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Mendiel
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Sho!
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Segunda parte de la gran recopilación de relatos de +Ricardo Zamorano
¡Hola! Llega el nuevo número de Palabras Narradas, la serie de relatos largos que empecé a recopilar, de forma individual, el mes pasado.

Este mes, podréis leer en versión PDF EFECTO PLACEBO, una historia en la que al protagonista se le ofrece la oportunidad de pedir un deseo...

Y recordad, ¡es gratis!

Espero que os guste.

https://lektu.com/l/ricardo-zamorano/palabras-narradas-no-2/7004

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Preces

Que nada me aquiete, si no es tu cuerpo.

Que nada me duela, si no son tus penas.

Que nada sospeche, si decides irte.

Que nada me detenga, cuando quiera amarte.

Que nada respire, si no es tu pecho.

Que nada suceda cuando te contemplo.

Que nada me aleje, si no son tus alas

Que nada sobreviva, si alguna vez te pierdo.

Por amarte tanto he mordido el muro, me mira el pasado con ojos desiertos…

Por amarte tanto yo cruzo lo oscuro y sueño, puedo, renazco y tiemblo.



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LA CHICA DEL AUTOBUS

Mi noche había sido insoportable y el amanecer de lo peor; pesadillas y sueños extraños me torturaron y un profundo dolor de cabeza me abatió cuando abrí los ojos.
Luego de un rato intenté recordar algo pero al hacerlo, mil puñales se clavaron en mi sien.


Lentamente me levanté y el baño de agua caliente me relajó de cierta forma.
Desnudo y casi mojado caminé hasta la cocina donde lo primero que hice fue buscar entre los vasos y platos, algún analgésico.
Tomé dos, encendí la hornalla de la cocina y llené la pava con agua caliente para el mate.
Busqué algo en la heladera para comer pero…
“Tengo que ir al supermercado más seguido.” dije en voz alta.
Luego de un rato, mi dolor había cedido bastante y los mates habían tenido su efecto por lo que comencé a vestirme para ir a trabajar.
La temperatura a esa hora de la mañana, era de doce grados según la radio.
Al salir del edificio vi al autobús pasando por la puerta a toda velocidad y maldije en todos los idiomas.
Resignado caminé hasta la esquina donde estaba la parada y aguardé.
Mientras lo hacía pensaba cuando llegaría a mi vida la mujer que amaba secretamente en sueños desde que era un niño.
Pasaron diez minutos y llegó otro bus.
Saqué mi pasaje y caminé hasta el fondo pues pude ver un asiento libre.
Cuando estaba por llegar, una mujer de cabellera larga y negra pasó rauda a mi lado, se adelantó y se sentó.
Molesto por la actitud, intento recriminar su acción.
Me acerco y le digo:
No hacía falta hicieras eso, si querías sentarte con pedírmelo hubiera bastado. dije
Ella ni levantó la vista, miraba al piso.
¿Escuchaste lo que dije?
No tuve respuesta.
Irritado, comencé a prestarle atención a su figura para saber cómo seguir y que decir.
No tendría treinta años, el cabello negro y lacio caía sobre sus hombros de forma soberbia.
Al estar sentada, la breve falda permitía ver su íntimo triangulo blanco e inmaculado.
Las botas altas y el abrigo largo, negro le otorgaban una sensualidad exquisita.
No podía ver sus manos pues estaban cubiertas por guantes de lana también negros.
Aquella mujer no solo me había intrigado…me había fascinado también.
El autobús comenzó a recorrer la ciudad mientras ella seguía inmóvil, mirando hacia el piso.
Yo no podía dejar de mirarla.
En un momento no pude resistir más y le pregunté:
¿Te sentís bien?
No obtuve respuesta alguna.
Pensé que lo mejor era olvidar aquel incidente y comencé a alejarme.
Pero en ese momento, habló.
Perdón.
Un frio inusual me corrió por la espalda.
Al darme vuelta pude ver un rostro de porcelana y unos bellos ojos grises, nublados por las lágrimas.
Inmediatamente saqué mi pañuelo del bolsillo y se lo ofrecí.
Muchas gracias, sos todo un caballero, gracias.
Y te pido disculpas nuevamente… ¿Querés sentarte en mi asiento?
En definitiva te correspondía a vos.
Le respondí que no y le ofrecí mi ayuda.
¿Por qué llorabas?
Perdón pero llegué a mi destino. me dijo sin responder la pregunta.
Casualmente era el mismo que el mío y se lo dije. Ella sonrió.
Bajamos juntos y caminamos unas cuadras conversando del caos que era Buenos Aires.
Al llegar a un viejo edificio del Centro, en la avenida Callao, ella se detiene.
Aquí vivo. dijo
Lindo lugar, muy bohemio… ¿Sabés que trabajo a dos cuadras de aquí? le comenté.
Ah, sí, ¿Dónde? me preguntó.
En la editorial…
Su mirada me interrumpió.
Su mano tomando la mía, fue la sensación más dulce que tuve en años.
¿Querés entrar? me preguntó mirándome a los ojos y entrelazando fuertemente sus dedos con los míos.
A los pocos segundos estábamos en el viejo ascensor, arrancándonos la ropa y besándonos de forma salvaje.
Estuve a punto de penetrarla allí mismo pero la llegada al octavo piso, me detuvo.
Entramos a su departamento y allí todos mis instintos se desataron furiosos.
Le rompí las bragas y solté sus perfectos senos de la prisión del corpiño para beber de ellos con infinita ternura y pasión.
Ella estaba sedienta de placer también, cuando se llevó mi pene a la boca pensé que moría de extasis.
El sexo salvaje, cálido y desenfrenado duró horas. Nadie me había provocado tanto en toda la vida.
Encendí un cigarrillo mientras contemplaba su cuerpo desnudo tendido en la cama.
Resumía la belleza del mundo.
De pronto me di cuenta que no sabía su nombre. Y le pregunté.
Carmen.
Hola Carmen, yo soy Marcos. ¿Puedo preguntarte porque llorabas en el autobús?
Por lo que pasará ahora. respondió.
Intrigado y algo inquieto pregunté qué sucedería pero no respondió.
Atiné a mirarla; sus ojos eran una sinfonía de amor y ternura, pasión y dulzura.
Y otra vez estaban nublados, tenían lágrimas, tenían dolor.
Había amor en ellos; niños, aves, tierra, mar, cielos azules y noches estrelladas.
De pronto supe que estaba enamorado.
Y un fuerte dolor en mi pecho creció.
¿Qué pasara por Dios, Carmen? dije con voz angustiada.
Ella lloraba y lloraba. Y con voz entrecortada dijo:
Te despertarás, yo desapareceré y no me recordarás…buscáme por favor…existo…de verdad que existo, dame tu palabra que lo harás…


Mi noche había sido insoportable y el amanecer de lo peor; pesadillas y sueños extraños me torturaron y un profundo dolor de cabeza me abatió cuando abrí los ojos.
A los pocos minutos intenté recordar pero al hacerlo, mil puñales se clavaron en mi sien.

F I N

Richard






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Maldiciones de +Raúl Omar García​
Carson es un montañés.
A Carson lo apodan «Skins».
«Skins» significa «pieles».
«Skins» Carson vive en una cabaña, casi oculta, donde termina la zona boscosa, cerca de las montañas.
Les presento:
La cabaña de «Skins» Carson.

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Mujer prohibida y ajena
Que tengo y no debería
Con tus hieles me repeles
Con tus mieles me encandilas.

Tus rizos negros me amarran
A tu cuerpo que me quema
Y tus caderas me atraen
A tus piernas que encadenan.

Espero aquellos momentos
En nuestras noches ilícitas
Cuando entre sombras te tengo
Y en las mañanas te pierdo.

Regresas entre sus brazos
Poseedor legal de ti
Pero se que en cada beso
Tu solo piensas en mi.

Y cuando te haga el amor
Ten cuidado con tu hombre
Pues si te lleva al orgasmo
Seguro dirás mi nombre.
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