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Anna Donner
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Una forma de vestirse.

Yo vivo en el barrio “Bola de Nieve”, a una cuadra de la avenida José Belloni. La basura está en todas partes, a veces apilada a un costado, y hay una tranquera para que los niños no salgan. ¿Si vivo sola con mis dos hijos? Sí. ¿Si estoy en pareja? No. ¿Si el papá de ellos es el mismo? No. El papá de la grande vive acá a tres cuadras, y el papá del bebé falleció cuando yo estaba embarazada. ¿De qué falleció? De un paro cardíaco, él tenía problemas del corazón. ¿Si era mayor que yo? Sí. Tenía cuarenta cuando se murió. Y yo me enteré de todo el mismo día. De que estaba embarazada…de todo junto. El día en que él falleció yo me descompuse, me hicieron un examen y me dijeron que estaba embarazada. Un mes y medio, tenía. ¿Si él trabajaba en la construcción? Él hacía changas, ahí en la barraca de leña hacía changas. Y ta, levantamos la casa. Yo hacía feria, vendía ropa interior porque empecé a comprar un poco de mercadería para vender. Yo siempre fui vendedora. ¿Qué de dónde sacaba la mercadería? Compraba en el barrio de los judíos. ¿Si ahora trabajo? Sí. En el Multiahorro, en la fiambrería. A mí me gusta aprender, me gusta ser multiuso, ¿entendés? Date cuenta, acá en mi casa yo soy padre y madre, ¿viste? De los chiquilines. Y hago el trabajo mío, así el de trabajar y… arreglar un cable, ¿entendés? A mí me encantaría tener una vivienda a mi nombre, pero lo veo muy lejano. Yo tenía una cama de una plaza, una tele blanco y negro y la heladera esa… siempre la tuve. Esa radio también… y un disco, un disco con resistencia, porque ni siquiera cocina yo tenía. También un mueblecito chiquito celeste, ahí sí guardaba las ollas y todo. Y la ropa… también. O sea, no tenía ni mesa, ni nada. Pero yo siempre apuesto a más en la vida. ¿ De qué me sirve a mi trabajar siempre y tener la responsabilidad de ir a trabajar todos los días, llegar en hora, cumplir con mis hijos, cumplir con mi casa, traer todos los días la comida, ni no veo en mi casa nada ? ¿Qué siento? No sé si siento. Cuando una pasa tanto en la vida… Lo que a mí me ha tocado vivir, he tenido una vida muy dura, muy dura de verdad. Estuve en la calle, sí, estuve y no tenía ni para comer. Nunca tuve madre que me apoyara, mi padre se separó de mi madre y se borró… entonces, viste, me tocó vivir una vida muy dura. Mirá, cuando yo tenía veintiún años fui al INAU… fui a pedir si había un hogar, un lugar donde yo pudiera estar, si había un proyecto para que yo pudiera trabajar y que me cuidaran a mi hija, entonces me quisieron sacar a la nena. Yo estuve durmiendo tres noches en la puerta de una panadería hasta que mi hermana se enteró. ¿Si pedía comida a la panadería? No. Nunca pedí comida. ¿Cómo hacía para sobrevivir? Lavaba ropa, iba por las casas preguntando si querían que lavara ropa. Mirá, te lo puede decir cualquiera y te lo juro por mis hijos, jamás mi hija estuvo sucia, jamás estando en la calle, porque la ropa la lavaba en lo de una amiga que tenía secadora y salía con la nena bañada, comida y con la ropa seca. Cuando fui al INAU a pedir ayuda me dijeron que no porque yo no era menor, que no me podían ayudar, que lo que tenía que hacer era dejar a la nena porque yo no la podía tener porque estaba en la calle. Y había madres que tenían a sus cinco hijos pidiendo plata en la puerta de Tres Cruces pero el INAU no les sacaba a los hijos y salí llorando de ahí, si me sacaban a mi hija me moría. Estuve tres días en la calle. Fui a ver a un amigo que estaba en el Centro y mi amigo llamó a mi hermana y le contó, y mi hermana no sabía y yo no la quería molestar porque ella tenía su familia, tampoco tiraba manteca al techo y cuando mi hermana se enteró me dijo que fuera para su casa. ¿Qué leo? Lo último que leí es un libro que me trajeron, “El diario de Ana Frank”. ¿Si la música me gusta? Sí. A muchos les gusta la cumbia, pero a mí no. A mí me gusta el rock, el reggae, la cumbia, no. Hay gente que cree que si sos pobre tenés que escuchar cumbia, pero a mí me gusta el rock. Los “conchetos” también se la pasan todo el día escuchando cumbia, pero resulta que los que tenemos que escuchar cumbia somos nosotros. No va en la condición. Yo el otro día me compré un disco de la “Oreja de Van Gogh”, que me encanta, y lo escuché todo el día y después puedo estar dos meses sin escucharlo y escuchando una cosa diferente. Viste, hay tiempo en que te gusta una cosa, otro tiempo te gusta otra cosa, o sea siempre te gusta lo mismo pero en un momento le prestás más atención a lo que en ese momento te llama la atención. Entonces no me considero nada específico. Hay mucha gente que piensa que acá somos unos muertos de hambre o algo así. Pero esa es la gente que quiere aparentar, y Tá. Porque nadie está mejor que nadie. Todo el mundo la está peleando, y porque la está peleando no está mejor. Lo que pasa es que a veces ven a la gente de acá revolviendo en las volquetas, y Tá, somos pobres, pero igual uno trata de tener la mejor presencia que puede. Y cuando veo personas que tienen todo, o que tuvieron todo y que no lo valoran como que me da bronca. Esas personas que son como caprichosas me fastidian. ¿Si soy plancha? Eso no tiene nada que ver. Para mí, eso es una forma de vestirse. Y eso es una apariencia. Y las apariencias engañan.
Anna Donner © ®
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Los hijos de la calle se refugian en la noche, la llovizna y el viento. La mayoría duerme sobre cartones y acolchados viejos cuando hay suerte. Contra las paredes de los edificios y rodeados de sus escasas pertenencias.
Pero detrás de todos ellos hay una historia. Una circunstancia. Los hijos de la calle no nacieron en la calle, las circunstancias allí los depositaron. Y esta es... su historia. La historia de un hijo de la calle.

https://www.amazon.es/El-hijo-ciudad-Anna-Donner-ebook/dp/B07HJ7PTZX/ref=asap_bc?ie=UTF8

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Pero detrás de todos ellos hay una historia. Una circunstancia. Los hijos de la calle no nacieron en la calle, las circunstancias allí los depositaron. Y esta es... su historia. La historia de un hijo de la calle.

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Pero detrás de todos ellos hay una historia. Una circunstancia. Los hijos de la calle no nacieron en la calle, las circunstancias allí los depositaron. Y esta es... su historia. La historia de un hijo de la calle.

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Los hijos de la calle se refugian en la noche, la llovizna y el viento. La mayoría duerme sobre cartones y acolchados viejos cuando hay suerte. Contra las paredes de los edificios y rodeados de sus escasas pertenencias. Pero detrás de todos ellos hay una historia. Una circunstancia. Los hijos de la calle no nacieron en la calle, las circunstancias allí los depositaron. Y esta es… su historia. La historia de un hijo de la calle.Una historia uruguaya cien por ciento, el drama de muchos… esos que vemos en colchones a la intemperie… Pero, ¿Alguna vez soñaron otro modo de vivir? Está es la historia de muchos uruguayos.

http://mensuarioidentidad.com.uy/?p=1336

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