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Fernando Urien
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Aguas cristalinas


Aguas cristalinas, transparentes y tersas;
me sonreís esperando
que vuestro rostro mis manos humedezcan,
mas cuando me las miro
y veo que están tan ásperas y secas,
temo que al tocaros
todo vuestro encanto desaparezca.

Aguas cristalinas, transparentes y tersas;
no me invitéis ni tentéis
para que mis manos vuestra esencia revuelvan,
tembláis tanto cuando
yo las aproximo y las sentís de cerca,
que movéis el entorno
y temo que con vos también yo enrarezca.

Aguas cristalinas, transparentes y tersas
no insistáis, ¡por Dios!
tan torpe y escasa es mi delicadeza,
que tan sólo el pensar
que pudierais perder vuestra entereza
hace que yo tiemble
y, así mismo, mi corazón se estremezca.










Aguas cristalinas, transparentes y tersas,
podéis perder cuidado,
guardad sin temor vuestra hermosura y presteza;
aunque apenas pueda
mirar y admirar toda vuestra belleza,
no habéis de extrañaros
que con sólo veros mi alma se enaltezca.

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Un manto blanco

La luna tiene un manto blanco
que esconde nuestros secretos.

Esconde los susurros
que aún laten en el oído.
Esconde la caricia
que reposa en la piel.

Esconde aquel beso,
aquel abrazo,
aquel suspiro.
aquel te quiero.

La luna tiene un manto blanco
que esconde nuestras desdichas.

Esconde la angustia
del triste desencanto.
Esconde las lágrimas
del mudo silencio.

Esconde aquel engaño,
aquel olvido,
aquel dolor,
aquel llanto.





La luna tiene un manto blanco
que las nubes no dejan ver.

Así mira el iris del tiempo
recordando la luna de antaño,
navegando entre los recuerdos
de lo que fue un manto blanco.

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Un manto blanco

La luna tiene un manto blanco
que esconde nuestros secretos.

Esconde los susurros
que aún laten en el oído.
Esconde la caricia
que reposa en la piel.

Esconde aquel beso,
aquel abrazo,
aquel suspiro.
aquel te quiero.

La luna tiene un manto blanco
que esconde nuestras desdichas.

Esconde la angustia
del triste desencanto.
Esconde las lágrimas
del mudo silencio.

Esconde aquel engaño,
aquel olvido,
aquel dolor,
aquel llanto.


La luna tiene un manto blanco
que las nubes no dejan ver.

Así mira el iris del tiempo
recordando la luna de antaño,
navegando entre los recuerdos
de lo que fue un manto blanco.

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Aguas cristalinas


Aguas cristalinas, transparentes y tersas;
me sonreís esperando
que vuestro rostro mis manos humedezcan,
mas cuando me las miro
y veo que están tan ásperas y secas,
temo que al tocaros
todo vuestro encanto desaparezca.

Aguas cristalinas, transparentes y tersas;
no me invitéis ni tentéis
para que mis manos vuestra esencia revuelvan,
tembláis tanto cuando
yo las aproximo y las sentís de cerca,
que movéis el entorno
y temo que con vos también yo enrarezca.

Aguas cristalinas, transparentes y tersas
no insistáis, ¡por Dios!
tan torpe y escasa es mi delicadeza,
que tan sólo el pensar
que pudierais perder vuestra entereza
hace que yo tiemble
y, así mismo, mi corazón se estremezca.


Aguas cristalinas, transparentes y tersas,
podéis perder cuidado,
guardad sin temor vuestra hermosura y presteza;
aunque apenas pueda
mirar y admirar toda vuestra belleza,
no habéis de extrañaros
que con sólo veros mi alma se enaltezca.

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Vuela sola la paloma

Llueve con fuerza, el viento riza las olas;
el agua del mar, con furia, se revuelve
golpeando la tierra, rompiendo las rocas.
Mientras las negras tinieblas todo lo envuelven
enfrentándose al cielo en las amargas horas.

Vuela sola la paloma
contra el viento y la marea
con un laurel en la boca.
Al otro lado, en la loma,
sus pollitos la esperan.

¿Podrá llegar ella sola,
entre tormentas y espinas,
a la rama que asoma,
casi quebrada, en la loma
donde sus crías suspiran?

Dios construyó el mar, el cielo y la tierra;
entre el sol, el agua y el viento, se alza
orgulloso el hombre que a la vida se aferra.
La oscura y muda guadaña el silencio ensalza.
Quiebra frío el hielo, cruje cruel la guerra.





El agua sus plumas moja
Y la empapa el cuerpo entero.
Mas su vuelo no afloja
ni el pico la rama arroja,
retando así al aguacero.

Del agua y entre las olas
el ave su vuelo remonta,
el frío viento la asola;
mas con su rama enarbola
el amor que al mar enfronta.

Entre un haz de luces, de ruidos y de truenos;
un rayo de sol entre las nubes, enfoca
del valle los árboles con sus frutos buenos,
del agua los arroyos, de la paloma la boca
y el laurel… ilusión de tiempos más serenos.

A lo lejos, los polluelos,
Pueden ver a la paloma,
contra el viento y aguacero,
con su laurel por trofeo
de esperanzas trae aroma.






Del sol surge nuevo brillo
y alrededor de la loma,
cantando los pajarillos
con sus tonos más sencillos,
dan loas a la paloma.
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Metal

Junto a las sobras del hierro
da el quiebro una estrella,
metal fino,
bien pulido,
sus destellos sobresalen,
y aun no siendo metal noble
brilla más que el más brillante.

Palidecen como esquirlas
los demás trozos sobrantes
de corte quiebro,
caras oxidadas,
piezas rodantes
que ya no encuentran su sitio...
del deshecho forman parte.

El brillo atrae la mirada
hacia el metal que lo imparte;
joven por nuevo,
joven por hermoso,
joven por brillante;
despreciando la existencia
de grabados inmortales,
forjadas alambradas,
incólumes pilares
que el tiempo llevó su brillo...
parecen menos metales.

Más en lugares solemnes
como en los buenos altares,
aunque no brille por viejo,
se muestre agrietado,
más descolorido
y con muchos males;
mejor que el hierro pulido
honra y luce el oro añejo.

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Metal

Junto a las sobras del hierro
da el quiebro una estrella,
metal fino,
bien pulido,
sus destellos sobresalen,
y aun no siendo metal noble
brilla más que el más brillante.

Palidecen como esquirlas
los demás trozos sobrantes
de corte quiebro,
caras oxidadas,
piezas rodantes
que ya no encuentran su sitio...
del deshecho forman parte.

El brillo atrae la mirada
hacia el metal que lo imparte;
joven por nuevo,
joven por hermoso,
joven por brillante;
despreciando la existencia
de grabados inmortales,
forjadas alambradas,
incólumes pilares
que el tiempo llevó su brillo...
parecen menos metales.

Más en lugares solemnes
como en los buenos altares,
aunque no brille por viejo,
se muestre agrietado,
más descolorido
y con muchos males;
mejor que el hierro pulido
honra y luce el oro añejo.

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El bosque de la memoria


Tenía la mirada azul,
mi abuelo;
apenas decía nada.
Entre sus dedos dorados
siempre había un pitillo
cuya ceniza caía
cuando su mano temblaba.

Si la vida se escribe en un pelo blanco
y en las arrugas la historia del tiempo,
¿qué no habría en la mirada
de ese rostro arrugado
y cubierto de canas?

Se le caían los momentos,
como las hojas en otoño
se desprenden de sus ramas,
cubriendo el tiempo de hojarasca.

¿Por qué la mirada del decano,
tranquila y serena,
parecía no sorprenderse por nada?





Ya lo había visto.
Entre su broza lo guardaba.
Siempre era lo mismo.
Mas aquello,
lo que él vivió,
su revuelta hojarasca,
guardaba en su terrazo
cierta nostalgia.

En su bosque
de niebla cálida
reposaban tantas hojas...
No se sorprendía por nada.

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El bosque de la memoria


Tenía la mirada azul,
mi abuelo;
apenas decía nada.
Entre sus dedos dorados
siempre había un pitillo
cuya ceniza caía
cuando su mano temblaba.

Si la vida se escribe en un pelo blanco
y en las arrugas la historia del tiempo,
¿qué no habría en la mirada
de ese rostro arrugado
y cubierto de canas?

Se le caían los momentos,
como las hojas en otoño
se desprenden de sus ramas,
cubriendo el tiempo de hojarasca.

¿Por qué la mirada del decano,
tranquila y serena,
parecía no sorprenderse por nada?





Ya lo había visto.
Entre su broza lo guardaba.
Siempre era lo mismo.
Mas aquello,
lo que él vivió,
su revuelta hojarasca,
guardaba en su terrazo
cierta nostalgia.

En su bosque
de niebla cálida
reposaban tantas hojas...
No se sorprendía por nada.

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Castillos en la arena


Reía el niño jugando
con su castillo de arena;
sus manos hacían los muros,
con sus dedos las almenas,
en el centro había una torre
y un camino en la puerta.
Soñaba rozando el cielo,
mientras jugaba en la tierra,
que ningún dragón podía
superar su fortaleza.
El sol doraba su dorso
dándole color de avena
como si el niño y el suelo
una sola cosa fuera.
--00--
Mas el frío por la espalda,
entre espuma y agua seca,
cortó la piel del chiquillo
y arrancó su fortaleza,
dejando el suelo liso
como si ya nada existiera.
¡Qué pronto cayeron los sueños
que del cielo estaban cerca!



--00--
El niño volvió su rostro
y miró a las olas tercas
que el frío océano lanzaba
clavando su espuma en tierra.
Tan inmenso era aquel mar
que al horizonte atraviesa;
tanta agua, tantas olas,
tanta ira en su espuma quiebra…
--00--
El chico volvió su espalda
al agua de sombras negras
y caminó playa adentro
para jugar con la arena.
Atrás dejó al mar convulso
llorando sus turbias penas,
mientras jugaba con sueños
guardados en fortalezas.
Castillos en la arena


Reía el niño jugando
con su castillo de arena;
sus manos hacían los muros,
con sus dedos las almenas,
en el centro había una torre
y un camino en la puerta.
Soñaba rozando el cielo,
mientras jugaba en la tierra,
que ningún dragón podía
superar su fortaleza.
El sol doraba su dorso
dándole color de avena
como si el niño y el suelo
una sola cosa fuera.
--00--
Mas el frío por la espalda,
entre espuma y agua seca,
cortó la piel del chiquillo
y arrancó su fortaleza,
dejando el suelo liso
como si ya nada existiera.
¡Qué pronto cayeron los sueños
que del cielo estaban cerca!



--00--
El niño volvió su rostro
y miró a las olas tercas
que el frío océano lanzaba
clavando su espuma en tierra.
Tan inmenso era aquel mar
que al horizonte atraviesa;
tanta agua, tantas olas,
tanta ira en su espuma quiebra…
--00--
El chico volvió su espalda
al agua de sombras negras
y caminó playa adentro
para jugar con la arena.
Atrás dejó al mar convulso
llorando sus turbias penas,
mientras jugaba con sueños
guardados en fortalezas.
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