Lo mejor siempre es acercarnos a fuentes originales, de aguas cristalinas: beber de la Tradición, conocer a los Padres, dejarnos educar por ellos, simplemente porque los Padres de la Iglesia son maestros perennes e imperecederos del cristianismo. En este caso, será san Agustín con su carta 194, que leeremos tranquilamente, explicando la doctrina de la gracia, tan importante en todo su
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