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Pedro Pablo Sacristan Sanz
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Un tipo alegre y familiar que escribe cuentos.
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Se acerca la Navidad y en plena temporada de compras siempre viene bien darle uan vuelta al tema de los regalos... ¡en el sentido más literal! Espero que os guste

**¡Santa Claus me ha robado!
Marcianoto llegó volando en su nave espacial. Estaba emocionado porque por fin había obtenido permiso para visitar la Tierra de nuevo. Ya había estado antes, pero la última vez montó un lío tremendo: se había transformado en un tipo llamado Albert Einstein y en unos pocos días reveló muchos secretos de los extraterrestres. Por eso llevaba años castigado sin volver.

Esta vez tendría mucho más cuidado. Para no transformarse en nadie conocido decidió aterrizar en el lugar más apartado del planeta. Era un lugar frío y blanco en el que solo había una casa, y dentro pudo ver a un anciano solitario.

- Me transformaré en este anciano. Este sí es imposible que sea famoso. Además, me encantan su traje rojo, su gran barba blanca, y ese saco enorme que tiene a su lado. Me servirá para guardar algunas cosas.

Pero en cuanto llegó a la ciudad un gran grupo de niños se abalanzó sobre él.

- ¡Quiero mi coche!

- ¡A mí dame una muñeca!

- ¡Yo quiero una consola!

Marcianoto estaba rodeado y asustado. No sabía qué estaba ocurriendo, y solo se le ocurrió ir sacando lo que llevaba en el saco para dárselo a los niños, que se marchaban felices. Pero la fila de niños era tan larga que pronto se quedó sin nada que darles, y tuvo que salir corriendo y esconderse.

Solo cuando se hizo de noche pudo salir. Estaba aterrado. No sabía cómo, pero estaba claro que había vuelto a elegir mal en quién se transformaba. ¡Otra vez!

- No me extraña que ese viejo viviera solo y escondido. Debe ser un famoso sinvergüenza ¡Le debe cosas a todo el mundo!

Así que volvió a la casa del anciano. Espió desde la ventana y descubrió una enorme montaña de juguetes.

- ¡Ahí es donde tiene las cosas que quita a los niños este viejo malvado! pensó.

Y esperó a que se hiciera de noche y el anciano se fuera a dormir para entrar sin ser visto y llevarse los juguetes ¡Qué suerte! El viejo ponía etiquetas con los nombres, y hasta tenía una lista de nombres y direcciones.

Por fin voy a poder hacer algo bueno en la Tierra. Llevaré cada uno de estos juguetes a su dueño.

Aunque eran muchos niños, su nave tenía supervelocidad y podía empequeñecerse. Por eso consiguió devolver todos los regalos antes de que fuera de día. Cuando terminó y se dispuso a dormir en su nave, se sentía contentísimo de haber hecho justicia.

- Menuda sorpresa se va llevar ese viejo ladrón…

Pero la sorpresa se la llevó Marcianoto cuando despertó. El viejo volvía a tener una montaña de juguetes en su casa.

- Ah, este ladrón es astuto, malvado y muy rápido. No sé cómo habrá recuperado todos los juguetes en un día, pero da igual: esta noche volveré a dejárselos a sus dueños.

Y pasó la noche repartiendo juguetes. Pero al día siguiente pasó lo mismo, y al otro lo mismo y así durante muchos días más. Marcianoto estaba extrañadísimo: ¿Cómo podía aquel viejo gordinflón robar tan rápido?

- Ya sé - pensó - debe tener cómplices en la ciudad que le ayudan. Iré allí disfrazado para descubrir qué pasa. Buscaré a quienes tengan peor cara; seguro que esos serán sus malvados compinches.

Pero en la ciudad todo el mundo estaba feliz. Y es que todas aquellas noches Marcianoto había estado haciendo de Santa Claus con su nave, repartiendo regalos. Y cada mañana los niños se despertaban con un nuevo juguete.

- ¿De verdad que nadie os roba los juguetes? - preguntó a varios niños.

- ¡Claro que no! Estos nos los trae Santa Claus.

- ¿Santa Claus? ¿Y es quién es?

- ¿Pero quién eres tú que no sabes quién es Santa Claus? ¿Un marciano? ja, ja, ja- le respondieron. Y entonces le explicaron que Santa Claus era un señor mayor con una gran barba blanca y un traje rojo, y que dejaba regalos a los niños la noche de navidad.

Marcianoto se moría de vergüenza. No solo había tomado a Santa Claus por un malvado delincuente, sino que encima ¡le había estado robando los juguetes! Volvió volando a la casa del anciano a disculparse, pero lo encontró muy enfermo. Santa Claus utilizaba su magia para volver a crear los juguetes, y al haberlo hecho tantos días seguidos se había quedado tan débil que ya no podía moverse.

¿Qué podría hacer? ¡Aquella misma noche era Navidad y Santa Claus no iba a repartir regalos! Marcianoto pensó rápido: hizo un vídeo de Santa Claus enfermo y usando la antena de su nave lo envió a todas las televisiones del mundo con un mensaje: había que devolver todos los regalos de aquellos días para que Santa Claus pudiera recuperar su magia y ponerse bueno.

Siempre pensamos que va a pasar algo que lo arregle todo. Y eso esperaba el pobre Marcianoto. Pero aquella vez nadie pudo arreglar nada: nadie se creyó el mensaje y Santa Claus no pudo entregar sus regalos.

Marcianoto pasó el día cuidando de Santa Claus. Anochecía cuando llamaron a la puerta. Era una niña que traía todos sus regalos.

- Me dan igual los regalos - dijo con una lagrimita-. Lo que quiero es que Santa Claus se ponga bueno.

Yo también - dijo otro niño que venía a la cabeza de un grupo.

Y yo… y yo…

Poco a poco fueron apareciendo niños y más niños, todos dispuestos a devolver hasta el último de sus regalos. La fila era interminable. Llegaban de todas partes y, según cruzaban la puerta, sus regalos desaparecían y Santa Claus se ponía un poco mejor. Cuando el último niño dejó sus juguetes, Santa Claus se pudo levantar y todos aplaudieron llenos de alegría. Parecía que nunca habían estado tan contentos.

Sin embargo, Marcianoto se sentía fatal.

- Lo siento muchísimo - dijo-. Al final por mi culpa todo el mundo se ha quedado sin regalos…

Se hizo un gran silencio y todos miraron al extraterrestre.

- ¡Qué va! dijo finalmente una niña Yo ....


**Puedes leer las últimas líneas del cuento gratis en https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/santa-me-ha-robado

#cuentosnavideños #cuentosinfantiles #cuentosparaniños
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El cuento de hoy está dedicado a aquellos que tienen la sangre demasiado "caliente", porque un poco de autocontrol siempre viene bien... Espero que os guste

Un enfado incontrolable
Había una vez un joven príncipe que tenía un secreto que ni él mismo conocía: siendo un bebé, había sido embrujado por un antiguo enemigo del reino. Era un hechizo muy extraño, pues su único efecto era que conseguía enfadar al príncipe cada vez que oía una palabra secreta.

Pero aquella palabra era tan normal, y estaba tan bien elegida, que siempre había alguien que la decía. Así que el príncipe creció con fama de enfadarse muy fácilmente, sin que nadie llegara nunca a sospechar nada.

Lo malo es que, como le pasa a todo el mundo, cuando se enfadaba terminaba metiendo la pata. Gritaba o hacía lo primero que se le venía a la cabeza, que casi siempre era la peor de las ideas. Y eso, en alguien que mandaba tanto, era un problema muy gordo. Sus errores causaban tantos problemas que el clamor de los habitantes del reino se elevó con tal fuerza que… ¡salió de su propio cuento! y un montón de diminutos personajes acabaron discutiendo con el escritor de aquella historia.

- ¿A quién se le ocurre ponernos un príncipe así? ¡Con lo bien que vivíamos antes!
- ¡Esto es injusto!
- Este escritor no tiene corazón ¡Se va a enterar de lo que es bueno!
- Ahora sabrá lo que es vivir con alguien así… ¡vivirá en nuestro reino hasta que lo arregle!

Y, entre gritos y protestas, los personajes secuestraron al escritor para llevarlo al cuento. Allí descubrió el sorprendido escritor lo duro que era aguantar los gritos del príncipe y sus decisiones precipitadas. Porque cuanto más se equivocaba, más se enfadaba, y más volvía a equivocarse. Intentó de todo para calmarlo, pero el hechizo funcionaba perfectamente, y solo consiguió llevarse gritos y castigos.

- Menuda tontería hice inventando aquel hechizo solo porque yo estaba enfadado ese día. Si hubiera escrito las palabras secretas o la forma de anularlo, ahora podría arreglarlo todo- se dijo el escritor-. Pero ya no controlo el cuento, y mucho menos el humor del príncipe…

Y vaya si no lo hacía. Ese mismo día estaba junto al príncipe cuando le atacó su mal humor. Al buscar alguien con quien desatar su furia se fijó en el escritor y este, muerto de miedo, solo pudo recordar las palabras de un viejo hechizo de congelación de uno de sus cuentos. Al instante el príncipe quedó encerrado en un enorme bloque de hielo y rápidamente el escritor fue apresado por los guardias. Estos lo dejaron allí mismo, delante del príncipe, para que recibiera su castigo cuando el bloque se derritiera. Pero para entonces el enfado del príncipe ya había pasado, y aquella fue la primera vez en años en que uno de sus enfados no había provocado ningún problema. El príncipe era el primero al que molestaban las tonterías que él mismo hacía cuando estaba enfadado, y se sintió feliz de haber descubierto una forma de evitarlas. Los siguientes días mantuvo al escritor a su lado para que pudiera congelarlo cuando le llegaran sus enfados, y en unas semanas...

Lee las últimas líneas del cuento gratis en https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/un-enfado-incontrolable

#cuentosinfantiles #cuentoscortos #cuentos #autocontrol
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Hoy compartimos con vosotros un monstruoso cuento para luchar contra los prejuicios raciales y culturales... espero que os guste.

** El zombi cazafantasmas*

Patizombi era un zombi cansado de ser el malo de todas las historias. Y para demostrar que podía hacer cosas buenas, decidió salir a la caza de los malvados fantasmas.

Pero los fantasmas no se dejan ver fácilmente, y además son muy escurridizos. Solo después de muchos intentos fallidos, encontró un fantasma despistado flotando en el bosque. Se acercó con cuidado, preparó sus trampas, y saltó sobre él.

La lucha pareció terrible, hasta que Patizombi se dio cuenta de que estaba luchando él solo contra una sábana pegajosa que le tenía atrapado.

- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Has caído en mi trampa, malvado zombi!- rió un fantasma saliendo de su escodite.

- Ah, fantasma malvado- respondió. Algún día te atraparé yo a ti.

!No, no, no, no y no! - dijo muy ofendido el fantasma-. Disculpa, pero yo soy un fantasma bueno, y me dedico a cazar zombis malvados.

- ¡Eso sí que no!- protestó Patizombi- porque yo soy un zombi bueno, y soy yo quien caza fantasmas malvados.

Después de discutir un buen rato, comprendieron que ambos decían la verdad. Les pareció divertido y se hicieron amigos.

- Así que no todos los fantasmas son malvados…

- Ni todos los zombis…

- Pues podríamos unirnos para cazar ogros.

Y fueron formando equipo hasta las montañas, donde se escondían los peores ogros. Trabajando juntos rápidamente encontraron el rastro de un ogro que los llevó hasta una cueva. Como el ogro había salido, prepararon una trampa, pero mientras lo hacían una enorme piedra cerró la entrada, dejándolos atrapados.

- ¡Jo, jo, jo, jo! ¡Qué fácil ha sido atrapar a ese malvado zombi y su socio el fantasma!

- ¡Mentira! - protestaron desde dentro- No somos malvados. El único malvado eres tú y hemos venido a atraparte.

Una vez más la discusión duró hasta que todos estuvieron convencidos de que ninguno de ellos era un malvado.

- Nunca hubiéramos pensado que hubiera ogros buenos.

- Ni yo que un zombi y un fantasma no fueran malos.

- Está claro que, antes de cazar a nadie, tendríamos que asegurarnos de que sea un malvado...


Y así fue como ....


Puedes leer las últimas líneas del cuento gratis en https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/el-zombi-cazafantasmas

#cuentoscortos #cuentosinfantiles #cuentos
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Ahora que tantos niños están regresando al cole, un cuento simpático para aquellos a los que les cuestan más los inicios... Ya me diréis qué os parece.

Una vuelta al cole para valientes
El curso estaba apunto de comenzar, y Cony la conejita estaba asustada porque ese año iría a una escuela nueva. Tanto, que el día de antes cavó una profunda madriguera y se encerró en ella.

- Yo no salgo de aquí. Seguro que hay animales malos en el nuevo cole. Y maestros que asustan.

Así que llamaron a la tía Eleonora, su madrina. Ella siempre sabía qué hacer.

- No te preocupes, Cony. Te llevaré a varios colegios para elijas aquel en el que la gente te parezca más amable.

Convencida la conejita, a la mañana siguiente visitaron una escuela con una pinta espantosa. Tanto, que junto a la puerta había un vendedor de púas de erizo en llamas, tufo de mofeta y cuernos de toro.

- No entres ahí sin estas armas dijo el vendedor. Podría pasarte cualquier cosa.

Cony compró de todo y entró con mucho cuidado. Efectivamente, ahí no había nadie amable. Ni siquiera los cervatillos ni los koalas. Nadie le decía nada y Cony sentía que todos la miraban esperando el momento de atacarla. En toda la visita no tuvo ni un segundo de tranquilidad.

- ¡Qué escuela tan horrible, tía! - dijo cuando salieron.- Espero que la de mañana sea mejor.

Sin embargo, la cosa no parecía mejor en la segunda escuela. Otro vendedor vendía productos para protegerse. Le recomendó los dientes amenazantes y el caparazón guardaespaldas, y Cony se los puso y entró a la escuela esperando lo peor…

Pero nada más entrar un pequeño erizo se acercó a saludarla y se mostró muy simpático. Al poco un mono llegó sonriendo y le dio un gran abrazo. Así fue recorriendo la escuela rodeada de animales encantadores.

Pero Cony era muy lista, y pronto descubrió algo raro.

- Tía. Este lugar se parece mucho a la escuela que visitamos ayer. Y a alguno de estos animales ya lo he visto antes… Creo que todo esto es una trampa, ¡se hacen los simpáticos para atacarnos!

- Pero qué lista eres, sobrina - dijo Eleonora- no hay forma de engañarte. Pero no es ninguna trampa… mírate en ese espejo.

La conejita fue a mirarse. Los dientes amenazantes que había comprado no daban ningún miedo. Al contrario, parecía que Cony tenía una grandísima sonrisa. Además, detrás de su caparazón había un mensaje que decía “Me encantan los abrazos” y un pulgar hacia arriba. La verdad es que tenía un aspecto adorable.

- Mira ahora la foto que te hice ayer- siguió su tía, mostrándole la pinta que tenía con sus púas de erizo encendidas, su cara seria y su cuerno de toro.

- Vaya. Dan ganas de salir corriendo solo de verme - dijo Cony.

- Y eso es lo que pasó, cariño. Ayer no fueron amables porque tú no parecías nada amable. Pero hoy, esos mismos niños están encantados de estar y jugar contigo porque pareces mucho más simpática…

Cony entendió enseguida la trampa de su tía, y fue corriendo a ver al vendedor de la puerta, que no era otro que su papá disfrazado. Le dio un gran beso y....

*

Termina de leer las últimas líneas del cuento gratis en https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/una-vuelta-al-cole-para-valientes

#cuentoscortos #cuentosinfantiles #cuentosparaniños #cuentoseducativos #cuentos
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Hoy un cuento veraniego y fresquito para los que están de vacaciones... pero siempre con algo que aprender :-)

Una playa con sorpresa
No había nadie en aquella playa que no hubiera oído hablar de Pinzaslocas, terror de pulgares, el cangrejo más temido de este lado del mar. Cada año algún turista despistado se llevaba un buen pellizco que le quitaba las ganas de volver. Tal era el miedo que provocaba en los bañistas, que a menudo se organizaban para intentar cazarlo. Pero cada vez que creían que lo habían atrapado reaparecían los pellizcos unos días después, demostrando que habían atrapado al cangrejo equivocado.

El caso es que Pinzaslocas solo era un cangrejo con muy mal carácter, pero muy habilidoso. Así que, en lugar de esconderse y pasar desapercibido como hacían los demás cangrejos, él se ocultaba en la arena para preparar sus ataques. Y es que Pinzaslocas era un poco rencoroso, porque de pequeño un niño le había pisado una pata y la había perdido. Luego le había vuelto a crecer, pero como era un poco más pequeña que las demás, cada vez que la miraba sentía muchísima rabia.

Estaba recordando las maldades de los bañistas cuando descubrió su siguiente víctima. Era un pulgar gordísimo y brillante, y su dueño apenas se movía. ¡Qué fácil! así podría pellizcar con todas sus fuerzas. Y recordó los pasos: asomar, avanzar, pellizcar, soltar, retroceder y ocultarse en la arena de nuevo. ¡A por él!

Pero algo falló. Pinzaslocas se atascó en el cuarto paso. No había forma de soltar el pulgar. El pellizco fue tan fuerte que atravesó la piel y se atascó en la carne. ¿Carne? No podía ser, no había sangre. Y Pinzaslocas lo comprendió todo: ¡había caído en una trampa!

Pero como siempre Pinzaslocas estaba exagerando. Nadie había sido tan listo como para prepararle una trampa con un pie falso. Era el pie falso de Vera, una niña que había perdido su pierna en un accidente cuando era pequeña. Vera no se dio cuenta de que llevaba a Pinzaslocas colgado de su dedo hasta que salió del agua y se puso a jugar en la arena. La niña soltó al cangrejo, pero este no escapó porque estaba muerto de miedo. Vera descubrió entonces la pata pequeñita de Pinzaslocas y sintió pena por él, así que decidió ayudarlo, preparándole una casita estupenda con rocas y buscándole bichitos para comer.

¡Menudo festín! Aquella niña sí sabía cuidar a un cangrejo. Era alegre, divertida y, además, lo devolvió al mar antes de irse.

- Qué niña más agradable pensó aquella noche me gustaría tener tan buen carácter. Si no tuviera esta patita corta…

Fue justo entonces cuando se dio cuenta de que a Vera no le había vuelto a crecer su pierna, y eso que los niños no son como los cangrejos y tienen solo dos. Y aún así, era un encanto. Decididamente, podía ser un cangrejo alegre aunque le hubieran pasado cosas malas.

El día siguiente, y todos los demás de aquel verano, Pinzaslocas atacó el pie de Vera para volver a jugar todo el día con ella. Juntos aprendieron a cambiar los pellizcos por cosquillas y...

** Lee gratis las últimas líneas del cuento en:

https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/una-playa-con-sorpresa

#cuentoscortos #cuentosinfantiles #cuentosparaniños #cuentosparadormir
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Un simpático cuentito sobre autoestima, complejos, apariencia.... espero que os guste

La manía de la rana rockera

La rana Paca cambió su vida el día que vio la televisión por primera vez. Era un concierto de rock, y la rana Paca quedó fascinada. Pero no por la música, sino por las melenas de los cantantes.

- ¡Oh! ¡Qué pelo tan largo y bonito! Yo quiero algo así, que se note que soy especial.

Pero Paca solo era una rana. No había ido a la escuela y ni siquiera sabía que las ranas no tienen pelo, así que pensó que el pelo le saldría si se dedicaba a dar conciertos. Su croar de rana no encajó bien ni con el rock, ni con la ópera, ni con el pop, pero ella siguió dando conciertos allá donde iba. Viajó por pueblos y ciudades, por el mar y la montaña, por calles y jardines… hasta que un día dio su recital en una peluquería.

Mientras cantaba sin que nadie supiera que allí había una rana, el peluquero cortaba el pelo a un cliente. Un largo mechón fue a caer precisamente sobre la cabeza de Paca y esta pensó, al verse con tanto pelo sobre su cabeza, que su sueño por fin se había hecho realidad.

Emocionada, cantó con tanta fuerza y entusiasmo que despertó a Fredo, el gato del peluquero. Este, al ver aquel montón de pelo en movimiento saltó sobre él y se lo zampó pensando que se trataba de un ratón.

A Paca no la salvó su largo pelo, ni su estilo musical. La salvó ser una rana, porque a Fredo no le gustó el tacto frío y resbaladizo de su piel y la escupió; pero las huellas de aquel ataque quedaron para siempre marcadas con grandes cicatrices en la piel de Paca. Y también en su memoria, pues así aprendió que ser rana tenía...

*
Puedes leer las últimas líneas del cuento gratis en https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/la-mania-de-la-rana-rockera

#cuentoscortos #cuentosinfantiles #cuentosparadormir #autoestima #aceptarse #complejos
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Este año el día de la madre queremos celebrarlo con un cuento divertido: El hospital para mamás escacharradas. Espero que os guste

El hospital para mamás escacharradas
La vida en el Hospital Para Mamás Escacharradas era una verdadera locura.

- Acaban de traer a otra que está fatal. Su niño lleva cuatro días sin comer verdura.

- Ponedla ahí, junto a la mamá que había sido vomitada diez veces.

- No nos queda sitio, doctor, recuerde que ahí íbamos a poner a la mamá de los gemelos, los que se despertaban cada hora alternándose y no la dejaban dormir.

- Bueno, pues llevadla junto a la que jugaba al fútbol con los muñecos de peluche y la que cantaba canciones infantiles incluso dormida…

Y es que el hospital de mamás estaba a rebosar. Cada vez venían más mamás y con enfermedades más raras. Los médicos no encontraban curas: ni pastillas, ni inyecciones, ni vendas… nada funcionaba.

En medio de aquel ajetreo, llegó el ingreso más inesperado. Una viejecita muy arrugada que estaba fatal.

- Señora, este es un hospital de mamás, aquí no puede estar. Tiene que ir al hospital de abuelitas.

- ¡Que no! ¡Que me dejen! Estoy muy enferma y tengo que entrar aquí…

- Pero abuela…

- ¡Que no me llame abuela! Yo también soy mamá… ¡soy la mamá del director del hospital!

Y no mentía. Era la mamá del doctor Donoku Pado, un famosísimo médico para mamás, así que los médicos dedicaron todos sus esfuerzos a salvarla. Mil remedios, enfermeras, doctores, máquinas costosísimas… pero nada. La abuelita, mejor dicho, la mamá del director, se les moría. Tuvieron que interrumpir una reunión importantísima para avisar al director de que tenía que bajar rápido o no llegaría a ver viva a su mamá.

Este bajó un poco contrariado, pero al ver el estado de su mamá, tan enferma, hizo cuanto pudo para sanarla en el último momento. Tampoco sus intentos dieron resultado. Finalmente, viendo que la perdía, se lanzó a sus brazos, le dio un beso y le dijo:

- Gracias por todo lo que has hecho por mí.

Hasta aquel día había dudas sobre si el beso más curativo fue el del príncipe a Blancanieves, o quizás el que recibió la bella durmiente. Tonterías. Allí mismo descubrieron que ningún beso es tan poderoso como el de un hijo agradecido; la anciana madre del director se puso en pie de un salto con lágrimas de felicidad y dijo sonriente:

- Sinvergüenza, a ver si vienes a ver a tu madre más a menudo.

Tras asistir a aquel milagro, todos en el hospital se pusieron manos a la obra. Rápidamente llamaron a los hijos de las mamás que tenían ingresadas y los pusieron en fila para que les dieran un beso, un abrazo, o simplemente las gracias. Y ...

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#cuentosinfantiles #cuentoscortos #diadelamadre #cuentosparaniños

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Este año celebramos el día del libro con un cuento en defensa de los libros que no dan la talla... porque hasta entre los libros llegamos a hacer clases :-)
*La corta historia de los libros largos*
Los pequelibros estaban tristes. Esta vez los grandes y famosos libros no solo se habían reído de ellos, los habían echado.
- Pero si casi no se os puede llamar libros. Apenas tenéis letras y sois todo dibujos - había dicho un libro de montones y montones de páginas de letra diminuta.
- No dejaremos que os coloquen a nuestro lado en la librería. ¡Sois libros de mentira! -dijo otro, muy serio y elegante.
Pobres pequelibros: ni siquiera les dejaron un rinconcito en las librerías, ni en las bibliotecas. Acabaron amontonados en desvanes y almacenes.
Los grandes libros estaban contentísimos. En las librerías ya solo entraba gente adulta e inteligente porque ya no había allí nada que atrajera a los revoltosos niños. Estos se quedaban en la puerta, así que los libros ya no tenían miedo de que los agarraran sin cuidado o les arrancaran y ensuciaran las hojas.
Pasaron los años, y todos aquellos niños que no habían entrado en una biblioteca se hicieron adultos.
- Ahora ya pueden entrar a conocernos y admirar nuestra sabiduría- pensaron los grandes libros.
Pero no. Esos adultos que habían crecido sin pequelibros no tenían ningún interés en los grandes libros. ¡Eran demasiado largos! ¿Cómo iban a leer tantas páginas de golpe, si nunca habían leído nada?
Los grandes libros estaban desesperados. Las librerías cerraban, las bibliotecas parecían abandonadas ¡nadie leía! Se reunieron todos, leyeron y leyeron millones de sus propias páginas y descubrieron que aquello solo tenía una solución: tendrían que pedir perdón a los pequelibros, hacerles volver y colocarlos en los mejores estantes.
Así...
**
Puedes leer las últimas frases del cuento gratis en

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El cuento de Navidad de este año tiene un protagonista sorprendente con un origen aún más sorprendente y moderno... espero que os guste.

*Un hueco en el belén*
Simón era un pequeña figurita de plástico para poner en cualquier esquina de un belén navideño. Había nacido en una gran fábrica en china y ni siquiera estaba muy bien pintado, así que siempre le tocaba estar lejos del portal, rellenando cualquier hueco o dejándose mordisquear por los niños de la casa. Pero quería mucho al Niño, quien todos los días le miraba y sonría desde el pesebre. Él solo soñaba con que algún año le colocaran cerca del portal…

Una noche, poco antes de Navidad, María hizo llamar a todo el mundo.

- Necesitamos vuestra ayuda. Está a punto de empezar una gran guerra y Jesusito ha tenido que irse para tratar de evitarla. Alguien tiene que sustituirle hasta que vuelva.

- Yo lo haré - dijo un precioso angelito-. No creo que sea difícil hacer de bebé.

El angelito ocupó su puesto en el pesebre, así que otro angelito tuvo que ocupar el lugar que dejó vacío. A ese otro angelito lo sustituyó un pastorcillo… y así muchas figuritas tuvieron que cambiar sus puestos. Con los cambios, Simón terminó haciendo de pastor, mucho más cerca del portal de lo que le había tocado nunca.

Pero no salió bien. El angelito era precioso y lloraba como un bebé, pero se notaba muchísimo que no era el Niño. José tuvo que pedirle que se marchara y buscaron otro sustituto. Nuevamente las figuritas cambiaron sus puestos y Simón terminó aún más cerca del portal.

El nuevo sustituto tampoco supo imitar al Niño. Y tampoco ninguno de los muchos otros que siguieron probando durante toda la noche. Con los cambios, Simón llegó a estar bastante cerca del portal. Emocionado, ayudaba en todo lo que podía: cepillaba los animales, limpiaba el establo, llevaba el agua, charlaba con los ancianos, cantaba con los angelitos... Lo hizo tan bien que, cuando por fin encontraron un buen sustituto, María y José le dejaron quedarse por allí cerca.

Era la más feliz figurita del mundo y solo una cosa le intrigaba: había ido por agua cuando eligieron al sustituto y no había visto quién era. Siempre que miraba estaba cubierto por las sábanas y, como nadie echaba de menos al verdadero Niño, Simón tenía la esperanza de que fuera el mismo Jesús quien había vuelto. Un día no pudo más y, aprovechando que era temprano y todos dormían, miró bajo las sábanas…

Cuando sacó la cabeza una enorme lágrima rodaba por su mejilla. María le miraba dulcemente.

- No está…

- Lo sé - dijo María-. No hay nadie. El sustituto de Jesús no está en la cuna. Eres tú, Simón.

- Pero si yo solo soy una figurita mal hecha…

- ¡No estarás tan mal hecha cuando has conseguido que nadie se dé cuenta de que no estaba! Mira, Simón, tú has hecho lo que mejor se le da a Jesús: querer a todos tanto que se sientan verdaderamente especiales ¿Verdad que lo sentías cuando Él te miraba cada día? Y los demás lo sienten gracias a ti.

Simón sonrió.

- Jesús me ha pedido que...

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Casi todos hemos promovido el materialismo en los peques sin darnos cuenta... ¿qué tal si intentamos ponerle remedio, ahora que llegan las fiestas?

Blacky, un torpe con suerte

Blacky era un pequeño demonio que no tenía nada de especial, y nunca hubiera llegado a ser el Gran General del Lado Oscuro si hubiera sido un buen demonio. Pero hasta para ser malo hay que tomárselo en serio, y Blacky era un desastre. Por eso pasó lo que pasó.

Los del lado oscuro se organizan para fastidiarlo todo, especialmente las fiestas y ocasiones especiales. Blacky pertenecía a un pequeño equipo sin diablos importantes que cometía sus diabluras en un pueblecito.

- Este mes fastidiaremos el cumpleaños del hijo del Don Importante, para que todos lo vean- decidió el jefe diablo-. Que no vea a su familia, que no compre regalos, que esté siempre ocupado ¿Entendido?

La estrategia funcionó y los diablos consiguieron su objetivo. Pero Blacky no había hecho nada y su jefe lo descubrió.

- Mañana es el cumpleaños y no has hecho nada por fastidiarlo ¡Haz algo que funcione, o te vuelves al infierno!

Blacky se puso muy nervioso. Tenía que hacer algo pero, como no se había preocupado por nada, ni siquiera sabía de quién era el cumpleaños.

- Ya sé. Entraré en todas las casas y me llevaré todos los regalos que encuentre. Da igual cuantas personas cumplan años o celebren una fiesta, ¡mañana nadie tendrá regalos!

Aunque el pueblo no era muy grande, Blacky encontró bastantes regalos y los robó todos. Cuando terminó, no sabía qué hacer con tantos bultos.

- Hummm… creo que los guardaré en una de las casas. En una que no tuviera regalos, claro… Mira, esta que es tan grande me vendrá muy bien.

Y allí los dejó y se fue a dormir y hacer el vago otra vez.

A la mañana siguiente, el jefe diablo se tiraba de los cuernos al descubrir que el hijo de Don Importante había recibido una montaña de regalos por su cumpleaños y estaba encantado con sus juguetes.

- ¡Blaaaacky! ¡Eres un inútil!

Y pidió que lo expulsaran de su equipo. Los jefes diablos investigaron a Blacky, y fue entonces cuando descubrieron su tremendo acierto.

- ¿Por qué íbamos a expulsarlo? ¡Pero si es un genio del mal! dijo el comandante diablo.

¿Genio? - protestó el jefe de Blacky - ¡La fiesta de cumpleaños ha sido un éxito! Y, lo que es peor, ¡las demás familias van a copiar lo de hacer tantos regalos!

- ¡Por eso mismo! La fiesta parece un éxito, pero fíjate bien - dijo el comandante señalando su pantalla-. Al niño solo le importan sus juguetes; ahora son ellos los protagonistas de la fiesta. Don Importante piensa que ya ha cumplido y puede seguir sin hacerle caso… ¿Ves? Los está separando y apagando su cariño. Unos cuantos meses así, y Blacky no habrá fastidiado una simple fiesta: ¡habrá reventado la mitad de las familias del pueblo!

Y así fue como un diablo tan desastroso como Blacky llegó a ser nombrado general del lado oscuro. Copiaron su truco en todas partes y millones de personas estropearon sus celebraciones familiares comprando cosas que separaban más que unían. Tan contentos estaban los diablos que inventaron un día en recuerdo de Blacky, y lo llamaron Black Friday…

Pero no hay que perder la esperanza, porque...

** Termina de leer gratis el cuento en http://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/blacky-un-torpe-con-suerte

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