Ensayo sobre el superestrés
#miRelato  

—¿Qué es lo que desearía tener un minuto antes de cerrar los ojos para siempre? Una vida larga con un montón de buenos recuerdos. Sentir que no he desperdiciado la oportunidad que el caos universal me ha dado al crearme. Disfrutar de ser consciente de mí mismo y de poseer un libre albedrío con el que tener experiencias únicas. Entonces, ¿por qué trabajo catorce horas diarias en algo estúpido? ¿Qué sentido tiene nada, si es una vida que no me gusta? ¿Cuál es mi motivación? Me levanto a las siete. Me voy a trabajar y vuelvo a eso de las nueve, de hacer un montón de gilipolleces que no me importan lo más mínimo, para cenar, acostarme y vuelta a empezar al día siguiente. Así todos los días de mi vida hasta que me muera, indudablemente, insatisfecho. ¿Qué hago? ¿Dejo este trabajo? Parece una idea absurda en los tiempos que corren. El sistema nos tiene atrapados hasta el cuello. La crisis. La gente y sus hipotecas. Las sabandijas bancarias. Todo el sistema económico mundial que es una mafia. ¿Cómo me libro? ¿Trabajo en algo que me guste de verdad? Eso es aún más difícil que no trabajar. ¡Elegir a qué dedicarte! ¡Casi nada! ¡Menudo señorito! Eso muy pocos pueden permitírselo. ¿Por qué no luchamos? ¡Para no perder! No damos pasos por miedo al fracaso. Tenemos miedo a que los que nos rodean terminen reprochándonos algún día que fuimos unos vagos, unos inmaduros y poco realistas. Y por no dar pasos en falso, no damos pasos. Y nos dejamos arrastrar por el sistema. Así, si el sistema se va a la mierda, le echamos la culpa al sistema, salimos a dar unos gritos por las calles para quejarnos y quedamos divinamente. Mientras, los días van pasando. Descubres que no eres inmortal, que te salen arrugas y sigues sin hacer nada por tu felicidad. Unos se escudan en la religión para tener una esperanza futura que les hipnotice durante sus grises vidas. Otros tienen mucha familia para tener la necesidad imperante de mantenerlos y olvidarse de tonterías. La mayoría finalmente recurre a las drogas y el alcohol para adormecer sus sentidos. He pensado muchas veces en usar drogas. Entiendo a los que se evaden con estupefacientes para abstraerse de la realidad. Han comprendido que no hay escapatoria, somos animales atrapados en un sistema creado para contentar a unos pocos elegidos y no podemos cambiar nada, solo deformarlo a nuestros ojos. ¡Pero tampoco puedo caer en eso! Porque para mí significaría rendirme. Es como sedar al enfermo terminal para que deje de sufrir y no se queje durante los tristes meses que dure su cuerpo. No me da la gana desconectar de la única realidad que voy a tener. ¡Es un privilegio! Quiero sentir la fricción de los segundos al pasar. ¡Quiero que lo que pase alrededor deje huella en mí como la rueda de un coche en el barro un día de lluvia! ¿Cómo tomar la decisión correcta? ¡Es imposible! Porque no existe decisión correcta. Solo quedará la sensación final de que hiciste  lo que tenías que hacer para no rendirte. Eso ya sería media victoria independientemente del resultado. Cuanto más planifiques algo, peor saldrá, porque es imposible controlar todas las infinitas variables que acontecen en nuestra vida. Cada pequeña decisión tomada, bifurcará tu vida en un abanico nuevo de posibilidades que no hubieran tenido lugar de no ser por esa pequeña decisión tomada. ¿Cuánto me queda de vida? ¿Treinta años? ¿Dos? Es imposible saberlo. ¿Cuánto tiempo puedo tomarme antes de tomar las decisiones que mucha gente consideraría drásticas? ¡Vale! ¡Voy a dar pasos! ¿Entonces qué hago? ¿Me dedico a criar gallinas? ¿Cultivo patatas? ¿Hago collares de flores en las Islas Caimán? ¿Pinto cuadros con tintes naturales? ¿Pienso en qué me gustaría hacer de verdad e intento dedicarme a ello? ¿Y si el sistema está para que no sepas a qué quieres dedicarte? Sigo derrochando esas catorce horas diarias que no sirven para nada y así llegar agotado a casa para no poder pensar en lo que me gustaría hacer con mi vida. Y me duermo y vuelvo a levantarme y ¡vuelta a empezar! Y tampoco pienso deprimirme con ello. No quiero usar la excusa de la depresión para que todos perdonen mis desvaríos y encuentren explicación a que quiera desconectar de la rutina y sea el pobrecito de la Liga de la...

Se interrumpió a sí mismo para ajustarse la máscara que empezaba a descolocársele por la posición que había tomado en el diván. Su psicólogo aprovechó el momento para intervenir.

—A ver, señor Batman —carraspeó—. Desde mi punto de vista profesional le recomendaría cogerse unas vacaciones, o un año sabático, para desconectar y coger perspectiva de la cosas.
—Si claro, que fácil es decir eso cuando no tienes al Joker y a toda esta peña dando por culo cada dos por tres.
—Llegue a un acuerdo con ellos. También tendrán que descansar de hacer el mal alguna vez.
—Nada. Imposible. Ellos sí disfrutan con lo que hacen.
—¿Y por qué no se une a ellos?
Batman se incorporó y se quedó medio sentado. Le clavó la mirada a su psicoanalista.
—¿De los malos?¿Usted está bien de la cabeza? —se puso a mirar a todos lados, perplejo—.
—Yo quiero decir...
—¿Que me ponga a robar bancos con el Dos Caras? —le interrumpió— ¿Me voy de after con Hiedra Venenosa? ¿Usted está bien de la cabeza? —terminó de levantarse del todo y se puso a dar vueltas por la consulta—.
—No se enfade. Me refiero a que antes de tomar una decisión importante pruebe a analizar su situación sin las obligaciones que le provocan el estrés en sí mismo. 
—Eso no es así tan fácil, —dijo sacando medio cuerpo por la ventana— eso estaba intentando explicarle. Ahora me voy sin pagarle.
—Pero...
—A tomar por culo.

Cogió un artilugio de su cinturón y se lanzó por la ventana.

Licencia: CC BY-NC-ND 3.0
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/
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