Aun no le tengo un título, pero como veo que se acerca el final del plazo, prefiero ir pasandoos ya mi segundo relato, por si ademas quisierais editarlo o hacerle cualquier cosa. Estoy abierto a cualquier sugerencia

La respuesta de J

Miré el reloj. Ya llevábamos quince minutos en aquella sala y el discurso se iba calentando. Mi nivel de inquietud iba subiendo porque sabía lo que ocurriría irremediablemente al final.

Miré a J. Me devolvió la mirada. Los dos sabíamos que su presencia allí era importante ese día y que los medios recogiesen que él estaba allí, pero yo también pensé y le había aconsejado con anterioridad que no fuese. Era un riesgo innecesario y tampoco se esperaba que fuese a arreglar mucho con ese acto simbólico, al menos, no a corto plazo.

Él era consciente de la probabilidad de su detención al final del acto y espero que finalmente se hubiese decidido a abandonar antes el recinto. Siempre he pensado que cuando una sociedad o un sistema empiezan a penalizar el decir lo que uno piensa e incluso a castigarlo primero con medidas económicas, lo siguiente siempre va a ser un paso a peor. Ya se habían visto cosas parecidas antes en la historia y ahora no iba a ser menos. Yo había logrado ir aguantando a mi manera, pero no todos eran tan hábiles como para hacerlo sin tener que plantar cara, cosa que por otro lado, se necesitaba.

Las declaraciones en ambos sentidos no habían ayudado mas que a crispar todavía mas la situación. Pero mucha gente que no seguía estas cosas seguía pensando que la cosa no estaba tan mal, y estaba confiada. Yo, en cambio, sí sabía que todo tendría consecuencias para J y que presentarse allí era un gesto simbólico importante. Se le había convocado y había aparecido.

Lo que también era seguro era que luego le pedirían que se pusiese "a su disposición" para todo aquello que se necesitase de él. Aquellas habían sido las palabras (que a mi no me presagiaban nada bueno) usadas en la correspondencia electrónica enviada a todas las personalidades importantes a través de aquellos buzones virtuales que nos habían sido impuestos por ley a todos y que yo sospechaba que no eran sino una forma más de espionaje y control. Se jugaba con que nadie esperaba nada malo y aun quedaba bastante buena voluntad por muchos de los convocados, que ademas se sentían protegidos por la ley.

Con J el espionaje no hacía falta. Siempre fue bastante directo y no habría tenido mucho sentido espiarle para enterarse de lo que él promulgaba y decía de forma bastante directa. Se veía perfectamente cuales eran sus ideas. Y había empezado a despertar algo en la gente, por lo que él había sido de los primeros convocados y con carácter especial "de urgencia". Se jugaba con la idea de que las cosas aun no estaban lo suficientemente mal como para que muchos que no estaban enterados de todos se opusiesen a asistir convocados a un acto que parecía una mera charla, aunque con unos efectivos de seguridad por encima de lo normal.

Justo antes de venir, J y yo habíamos quedado y le había dado algo de dinero y documentación digital. Le haría falta si quería salir y poder escapar, ya fuese sólo o en compañía, a un sitio donde las cosas estuviesen mas tranquilas, pero no sabía cuando lo haría y de qué manera. Las entradas y salidas se habían dificultado por el incremento del control en estas con los últimos medios tecnológicos de biología multimétrica. El ADN era algo aun difícil de replicar exactamente, pese a los nuevos avances, y seguía siendo una asignatura pendiente.

La voz en los altavoces subía de tono y parecía que se acercaba el momento final y mi nerviosismo aumentó. Miré hacía J, que estaba en las filas de en medio y no apartaba la mirada del orador, y éste, a su vez, se dirigía a todo el público mirándolo y gesticulando mucho hacia el cielo, como adornándose. Era normal que hubiese convencido a muchas personas, porque su capacidad de predicación no era poca, pero todos en nuestro sector sabíamos cual era la evolución lógica. Ya estábamos planificando nuestros planes de contingencia cuando se nos convocó y vimos que los que íbamos tarde eramos nosotros porque su paso estaba dado.

El orador seguía empezando a mentar los nombres de los hombres y mujeres que se suponía estaban encauzando mal el nuevo sistema y argumentando que por ello venían los últimos malos resultados. Se ofrecía a "ayudar" juntando a esas personas y cambiando su método de trabajo. Cuando quedaba algún silencio, sus pocos partidarios le aplaudían obligando a asistentes menos comprometidos a hacerlo también por cortesía (o miedo) y en los momentos mas discretos (o todo lo discretos y desapercibidos que una persona puede tener dirigiéndose a una multitud), miraba a J y recíprocamente, J sostenía su mirada. El mensaje era claro.

Revisé de nuevo la hora para comprobar que llevábamos ya cuarenta y cinco minutos de discurso y predije para mí que las actuales palabras eran el preludio de las acciones a tomar y ví a J extrañamente tranquilo. Relajado. ¿Acaso no era obvio lo tenso de la situación? ¿Pensaba que arreglarían todo con un aviso y palmadita en la espalda? Pero J era demasiado listo para eso. ¿Qué me estaba perdiendo?

Mis preguntas fueron respondidas de repente.

Lo primero fue que el micrófono falló en la parte mas agresiva de aquel monólogo furioso. La voz se apagó, pero la furia no. Tras golpear el micrófono para comprobar que era inútil intentar continuar, aquel hombre que nos había empezado a complicar la vida y seguía haciéndolo, ahora frente a un micrófono, vivía un repentino episodio de impotencia y lleno de ira, miró a J . Tuvo el tiempo justo para verlo sonreír cuando se fue la luz.

Fue brillante. Sin entrar en la violencia se había hecho callar a aquel tipo y al mismo tiempo, J iba a disponer de una manera de huir. El mensaje de vuelta también fue claro. Habían dejado muda a la voz que tenía el mando y ademas demostrado que no tenían el control, y no a distancia, no. En su propia cara. J se había puesto en las primeras filas.

Habría esperado mas ruido y confusión, sobre todo teniendo en cuenta la situación tan tensa que se había interrumpido. Pero hubo un extraño silencio. Quizá la gente pensaba que la luz volvería pronto. Aunque hubo un murmullo de incertidumbre, la gente no perdía la confianza de que al menos no era nada planeado en su contra, porque el hecho del micrófono había sido perfectamente claro.

Al volver la luz, J ya no estaba. Todo el mundo seguía en su sitio y las puertas seguían vigiladas por guardias, pero J había logrado salir. No sabía como, pero lo había hecho. Era de esperar que un genio como él que hiciese algo como el corte de luz sin tener un plan seguro de huida, al menos del edificio, pero exploté de alegría por dentro al confirmarlo, no sin recordarme a mi mismo que no todo estaba hecho.

Manteniendo un semblante serio y con la gran ventaja de ser jefe de departamento y tener mas libertad que el resto de personas, me dirigí a la salida. Mientras el resto de asistentes eran controlados por guardias y sometidos a un recuento. Hablé con un guardia joven que había en la puerta principal y alegué que después el fallo de corriente quería revisar los sistemas del Centro de Control Tecnológico. No se podía negar, ya que estos eran críticos para absolutamente todos y hasta el protocolo reformado recientemente con mas restricciones me daba libertad para ello.

Salí de la sala de conferencias y me dirigí al Centro de Control Tecnológico para dejarlo a mi izquierda e ir hasta la salida. Al llegar, ví a un par de guardias inconscientes en el suelo. Tenía la necesidad de informar y lo hice. Sabía perfectamente que J ya estaba fuera y tenía un plan de escapada, pero yo me metería en un gran problema si no avisaba de que había un par de hombres de seguridad sin sentido en la entrada principal del edificio. Haciendo lo contrario no le haría ganar mucho mas tiempo y me buscaría problemas.

Una vez que hube informado, comuniqué que salía fuera a buscar si había alguien en el exterior. Saliendo del edificio tenía mas libertad y ellos menos poder sobre mí y de todas formas a mi me tenían controlado de mas maneras y no me consideraban peligroso. Tras recibir la confirmación, abría las puertas y me puse a correr lo mas rápido que me dejaban las piernas. No se tardaría prácticamente nada en mandar guardias a investigar y a los vehículos y registrar la ciudad entera, y mas después de que terminasen el recuento y vieran que faltaba J.

Su fallo había sido confiarse y pensar que todo estaba bajo su control en un recinto dominado por ellos. J lo había usado a su favor. Pero salir de la ciudad también sería duro y tenía un pálpito de a donde podía haber acudido a por ayuda. Era un local cercano cuyo dueño conocíamos y donde nos reuníamos las personas que empezábamos a tener malas sensaciones con los últimos acontecimientos ocurridos, como aquella desaparición de una persona en condiciones misteriosas que había levantado una sospecha en nuestro sector o aquellos movimientos económicos que no encajaban con lo que luego se disponía finalmente.

Recorrí callejones estrechos dando cierta vuelta, porque sabía que una persona corriendo por la calle llamaría mas la atención y llegué al local. Entré y busqué con los ojos para no ver a nadie conocido mas que en la barra. Me acerqué y pregunté al dueño si había pasado J por allí, pero me dijo que no se había encontrado con él desde ayer, cuando había aparecido para pedirle prestado algo de dinero.

Salí del local desorientado, cuando ví a D, un conocido, que iba en su vehículo con su familia y me acerqué rápidamente  ante lo que él reaccionó frenando. Le pregunté si había visto a alguien vestido de azul (color de nuestra indumentaria de trabajo) por los alrededores. Era mi día de suerte, ya que me respondió que había divisado alguien con una chaqueta por encima y pantalones azules corriendo en dirección a los jardines del parque. 

Dí las gracias para ir hacia allí cuando empecé a oir el sonido de sirenas y los altavoces urbanos comenzaron a vociferar información. Aunque era relativamente nuevo en la ciudad, conocía los jardines porque estaba en mi camino al trabajo. Eran unos recintos verdes colindantes a un parque que se habían construido en la época de la Restitución, en la zona de la periferia de la ciudad, y eran de unas dimensiones bastante grandes, intrincados y con bastante vegetación. Había muchos sitios donde ocultarse.

Tras una carrera que me pareció la mas larga de mi vida y completamente agotado, alcancé el parque y me acerqué al muro que lo separaba del acantilado. Mi intuición me decía que J había estado ahí, aunque también me había fallado yendo al local. Subí a la parte superior autentificándome con mi acreditación digital de identidad, ya que era restringida pero yo contaba con el nivel de seguridad suficiente. Al acabar de ascender por las escaleras, miré hacia abajo. El mar rompía en las rocas con fuerza sin desvelar nada revelador al retirarse para su próxima embestida. No se veía ni rastro una pista. Observé con atención y luego desvié mi vista a ambos lados. Me fijé en que a la derecha había un paso natural en la roca hecho por gente que llevaba años bajando por ahí antes del control de la zona como potencial salida de la ciudad.

Al acercarme, ví que había un punto mas cercano al mar y bastante menos peligroso que las afiladas rocas que había dejado atrás. Bajé a inspeccionar buscando alguna pista. Necesitaba una prueba de que J había conseguido escapar. Ya oía helicópteros  pero no podrían hacer nada contra los transportes submarinos que se habían hecho tan asequibles de precio últimamente  aunque se hubiesen prohibido localmente hace unos años. Esperaba que J hubiese conseguido algo del estilo.

Casi ya en el agua, iba a dar la vuelta, cuando mi vista captó algo debajo de una construcción saliente, a la sombra del sol. Era una cartera marrón de piel muy grande junto con unos restos de un par de equipos de buceo que parecían haber sido abiertos apresuradamente para echarse al mar. Era inteligente, porque llegar buceando hasta algún mini-submarino que los estuviese esperando bien lejos llamaría menos la atención que uno esperando en plena costa y que habría sido retenido para no poder salir si hubiese estado en el muelle o la zona controlada del acantilado.

Tiré los restos al agua para que se hundiesen sin dejar rastro y abrí la cartera. Dentro había únicamente un disco de información supercomprimida y una nota. Leí la nota y al terminar, la rompí en trocitos y los tiré al agua. 

Ahora J estaba fuera y huiría. Su plan era claro: gastarían tiempo y esfuerzos en buscarlo y perseguirlo y me había dejado a mi esa valiosa información, porque podía hacer mucho mas daño yo desde dentro, y mas si ellos estaban distraidos persiguiéndole. Siempre había sido mucho mas listo que yo y no había llegado mas alto que yo porque no había querido y lo acababa de demostrar con creces. Ahora me dejaba la carretera despejada.

Era mi turno.


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