “Mía Poesía. Antología personal” (2003) el cual recibió elogiosa observación en reseña escrita por el Profesor Héctor Jaimes de la Universidad de Cornell incluida en el Handbook of Latin American Studies de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (vol.54, Sept. 2014)

Aparece ahora su más reciente obra: VIRUTARIO, a la venta a través de AMAZON. De este nuevo trabajo el autor nos confiesa: “Al releerlo percibo que los poemas contenidos en mi nuevo libro, ya ni tan mío, desean y necesitan ser más comunicativos que los anteriores. De allí que quieran, ellos, ser llamativos y servirse de mí, de la exclamación o del guiño, para ser atendidos y escuchados. Son casi que infantiles o abuelos en su ambición por compartir. Nunca ahora tan valedero aquello que escribí alguna vez: Mi profundidad yace en la superficie”

“Bordeando el territorio de lo narrativo encuentro además que son teatrales, se expresan, se dicen más hacia afuera que desde adentro si atendemos a una cierta clasificación direccional, brumosa, confusa e inexacta. También, en general y en promedio, son más extensos que los incluidos en mis publicaciones anteriores. También hay un mayor tejido entre ellos, dependen uno de otro. Hablan entre sí, conversan o discuten. Hay una historia común, si se quiere; substancia única, no solo por quién lo escribe sino sobre todo por el sentido de lo que se escribe. Se trata, podría decirse, de un solo poema dicho desde distintas texturas, afines sí pero desiguales”

En los poemas que componen VIRUTARIO se contienen vivencias en las que se confunden, complementan y rechazan, los datos biográficos del autor con la situación de su país-mundo. “Es hora de recoger y despedirse” parece nos dijera el poeta, pero no como quien redacta su epitafio o distribuye herencias antes del viaje sino como el que se prepara, madura y ejecuta los rituales de su propia trasformación. Es el acompañamiento solitario y solidario de la viruta vital que flota en el ambiente. Es el viaje consigo mismo, flexión y reflexión, con lo que carga y con lo que le falta, y con lo que inesperado se asoma y te sorprende en el placer o en el dolor que otorgan los descubrimientos que la poesía derrama desde su interior. VIRUTARIO no es cementerio fósil, es prospera semilla recogida para sembrar de nuevo.

Apoyado en un lenguaje que el autor califica de “trayecto entre minero y agricultor”, se enseña una ruta constante en su trabajo con lo cual se vendrían a ratificar las que han sido sus persistentes ambiciones y que se enseñan, ahora con más vigor, como raíces centrales de sus reciedumbres y convencimientos poéticos, y que se sintetizan en las esplendidas y entrañables evocaciones y escenarios que nos deja este libro, único como todo pero exclusivo, pleno de personajes, territorios y música inolvidables.

Leandro nos ayuda a entender sus laberintos cuando nos dice: “Mi país, Venezuela, lo que fui con los míos, ya no existe. Todo quedó flotando entre las olas. Somos el naufragio que seguimos siendo. Imagen turbulenta de gerundio insaciable. Virutas de identidad que flotan para ayudar, tal vez, a reconstruir viviendo”

VIRUTARIO es pues, me digo después de su lectura, taller desde el lenguaje para elaborar el adiós, o anunciar el posible reencuentro con lo amado mientras la melodía se transpira en el baile, o ejercer el amor que se unta con el olor-sabor nostálgico de frutas tropicales u oír la algarabía de pájaros cinéticos que tiemblan frente al silencio de las piedras que el tiempo ha diseñado.

Y desde mi perspectiva de lectora observo y siento ahora en la distancia de quien escribe a un desconocido viajante que pasa sobre el agua y nos deja su pañuelo perfumado de adiós y tal vez de hasta pronto.
Bello y trabajado libro, hecho de pasión y con esmero. Orgullo y celebración de lo vivido. Como para leerse, leernos y rescatarnos, otra vez.

Monika Rug
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“Virutario”: nuevo poemario de Leandro Area

Leandro Area Pereira nació en Caracas, Venezuela, en 1950. Su obra poética comprende los siguientes títulos: Henry Morgan lo sabe (1986); Exceso de presente (1997) y La casa extraviada (2000)

Se ha publicado además una recopilación de su trabajo bajo el título de “Mía Poesía. Antología personal” (2003) el cual recibió elogiosa observación en reseña escrita por el Profesor Héctor Jaimes de la Universidad de Cornell incluida en el Handbook of Latin American Studies de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (vol.54, Sept. 2014)

Aparece ahora su más reciente obra: VIRUTARIO, a la venta a través de AMAZON. De este nuevo trabajo el autor nos confiesa: “Al releerlo percibo que los poemas contenidos en mi nuevo libro, ya ni tan mío, desean y necesitan ser más comunicativos que los anteriores. De allí que quieran, ellos, ser llamativos y servirse de mí, de la exclamación o del guiño, para ser atendidos y escuchados. Son casi que infantiles o abuelos en su ambición por compartir. Nunca ahora tan valedero aquello que escribí alguna vez: Mi profundidad yace en la superficie”

“Bordeando el territorio de lo narrativo encuentro además que son teatrales, se expresan, se dicen más hacia afuera que desde adentro si atendemos a una cierta clasificación direccional, brumosa, confusa e inexacta. También, en general y en promedio, son más extensos que los incluidos en mis publicaciones anteriores. También hay un mayor tejido entre ellos, dependen uno de otro. Hablan entre sí, conversan o discuten. Hay una historia común, si se quiere; substancia única, no solo por quién lo escribe sino sobre todo por el sentido de lo que se escribe. Se trata, podría decirse, de un solo poema dicho desde distintas texturas, afines sí pero desiguales”

En los poemas que componen VIRUTARIO se contienen vivencias en las que se confunden, complementan y rechazan, los datos biográficos del autor con la situación de su país-mundo. “Es hora de recoger y despedirse” parece nos dijera el poeta, pero no como quien redacta su epitafio o distribuye herencias antes del viaje sino como el que se prepara, madura y ejecuta los rituales de su propia trasformación. Es el acompañamiento solitario y solidario de la viruta vital que flota en el ambiente. Es el viaje consigo mismo, flexión y reflexión, con lo que carga y con lo que le falta, y con lo que inesperado se asoma y te sorprende en el placer o en el dolor que otorgan los descubrimientos que la poesía derrama desde su interior. VIRUTARIO no es cementerio fósil, es prospera semilla recogida para sembrar de nuevo.

Apoyado en un lenguaje que el autor califica de “trayecto entre minero y agricultor”, se enseña una ruta constante en su trabajo con lo cual se vendrían a ratificar las que han sido sus persistentes ambiciones y que se enseñan, ahora con más vigor, como raíces centrales de sus reciedumbres y convencimientos poéticos, y que se sintetizan en las esplendidas y entrañables evocaciones y escenarios que nos deja este libro, único como todo pero exclusivo, pleno de personajes, territorios y música inolvidables.

Leandro nos ayuda a entender sus laberintos cuando nos dice: “Mi país, Venezuela, lo que fui con los míos, ya no existe. Todo quedó flotando entre las olas. Somos el naufragio que seguimos siendo. Imagen turbulenta de gerundio insaciable. Virutas de identidad que flotan para ayudar, tal vez, a reconstruir viviendo”

VIRUTARIO es pues, me digo después de su lectura, taller desde el lenguaje para elaborar el adiós, o anunciar el posible reencuentro con lo amado mientras la melodía se transpira en el baile, o ejercer el amor que se unta con el olor-sabor nostálgico de frutas tropicales u oír la algarabía de pájaros cinéticos que tiemblan frente al silencio de las piedras que el tiempo ha diseñado.

Y desde mi perspectiva de lectora observo y siento ahora en la distancia de quien escribe a un desconocido viajante que pasa sobre el agua y nos deja su pañuelo perfumado de adiós y tal vez de hasta pronto.
Bello y trabajado libro, hecho de pasión y con esmero. Orgullo y celebración de lo vivido. Como para leerse, leernos y rescatarnos, otra vez.

Monika Rug
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Los poros de mi amada

Las plumas de las alas de un ángel
son todas maravillosos tesoros cada una,
hojas multicolores de las ramas de un árbol
que en el edén florecen inmortales
y cuyos pájaros gramáticos
cantan y por doquier de sus bellezas
sin reparar en nuestro asombro vano.

Para sorpresa hasta de los dioses
las plumas de las alas del ángel
y las hojas de las ramas del árbol
envidian a los frágiles poros de la piel de mi amada
que son tan solo
minúsculos radares pasajeros,
inconstantes indefensos finitos
enfermizos mortales,
breves respiraderos
fugaces y lejanos luceros esparcidos
desde el fin de la noche de los tiempos
hacia un casual destino
que echó raíz de semilla volátil
en el azar flotante de la tierra madre
donde todos nacemos, soñamos y morimos amando.

Y debe quedar allí su sin razón inexplicable,
en el hecho de que todas las fuentes de la vida
que necesita un río para llegar al mar,
se concentren multiplicadas en el sudor
que la vida exige en su difícil recorrido
en los ojos de la piel de mi amada
que tantos tesoros innombrables guarda
y en cuya cuenca salina
al fin se acunan, transformados en savia,
las plumas todas,
las alas de los pájaros las envidias,
las hojas de las ramas los colores sabores,
los árboles los gestos los amores flotantes y floridos,
lágrimas semillas victorias olores y derrotas,
estrellas esfuerzos dioses ilusiones palabras.

Y en esa distante y humana plenitud
de gruta apetecida tan extraña a los dioses
es donde mi lengua cultivada
celebra el impetuoso encuentro
que nos sorprende a veces
frente a tanto pudor
con un mordaz y retozón chasquido
que la premura del maná provoca
ante la angustia vehemente del deseo.

Porque lo que el oído no deduce
ni el tacto seco capta
la vista no registra
ni sospecha el olfato,
tan solo la saliva
descubre y agiganta.

Es la obsesión de lamer,
de disfrutarte,
de besar, de morder y de tragarte,
antes que dudes, pestañees y te desates
en la avidez escurridiza y torpe de la entrega,
lo que apremia el punzón de mi lengua
que busca ansiosa el alimento
en las orillas humedades de tu espacio
derritiendo tus plumas en mis alas
mis hojas en tus ramas
tus mares en mis ríos
y a tus poros que nadan con los míos
en el interminable espejo de la piel incansable
que transpira y dilata el temblor del lento desabrigo
de dos cuerpos que jadean y laten desahogados.

Leandro Area Pereira
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DÍA DEL PROFESOR UNIVERSITARIO Y !FELIZ NAVIDAD!

Ya no soy profesor activo aunque en verdad hube de serlo y a mucha honra. Y lo fui de tan variados géneros durante 34 años de mi vida académica que ahora años luz y jubilado espántame el arrojo. No sé que pensaran de mi, alumnos, colegas u otros contertulios con quienes tropiezo cordialmente. ¿Pero por qué venir a importunar con ese beriberi del reconocimiento? Ahora entiendo a Cernuda cuando exclama: “¿Quién le dio al fango un alma?”

Por lo demás, no pertenezco a linaje alguno ni a generación victoriosa o desollada ni comparto epopeyas. No malgasto martillo en excavar paredes para exhibir taxidermias en el escurridizo asidero de mi conciencia. Cada día soy menos hincha de sombras y ello no me derrota. Lo asumo cual suerte de un tiempo ontológico tan repulsivo como apasionante y créase que este razonamiento no me bautiza de torero aunque quién sabe.

Dije ser y explico ahora que nunca cofrade de banderías; aprendiz de lunas tal vez y por eso, cómo garrapatearlo, me rebuzna el estilo de puñalada trapera de la política venezolana ejecutada como si de venganza o botín se tratara. Inhalada en una pesadilla disfrazada de ideología, la sociedad, la galaxia, Dios en suma de tantas restas, tienen con los que la practican deuda de destino moroso. Así la revolución bolivariana, otros ejemplos faltan, justifica su “odisea del resentido” atracando no importa que quincalla con la aprobación del soberano cómplice.

Y en verdad que a poeta también quise merecer y a veces sucumbo en la adicción, mas cuando oteo la comarca yerma de mis sinónimos ejerciendo el gobierno de rapsodas militarizados o al revés que desprecian nuestra existencia, entonces me dan ganas de vomitar y por no darles contentillo me distraigo en otras menudencias a fin de digerir a las putas palabras tan venidas a menos en dignidad y maraca.

Especialista nones. Académico ídem. Recogedor de goteras quizás, mas me da tanto guayabo arrebatar a la vida esa imagen que evoca la gota que cae y provoca el tintín que arrulla a la familia, que la dejo gozar. Intenté tantas cosas y no pude que finalmente asumí el ahogo de estar despierto y dejar para otros la arrogancia de ser. Elegí, en lugar de iluminado o invidente, lo evidente. Y estoy confeso y dedicado a ello.

Mirón de lo indudable, que es en definitiva consagración a lo que no concluye pero se antoja yéndose. Así me he dado unos gustos que ni les cuento como trazar mensajes en el polvo y tener fe en que van a ser atendidos por algún transeúnte que dejará una respuesta igual de presuntuosa cual un S.O.S. graffitado en lenguaje de nubes que existen desdiciéndose.

Más en fin la nobleza, doncella de muslos aherrojados, obliga a dar las gracias a los visitantes de esta plaza y desearles, de una vez, que en el 2017 le metamos el alma a un propósito de país distinto al que imponen los que mandan, que han tirado por la borda de la corrupción, el desmadre y el ejercicio abusivo del poder, la vida que nos debemos todos que sospecho y deseo afortunada y decente. Así pues, desde ya, sin más ni menos, Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo.

Leandro Area
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