Fuu y Carbón (II)
#miRelato

―¡Uno!
Pof.
»¡Otro!
Tonk.

Más o menos así sonaron sus cuerpecillos al rebotar sobre la cubierta de madera de la sala de máquinas cuando fueron arrojados a su interior. Sus chillidos de pánico se detuvieron, dando lugar a una mezcla de terror y desconcierto mientras intentaban adivinar qué lugar era aquel dentro de las tripas de La Cracheuse, oscuro, ruidoso, de olor acre, tristemente iluminado por un par de candiles y por el resplandor sofocante del hogar de las calderas que producían el vapor que a un tiempo elevaban e impulsaban la nave a través de los cielos.
Los dos hermanos se acercaron el uno al otro, muy juntos, cogiéndose de la manita y apretando fuerte mientras sus ojos revoloteaban alrededor, incapaces de reconocer nada familiar en aquel lugar.
―Vaya… Vaya, vaya. Vaya, vaya, vaya.
Ambos se sobresaltaron al oír aquella voz desconocida de carraca vieja. En bloque, se giraron hacia un oscuro rincón de la sala de máquinas al tiempo que plantaban las orejas, haciéndolas sobresalir claramente por encima de sus pelambreras. De la oscuridad surgió una figura arrugada y encorvada, que continuó así:
»Pedir a capitán ayuda, yo, ¿y me traer qué? No saber para qué me molestar, yo. Antes acabar si alimentar caldera con vosotros, yo, y no perdiendo tiempo en os enseñar nada ―iba mascullando mientras se acercaba a ellos, que por precaución y por instinto, iban retrocediendo con pequeños pasitos mientras sus colas se movían nerviosas.
El viejo se llegó hasta ellos lentamente y se agachó para mirarlos frente a frente. Olía tan raro como aquel lugar, su mirada era penetrante y sus ojos tan oscuros como su piel, tiznada por el carbón que se amontonaba aquí y allá dentro de la sala. Incluso sus canas estaban ocultas por culpa de la carbonilla.
»Ya ver, yo, por qué estar aquí, vosotros. Ya ver… ―dijo afirmando con leves movimientos de cabeza―. Especiales ser, vosotros. Especialitos, sí…
Los pequeños lo observaban con gran recelo desde debajo de sus cejas. Sus orejas ya no estaban plantadas, sino gachas y retraídas, y los dedos de sus manos (salvo la izquierda de él, que aún sujetaba el hueso de pollo recuperado de la pila de basura del callejón tras la casa lujosa de Le Grau-du-Roi) estaban curvados en forma de garra, en guardia, listos para atacar. Todo ello no provocó en el viejo desconocido sino una total y absoluta indiferencia. El viejo alargó la mano con la intención de palmear suavemente la cabeza de la pequeña , ante lo que ella reaccionó con un bufido de pretensiones intimidatorias.
―¡Ffffff!
El resultado fue que en lugar de una caricia amistosa recibió una sonora palmada sobre el cráneo, justo entre oreja y oreja.
―¡A callar, tú!
―¡Ffffff! ―insistió ella.
―¿Ffff? ―se burló él―. Sonar como viento, tú. Como viento cuando sopla. ¿Nombre tener, tú?
―¡Ffffff! ―volvió a bufar.
―Ffff… Fuu. Si no tener nombre, tú, te lo dar, yo. Fuu, tú.
En ese momento dejó de bufar, pero no dejaba de mirar fijamente al viejo con cara de pocos amigos.
»No me entender, tú, ¿verdad? Fuu, tú ―dijo señalándola con el dedo―. Fuu ―insistió―. Steamer, yo ―dijo entonces palmeándose el pecho―. Fuu, tú; Steamer, yo. Fuu, Steamer ―repitió varias veces señalando alternativamente a la niña y a sí mismo mientras el otro pequeño los observaba con la cabeza ladeada. Y al cabo de unas cuantas repeticiones, obró el milagro y la niña, en actitud algo más relajada, se palmeó el pecho al tiempo que balbuceó:
―Ffffuuuu.
―Eso ―asintió el viejo antes de posar los ojos sobre el niño―. ¿Y tú? ¿También no nombre tener, tú?
La única respuesta del pequeño fue un parpadeo mientras dejaba la cabecita ladeada, a lo que el viejo reaccionó echando la cabeza hacia atrás, como intentando mirar a través de la cubierta superior, clamando paciencia al Capitán.
―Ay, ay, ay… ¡Capitán! ¿Qué castigo ser, esto? ¡Pedir ayuda, y me traer niños sin habla y sin nombre! 
»Bueno… ―continuó, dando por finalizado el lamento y volviendo a posar la vista sobre el pequeño―. Entonces, también no nombre, ¿eh? Pues tú, Carbón. Por pelo de tú, negro como carbón. ¡Hale, Carbón! ―concluyó con unas palmaditas como su cabeza.
Ambos pequeños se quedaron unos instantes mirando al viejo Steamer. Seguían sin comprender la situación, pero sí que habían comprendido algo: que aquel viejo de olor raro dentro de aquella sala de olor raro les había dado algo que hasta ese momento todo el mundo les había negado: un nombre propio.
El viejo se levantó y dio media vuelta, despareciendo unos instantes en la oscuridad sólo para reaparecer casi al instante con una pala en cada mano, una para cada niño.
―Venga. Coger, tú y tú. Palear carbón para caldera.
Ambos niños se quedaron quietos mirando aquellas palas más grandes que ellos mismos. Estaba claro que no entendían nada.
»¡Venga, niña! ―insistió al tiempo que le agarraba una muñeca y la forzaba a agarrar la pala.
A continuación se volvió hacia su hermano con intención de repetir la operación, sólo para verse sorprendido por un hueso de pollo que le era tendido generosamente por el pequeño. Esta vez fue Steamer el que no comprendió, y Carbón el que tuvo que explicárselo; acercó el hueso de pollo a la mano de Steamer al tiempo que tomaba la pala con la otra. Fue su modo de expresar gratitud por los regalos que Steamer les acababa de entregar.
Este gesto tan ingenuo hizo despertar algo en el viejo cascarrabias a cargo de la sala de máquinas de la más temible aeronave de los siete cielos. La nobleza era algo escaso en aquella nave, y no estaba dispuesto a que se desperdiciara a manos de alguno de los patanes de la tripulación.

Los años pasaron, y bajo la protección del viejo Steamer, Fuu y Carbón aprendieron con una facilidad innata todo lo que era necesario saber sobre el funcionamiento y mantenimiento de las máquinas de vapor de La Cracheuse, y contribuyó a que la leyenda de La Cracheuse del capitán Spitz fuera todavía más increíble y a que los nombres de ambos dieran título a Las Aventuras de Fuu y Carbón, de algunas de las cuales hablaremos otro día.

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"Fuu y Carbón" por Germán Sánchez Felíu está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Para ver una copia de esta licencia, visita http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/  
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