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Desde Trípoli, Thierry Meyssan relata la matanza de la que está siendo testigo. Artículo enviado el lunes a las 00h35, hora de Trípoli.

Este sábado 20 de agosto de 2011 a las 20h, o sea cerca del Iftar, momento en que se rompe el ayuno del Ramadán, la OTAN comenzó la «Operación Sirena».

Las sirenas son altoparlantes de las mezquitas que han sido utilizados para llamar a Al-Qaeda a iniciar la revuelta. Células durmientes de los rebeldes han entrado inmediatamente en acción. Se trataba de pequeños grupos muy móviles que han multiplicado los ataques. Los combates nocturnos dejaron 350 muertos y 3 000 heridos.

La situación se estabilizó durante la jornada del domingo.

Un barco de la OTAN atracó en la costa de Trípoli y comenzó a desembarcar armamento pesado y yihadistas miembros de Al-Qaeda, encabezados por oficiales de la alianza atlántica.

Los combates se reanudaron durante la noche y se han hecho particularmente violentos. Los drones y los aviones piloteados de la OTAN lanzan bombas por todas partes. Los helicópteros ametrallan a la gente en las calles para abrir el camino a los yihadistas.

Un convoy de vehículos oficiales que transportaba personalidades de primera línea ha sido atacado al atardecer. Sus miembros se refugiaron en el hotel Rixos, donde se alberga la prensa extranjera. La OTAN no se ha atrevido a bombardearlo para no matar a sus propios periodistas. El hotel, donde me encuentro en este mismo momento, está siendo atacado con intenso fuego.

A las 23h30, el ministerio de Salud ha confirmado que los hospitales están saturados. Al caer la tarde, ya se contaban 1 300 muertos más y 5 000 heridos.

La misión de la OTAN, aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU, era garantizar la protección de los civiles. En realidad, Francia y el Reino Unido acaban de reanudar las masacres coloniales.
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