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Nota previa: Sólo lo separé en párrafos, así que se admiten revisiones ortográficas, remaquetados y cualquier tipo de modificación.

Vacaciones oníricas: El niño saltarín

Debe ser que cada vez será mas dificil conseguir vacaciones y mi cerebro se anticipa creando ilusiones mientras duermo para cuando lleguen las vacas flacas. Quizá sea el cansancio, o algún tipo de emoción refrenada o reprimida. Supongo que Sigmunn Frëud podría escribir cientos de líneas sobre esto y divagar sobre el tema. El caso es que el otro día soñé. 

No sabría decir si fue un sueño bueno o malo. Lo que sí puedo afirmar es que me levante de la cama sintiendo un deje de extrañeza. Como si hubiera realizado una travesía en la que no sabía lo que había pasado pero de cuyos detalles era plenamente consciente. Quiero compartir esta experiencia, así que paso a relatarla.


Me habían dado vacaciones en el trabajo, y resulta que yo proyecté un viaje a través de Francia para luego ir a Inglaterra, ya que nunca estuve allí. Vería multitud de cosas de Francia para finalizar el trayecto en Londres, donde nunca había estado y tenía ansias de visita acumuladas.

He aquí el primer sinsentido. Nunca me ha gustado Francia y los franceses en general. No es cuestión de xenofobia, tampoco es que sienta un odio hacia ellos, pero sí podría decir una leve antipatía. Me parecen muy quisquillosos con su lengua y no se abren a las demás. Es una personalidad que no me parece amistosa. Habrá de todo y alguna gente puede decir que son tópicos y eso no ocurre siempre (cosa que sí es cierta, no todos serán así), pero dejo a merced de cada cual opinar sobre lo adecuado de generalizar.

Además, siempre me pareció curioso que un idioma en el que todo se basa en hacer gorgoritos como si tuvieras algo atascado en la garganta y se habla con la boca como si estuviera entubada fuera considerado un idioma sexy. Incluso en la música clásica que amo, en la cual tienen grandísimas obras, siempre me han parecido de un estilo mas elegante que italianos o alemanes, aunque mas fríos.

Sin embargo, una de mis ilusiones desde muy pequeño había sido visitar París, ilusión que ví cumplida hace unos años visitando la torre Eiffel, el Louvre, l'Orsay, Notre-Dame y muchos otros sitios de la geografía parisina. A pesar de ello, no hay otro sitio en toda Francia que me llame la atención visitar.

Tras la cuidada y detallada planificación de mi proyecto vacacional, aparecí de forma súbita en medio de un paisaje rural de Francia como sólo en sueños puede aparecerse. Sin recuerdo alguno de como había llegado ni qué medio de transporte había usado y sin ropa de abrigo ni pertrechos varios. Podría decirse que este es el segundo suceso inexplicable del sueño, aunque es bastante típico en este tipo de experiencias.

Siempre pienso lo raro que es que lo que nos parecería inverosimil en la vida real, muchas veces lo aceptamos como cotidiano y normal en un sueño. Podría aparecer una criatura híbrida entre una vaca rosa y una cigüeña, y en un sueño lo vería como algo normal, sin nisiquiera posar la vista sobre tan extravagante animal. Del mismo modo, hay acciones sin sentido que realizamos sin justificación alguna, o diálogos que al despertarnos nos damos cuenta de que carecen completamente de sentido. Sin embargo, el cerebro debe pensar de forma completamente distinta cuando se sumerge en una vivencia onírica y seguir trayectorias de deducción basadas en otro tipo de razonamiento.

Y casi sin pestañear, mi siguiente situación fue estar dentro de un salón de una de las casas que adornaban la localización. En el salón podía verse una alfombra en el suelo, un sofá y algunos niños por la estancia. Mi mirada no tardó en fijarse en un niño en particular, ya que dicho niño estaba sentado sobre mi maleta, que estaba abierta encima del sofá. Aquel chiquillo parecía haber encontrado gracioso encajonarse sobre el hueco que dejaba mi maleta al estar abierta y no dejaba de botar y rebotar sobre el fondo de la misma.

Soy una persona a la que siempre le ha gustado jugar con los niños, atenderlos y ese tipo de cosas. La docencia es algo que me habría gustado ejercer, siempre que me hubiesen tocado chavales bien educados y no animales salvajes, como parecía ser el caso de este camorrista en miniatura.

Ante la situación de estar en una casa ajena y no haber adultos a la vista, me planteé que hacer. Quería la maleta para algo, pero no recordaba para qué (los sueños nunca son claros). Lo lógico sería pensar que la quería para cerrarla y que el chaval no estropease ni maleta ni contenido de la misma. O que simplemente quería proseguir mi viaje. El niño continuaba con su movimiento ascendente y descendente cebándose con mi pobre maleta.

No creo en la violencia como forma de educación, aunque sí en un sistema por refuerzos positivos y negativos. Pero aplicarle un premio o un castigo a un niño ajeno a mí me resultaba una idea extraña. Debía haber alguna alternativa.

Pasaba el tiempo y me inquietaba. Tenía un enfado, no exagerado, pero sí creciente. El niño seguía saltando. O quizá podría llamarse nerviosismo. Sí, creo que lo segundo se ajustaría mas. No era enfado contra el infante, era preocupación. El niño seguía botando y rebotando. ¿Estaría en alguna situación contrarreloj por alguna causa que el sueño me impedía recordar? Al menos, durante la vivencia no era consciente de ello, aparte de por mi estado nervioso inexplicable.

El niño seguía botando y yo miraba alrededor, no sé si en busca de ayuda, alguna presencia adulta, o alguna distracción para el crío. Estaba forzando mi límite. Soy de un carácter moderado, pero soy de los que piensa que absolutamente todas las personas tienen un límite de paciencia a partir del cual pueden reaccionar de una manera o de otra. Y de alguna manera inconsciente, sabía que el tiempo se me agotaba.

Finalmente, tomé una resolución y me acerqué a la criatura. En ese momento, una oscuridad me fue rodeando sin que dejara de acercarme disminuyendo la distancia hacia mi maleta, hasta que la negrura envolvió completamente mi consciencia sin dejarme recordar nada mas. 

Lo siguiente que recuerdo es llegar de mañana a Londres y ver el Big-Ben.

Licencia: CC BY-NC 3.0
http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/deed.en_GB
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